FABULAS Y VERDADES. RAFAEL POMBO

 

FABULAS Y VERDADES

Rafael Pombo

Nuestro amigo Rafael Pombo, el escondidizo autor de Edda, y cuyo nombre será suficiente carta de recomendación tenia escrita de años atrás una colección, de fábulas morales, hecha con estudio de los defectos y necesidades de nuestros pueblos, y calculada para servir de libro, de lectura en la escuela y en el hogar doméstico, para todas edades y condiciones. Pero con su habitual repugnancia a darse a luz, y con el despego y distracción con que trata, o mejor dicho olvida, todo lo suyo, este libro dormía no sabemos dónde, hasta que recientemente algunos amigos interesados en la causa de la educación popular y sabedores, de la grande aceptación, con que corren en Cuba y en la América del Sur, entre padres y niños, unas dos colecciones de cuentos en verso que él adaptó al español transformándolos a su manera y sin darles su nombre, le aconsejaron que escribiese lo que casualmente ya tenía escrito, una colección completa de fábulas y moralidades, la cual, una vez arrancada a su profundo sueño, no ha recibido más que aplausos y pedidos de cuantos la han visto en manuscritos. Hoy tenemos la doble satisfacción de anunciar que va a imprimirse inmediatamente, y de dar adelantadas a los lectores de El Mundo Nuevo algunas muestras de ella.

La colección lleva el nombre de Fábulas y Verdades; consta de mas de doscientas composiciones, y está graduada por edades, estados y condiciones de la vida, desde la candorosa trivialidad para el niño, hasta la filosofía de la religión, del matrimonio, las artes y letras, la política y la magistratura, creyendo el autor que todo sano principio debe inculcarse desde la niñez, cuando el corazón es dúctil, para que se imprima de una manera indeleble. El niño debe aprender aún muchas nociones que entonces no penetra completamente: cuando le llegue el día de penetrarlas, ya tienen para él cierta autoridad que involuntariamente lo gobiernan, como el ejemplo de la madre y sus creencias religiosas. El señor Pombo ha dado en su libro particular atención a la higiene y a la filosofía, totalmente olvidadas en libros análogos; su moral es la de la fe, la dignidad humana, la actividad y el trabajo, y ataca sin misericordia los malos hábitos de nuestra raza, o atribuidos a nuestros climas, que se oponen allí al desarrollo armónico del hombre y a su longevidad. Más de la tercera parte de las fábulas son originales, y de una variedad inusitada en metros y tratamiento. La parte política no envuelve alusiones de partido: reconoce la necesidad de dos, por lo menos, en toda república, y les predica el deber de comprenderse y respetarse mutuamente y de sacar de sus disonancias la armonía nacional. La idea de la obra (filosóficamente análoga a la del sistema objetivo) es dar un breve curso de educación y conducta por medio de imágenes, vistiendo éstas del adhesivo e imperecedero encanto del verso. El autor nos autoriza para anunciar que las Fábulas y Verdades formarán un volumen mayor que las de Iriarte y Samaniego.

{* ) Este artículo se publicó en la importante revista Mundo Nuevo de Nueva York, que dirigía el insigne literato cubano don Enrique Piñeiro, en la época en que el señor Pombo, residente en los Estados Unidos, pensó en editar las Fábulas y Verdades; proyecto que no se realizó.

 

EL RENACUAJO PASEADOR

El hijo de Rana. Rinrín Renacuajo,
Salió esta mañana muy tieso y muy majo
Con pantalón corto, corbata a la moda,
Sombrero encintado y chupa de boda.
“¡Muchacho, no salgas!” le grita mamá,
Pero él le hace un gesto y orondo se va.

Halló en el camino a un ratón vecino,
Y le dijo: “¡Amigo! venga usted conmigo,
“Visitemos juntos a doña Ratona
“Y habrá francachela y habrá comilona”.

A poco llegaron y avanza Ratón,
Estírase el cuello, coge el aldabón,
Da dos o tres golpes, preguntan: ¿Quién es?”
“-Yo, doña Ratona, beso a usted los pies”.

