MARIO RIVERO. ANTOLOGIA POETICA

Por German Herrera Jimenez, diciembre 29 de 2013.

INDICE

MADAME
Endecha
La balada de los pájaros
La calle
Cosas que pasan
Motivos del día
Tango para “Irma la dulce”
POEMITA
BALANCE
CORRIENTES
A veces Henry
Balada de la muchacha-de-la-pollera-pronta
Ceniza azul
La balada de los hombres hambrientos

***************************************************

MADAME

Siéntese frente al fuego

y hable madame

leyendo hacia adentro

en la pizarra donde la vida escribe.
Tal vez a mi pueda contarme

que alguien un día

llevó su mano -como un clavel

por una calle solitaria-. Del libro “Balada de la gran señora”, 2004

Endecha

Estábamos perdidos

cuando nos encontramos

en aquel retraso de aeropuerto.

Yo estaba lleno de noche y de frío,

aunque había pasado tres días

en el “San Francisco”,

con una muchacha de nalgas redondas.

Tu creíste que yo era un camionero.

Admiraste la vulgaridad de mi estilo

y me amaste por ello.

-No lo era.- Yo creí que tú eras una princesa,

que arrastraba hasta mí su aburrimiento.

-Y es verdad.-

Como es verdad que seguimos estando perdidos.

Yo, por no poder soportar la realeza,

tú, por no saber nunca lo que estás haciendo.

Mario Rivero

 

La balada de los pájaros (Fragmento)

En busca de La Historia contempló

aquellas nubes por donde viajaban

todavía

los negros confetis del fuego
espantando el ganado

asando las flores

apagando las luciérnagas

contra un cielo de cobre rojo crepitante

como una parrilla

a la altura de “Las palmas”

sobre las verdes colinas de “Santa Helena”;

(Y eran todavía los tiempos serenos

Los Pájaros” -en su papel de Parcas-

-Los Infantes del Viento-

a miles de leguas -se creía- entonces

de los sueños)

Y vió la Casa Liberal extinguirse

oficialmente

Y a un pueblo entero temblando en la noche

Los chamuscados pastizales del viejo y benigno don Saúl

y luego

luego

(obligándose a recordar)

soplados por El Viento los restos…

No el viento primeramente conocido

-el que sopla los perfumes penetrantes

de las hierbas-

El otro viento que lo aventaría todo

de aquí para allá

El que batió con inasible melancolía

contra los harapos

de los que quedaron rodando por los campos

como las banderas de la casa en ruinas

El que ululó -como en una cueva submarina-

hasta sofocar la antigua pastoral

de mujeres de vientre henchido

con el “que-hubo-pues” y el “ave-maría-pues”

en la boca matinal

al lado de hombres que han ganado aquel suelo

desyemado aquél suelo

de muchas tempestades y montañas y truenos

desde la selva virgen

Una tierra mítica en donde abundan las orquídeas

Los que ennoblecerían las montañas estirpe

por el trabajo que prepara la esperanza

-cuando un arma no pesaba jamás sobre una espalda-

De sol a sol

de colina a colina

desde los limpios amaneceres de geranio-rosa

hasta lentos ocasos de mandarina

(Como empañando ésta imagen de un mundo

anegando -en llanto-

una medida de belleza

los pájaros de fuego se ciernen

sobre las florestas del sueño)

Después

Después

cuando aquel mar de humo se disipó

y los cielos fueron de nuevo de un azul

de estameña

cuervos patrullaron sobre cenizas

-a la hora primera-

mientras las bandadas de los otros

pájaros

-los que no batían alas-

-su inocencia la testificaba la carencia

de alas-

volaban como ejecutores encargados

y mensajeros

Sus vuelos mórbidos se desplegaron

sobre Envigado

Ituango Urrao Dabeiba

una dos y tres veces

Los invasores engulléndose la tierra

Mario Rivero

 

La calle

Esta calle mi calle se parece a todas las calles del mundo uno no se explica por qué suceden tantas cosas en un minuto en una hora en doce horas desde que el sol preña la tierra Tiene puertas como bocas sin dientes Las mujeres se asoman a las ventanas y miran tan lejanamente…
Sobre un alambre en el que los días hacen equilibrio cuelgan a secar medias camisas y pantalones rotos Tres mujeres con cara de pocos amigos esperan el bus. son modistillas que van a los talleres de la ciudad a coser su miseria con una aguja de oro La beata de enfrente acaricia con uvas a un gato lustroso y le dice “my darling” mientras un estudiante regresa a su cuarto de hotel donde la cama en actitud de mujer pariendo espera su saco de huesos y colgado en la pared con una cinta el retrato de la novia que se ahorcó en sus trenzas y ya tiene dos hijos parecidos a su marido el boticario Al final de la calle está la casa del farolito rojo a donde van prostitutas niñas con pelo color de miel y senos como dos monedas de centavo frías Esta calle mi calle se parece a todas las calles del mundo se ven éstas cosas y otras cosas… Mario Rivero

Cosas que pasan

Este hombre y esa mujer se conocieron cierto día Sin duda el hombre sonrió a la mujer sin duda le trajo flores sin duda llegó a conocer su olor entre mil y hasta olfatear su ropa interior su brassière sus pantalones tirados sobre la cama Años después ella pasa con un gordo contoneo envuelta en pieles emplumadas
Su perfume es el mismo barato y dulce lo mismo ondula su grupa de sanguijuela encantadora tiene en cambio los ojos turbios como dos cuentas desteñidas de porcelana El parece un hombre serio y sobrio con su cuentica en el Banco y su “curriculumvitae” no hay duda de que ha sabido ubicarse bien en el proceso la mira la examina de una manera abstracta como si examinara una cosa vieja oxidada a la brillante luz del sol Parpadeando estúpidamente desde un lapso de olvido y sombra y grasa… Tiresias ciego adivino de mamas arrugadas Todos somos él -o algo parecido al menos-

Mario Rivero

Motivos del día

Mario me llamo soy mordisco al aire soy un husmea-cosas soy un cuenta-cosas Todas las mañanas siento la hoja de barba y la caricia del agua cuando en el piso de arriba posiblemente un hombre y una mujer yacen abrazados El la tiene en sus brazos medio adormilada mientras oriento mis paso hacia el día Digo mentiras inútiles y verdades inútiles Converso con los ancianos que descansan en la hierba
o sobre los pedestales de los héroes Con el buhonero que vende transistores o lentes para que alguien se esconda Con las nucas que en los colectivos se apoyan sobre el hombro del vecino Con los huéspedes de las buhardillas y las de los cuartos de las casas coloradas con rendijas que miran a los árboles Llego hasta el apartado esa ventanita al mundo abro una carta que tiene una estampilla de los mares del sur donde los pescadores tiran varios días sus arpones hasta dar caza al tiburón entre espumas de sangre Voy al parque y violo una naranja para no mirar a una colegiala que hace su colección de hojas de otoño Soy bachiller en lentos amaneceres en los puentes Todos mis recuerdos tienen el leve brillo de una joya perdida aunque hay momentos que merecen repetirse Soy un husmea-cosas soy un cuenta-cosas un cero grita bajo mis zapatos.

