Luis Fernando Mejía. OBRAS

Luis Fernando Mejía

Última actualización: Miercoles, Noviembre 12, 2014 2:52 PM

Entrevista del autor

En el refugio de ‘Lucio Malco’

Por Gustavo Acosta Vinasco

Hace 50 años Luis Fernando Mejía Mejía ganó el Premio Nacional de Poesía ‘Violeta de Oro’ por ‘Las Bienaventuranzas’, obra que lo situó a la vanguardia de la poesía colombiana

‘Yo soy un orador’

El recuerdo que varias generaciones tienen de Luis Fernando Mejía como un ‘hombre público’; su polémica cercanía con el pueblo durante algunas épocas; y la positiva recepción de la crítica a su poesía desde hace décadas,ocasionan que nos detengamos en estas palabras suyas: “antes que cualquier otra cosa, más que poeta, yo soy es un orador”.

Sin haber llegado a la mayoría de edad realizó su primer recital en el mítico Café El Automático de Bogotá; luego a los 18 años celebró un recital en La Tertulia de Cali, auspiciado por Alfonso Bonilla Aragón en medio de las críticas por blasfemia; leyó sus versos en la Sociedad de Amigos del Arte de Pereira; en una célebre reunión de los poetas de Caldas en Santa Rosa de Cabal, en la que estaban Baudilio Montoya y Fernando Mejía, ‘Lucho’ –como lo conocen sus coetáneos– era el más joven de todos.

Sin embargo, por su cultura y su vehemencia fue un serio interlocutor de los más altos prelados de la Iglesia en Pereira, los monseñores Baltazar Álvarez y Darío Castrillón. Mejía leyó su obra en la Universidad de París y en la cátedra de Fray Luis en la Universidad de Salamanca, en colegios y asociaciones literarias. No mucho después de su regreso de Europa, por el año 1992, realizó recitales por todos los pueblos de Risaralda, con tanto ruido que los políticos con los que había tenido relación en viejas luchas temieronque había vuelto al proselitismo.

Cuando se hizo acreedor al Premio Nacional de Poesía muchos creyeron por sus versos que era un poeta de edad mayor a la que tenía. Su destino parecía estar trazado. “En mi familia viene una tara poética desde Epifanio Mejía, un pariente muy cercano de mi madre”, explica. Y la afición a las letras se cruzaba con la inquietud y el descontento social:“Mantuve un liderazgo político y social desde el colegio, querido por los compañeros y detestado por los profesores”, recuerda. “En mi juventud a lo que más temía era a que me etiquetaran”.

Fue copartícipe de ‘Brigadas Rojas’, grupo que revolucionó y fue el semillero de una casta política liberal en el momento en que estaba surgiendo el Departamento de Risaralda: “yo no transigía”, aclara…Pero a continuación dice como si despertara: “Yo hablo de todo eso como si fueran recuerdos de otra vida, que tengo sepultados en mi memoria”.

‘Mi verbo es otra cosa’

Veleros y buques se deslizan sobre el espejo de la bahía de Cartagena, y un malecón la circunda desde Castillo hasta Bocagrande, el mismo malecón en el que un día se encontró sorpresivamente con Juan Gos-saín y este le lanzó el comentario de que él y Antonio Caballero en una conversación creían que Luis Fernando Mejía había muerto, a lo que el poeta le replicó al periodista: “sí, efectivamente yo me morí, pero volví, como si hubiera resucitado de otra vida, a deshacer los pasos”.

Renació después del huracán Joan que destruyó la primera versión de su áshram cuando decidió alejarse de su vida pasada, la que todos recuerdan. Dos dimensiones trágicas marcaron en su momento la vida del poeta Luis Fernando Mejía: por una parte, la tempestad política, determinada por el activismo, el ímpetu y la entrega a las causas sociales, la obsesión por la unidad de un partido, y el padecimiento de la traición propiciatoria. Por otra, la inclemencia de la naturaleza manifestada en el huracán en 1988 que quería interponerse en la reconstrucción de su vida intelectual, material y espiritual.