“¿Está usted en casa?” -“Sí, señor, sí estoy;
“Y celebro mucho ver a ustedes hoy;
“Estaba en mi oficio, hilando algodón,
“Pero eso no importa; bien venidos son”.

Se hicieron la venia, se dieron la mano,
Y dice Ratico, que es más veterano:
“Mi amigo el de verde rabia de calor,
“Démele cerveza, hágame el favor”.

Y en tanto que el pillo consume la jarra
Mandó la señora traer la guitarra
Y a Renacuajito le pide que cante
Versitos alegres, tonada elegante.

“-¡Ay! de mil amores la hiciera, señora,
“Pero es imposible darle gusto ahora,
“Que tengo el gaznate más seco que estopa
“Y me aprieta mucho esta nueva ropa”.

“-Lo siento infinito, responde tía Rata,
“Aflójese un poco chaleco y corbata,
“Y yo mientras tanto les voy cantar
“Una cancioncita muy particular”.

Mas estando en esta brillante función
De baile y cerveza, guitarra y canción,
La Gata y sus Gatos salvan el umbral,
Y vuélvese aquello el juicio final.

Doña Gata vieja trinchó por la oreja
Al niño Ratico maullándole: “¡Hola!”
Y los niños Gatos a la vieja Rata
Uno por la pata y otro por la cola.

Don Renacuajito mirando este asalto
Tomó su sombrero, dio un tremendo salto,
Y abriendo la puerta con mano y narices,
Se fue dando a todos “noches muy felices”.

Y siguió saltando tan alto y aprisa,
Que perdió el sombrero, rasgó la camisa,
Se coló en la boca de un pato tragón
Y éste se lo embucha de un solo estirón.

Y así concluyeron, uno, dos, y tres,
Ratón y Ratona, y el Rana después;
Los Gatos comieron y el Pato cenó,
¡Y mamá Ranita solita quedó!

SIMON EL BOBITO

Simón el Bobito llamó al pastelero:
“¡A ver los pasteles! ¡los quiero probar!”
“-Sí, repuso el otro, pero antes yo quiero
“Ver ese cuartillo con que has de pagar”.

Buscó en los bolsillos el buen Simoncito
Y dijo: “¡De veras! no tengo ni unito”.

A Simón Bobito le gusta el pescado
Y quiere volverse también pescador,
Y pasa las horas sentado, sentado,
Pescando en el balde de mamá Leonor.

Hizo Simoncito un pastel de nieve
Y a asar en las brasas hambriento lo echó,
Pero el pastelito se deshizo en breve,
Y apagó las brasas y nada comió.

Simón vio unos cardos cargando ciruelas
Y dijo: -“¡Qué bueno! las voy a coger”.
Pero peor que agujas y puntas de espuelas
Le hicieron brincar y silbar y morder.

Se lavó con negro de embolar zapatos
Porque su mamita no le dio jabón,
Y cuando cazaban ratones los gatos
Espantaba al gato gritando: ¡ratón!

Ordeñando un día la vaca pintada
Le apretó la cola en vez del pezón;
Y ¡aquí de la vaca! le dio tal patada
Que como un trompito bailó don Simón.

Y cayó montado sobre la ternera
Y doña ternera se enojó también,
Y ahí va otro brinco y otra pateadera
Y dos revolcadas en un santiamén.

Se montó en un burro que halló en el mercado
Y a cazar venados alegre partió,
Voló por las calles sin ver un venado,
Rodó por las piedras y el asno se huyó.

A comprar un lomo lo envió taita Lucio,
Y él lo trajo a casa con gran precaución
Colgado del rabo de un caballo rucio
Para que llegase limpio y sabrosón.

Empezando apenas a cuajarse el hielo.
Simón el Bobito se fue a patinar,
Cuando de repente se le rompe el suelo
Y grita: “¡Me ahogo! ¡vénganme a sacar!”

Trepándose a un árbol a robarse un nido,
La pobre casita de un mirlo cantor,
Desgájase el árbol, Simón da un chillido,
Y cayó en un pozo de pésimo olor.