Mario Rivero
Tango para “Irma la dulce”

Aquí estuvo sacudida por el manoseo de las habladurías y los despertadores Aquí estuvo demasiado triste en el final Las palmas bajo la nuca y el pelo desparramado agreste /como barba de coco mirándolo todo con simpleza y admiración “cómo se ve que tú eres escritor” me dice a mediavoz en la tiniebla de un cuarto con ginebra estéreo y flores de plástico de todos los colores Allí figuraban y no podían faltar claro está Sosa Beny Moré Gardel los clásicos del tango y del bolero y los otros los Mozart y los Beethoven de siempre en fin todo eso que uno no ha aprendido a sentir pero que sí parece lo único verdaderamente pulcro adecuado para evadir la brutalidad de los sucesos Yo estaba lejano triste tratando de animar falazmente la cansada sangre en las venas y ella ancha casi tapando la cama funcionando soberbiamente con lo que se podría llamar su belleza o sea “su verdad” una cosa hecha de calor-poder-y-fuerza un desbordamiento como una yegua blanca con sus patas traseras bien abiertas que se vuelven plateadas y empiezan a brillar en un cabrilleo de luces inestable una rendija de luz en la persiana que sube por sus piernas e impone a su cuerpo una lividez de avena y todo todo perdiendo la certeza y la eternidad como si la luz estuviera de veras inventando una forma nueva ya en la noche se había acabado ella puso su mano en mi cara y dijo “soy una mujer /cansada” tan grata su mirada que me sentí ablandado sin luchas quise adelantarme empujar la persiana
admitir la franqueza del día la circuntristeza romper el espejismo el sortilegio engañoso “por qué hablas así gatita esas son las cosas que dicen las intelectuales neuróticas” “lo sé pero créeme que hablo completamente en serio” y luego como la cosa más natural del mundo “sé que el error está en mí misma” llama “error” a su vida y me contó de su marido músico mafioso chupando la trompeta como si fuera marihuana hasta la madrugada “no, no es un programa estar sola todas las noches no creas” y continuó hablando y vistiéndose un sostén modelo /televisión y un liguero negro y diciendo que “qué barbaridad” y que “qué tontería” como respuesta a una pregunta conocida a una inquisición cifrada “sí creo que así es lo mejor” agrega “no hay complicaciones ni números de teléfonos, ni cartas de amor ni nada” “me gusta la vida libre el cambio” le digo “le tengo un horror sagrado a las posesiones y ahora ya sabes mi nombre y donde vivo para que se empiecen a amarrar los nudos para que todo se empiece a terminar” Y le invento una historia mediocre profundamente provinciana o de la literatura considerada como la coartada perfecta ella no lloró ni se rió miró melancólicamente frente a sí como si hubiera un vacío evidentemente no conocía ni a yago ni a otelo ni a “chéspier” y ni siquiera a maupassant y esta ignorancia la conducía hacia la niñez dulcemente “El mundo es así” concluyo como si ya me estuviese yendo lejos de un modo gentil y frío y termino con un instantáneo “la gente”… es la vaga indecisa palabra en la que le he decretado de pronto su fin
Afuera en la tiembla-luz las casas cerradas envueltas en un vapor esmerilado un postigo que se abre como un párpado y que luego se cierra intenta tocar de nuevo su ombligo oloroso sus teticas apretadas forradas bajo un dique de botones y flecos tratando de inventar el gesto la actitud la palabra que diluya en un aire amable casual la tristeza largalargalarga de pozo ciego el encantamiento muerto Pero hay que irse no podemos esperar demasiado se cubrió con los vidrios oscuros alta lejana va yéndose con su olor ruda-y-sal bajo las axilas del suéter con su carne viva templada bajo la piel con el amor… “Llámame cuando quieras” me dijo a modo de despedida sobre los árboles con hojas de pelusa plateada comenzaba un cielo azul-bandera…

Mario Rivero

POEMITA

Tuve un pequeño pájaro que cantaba para mí cada día cuando el alma se estaba entumeciendo y descarrió su vuelo. Tuve una pequeña moneda de oro hecha en los siglos anteriores -y sin equivalente- y la perdí en la arena. En un lejano viaje encontré una pequeña rosa -no corriente- -sin con qué comparar- pero otro peregrino la quebró de su tallo y la prendió en su ojal. ¡Ah pequeña rosa pequeño pájaro pequeña moneda!
¡Qué fácil para alguien como yo morir! mmmmmmmmmmmmmmmmm

Mario Rivero

http://www.casadepoesiasilva.com/mariorivero.htm

BALANCE

Es terrible no encontrar a dónde ir. De las casas unas están destruidas, sin lecho, a oscuras y con telas de araña, con lepras en los muros y con espectros tristes. Otras se alzan tan falsas como un decorado.
Del palacio o la casa. encantada, la tapicería vemos gastada, anticuada, no hay belleza en aquél lugar, no hay misterio, y continuamos nuestro aislado camino, en el jardín gotea el surtidor del cansancio. Hay posadas que ya no se abren más, por nosotros, con las que hemos perdido el contacto, cuando exentos de excusa, buscamos, titubeantes como un extranjero, o aún como mendigos, lejanos, extraños. Es terrible no saber a dónde ir, al final del día muerto, a la hora en que a veces se bebe o se mata. Encontrar que no hay sendero, no hay camino, no hay puerta, donde llamar, en la fatua sonrisa del /triunfo, o en el pobre final, consumida la Casa del Alma!