Mejía es ‘nuestro’ poeta que Andrés Holguín incluye en su Antología de la Poesía Colombiana, pero tampoco le importan las inclusiones ni las omisiones de las que goza en la historia de la poesía. A pesar de que sus poemas aparecen en libros de texto de lengua castellana y que su oda ‘A la Niña Desaplicada’ entre otros poemas, hacen parte del canon de la poesía infantil y que muchos niños latinoamericanos tuvieron que aprender de memoria en sus escuelas, lo que el poeta agradece es que sus poemas hayan salido de la academia y se hayan fundido con el pueblo, que sean declamados en concursos infantiles, que la gente los conozca y vayan de boca en boca así no reconozcan su autor, “para volverse patrimonio público”, dice con entusiasmo.

Pero el poeta no renació con ni por la gloria; Mejía enfatiza en que revivió con el nacimiento de su nieto. Estas confesiones emotivas y sinceras son las que van desarmando y respondiendo a cada una de las 35 preguntas con las que llego ‘armado’ a ‘La Heroica’, cuestiones que pretenden inquirir sobre cada uno de sus libros, sobre poemas que son epigonales en la evolución de su obra, sobre su trasegar político, sus viajes. Así vamos dejando de lado las exégesis, o para otro momento, se vuelve irrelevante preguntarle qué piensa de los clisés y todo lo demás que hacen decir sobre él los tutores universitarios a los estudiantes en las tesis de grado que versan sobre él y lo sitúan como el poeta hito en la literatura pereirana, y su versión de la tal ruptura: “Luis Carlos y esa generación anterior son los poetas de un pueblo pequeño, y yo aparezco en un momento de crisis cuando Pereira es una amorosa enfermera que recoge todos los exiliados y los angustiados por la violencia que agobia al país, donde los tiempos ya no son los tiempos apacibles de la aldea; todavía conservo las querencia de los campesinos, pero ya no somos eso, mi verbo es otra cosa”.

Ruptura con los ‘poemas de la infancia’

Los libros de la primera etapa, escritos en la década de 1960, constituyen la infancia: “yo hablo de los juguetes porque nunca jugué con ellos, yo nunca elevé una cometa, nunca usé un trompo; para mí los juegos de la infancia fueron más mentales que reales, yo era una especie de niño triste que no participaba de los juegos y vivía en una actitud de melancolía permanente, castigado en el colegio, escribía poemas como una catarsis de la angustia y también de la incomprensión familiar… porque yo era un niño lleno de sensibilidades, a mí los atardeceres me producían una profunda tristeza, yo iba declinando con el día, mis ciclos vitales, mi kairós era directamente relacionado con lo que pasaba con el tiempo, con la lluvia”.

Este fue el ambiente en que compuso su hoy poema más célebre entre los que sobrevivimos a esta ciudad: “‘Cuando la ciudad me sobreviva’ lo escribí en un atardecer en la Circunvalar viendo la ciudad abajo como una fragua de cobre… estaba muy desolado y angustiado y me fui a caminar por la Circunvalar y empezaron a prenderse las luces, lo escribí de un solo impulso, a mí no me gusta escribir, porque escribir me causa mucha angustia, pero cuando ya el poema sale… me sirve como una catarsis.”

Mejía confiesa, desde su hábitat marino, que el sol y los atardeceres de su obra poética “son el sol y los atardeceres de Pereira”. Los mismos de los tiempos en que trabajó como profesor en el colegio de ‘Vacabrava’, más tarde en los ‘Sagrados Corazones’ y en el colegio de ‘Doña Consuelo de la Cuesta’, el Gimnasio Pereira. Después apareció el agobio producido por el laburo en el contexto público, cuando pertenecía a las Empresas Públicas, cuando surge ‘Alquimia de los Relojes clausurados’, cuyos versos vuelve a declamar con vibración musical, como si hubieran sido escritos recientemente.