Ve un pato, le apunta, descarga el trabuco;
Y volviendo a casa le dijo a papá:
“Taita, yo no puedo matar pajaruco
“Porque cuando tiro se espanta y se va”.

Viendo una salcera llena de mostaza
Se tomó un buen trago creyéndola miel,
Y estuvo rabiando y echando babaza
Con tamaña lengua y ojos de clavel.

Vio un montón de tierra que estorbaba el paso,
Y unos preguntaban: “¿qué haremos aquí?”
-¡Bobos! dijo el niño resolviendo el caso;
“Que abran un grande hoyo y la echen allí”.

Lo enviaron por agua, y él fue volandito
Llevando el cedazo para echarla en él;
Así que la traiga el buen Simoncito
Seguirá su historia pintoresca y fiel.

PASTORCITA

Pastorcita perdió sus ovejas
¡Y quién sabe por dónde andarán!
-No te enfades, que oyeron tus quejas
Y ellas mismas bien pronto vendrán.
Y no vendrán solas, que traerán sus colas,
Y ovejas y colas gran fiesta darán.

Pastorcita se queda dormida,
Y soñando las oye balar;
Se despierta y las llama en seguida,
Y engañada se tiende a llorar.
No llores, Pastora, que niña que llora
Bien pronto la oímos reír y cantar.

Levantóse contenta, esperando
Que ha de verlas bien presto quizás;
Y las vio; mas dio un grito observando
Que dejaron las colas detrás.
¡Ay mis ovejitas! ¡Pobres raboncitas!
¿Dónde están mis colas? ¿no las veré más?

Pero andando con todo el rebaño
Otro grito una tarde soltó,
Cuando un gajo de un viejo castaño
Cargadito de colas halló.
Secándose al viento, dos, tres, hasta ciento,
¡Allí unas tras otra colgadas las vio!

Dio un suspiro y un golpe en la frente,
Y ensayó cuanto pudo inventar,
Miel, costura, variado ingrediente,
Para tánto robón remendar;
Buscó la colita de cada ovejita
Y al verlas como antes se puso a bailar.

JUAN CHUNGUERO

Era Juan Chunguero insigne gaitero
Con la misma gaita que fue de su taita,
Y aunque un aire sólo trinaba este Apolo,
Furibundo estrépito formaba con él.

Y muchas parejas, y aun viejos y viejas,
Bailaban en tanto con risa y con canto,
Y de ellos no pocos resultaron locos
Por arte diabólica del músico aquel.

La abuela Tomasa volviendo a su casa
Bailó una cachucha, tan ágil, tan ducha,
Que vieja y canasto se hicieron emplasto
Y tortilla espléndida de huevos con pan.

Dicen que un cordero salió maromero
Y montó en un lobo que andaba hecho un bobo.
Y que aquella vaca que ordeñaba Paca
Armó con el cántaro una de “¡San Juan!”

Iba en su camino sudando un pollino
Y dándole palo su enemigo malo,
Mas oyó al gaitero y ¡adiós del arriero!
Y ¡adiós carga y látigo, cabestro y cinchón!

Pero no hubo gloria en toda esta historia
Como la de aquella Pastorcita bella
Viendo ya encolada toda su manada,
Valsando alegrísima de la gaita al són,

Y al ver a Pastora aquel Juan Chunguero,
Y oyendo a Chunguero la linda Pastora,
El se hizo Pastor; gaitera, Pastora.
Y él su corderito y ella su cordero.

LA POBRE VIEJECITA

Erase una viejecita
Sin nadita qué comer
Sino carnes, frutas, dulces,
Tortas, huevos, pan y pez.

Bebía caldo, chocolate,
Leche, vino, té y café,
Y la pobre no encontraba
Qué comer ni qué beber.

Y esta vieja no tenía
Ni un ranchito en qué vivir
Fuéra de una casa grande
Con su huerta y su jardín.