MARIO RIVERO
CORRIENTES

La amé. Una corriente de ese amor la rodeó con dulce abrazo semejante al dormido y poco profundo río de la aldea. Que es corriente de lento movimiento y fluye, junto a las orillas de la vida cotidiana y trivial de los amantes. El verano casi siempre la desaparece o la amengua. Ni la generosidad de las lluvias logra hacerla caudalosa o sonora como esa otra corriente del amor que todo lo inunda que se precipita a lo desconocido… Entre ambas corrientes, las dulces y las / ingobernables el barquichuelo de la vida se ha ido…

MARIO RIVERO
http://www.banrepcultural.org/blaavirtual/publicacionesbanrep/boletin/boleti4/bol5/poemas.htm

A veces Henry

A veces Henry tuvo algún dinero e invitó a sus-camaradas, de un sexo o de dos, inteligentes o encantadores, o ambas cosas a la vez, los que dijeron, quizás sí, pero como hizo él, vinieron y se fueron, y no llegaron a ser mucho. Del mismo modo otras veces Henry, se irguió con coraje pagano, en arrebatada pareja, con el huraño amigo que lo acompaña, frente a las -según el mismo Henry, pacatas, gentes de otra generación- Que llenan las formas y se callan de sus asuntos. A los que proclaman con un gesto augusto, en el éxtasis austero del justo, que “estamos viviendo unos tiempos infames”.
Balada de la muchacha-de-la-pollera-pronta

Esta es la balada de la muchacha pródiga de sí misma que alegre y detonante de colores hace el saludo de su sonrisa de-mi-querido-amor a los que la tutean con palabras de esposo Hombres que nunca ha visto solemnemente rústicos o con rústicas bromas. Ellos saben y la buscan golosamente desnudando sus caderas blancas en la oscuridad Una muchacha hecha para un ramo de flores una chica galante dispuesta a todo y por todos La que amaba demasiado pronto y con-todo-su-cuerpo y por ello mal comprendida fue.
La muchacha la muchacha-de-la-pollera-pronta hacia mí la ola de su pollera despliega… Sucedió como suele sobre los pastos haraganes cuando el sol era el sol y el calor el calor La boca abierta hacia las gordas nubes fofas del verano y la pollera sobre la cara como un jardín cubriéndola. De soslayo con la comisura de sus labios miraba cuando el pequeño amigo favorito para el placer la solicitaba con voz ahogada embarullándose… y algo espumeante y feliz le sube a la cara y se le arrebola como si él le hiciese cosquillas con una ramita verde. Jóvenes y viejos se metían entre sus sábanas para tener su mundo en paz Contentos cerca de ella con una carga de caricias o con una sonrisa idiota antes de abrazar su maravilla.
La muchacha… la muchacha engendra oleajes se vuelve playa y su pollera canta como las olas! El día era perezoso y la noche activa Venían de uno en uno o todos a la vez Le formaban una “guardia de corps” y se envolvían en su sonrisa Su corazón era un albergue abierto para una noche. Y como si fuera su corazoncito un nido recién hecho los más rayados los más bochincheros llegaban piando: “Dádnos amor dádnos amor”. Comprobando con fatiga la buena ley del metal la muchacha-del-corazón-pronto la muchacha-de-la-pollera-pronta tiende sus brazos desnudos… Ella extiende su cuerpo con ademanes calmosos en el día en la noche para todos para cada uno se abre se da vuelta se muestra
con ingenua sapiencia y lo que se ve es hermoso es extrañamente agradable y al hacer todas estas cosas ella será “ella”. Y así cuando escucho en algún lugar palabra que alguien masculla al pasar a otra muchacha de corazón también henchido Mis pensamientos rápido son para esta muchacha de la pollera-pronta atenta a la vida con un buen sentido que para ofrecer sólo tenía aquella llama exacta un fuego para calentar la vida un fuego para vivir mejor. La muchacha la muchacha-de-la-pollera-pronta viene hacia mí moviéndose con pausa de hoja… ¡Muchachas ídos todas! con la llama que calienta la sangre y abrillanta los ojos el invierno está aquí afuera está aquí en mí Pero esta noche antes de los somníferos
dejad que avance la imagen de la muchacha-de-la-pollera-pronta cada vez más lenta cada vez más oleante necesito de todos sus pujantes recuerdos…! La muchacha la muchacha de la pollera pronta y su playa-su-playa-su-playa por todas partes…
Ceniza azul

Del amor sólo queda un poco de ceniza azul. Volverías a sentarte junto al fuego apagado ahora que lo sabes?
Cosas que pasan Este hombre y esa mujer se conocieron cierto día Sin duda el hombre sonrió a la mujer sin duda le trajo flores sin duda llegó a conocer su olor entre mil y hasta a olfatear su ropa interior su brassiére sus pantalones tirados sobre la cama Años después ella pasa con un gordo contoneo envuelta en pieles emplumadas Su perfume es el mismo barato y dulce lo mismo ondula su grupa de sanguijuela encantadora tiene en cambio los ojos turbios como dos cuentas desteñidas de porcelana El parece un hombre serio y sobrio con su cuentica en el Banco y su ―curriculum vitae‖ no hay duda de que ha sabido ubicarse en el proceso la mira la examina de una manera abstracta
como si examinara una cosa vieja oxidada a la brillante luz del sol Parpadeando estúpidamente desde un lapso de olvido y sombra y grasa… Tiresias ciego adivino de mamas arrugadas Todos somos él -o algo parecido al menos-. El amor El amor es algo que viene y calienta una vez. Y un instante no más, -si es que viene- Y después de esta costumbre de calor, otra vez, ¡ay! nos deja muriendo solos.
¡En estos silencios! Este dejarse llevar más allá de las barras de los bares, y más allá del bien y del mal. El amor es algo punzante. Y en verdad con olor que desaparece y nos dice. “Yo estuve aquí” -reseda- en la rara y tenue sensación de aromar, en la habitación ya vacía… Endecha Estábamos perdidos cuando nos encontramos
en aquel retraso de aeropuerto. Yo estaba lleno de noche y de frío, aunque había pasado tres días en el “San Francisco”, con una muchacha de nalgas redondas. Tu creíste que yo era un camionero. Admiraste la vulgaridad de mi estilo y me amaste por ello. -No lo era.- Yo creí que tú eras una princesa, que arrastraba hasta mí su aburrimiento. -Y es verdad.- Como es verdad que seguimos estando perdidos. Yo, por no poder soportar la realeza, tú, por no saber nunca lo que estás haciendo.
La balada de los hombres hambrientos