En la década de los setenta se dedica a la publicidad, “yo consideraba todo eso una prostitución, pero estaba abocado a la necesidad, pedía mucho pero tuve mucho éxito, entre más cobraba más clientela me llegaba. Introduje el jingle en la televisión colombiana”, recuerda. En este contexto paradójicamente aparece ‘Camino Hacia la Luz’, del cual confiesa que “constituyó un hito en mi vida porque me cambió totalmente”. En efecto, la poesía de los años 70 refleja el cambio de enfoque de la vida y de los motivos poéticos mismos, entre ellos dios y el tiempo, “y los temas de infancia desaparecen porque desaparecen todas mis agonías; después de ‘Camino hacia la Luz’ entré en una gran tranquilidad, la poesía es una poesía más serena, menos angustiada, aparecen los temas de la eternidad”.

Yo no soy nadaísta

Luis Fernando Mejía fue seguidor del filósofo Fernando González a quien visitó en su Otraparte de Envigado cuando su irreverencia ya era conocida por todo el país. Es conocido por la opinión pública literaria que los miembros del movimiento estético nadaísta idolatraban a González; pero el poeta replica: ‘Yo no soy nadaísta porque no pertenezco a nada en particular sino a todo en general, lo que más me han chocado es que me pongan rótulos: ‘liberal’, ‘conservador’, ‘comunista’, ‘abogado’, ‘médico’, el único rótulo es ‘poeta’ pero eso es más bien como un estigma”.

Así se desmarcó del Nadaísmo: “una vez me preguntaron en una entrevista en televisión si yo era nadaísta, y yo dije que no, porque me chocaban mucho los poetas en pandilla”. A pesar de que fue amigo de todos ellos nunca quiso firmar el ‘manifiesto nadaísta’ porque no estaba de acuerdo con la quema de libros que habían cometido en Cali:“para mí la culpa no la tenían los escritores sino los políticos, una de las cosas que más me llevó a distanciarme de la poesía nadaísta fue precisamente el ‘entierro’ de la poesía colombiana, ahí fue donde empezaron mis vínculos a la política, ellos culpaban a los poetas de todo, quemaron la ‘María’ y quemaron ‘La Vorágine’, pero yo no participé de esto. El poeta es apenas un espejo cóncavo y convexo que refleja por un lado lo de afuera y por el otro lo de adentro, por el milagro de la palabra; ‘si lo que hay que quemar es a los políticos’ pensaba, y empezó mi trajinar político, pero la política es la antítesis de los sueños, eso es la juventud. Tampoco me arrepiento de haber trabajado con Turbay, sirvió mucho para dar a conocer el país; en España, cuando era cónsul, les gustaba mucho que yo les declamara el poema ’12 de Octubre’ de Luis Carlos González, que les tocaba las fibras nacionalistas a los habitantes de Bilbao”.

Regreso a Colombia

Se va a Europa para difundir la obra, la poesía era su único interés, “era el madero de náufrago al que me aferraba; quería llevar a mi hija a Europa”. Gracias a la publicidad ganó algo de dinero que su esposa Victoria bien supo administrar, era un publicista cotizado. Mejía explica su regreso a la patria como un imperativo filial: “Necesitaba que mi hija, que había nacido en Pereira, conociera Colombia, la realidad; nos trajo la nostalgia de la patria, a pesar del triunfo literario del que gozaba en Europa, la amistad con Felipe González, y de haber tenido el privilegio de que Borges le enseñara Venecia siendo ciego (Mejía recuerda las manos suaves del argentino, su erudición y bonhomía).

Se instala en Bogotá y vuelve a la publicidad y se inmersa de nuevo en la política, ha llegado Belisario Betancur a la presidencia, es el momento de las Amnistías Tributarias decretadas en su presidencia, emergen nuevos movimientos políticos en el país. Uno de esos, el Movimiento Latino Nacional, lo proclama como candidato a la presidencia de la República, “entonces yo, pendejo, pensando que era la forma de hacer lo que no había hecho cuando me fui, de poner en práctica algunas cosas, permito que lancen mi nombre y eso crea un conflicto muy verraco, entonces inmediatamente declaran el movimiento ilegal…”.