Nadie, nadie la cuidaba
Sino Andrés y Juan y Gil
Y ocho criados y dos pajes
De librea y corbatín.

Nunca tuvo en qué sentarse
Sino sillas y sofás
Con banquitos y cojines
Y resorte al espaldar.

Ni otra cama que una grande
Más dorada que un altar,
Con colchón de blanda pluma,
Mucha seda y mucho olán.

Y esta pobre viejecita
Cada año, hasta su fin,
Tuvo un año más de vieja
Y uno menos qué vivir.

Y al mirarse en el espejo
La espantaba siempre allí
Otra vieja de antiparras,
Papalina y peluquín.

Y esta pobre viejecita
No tenía qué vestir
Sino trajes de mil cortes
Y de telas mil y mil.

Y a no ser por sus zapatos,
Chanclas, botas y escarpín,
Descalcita por el suelo
Anduviera la infeliz.

Apetito nunca tuvo
Acabando de comer,
Ni gozó salud completa
Cuando no se hallaba bien.

Se murió de mal de arrugas,
Ya encorvada como un 3,
Y jamás volvió a quejarse
Ni de hambre ni de sed.

Y esta pobre viejecita
Al morir no dejó más
Que onzas, joyas, tierras, casas,
Ocho gatos y un turpial.

Duerma en paz, y Dios permita
Que logremos disfrutar
Las pobrezas de esa pobre
Y morir del mismo mal.

EL GATO BANDIDO

Michín dijo a su mamá:
“Voy a volverme Pateta,
“Y el que a impedirlo se meta
“En el acto morirá.
“Ya le he robado a papá
“Daga y pistolas; ya estoy
“Armado y listo; y me voy
“A robar y matar gente,
“Y nunca más (¡ten presente!)
“Verás a Michín desde hoy”.

Yéndose al monte, encontró
A un gallo por el camino,
Y dijo: “A ver qué tal tino
“Para matar tengo yo”.
Puesto en facha disparó,
Retumba el monte al estallo,
Michín maltrátase un callo
Y se chamusca el bigote;
Pero tronchado el cogote,
Cayó de redondo el gallo.

Luego a robar se encarama,
Tentado de la gazuza,
El nido de una lechuza
Que en furia al verlo se inflama.
Mas se le rompe la rama,
Vuelan chambergo y puñal,
Y al són de silba infernal
Que taladra los oídos
Cae dando vueltas y aullidos
El prófugo criminal.

Repuesto de su caída
Ve otro gato, y da el asalto,
“¡Tocayito, haga usted alto!
“¡Déme la bolsa o la vida!”
El otro no se intimida
Y antes grita: “¡Alto el ladrón!”
Tira el pillo, hace explosión
El arma por la culata,
Y casi se desbarata
Michín de la contusión.

Topando armado otro día
A un perro gran bandolero,
Se le acercó el marrullero
Con cariño y cortesía:
“Camarada, le decía,
“Celebremos nuestra alianza”;
Y así fue: diéronse chanza,
Baile y brandy, hasta que al fin
Cayó rendido Michín
Y se rascaba la panza.

“Compañero, dijo el perro,
“Debemos juntar caudales
“Y asegurar los reales
“Haciéndoles un entierro”.
Hubo al contar cierto yerro
Y grita y gresca se armó,
Hasta que el perro empuñó
A dos manos el garrote;
Zumba, cae, y el amigote
Medio muerto se tendió.

Con la fresca matinal
Michín recobró el sentido
Y se halló manco, impedido,
Tuerto, hambriento y sin un real.
Y en tanto que su rival
Va ladrando a carcajadas
Con orejas agachadas
Y con el rabo entre piernas,
Michín llora en voces tiernas
Todas sus barrabasadas.

Recoge su sombrerito,
Y bajo un sol que lo abrasa,
Paso a paso vuelve a casa
Con aire humilde y contrito.
“Confieso mi gran delito
“Y purgarlo es menester,
Dice a la madre; “has de ver
“Que nunca más seré malo,
“¡Oh mamita! dame palo
“¡Pero dame qué comer!

