EN CASA DE BOLIVAR. JUVENAL HERRERA TORRES

EN CASA DE BOLÍVAR

Juvenal Herrera Torres

Colombia

En Caracas se abrió su luz primera

que fue de Venezuela para el mundo.

En la voz de esta casa está Bolívar

que sale de sus muros y sus patios

siguiendo a su maestro a San mateo,

muy bien reconvenido y predispuesto

por el esmero de la negra Hipólita:

es África en América esta madre

de alucinante lengua y tibia leche.

Creció con la armonía natural

del río que atraviesa la montaña

y abraza la llanura y vierte al mar

sus grávidas y arcanas resonancias.

Desde el sol del Caguán con la Gaitana,

con el negro Biojó desde Palenque,

se me sale en Caracas este canto

que es aire libre de mis farallones

y tropel de centauros en Apure

con centellas por rienda y por estribo.

Se alimentó de viajes y de libros,

y unió la lumbre de la antigüedad

con la arcilla humanada por el viento

de la comunidad precolombina…

Hastiándose de Europa el pobre rico

miró al Napoleón envilecido

con la corona del absolutismo…

La despótica Europa y sanguinaria

es mundo viejo y espectral museo.

América es lo nuevo y es promesa

de libertad real sobre la tierra.

Y así su juramento en Aventino

armó el cerebro para la epopeya,

blindó su corazón con las ideas

y nos brindó su verbo como estrella

frente a la noche de la esclavitud.

Desde Caracas habla con Lautaro

y en Carúpano va con Espartaco.

Esta casa recuerda los volcanes

hermanos de su lava y de su pecho,

y me nombra los cóndores que lleva

de una cumbre a la otra desde Pisba,

y de un siglo hasta el otro en el delirio

que va del Chimborazo al Potosí:

con su izquierda abrazando el Orinoco,

con su diestra en el río de La Plata,

hijo y padre de Bolivia y Colombia,

y el corazón en ascuas por Caracas.

Y su guerra es de muerte a la opresión,

a esos monstruos escuálidos sin alma,

de fétidas y atroces flatulencias,

y a esa cruel resignación de cruces

de tan llorada muerte milenaria.

La esclavitud es crimen que envilece:

que un hombre sea propiedad de otro

es el peor delito de la historia.

Su casa, el panteón, toda Caracas

con Bolívar en marcha hombro con hombro,

con las gentes de Katia y de Petare

de Caricuao y Veintitrés de Enero

uniendo a Guaicaipuro y a Zamora

con la Nueva Colombia que hoy forjamos…

“Nuestra patria es la América “, nos dijo,

y se alzó con el pueblo a libertarla.

A batir el crisol en que se funden

del criollo y del catire con el negro,

del indio y el mestizo con el zambo:

todas las sangres y las esperanzas

de hacer un pueblo universal y nuevo:

de roca blanca machacada al sol

y el ónice más negro de los siglos.

Acrisolados hombres y mujeres

que alumbraron Colombia en Boyacá

y la siguen tejiendo en Carabobo

con la América nuestra en Ayacucho.

Con los cristos del agro y de las minas,

con los peones y los buhoneros

en caballos y en mulas y a pie limpio

pueblo y ejército en el mismo aliento:

las armas populares se abren paso,

y el huracán caribe y las guaneñas

remangando montañas y hondonadas

conversan con los Andes y Atahualpa

y se prestan relámpagos y truenos

a ras de selva con sagrados tigres.

Desde Washington dicen que es chiflado

y lo reputan de mulato y loco.

Pero su voz es alta y categórica:

“la campaña admirable” ya convoca.

¡No hay patria sin honor ni libertad!

Y es delincuente el que ahorra su sangre

pudiéndola brindar por libertarla:

ésta es la llama con sus genotipos

que nos reta a crecer y combatir.

Porque en este minuto de la historia,

de la más refinada cibernética d

ecimos con Bolívar para el mundo:

no son siervos clonados lo que urgimos,

ni automáticos módulos que aceptan

su eterna humillación y degollina

como alelada grey robotizada.

Que cese esa ralea de tiranos.

Es recrear al hombre lo que hacemos

para que el hombre llegue a ser humano:

libre por fin para crear su vida

con todas las potencias desplegadas:

de corazón a corazón asido,

de sangre en sangre construyendo el mundo

y en abrazo cordial de mano en mano

con su gota de sol por el camino,

para que siembre su semilla ansiosa

en esta tierra de mujer abierta,

y el amor siga siendo creación…

La casa de Bolívar es el pueblo.

Su palabra es galope de esta tierra.

Su galope es la marcha de los siglos.

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