La poesía de mediados de los años 1980 es una poesía directa, que reaviva los motivos sociales, en algunos pasajes cruda, como el poema ‘Armero’, en sus palabras “una crítica al show que montaron los medios, porque eso fue una doble tragedia: la tragedia de los muertos por la avalancha, pero la peor tragedia fue la que montaron los medios”.

Vende una casa en Pereira, se viene a Cartagena y se radica allí. Cuando su hija se casa, consigue la tierra frente al mar Caribe y construye el áshram con las medidas áureas: mide una estrella, traza una línea vertical desde el firmamento hacia la tierra, en el fondo cava un pozo con el valor de Pi, usa como base el número 17 que es el número del universo de acuerdo con la enseñanza pitagórica… y efectúa la proporción donde la menor es a la mayor como la mayor es al todo, y en base a eso construye una casa, la que será tumbada por el huracán Joan, y luego reconstruida, la actual. “Desde que me retiré al áshram, esos afanes de la juventud, de divulgar la obra, eso ya pasó”.

Los poemas del olvido

La pared interior del áshram está signada por unas baldosas de la obra de Velázquez ‘El Aguador’, que su yerno les trajo de Toledo. Una escafandra, un retrato de su antepasado el escritor Epifanio Mejía, fotos con Eduardo Carranza y otros ilustres de la historia literaria del país van desfilando en el interior. Afuera en el antejardín, el entorno del áshram tiene además un arco con un durmiente del ferrocarril que “Poseidón le trajo de regalo”; y sembrada, a la manera de un tótem posmoderno, la antena de un barco de esos que importó Rojas Pinilla pero que nunca funcionaron porque en la armada no había quién los supiera operar.

De sus viajes Mejía había traído una poesía con las visiones del viajero, pero que inevitablemente cederá su lugar a la que empieza a escribir en el áshram, más hermética, “son poemas que si se publican la gente difícilmente va a comprender, porque para entender la poesía tiene que haber una identificación con el poeta, y en este caso nadie ha vivido mi misma experiencia”. Esta experiencia es la que ha recogido y me da a conocer en sus nuevos y no pocos escritos:

“Sobre el hilo de Láquesis camina mi corazón cansado y aterido

La cruel tijera de Átropos intuye y adivina,

equilibrista de la muerte, maromero de la vida

sobre un hilo de sangre mi corazón camina”(Mayo de 2014).

Para la familia estos poemas son preocupantes –me confiesa–: “ellos quisieran volver a escuchar los poemas báquicos…Yo le decía a mi nieto: ‘los poetas son como las yucas, no producimos sino enterrados’, entonces lo que yo voy a hacer es –dice con ironía– que aquí en el áshram voy a poner la tumba, y como este es un lugar turístico, a la gente le encanta ir a la tumba de los poetas para cerciorarse de que están muertos”. Y como para no seguir con una argumentación ni una nueva analogía, el poeta prefiere darme a conocer uno de los haikú que ha compuesto:

“Las huellas de las aves en la arena

Dibujan constelaciones en el suelo”

Cuando ‘Pereira’ se cuela en nuestra entrevista, el poeta hace suyas las antiguas palabras ‘No abandones tu patria; y se te vas, no vuelvas porque no la encontrarás’; “y eso es lo que me pasó a mí con Pereira”, pues no ha vuelto desde 1992:“¿Volver? Es que nos dieron mucho garrote”, y expresa que en Pereira no perdonan los errores de la política, “yo fui un guerrero, yo resistí, yo me lo gané, yo fui un rebelde…cometí el error de aceptar una precandidatura presidencial, pero de eso se pegan, entonces… como yo ya he trascendido, superado todo eso completamente, tengo mi telescopio, puedo mirar las estrellas, escribo poemas, ando en el mar, entro en comunicación con los hermanos de la fraternidad blanca universal, aparte en otra dimensión. Yo no tengo enemigos, uno es gracias a los que no son como uno, gracias a los contradictores”.