Los hombres hambrientos tienen oro casas con retretes de mármol y vestidos suntuosos Pero no pueden matar el hambre y la sed del tigre de sus ojos Los hombres hambrientos son en alguna forma hermosos Por una magia mortal y execrable sus oídos se han vuelto sordos Pero los hombres hambrientos simulan oír y pagan bien a los cantores Pregonan una extraña desesperación han perdido el recuerdo de los humanos olores caminan para buscar un aroma imbuscable el de los tallos de las flores muertas y de los pétalos podridos el olor que al mismo tiempo es
el olor de la muerte y el olor del nacer Se cubre de moho el corazón de estos hombres hambrientos Se entrecruzan a la deriva No se ven Son muchos en movimiento Sus mujeres lavadas en agua de caros perfumes sintéticos adustas acechan también aquel olor que alcanza los huesos Si levantan las cabezas hacia cosas más altas no distinguen otra cosa que el viento Remeros esclavos en un gran bajel de oro van los hombres y mujeres hambrientos…
La luna y Nueva York Nos encontrábamos todos los días en el mismo sitio compartíamos versos, cigarrillos y a veces una novela de aventuras. Lanzábamos piedrecillas desde el puente donde almorzaban los obreros de la fábrica de vidrio. Le decía que la tierra es redonda mi tía bruja y la luna un pedazo de cobre. Que un día iría a Nueva York la ciudad abundante en cosas estrambóticas donde los gatos vagabundos duermen bajo los automóviles donde hay un millón de mendigos un millón de luces un millón de diamantes . . . Nueva York donde las hormigas demoran siglos trepando al Empire State y los negros se pasean por Harlem vestidos con colores chillones
que destilan betún en el verano. Iría por los restaurantes hasta encontrar un cartelito: ―Se necesita muchacho para lavar los platos. No se requiere título universitario‖. A veces comería un sandwich recogería manzanas en California pensaría en ella cuando montara en el elevado y le compraría un traje parecido al neón . . . me iba a besar cuando sonó el pito de la fábrica. Lágrimas “En el juicio Final sólo se pesarán las lágrimas”
Cioran Conozco las lágrimas. Sé de las lágrimas. Un negro rocío cuyo sabor perdido de nuevo encuentro. He llorado de noche, a la orilla del mar, oprimido por el dardo de la belleza… Sollozado lágrimas por alguna espantosa verdad, secretamente. Serio como la muerte. Donde no hay nada para engañar. O desde lo alto de los tejados, donde todos pudieran verme. He llorado bajito, bajo, así de afligido -medio-triste medio-enfermo- por los nobles árboles desarraigados viejos y negros… Porque la mañana y la noche vienen otra vez
¡y siempre otra vez! y una vez más, en inextinguible y eterno infierno. ¡He vivido cargado de lágrimas! Han brotado mis lágrimas en algún estupor de vino y silencio… He llorado cubierto por mi sudor de sangre en mi Huerto-de-los-Olivos. Herida el alma en la despedida mas breve. Compartido anónimos ruidos de lágrimas en que prevalece, la secreta tristeza del mundo. Y sorbido la lágrima desde un párpado… Una gota sola que cae, con impulso tierno como e! de la rota cuerda de un arpa. ¡He llorado! ¡Llorado de amor o añoranza! De vergüenza y orgullo. ¡De puro anhelo! Lágrimas de vida y de muerte, me han hecho verter una serie de pequeños hechos.
Madame Siéntese frente al fuego y hable madame leyendo hacia adentro en la pizarra donde la vida escribe. Tal vez a mi pueda contarme que alguien un día llevó su mano -como un clavel por una calle solitaria-.
Palabra Ven palabra desnúdate serás la amada de un hombre al que no le importa si pareces fea o eres pobre. Porque vosotras palabras os parecéis como un desfile de mujeres hermosas toscas o refinadas podéis dar más unas que otras. Pero tengo la debilidad de detestaros bien vestidas la sola vista de vuestras lentejuelas de feria me cansa de antemano el corazón. Sé que en cambio desnudas pasáis con el secreto que nadie ha gustado o que pocos comparten. como alguna muchachita gris desmedrada y sumamente silenciosa con los zapatos llenos de barro
a la que una sola mirada a ella misma la hace resplandecer como envuelta en polvo de estrellas y de mariposas apretadas… Poesía Pájaro que desciende de la cumbre nos asombra y nos llena de silencio Lo que se escucha es sólo el temblor el necesario escalofrío de la rama a que llega…
Salmo Cada ocaso advierte a los hombres callados que miran al horizonte que la oscuridad caerá. Y cada día el Cartero- Muerte llama a la puerta. Lo oímos golpear y golpear. Aunque no le abramos nos deja una invitación permanente. ¡Tiempo! ¡Tú me has robado los días de vino y rosas! ¡No hay bondad en tu curso! ¡Tus agujas han cosido un sudario blanco con el hilo de nuestras vidas! Carta depositada sobre carta,
sin que nunca se agote el saco, oímos el toc-toc de la muerte. Sin forzar fatalmente estricta, de buenos huesos, llenando nuestras bocas de polvo camina vida-arriba con zapatos de hierro. Sísifo Este fardo invisible que transportamos, es semejante al de Sísifo: logramos llevar la roca arriba, un poco más cada día cuando de pronto algo surge y nos retrocede. De la mañana a la noche y por una necesidad de hierro levantamos tú y yo y cada uno nuestra roca.
Desde debajo de la montaña, contemplando el borde del cielo muy lejos. Con el miedo oculto en el corazón o con el coraje tranquilo de los varones. Pero habrá un día, un momento que no conocemos, en que tú filisteo exitoso que vas por la carretera limpia, nueva, a quien encuentro cada mañana y veo subir más cómodo, sonriendo, y yo que asciendo tan trabajosamente el terrible camino vertical, devorado por la ansiedad, entre la humillación y la sospecha, no miraremos más la linde lejana, sobre nuestras cabezas. Cumplido el oficio tu mano y mi mano dejarán la llave en el bolsillo y la roca quieta.
Tango para “Irma la dulce” Aquí estuvo sacudida por el manoseo de las habladurías y los despertadores Aquí estuvo demasiado triste en el final Las palmas bajo la nuca y el pelo desparramado agreste como barba de coco mirándolo todo con simpleza y admiración “cómo se ve que tú eres escritor” me dice a mediavoz en la tiniebla de un cuarto con ginebra estéreo y flores de plástico de todos los colores Allí figuraban y no podían faltar claro está Sosa Beny Moré Gardel los clásicos del tango y del bolero y los otros los Mozart y los Beethoven de siempre en fin todo eso que uno no ha aprendido a sentir pero que sí parece