TIA PASITROTE

Tía Pasitrote
Salió con Mita
Y en el cogote
Va la chiquita.

Toda la gente
Soltó la risa
Y ella les dijo:
“Voy muy de prisa;

“Ríanse ustedes;
“Yo también río”.
Y doña Gata
Les hizo “Muío”.

Compró zapatos
Para Madama,
Pero a su vuelta
La encontró en cama.

Le dio una fruta,
Le dio una flor,
Y al punto Mita
Cogió un tambor;

Y con más garbo
Que un capitán,
Dio un gran redoble
¡Ra-ca-ta-plán!

Tía Pasitrote
Fue a comprar leche
Y le dijeron
“Que le aproveche”.

Buscando a Mita
Volvió corriendo
Y a la chiquita
La halló cosiendo,

Quieta y juiciosa
Como un muchacho
Ensartando hebras
De su mostacho.

Salió a comprarle
Capa o capote
Y unas navajas
Para el bigote;

Pero al retorno
La halló traviesa
Patas arriba
Sobre una mesa.

Le dio a la tía
La pataleta,
Mas volvió en sí
Con la trompeta.

Llegó la tía
Tan boquiabierta
Que no cabía
Por esa puerta.

Dio un paso en falso,
Móndase un codo,
Y al suelo vino
Con silla y todo.

Entonces grita
“¡Ay ay! ¡ay! ¡ao!”
Y la Michita
Dijo “¡Miaao!!”

Salió a comprarle
La mejor pluma,
Pagó por ella
Cuantiosa suma;

Volvió a la casa
Como clueca,
Y halló a la niña
Con su muñeca,

Un ratoncito,
¡Pobre ratón!
Que atormentaba
Sin compasión.

Salió a traerle
Una gorrita,
Pero al regreso
No encontró a Mita.

Dio muchas vueltas
Busca que busca,
Y atrapó al cabo
A aquella chusca,

Con un mosquete
De dos cañones,
Pólvora y balas
Y municiones.

Salió de nuevo
Tía Pasitrote
Con sus cachetes
Y su garrote.

Volvió muy pronto
Hecha una fiesta,
Con una silla
Para la siesta,

Y encontró a Mita
Lavando ropa
Y mojadita
Como una sopa.

JUAN MATACHIN

¡Mírenle la estampa!
Parece un ratón
Que han cogido en trampa.
Con ese morrión.

Fusil, cartuchera,
Tambor y morral,
Tiene cuanto quiera
Nuestro general.

Las moscas se espantan
Así que lo ven,
Y él mismo al mirarse
Se asusta también.

Y a todos advierte
Con lengua y clarín
“¡Ay de aquel que insulte
“A Juan Matachín!”

PERICO ZANQUITUERTO

Perico Zanquituerto
Se huyó con un dedal,
Y su abuelita Marta
No lo pudo alcanzar.

El corre como un perro
Y ella como un costal,
Y apenas con la vista
Persigue al perillán.

Bien pronto se tropieza,
Da media vuelta y cae,
Y ella le dijo: “Tóma
“¿Quién te mandó a robar?”

Con un palo a dos manos
Lo iba alcanzando ya
Cuando siguió Perico
Corriendo más y más.

De un cubo de hojalata
Hizo luégo un tambor,
De un huso viejo, espada,
Y del dedal, chacó;

Y al verse hecho un soldado
Exclama: “¡Caracol!
“Ni un escuadrón de abuelas
“Me hará temblar desde hoy”.

Un ganso en ese instante
El pescuezo estiró
Diciéndole: “¡Amigote!
¿Qué tal? clí, clí, cló, cló”.

Ahí sí se echó de espaldas
El vándalo feroz
Clamando: “¡Auxilio, auxilio!
“¡Que me traga este león!”

JUACO EL BALLENERO

Yo soy Juaco el ballenero
Que hace veinte años me fui
A pescar ballenas gordas
A dos mil leguas de aquí.

Enorme como una iglesia
Una por fin se asomó,
Y el capitán dijo: “¡Arriba!
“Esa es la que quiero yo”.