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Última actualización: Miercoles, Noviembre 12, 2014 2:47 PM

Textos del autor

RELOJ

Un día

a las seis de la tarde.

Estaré muriendo

lo que nunca he vivido.

 

A las siete,

Dios estará tan lejos

que será una estampita olvidada en la infancia.

 

A las ocho,

la felicidad será olvido

y buscaré sus caminos en el vino.

 

A las nueve,

tú pasarás descalza por mi sangre

y no compartirás conmigo el silencio de tus pasos.

 

A las diez,

no habrá nadie que recoja

lo que queda de mí.

 

A las once,

me quedará grande la soledad.

 

A las doce,

me daré cuenta de que yo no tengo la culpa

de la belleza del mundo.

 

Entonces,

no tendré fuerza para ver amanecer sobre las lilas.

(De Resurrección de los juguetes – 1955 – 1964)

 

POEMA

Recuerdo,

que eras pequeña

entre mis dedos.

 

Que la sangre

desandaba tus caminos,

y te hacías simple y profunda

como un niño.

 

Recuerdo,

que eras elemental

entre mis dedos,

 

que inventabas palabras

y jugabas:

a que yo no me iba.

 

Eras ecuación de palabras

y silencios.

TÚ.YO Y MÍA.

(De Resurrección de los juguetes – 1955 – 1964)

 

ODA A LOS NIÑOS ASESINADOS

Cayeron sobre un metro

de tierra Colombiana;

como si tropezaran jugando con la muerte.

 

Se murieron despacio,

como si no quisieran

abandonar los juegos

apenas comenzados.

 

Murieron al arrullo

de un cascabel de plomo.

Bajo la sombra amiga

de un árbol que tenía

un columpio en sus brazos.

 

Cayeron con la frente

horizontal al cielo.

Y un trompo entre los dedos.

 

Murieron bajo un cielo

que miraba impasible

cómo se agigantaba

la muerte entre sus labios!

(De Resurrección de los juguetes – 1955 – 1964)

 

CUANDO LA CIUDAD ME SOBREVIVA

Cuando la ciudad me sobreviva

para olvidarse de mi nombre;

la llamaré desde el fondo de la tierra

con mi voz de raíces.

Serán de tierra mis palabras.

Recogeré mi cuota de sangre entre los árboles.

Me improvisaré de viento

de silencio horizontal a la seis de la tarde.

Renegaré de mi muerte.

Me negaré a olvidarme.

Gritaré mi silencio

entre los ruidos de las fábricas.

Me levantaré a recoger la angustia

de los domingos de lluvia

y los años que pasaban buscándome

entre los niños del parque.

Exigiré que me devuelvan

los días perdidos,

y las noches perdidas

y los besos perdidos,

y el Dios que asesinaron entre las bibliotecas y las aulas.

 

Cuando la ciudad me sobreviva.

Cuando me niegue sus calles.

Nadie podrá imponerme una muerte

que yo no escogí nunca.

Continuaré negándome a negarme.

En mis palabras de lodo reventarán las flores.

Mi garganta se hará de raíces

que arañen la lluvia.

Cuando la ciudad se olvide de mi nombre,

yo estaré entre los niños  que crecieron

para jugar a la guerra.

Estaré con un libro impidiendo la muerte.

Gritando desde las bibliotecas!

Toda la humanidad pasará sobre mi olvido

y yo seguiré negándome al silencio

desde mi metro de tierra,

desde mi silencio aturdido de protestas.

Continuaré creciendo en los incendios de hierba

y en las hormigas que bajan a mi cuerpo.

 

Nadie podrá obligarme a que desaparezca

si he dejado mi vida sobre todas las cosas.

(De Resurrección de los juguetes – 1955 – 1964)

III

Dios mío:

por qué me estás cobrando

lo que yo no te hice?

 

Por qué me has enterrado

de pies sobre este barro:

 

Si yo no soy culpable

de que te haya tocado ser Dios toda la vida.