lo único verdaderamente pulcro adecuado para evadir la brutalidad de los sucesos Yo estaba lejano triste tratando de animar falazmente la cansada sangre en las venas y ella ancha casi tapando la cama funcionando soberbiamente con lo que se podría llamar su belleza o sea “su verdad” una cosa hecha de calor-poder-y-fuerza un desbordamiento como una yegua blanca con sus patas traseras bien abiertas que se vuelven plateadas y empiezan a brillar en un cabrilleo de luces inestable una rendija de luz en la persiana que sube por sus piernas e impone a su cuerpo una lividez de avena y todo todo perdiendo la certeza y la eternidad como si la luz estuviera de veras inventando una forma nueva
ya en la noche se había acabado ella puso su mano en mi cara y dijo “soy una mujer cansada” tan grata su mirada que me sentí ablandado sin luchas quise adelantarme empujar la persiana admitir la franqueza del día la circuntristeza romper el espejismo el sortilegio engañoso “por qué hablas así gatita esas son las cosas que dicen las intelectuales neuróticas” “lo sé pero créeme que hablo completamente en serio” y luego como la cosa más natural del mundo “sé que el error está en mí misma” llama “error” a su vida y me contó de su marido músico maffioso chupando la trompeta como si fuera marihuana hasta la madrugada “no, no es un programa estar sola todas las noches no creas” y continuó hablando y vistiéndose un sostén modelo televisión y un liguero negro y diciendo que “qué barbaridad” y que “qué tontería” como respuesta a una pregunta conocida
a una inquisición cifrada “sí creo que así es lo mejor” agrega “no hay complicaciones ni números de teléfonos, ni cartas de amor ni nada” “me gusta la vida libre el cambio” le digo “le tengo un horror sagrado a las posesiones y ahora ya sabes mi nombre y donde vivo para que se empiecen a amarrar los nudos para que todo se empiece a terminar” Y le invento una historia mediocre profundamente provinciana o de la literatura considerada como la coartada perfecta ella no lloró ni se rió miró melancólicamente frente a sí como si hubiera un vacío evidentemente no conocía ni a yago ni a Otelo ni a “Chéspier” y ni siquiera a maupassant y esta ignorancia la conducía hacia la niñez dulcemente “El mundo es así” concluyo
como si ya me estuviese yendo lejos de un modo gentil y frío y termino con un instantáneo “la gente”… es la vaga indecisa palabra en la que le he decretado de pronto su fin Afuera en la tiembla-luz las casas cerradas envueltas en un vapor esmerilado un postigo que se abre como un párpado y que luego se cierra intenta tocar de nuevo su ombligo oloroso sus teticas apretadas forradas bajo un dique de botones y flecos tratando de inventar el gesto la actitud la palabra que diluya en un aire amable casual la tristeza largalargalarga de pozo ciego el encantamiento muerto Pero hay que irse no podemos esperar demasiado se cubrió con los vidrios oscuros alta lejana
ya yéndose con su olor ruda-y-sal bajo las axilas del suéter con su carne viva templada bajo la piel con el amor… “Llámame cuando quieras” me dijo a modo de despedida sobre los árboles con hojas de pelusa plateada comenzaba un cielo azul-bandera… Un habitante Este hombre no tiene nada qué hacer sabe decir pocas palabras lleva en sus ojos colinas y siestas en la hierba. Va hacia algún lugar con un paquete bajo el brazo en busca de alguien que le diga
“Entre Usted” después de haber bebido el polvo y el pito largo de los trenes después de haber mirado en los periódicos la lista de empleos. No desea más que dónde descansar uno por uno sus poros. Hay tanta soledad a bordo de un hombre cuando palpa sus bolsillos o cuenta los pollos asados en los escaparates o en la calle los caballitos que fabrica la lluvia feliz. Y dentro, en la tibieza las bocas sonríen a la medianoche algunos se besan y atesoran deseos otros mastican chicles y juegan con sus llaves crecen los bosques de ídolos y el cazador cobra su mejor pieza. http://www.amediavoz.com/rivero.htm
Selección de poemas POESIA Pájaro que desciende de la cumbre nos asombra y nos llena de silencio Lo que se escucha es sólo el temblor el necesario escalofrío de la rama a que llega… UN HABITANTE Este hombre no tiene nada que hacer sabe decir pocas palabras lleva en sus ojos colinas y siestas en la hierba Va hacia algún lugar con un paquete bajo el brazo en busca de alguien que le diga “entre usted” después de haber bebido el polvo y el pito largo de los trenes
después de haber mirado en los periódicos la lista de empleos No desea más que donde descansar uno-por-uno-sus-poros Hay tanta soledad a bordo de un hombre cuando palpa sus bolsillos o cuenta los pollos asados en los escaparates o en la calle los caballitos que fabrica la lluvia feliz Y dentro en la tibieza las bocas sonríen a la medianoche algunas se besan y atesoran deseos otros mastican chicles y juegan con sus llaves crecen los bosques de ídolos y el cazador cobra su mejor pieza UNA PEQUEÑA HISTORIA A las seis de la tarde cuando la calle se deja lamer por las basuras y bostezan los edificios por sus ventanas las aceras y los árboles la mecanógrafa espera… Una vez tuvo 15 años
se pintaba los labios y las uñas furiosamente de rojo usaba zapatico ilusión y tenía un novio que la llevaba a las heladerías a tomar café con tostadas mientras el gringo del acordeón tocaba una canción que todavía recuerda Ahora son las 6 de la tarde El tiempo es un caballo leproso que pisotea las cosas ¿Qué haces mecanógrafa con esa cara de otoño y esos senos de naranja enferma? Mañana volverás a la oficina donde un jefe de uno con cincuenta de estatura acaricia su pequeño vientre en el que guarda recibos huevos de tortuga y una muerte grande No esperes más