 

Antes de que me dieras

un pedazo de tiempo y una cuota de muerte

no sabía siquiera que existías.

(De Alquimia de los relojes clausurados, 1964-1969)

 

IV

Señor,

me preocupan tus cosas:

 

Por no haber dejado muerte

para ti,

te quedarás un día

definitivamente solo.

 

Y para que ser Dios

así.

 

Señor,

yo te aconsejo:

 

Invéntate una muerte

para tu eternidad

o desinventa la muerte.

(De Alquimia de los relojes clausurados, 1964-1969)

 

HOY

Hoy he crecido en ti

desde los mil costados de mi angustia.

He subido desde mis días machacados de tiempo

hasta las agujas de mi olvido.

 

Hoy he crecido en ti

duro de greda,

modelándome de hombre en cada pliegue de tu carne.

 

Hoy supe que mi nombre

suspendía las letras de mi nombre,

y te iba formando de mi grito.

 

Hoy ascendí desde mil horas martillándome

hasta la quietud de la sangre.

 

Hoy pesé entre mis dedos el girasol de tu pecho

y el mundo era pequeño rodando sobre el día.

 

Hoy he crecido tanto por tu cuerpo infinito

que me duelen los dedos de caminos.

Y me voy por mi muerte recorriendo tu vida.

(De Alquimia de los relojes clausurados, 1964-1969)

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Última actualización: Miercoles, Noviembre 12, 2014 2:38 PM

Obras publicadas

Resurrección de los juguetes

Título: Resurrección de los juguetes: poemas, 1954-1964.

Autor: Luis Fernando Mejía.

Editor: Imprenta Departamental de Caldas, 1964.

 

Manuscritos de Lucio Malco

Título: Manuscritos de Lucio MalcoVolumen 14 de Colección de poesía “Rosalía de Castro”.

Autor: Luis Fernando Mejía.

Editor: Comunicación Literaria de Autores, 1979.

Camino hacia la luz

Título: Camino hacia la luz.

Autor: Luis Fernando Mejía.

Editor: Poligráfica, 1974.

Alquimia de los relojes clausurados

Título: Alquimia de los relojes clausurados.

Autor: Luis Fernando Mejía.

Editor: Carpel, 1969.

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Última actualización: Miercoles, Noviembre 12, 2014 2:12 PM

Biografía

LUIS FERNANDO MEJÍA

 

Luis Fernando Mejía - Retrato

 

Luis Fernando Mejía nació en Barranquilla en 1941. En 1946 gana el premio literario Violeta de Oro con su obra Las Bienaventuranzas y el mismo año la Biblioteca de Autores Caldenses le incluye en su colección, publicando el libro Resurrección de los juguetes.En 1966 se edita en Medellín su libro Alquimia de los Relojes Clausurados. El tema del Tiempo y el Espacio y el proceso Alquímico del Alma se reflejan en él y le conducen a Camino hacia la Luz, obra que se edita en Bogotá en 1974. Ese mismo año se lanza al mercado un LP con la Poesía y Voz de Luis Fernando Mejía.

En Risaralda, departamento donde el poeta vivió su juventud, le es concedido el premio Bernardo Arias Trujillo por su obra poética. En 1977 viaja a Europa y en 1979, mientras vivía en la isla de Ibiza, le nombran Cónsul de la República de Colombia en Bilbao, donde ese mismo año obtiene el Primer Premio Internacional de Poesía Castellana “Rosa de Oro” con el libro Manuscritos de Lucio Malco, libro que será publicado por la editorial Comunicación Literaria de Autores en su colección Rosalía de Castro. Sus poemas han sido traducidos a varios idiomas e incluidos en varias antologías dentro y fuera de Colombia.

Su regreso al país 1983, coincide con las amnistías ofrecidas por el presidente Belisario Betancur. Nuevos grupos políticos empiezan a formarse, uno de ellos, el Movimiento Latino Nacional, proclamó el nombre de Luis Fernando Mejía como candidato a la Presidencia de la República. El movimiento fue declarado ilegal y el poeta abandona el escenario político. Luis Fernando Mejía, entonces, decide retirarse a Cartagena y construye un Ashram donde actualmente vive y trabaja.

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Última actualización: Miercoles, Noviembre 12, 2014 1:56 PM

Cronología

CRONOLOGÍA

  • 1941 Nace Luis Fernando Mejía Mejía, en él confluyen varios linajes de dirigentes políticos, hombres de letras y patricios de Antioquia y Caldas.

 

  • 1957 Bachiller del Colegio Berchmans de Cali. Junto a Guillermo Valencia y Julio César Turbay es el joven que lidera la oposición al dictador Gustavo Rojas Pinilla en el suroccidente del país.

 

  • 1959 Cursará por cuatro años estudios de Humanidades en la Universidad de los Andes con los maestros Danilo Cruz, Ramón de Zubiría, Marta Traba, Rafael Maya y Eduardo Carranza, entre otros.

 

  • 1963 Publica su primer libro ‘La Resurrección de los Juguetes’ (Manizales, Imprenta Departamental de Caldas, vol. 20), cuya portada fue elaborada por un niño de 8 años a través de un concurso escolar. Nombrado Concejal de Pereira.

 

  • 1964 Premio Nacional de Poesía ‘Violeta de Oro’ por su publicación de este año ‘Las Bienaventuranzas’. Comienza su combate contra el caciquismo de Camilo Mejía Duque en el pasquín ‘Renovación Nacional’ junto a Miguel Álvarez de los Ríos, Otto Morales y Álvaro Campo Posada.

 

  • 1969 Publica ‘Alquimia de los Relojes Clausurados’ (Medellín), cuya carátula fue ilustrada por el artista Justo Arosemena.

 

  • 1969 Mientras labora en la Universidad Tecnológica, sienta las bases del grupo liberal anticamilista ‘Brigadas Rojas’ con Gustavo Orozco y César Gaviria, que tendría como comilitantes a Ennio Quiceno, Iván Marulanda, Roberto Tejada, Israel Agudelo, Jorge Beltrán, Jair Loaiza, Carlos Alberto Gartner, Guillermo Vallejo Ángel.

 

  • 1970 Conforma ‘La Tertulia del Setenta’ con Iván Serna, Jorge Vélez Gutiérrez y Alberto Herzing, a la que se vinculan con conversaciones intelectuales y políticas Gustavo Orozco, César Gaviria, Iván Marulanda, Alfonso Gutiérrez Millán. Durante toda la década será un protagonista de primera línea de la política regional y nacional. Es el artífice junto a Óscar Vélez Marulanda del Frente de Integración Liberal donde convergieron por un tiempo las diferentes corrientes del liberalismo en Caldas.

 

  • 1974 Publica ‘Camino Hacia la Luz’ (Bogotá, Ed. Poligráfica Limitada), cuya portada e ilustraciones fueron realizadas por el artista visual Sergio Trujillo. Gana el Premio Bernardo Arias Trujillo. Aparece el LP ‘Poesía y Voz de Luis Fernando Mejía’.

 

  • 1977 Inicia sus viajes por Europa y África. Sucesivos recitales en España, Francia y otros países para divulgar su obra.

 

  • 1979 Cónsul de Colombia en Bilbao (España), gobierno de Julio César Turbay. Publica ‘Manuscritos de Lucio Malco’ (Bilbao), con el que gana el Premio Internacional de Poesía ‘Rosa de Oro’ en la misma ciudad.

 

  • 1983 Regreso a Colombia.

 

  • 1984 Proclamado precandidato presidencial por el Movimiento Cívico Latino Nacional, que lidera Carlos Ledher Rivas.

 

  • 1985 Se traslada a vivir en Cartagena, Colombia.

 

  • 1989 Publica ‘Poemas 1955-1988’ (Pereira), escogido como el volumen 7 de la Colección de Escritores Pereiranos.

 

  • 1993 Se arraiga definitivamente en la costa Atlántica.

 

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