Escucha otra vez la música del gringo… y deja que un hombre te tome de la mano… SAUDADE Dicen que todo tiempo pasado fue mejor y yo lo creo también Unos añoran los coches tirados por caballos las tarjetas postales y los baúles oliendo a perfume rancio Yo personalmente añoro los días en que iba con un lío de trapos y una herradura como talismán de-ciudad-en-ciudad Y sobre todo aquel cuartico al fondo de un patio con geranios y su caritaluna cuando llegaba tarde oliendo a licor barato y rodaba sobre mí para que la calentara y también se tragaba todo lo que había menos los periódicos y la pasta de jabón ordinario Ahora cuando me siento frente a la máquina de escribir para hacer notas cronometradas
sobre el diablo o el ángel Añoro toda su baratura de pachulí y el pan duro cuando ya empiezo a ser un empresario de pompas fúnebres… SEÑOR K Franz Kafka novelista checo vendedor de seguros de vida —Compañía de Accidentes de Trabajo del Reino de Bohemia— al cruzar los pasillos de una notaría y ver legajos empolvados pensé en usted Sentí que los días trabajan discreta y taciturnamente sobre nosotros imaginé un espejo y vi una arruga en mi frente y una mosca en la nariz del notario UNA FABULA Preguntó el Rey al sabio
ansioso de confundirlo ¿existe una sola palabra que tenga el poder suficiente para perder un reino? Y el sabio contestó deferente: Una sola palabra no puede tener ese poder Señor Pero podemos aproximarnos a esa concisión deseada que obre el rey el mal y que nadie se oponga http://caribe.udea.edu.co/~hlopera/La_Palabra_Viva/mr.html Mario Rivero (Colombia, 1935) El amor El amor es algo que viene y calienta una vez. Y un instante no más, -si es que viene- Y después de esta costumbre de calor, otra vez, ¡ay! nos deja muriendo solos. ¡En estos silencios! Este dejarse llevar más allá de las barras de los bares,
y más allá del bien y del mal. El amor es algo punzante. Y en verdad con olor que desaparece y nos dice. ―Yo estuve aquí‖ -reseda- en la rara y tenue sensación de aromar, en la habitación ya vacía… La elegía de las voces Si no puedes ya amar el licor ardiente, las bromas y los ruidos si el teléfono no suena nunca, y si abandonado te encuentras, rodeado por doquiera de despedida, qué queda más que hablar con las voces de la memoria, en las que todo se ha convertido? Voz del amor —¡Olvídalo!— Como un cristal rompiéndose, y las que se perciben como en sordina, ahora,
que se acentúa el oído, llegadas de algún entonces, en donde permanece algo de aquello que nos fue preciso Algo de aquello donde el alma temblara: ¡tan una vez! ¡tan allí! ¡tan por fin!… Y hay las voces que oímos entre somníferos. Las que nos sobresaltan desde una olla de negrura, pasada la media noche —como si fuera la hora de la memoria— – o de las cuentas de la vida– con sus diferentes modos de hacernos morir, de bruces, entre cuatro paredes. Inmóviles –no gritando– –no el cuerpo en el cuerpo– dando vuelta al reloj que acercará de todos modos la hora de algún personal Apocalipsis, el momento en que todo puede ocurrir, mientras los pedales de la noche se mueven… * * * Y hay voces que nos acompañan en un silencio de prisión.
Profundamente, ¯profundas¯ bajo nuestra violencia. Que nos gritan a menudo su ―NO‖. Nacen y mueren. Y otras efímeras, –de tan ligeras, Que en cada instante tú las ignoras. Hay las que se confunden en imágenes y pertenecen al gran poema del mundo –de la tierra– El poema anónimo de alguna hora en toda su belleza, con la que desafía a todo lo que vale la pena: Voz del campo antes de la primera estrella. Rumor de sauces desflecados que cabecean sobre las aguas, entregados a un vaivén que es el mecer de la melancolía. El balancín de la tristeza, en las sutiles señalizaciones terrestres. Y voces de pequeñas fogatas en el atardecer en donde aprendimos a leer en la lengua de los sueños. O la del perro amarrado a esa puerta caída, tal como lo acomodaron los últimos en irse, y que es, sin más, la Palabra de la Muerte. * * * Hay voces de siglos: la de la ola arrojada al arrecife.
La voz de las cascadas, la de las conchas que hablan sin cesar, y que acerca a la oreja para escuchar al mar aquél que está muy solo, la de hojas caídas que amontonadas ruedan, o se mueven. Y otras que son todo lo que debe ser, aún: Las de muchachas y muchachos dispersándose al final de la fiesta –al retomar su día– en donde nunca deben apagarse las luces, en donde siempre debe escucharse la música… * * * Voces de eternidad –De lo arcangélico– Alas sobre nosotros? Sombras de alas que inventa la ebriedad, la vigilia, la fiebre. Cuando el objeto del deseo está más allá –Oscuro? cuando ceden los bornes de la mente, –en la vela– Y hay voces intraducibles, voces truncas, para el desvelamiento de un secreto que roza y que de pronto se detiene… Y otras que no tienen de dónde ni adónde caer, las sonámbulas, fuera de su contexto,
y las que se crean de la nada algunos días, perdidas en un simple juego de cadencias. * * * Y hay las que permanecen en las cosas –y duermen– de una extremada levedad, de otra acústica, que más que oír, sentimos. Aliento detenido que antes de ser, se esfuma, en el hálito breve de las habitaciones vacías, en los viejos arcones de madera, en espejos de deslustradas lunas… Voces que son de allá, –de un olvido– Que quedaron atrás, en el más atrás de nuestras vidas encerradas entre los álbumes, entre los sellos de correo, entre las desgarradas etiquetas de unas maletas… de las rutas que fueron y de vientos que te reclaman desde la cruz del Sur hasta las estrellas de Alfa y Omega. Y aún hay voces rechazadas, inhibidas, llenas de culpabilidad, amordazadas en cuanto sea posible: las de los vasos de whisky o del café y los cigarrillos,
temblorosas, agachadas en la soledad de las bocas. Voces de encuentro y voces de apartamiento. Voces primeras, sin más adónde ir –sólo adentro– que trabajan calladas para situarse en el verso. Voces para contar los sueños mientras sueñas… caminos oscuros por donde recobro –otra vez como al empezar– mi corazón de niño perdido desde las palabras del poema. Mario Rivero nació en Envigado, Antioquia, en 1935. Ha publicado: Poemas Urbanos, 1963; Noticiario 67, 1967; Y vivo todavía, 1972; Baladas sobre ciertas cosas que no se deben nombrar, 1972; Baladas, Antología poética, Colcultura, 1980; Mis asuntos, 1986; Vuelvo a las calles, 1989; Del amor y su huella, 1992; Mis asuntos, Antología poética, Arango Editores, 1995; Los poemas del invierno, 1996; Poema con cámara, Camiri 67, 1997; Flor de pena, 1998; Qué corazón, 1999; V salmos penitenciales, 1999 y La balada de los pájaros, 2001. En el año 2001 recibió el Premio Nacional de Poesía ―José Asunción Silva‖ por su vida y obra. Dirige la revista de poesía Golpe de Dados, en Bogotá, que circula hace 32 años. http://www.festivaldepoesiademedellin.org/pub.php/es/Revista/ultimas_ediciones/68_69/rivero.html Balada de las cosas perdidas I
Lo primero que se perdió fue la infancia, la infancia que corría con su pie ligerísimo, la infancia agreste la camada de tórtolas en aquel sauce viejo, el verano mordido en las guayabas, una cocina blanca y ese cuarto cerrado, “tal como estaba cuando…” y en donde, la incansable ceniza del tiempo caía con ala lenta, mota a mota… ¿Sigues estando allí, y ahora, casa que ayer fue tutelar, fue nuestra? Yo despertaba y veía a la madre prender candela con manos agrietadas, por la intemperie diaria, amasar la blancura de la harina, cuando el desayuno estaba servido nos llamaba, Yo, lentamente, me levantaba y me vestía… Sollozos… labios cerrados… el llanto en los rincones, la pupila asombrada, huyendo de algo adulto, ese disco de luz que parecía venir de alguien o algo…
¡Oh pureza! ¡Pureza! tantas cosas he debido perder, de marcha, siempre, donde se abría el camino… Pero de la infancia ¿qué diré de la infancia? Te vas desdibujando, te imprecisas, te azulas… III Y también se perdieron los amigos, ahora en silencio todos, en la muerte, en la vida, Rafael Ramírez, prestamista, Noel Morales, el más tierno, Carlos Emilio, el de la voz-de-oro, Atilano, con una mesa de billar al fondo, y Jairo con una ramita entre los dientes, desafiante, que fue el primero en sucumbir, partir… ¡Oh compañeros! ¡Oh perdidos! ya no crecen conmigo desfilan todos con sus pasos coronados de polvo, montan como una guardia de tristeza, los rostros familiares que hoy dispersan, el último sueño u otro tedio, mientras yo continúo mi aislado camino de pasar… VII Mi hombro viudo se encorva y se arropa con frío mi hombro caminante proyecta una sola sombra en la cuesta que desciende… En vano acecho el desertado flanco,
el costado vacío. Ese paso que resuena en la sombra largamente es el mío, es el pie de quien marcha a campo yermo, solitario, y no ve más que este caer de muros, de nombres… y de polvo… Mario Rivero Cosas que pasan Este hombre y esa mujer se conocieron cierto día Sin duda el hombre sonrió a la mujer sin duda le trajo flores sin duda llegó a conocer su olor entre mil y hasta olfatear su ropa interior su brassière sus pantalones tirados sobre la cama Años después ella pasa con un gordo contoneo envuelta en pieles emplumadas Su perfume es el mismo barato y dulce lo mismo ondula su grupa de sanguijuela encantadora tiene en cambio los ojos turbios como dos cuentas desteñidas de porcelana
El parece un hombre serio y sobrio con su cuentica en el Banco y su “curriculumvitae” no hay duda de que ha sabido ubicarse bien en el proceso la mira la examina de una manera abstracta como si examinara una cosa vieja oxidada a la brillante luz del sol Parpadeando estúpidamente desde un lapso de olvido y sombra y grasa… Tiresias ciego adivino de mamas arrugadas Todos somos él -o algo parecido al menos- Mario Rivero Endecha Estábamos perdidos cuando nos encontramos en aquel retraso de aeropuerto. Yo estaba lleno de noche y de frío, aunque había pasado tres días
en el “San Francisco”, con una muchacha de nalgas redondas. Tu creíste que yo era un camionero. Admiraste la vulgaridad de mi estilo y me amaste por ello. -No lo era.- Yo creí que tú eras una princesa, que arrastraba hasta mí su aburrimiento. -Y es verdad.- Como es verdad que seguimos estando perdidos. Yo, por no poder soportar la realeza, tú, por no saber nunca lo que estás haciendo. Mario Rivero La balada de los pájaros (Fragmento) En busca de La Historia contempló
aquellas nubes por donde viajaban todavía los negros confetis del fuego espantando el ganado asando las flores apagando las luciérnagas contra un cielo de cobre rojo crepitante como una parrilla a la altura de “Las palmas” sobre las verdes colinas de “Santa Helena”; (Y eran todavía los tiempos serenos Los Pájaros” -en su papel de Parcas- -Los Infantes del Viento- a miles de leguas -se creía- entonces de los sueños) Y vió la Casa Liberal extinguirse oficialmente Y a un pueblo entero temblando en la noche Los chamuscados pastizales del viejo y benigno don Saúl y luego
luego (obligándose a recordar) soplados por El Viento los restos… No el viento primeramente conocido -el que sopla los perfumes penetrantes de las hierbas- El otro viento que lo aventaría todo de aquí para allá El que batió con inasible melancolía contra los harapos de los que quedaron rodando por los campos como las banderas de la casa en ruinas El que ululó -como en una cueva submarina- hasta sofocar la antigua pastoral de mujeres de vientre henchido con el “que-hubo-pues” y el “ave-maría-pues” en la boca matinal al lado de hombres que han ganado aquel suelo desyemado aquél suelo de muchas tempestades y montañas y truenos desde la selva virgen Una tierra mítica en donde abundan las orquídeas
Los que ennoblecerían las montañas estirpe por el trabajo que prepara la esperanza -cuando un arma no pesaba jamás sobre una espalda- De sol a sol de colina a colina desde los limpios amaneceres de geranio-rosa hasta lentos ocasos de mandarina (Como empañando ésta imagen de un mundo anegando -en llanto- una medida de belleza los pájaros de fuego se ciernen sobre las florestas del sueño) Después Después cuando aquel mar de humo se disipó y los cielos fueron de nuevo de un azul de estameña cuervos patrullaron sobre cenizas -a la hora primera- mientras las bandadas de los otros pájaros
-los que no batían alas- -su inocencia la testificaba la carencia de alas- volaban como ejecutores encargados y mensajeros Sus vuelos mórbidos se desplegaron sobre Envigado Ituango Urrao Dabeiba una dos y tres veces Los invasores engulléndose la tierra Mario Rivero La calle Esta calle mi calle se parece a todas las calles del mundo uno no se explica por qué suceden tantas cosas en un minuto en una hora en doce horas desde que el sol preña la tierra Tiene puertas como bocas sin dientes
Las mujeres se asoman a las ventanas y miran tan lejanamente… Sobre un alambre en el que los días hacen equilibrio cuelgan a secar medias camisas y pantalones rotos Tres mujeres con cara de pocos amigos esperan el bus. son modistillas que van a los talleres de la ciudad a coser su miseria con una aguja de oro La beata de enfrente acaricia con uvas a un gato lustroso y le dice “my darling” mientras un estudiante regresa a su cuarto de hotel donde la cama en actitud de mujer pariendo espera su saco de huesos y colgado en la pared con una cinta el retrato de la novia que se ahorcó en sus trenzas y ya tiene dos hijos parecidos
a su marido el boticario Al final de la calle está la casa del farolito rojo a donde van prostitutas niñas con pelo color de miel y senos como dos monedas de centavo frías Esta calle mi calle se parece a todas las calles del mundo se ven éstas cosas y otras cosas… Mario Rivero Motivos del día Mario me llamo soy mordisco al aire soy un husmea-cosas soy un cuenta-cosas Todas las mañanas siento la hoja de barba
y la caricia del agua cuando en el piso de arriba posiblemente un hombre y una mujer yacen abrazados El la tiene en sus brazos medio adormilada mientras oriento mis paso hacia el día Digo mentiras inútiles y verdades inútiles Converso con los ancianos que descansan en la hierba o sobre los pedestales de los héroes Con el buhonero que vende transistores o lentes para que alguien se esconda Con las nucas que en los colectivos
se apoyan sobre el hombro del vecino Con los huéspedes de las buhardillas y las de los cuartos de las casas coloradas con rendijas que miran a los árboles Llego hasta el apartado esa ventanita al mundo abro una carta que tiene una estampilla de los mares del sur donde los pescadores tiran varios días sus arpones hasta dar caza al tiburón entre espumas de sangre Voy al parque y violo una naranja para no mirar a una colegiala que hace su colección
de hojas de otoño Soy bachiller en lentos amaneceres en los puentes Todos mis recuerdos tienen el leve brillo de una joya perdida aunque hay momentos que merecen repetirse Soy un husmea-cosas soy un cuenta-cosas un cero grita bajo mis zapatos. Mario Rivero Tango para “Irma la dulce” Aquí estuvo sacudida por el manoseo de las habladurías y los despertadores Aquí estuvo demasiado triste en el final Las palmas bajo la nuca y el pelo desparramado agreste /como barba de coco
mirándolo todo con simpleza y admiración “cómo se ve que tú eres escritor” me dice a mediavoz en la tiniebla de un cuarto con ginebra estéreo y flores de plástico de todos los colores Allí figuraban y no podían faltar claro está Sosa Beny Moré Gardel los clásicos del tango y del bolero y los otros los Mozart y los Beethoven de siempre en fin todo eso que uno no ha aprendido a sentir pero que sí parece lo único verdaderamente pulcro adecuado para evadir la brutalidad de los sucesos Yo estaba lejano triste tratando de animar falazmente la cansada sangre en las venas y ella ancha casi tapando la cama funcionando soberbiamente con lo que se podría llamar su belleza o sea “su verdad” una cosa hecha de calor-poder-y-fuerza un desbordamiento
como una yegua blanca con sus patas traseras bien abiertas que se vuelven plateadas y empiezan a brillar en un cabrilleo de luces inestable una rendija de luz en la persiana que sube por sus piernas e impone a su cuerpo una lividez de avena y todo todo perdiendo la certeza y la eternidad como si la luz estuviera de veras inventando una forma nueva ya en la noche se había acabado ella puso su mano en mi cara y dijo “soy una mujer /cansada” tan grata su mirada que me sentí ablandado sin luchas quise adelantarme empujar la persiana admitir la franqueza del día la circuntristeza romper el espejismo el sortilegio engañoso “por qué hablas así gatita esas son las cosas que dicen las intelectuales neuróticas” “lo sé pero créeme que hablo completamente en serio”
y luego como la cosa más natural del mundo “sé que el error está en mí misma” llama “error” a su vida y me contó de su marido músico mafioso chupando la trompeta como si fuera marihuana hasta la madrugada “no, no es un programa estar sola todas las noches no creas” y continuó hablando y vistiéndose un sostén modelo /televisión y un liguero negro y diciendo que “qué barbaridad” y que “qué tontería” como respuesta a una pregunta conocida a una inquisición cifrada “sí creo que así es lo mejor” agrega “no hay complicaciones ni números de teléfonos, ni cartas de amor ni nada” “me gusta la vida libre el cambio” le digo “le tengo un horror sagrado a las posesiones y ahora ya sabes mi nombre y donde vivo para que se empiecen a amarrar los nudos para que todo se empiece a terminar”
Y le invento una historia mediocre profundamente provinciana o de la literatura considerada como la coartada perfecta ella no lloró ni se rió miró melancólicamente frente a sí como si hubiera un vacío evidentemente no conocía ni a yago ni a otelo ni a “chéspier” y ni siquiera a maupassant y esta ignorancia la conducía hacia la niñez dulcemente “El mundo es así” concluyo como si ya me estuviese yendo lejos de un modo gentil y frío y termino con un instantáneo “la gente”… es la vaga indecisa palabra en la que le he decretado de pronto su fin Afuera en la tiembla-luz las casas cerradas envueltas en un vapor esmerilado un postigo que se abre como un párpado y que luego se cierra intenta tocar de nuevo
su ombligo oloroso sus teticas apretadas forradas bajo un dique de botones y flecos tratando de inventar el gesto la actitud la palabra que diluya en un aire amable casual la tristeza largalargalarga de pozo ciego el encantamiento muerto Pero hay que irse no podemos esperar demasiado se cubrió con los vidrios oscuros alta lejana va yéndose con su olor ruda-y-sal bajo las axilas del suéter con su carne viva templada bajo la piel con el amor… “Llámame cuando quieras” me dijo a modo de despedida sobre los árboles con hojas de pelusa plateada comenzaba un cielo azul-bandera… Mario Rivero http://www.antologiacriticadelapoesiacolombiana.com/mario_rivero.html#

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