Al agua va el capitán
Con su piquete y su harpón,
Lavándose antes lo ojos
Con unos tragos de ron.

Al verlo alzar la botella
Se consumió el animal,
Y dieron vueltas y vueltas
Sin encontrar ni señal.

Cuando de repente ¡zás!
Da el pescado un sacudón
Y barco y gente salieron
Como bala de cañón.

La luna estaba de cuernos
Y hasta allá fueron a dar,
Y como jamás han vuelto
Debiéronse de quedar.

Cuando vayas a la luna
Búsca a mi buen capitán
Con su nariz de tomate
Y su barba de azafrán.

Díle que este pobre Juaco
No lo ha podido ir a ver
Porque no sabe el camino
Ni tiene un pan qué comer.

Y si viniere un correo
De la luna para acá.
Mándame una limosnita
Que Dios te la pagará.

ARRULLO

Duérme, duérme, vida mía;
No más juego y parlería.
Ciérra, ciérra los ojitos,
Que los ángeles benditos
Mientras haya quien los vea
No te vienen a arrullar.

Duérme pronto, dulce dueño,
Que yo misma tengo empeño
De quedarme dormidita
Y gozar de la visita
De esos ángeles que vienen
A mecerte y a cantar.

Duérme, duérme vida mía,
No se vayan a enfadar.
Duérme, duérme, ya que vienen
Y dormido los verás,
Que te mecen y remecen
Y te besan a compás.

EL PASEO

Hermosa está la mañana;
Y como Sara y Mariana
Y Valentín y Ramón
Han dado bien la lección,
Se decreta un gran paseo
Con tal de que con aseo
Toda la gente se vista.
Hé allí la canasta, lista
Con fiambre de tomo y lomo.

-¡Vámonos, o me lo como!
Ataos bien los sombreros,
Muchachos y caballeros,
Porque vamos a apostar
Al que más rápido corra,
Y aquel que pierda la gorra
Tiene después que ayunar.
Nombro capitán a Irene,
Y el ama irá con el nene.

Iban ya por el portón
Cuando el amable Ramón
Sabiendo que la criada
Estaba medio baldada,
Detúvose con placer
Para ayudarle a meter
La leña de la cocina.
Y el padre al verlo exclamó:
-“Al que ayuda, lo ayudó
“La Providencia Divina”.

En cuanto al bobo de Máximo,
Como la lección dio pésima,
Quedó encerrado estudiándola
Con una cara famélica.
“¡Ay!” rezongaba, “¡qué lástima!
“¡Que un día tan lindo, qué pérdida!”
Y a sus pies gruñía -“¡Embrómate!”
Su condiscípula América.

Ya llegaron. Hizo alto la gente
En un campo a la orilla del río.
Desataron las chicas el lío
Y empezaron metiéndole diente
Valentín desafió guapamente
A correr, y ganó el desafío.
Sara, Irene, Mariana y Dolores
Entretanto jugaban con flores,
Y tejieron coronas tan bellas
Que adornaron las gorras con ellas.
Luégo entraron a un bote pintado
Y pasaron de un lado a otro lado.

Cuando el fiambre se acabó
Se hizo el dormido Papá
Y a Sarita le ocurrió
Ver qué tan dormido está.

Trajeron montones de heno
Para echárselos encima;
El da un brinco de lo bueno
Así que ella se le arrima.

Y le dice: “¡Ah picarona!
“El enemigo está preso,
“Y en pena de su intentona
“Tiene que dejarme un beso”.

Al punto que regresan del paseo
Va Mariana a buscar a Maximino
Llevándole la fruta más hermosa
Que le tocó del suculento avío.
Abre la puerta de la odiosa cárcel,
América se escapa dando un brinco
y cansado de libros y muñecas
Estaba el niño Máximo dormido.

Los demás fueron al cuarto
De su dulce tía Victoria
Y le contaron la historia
De la excursión, y el reparto
De la gran manducatoria.
Nada quedó por decir,
Y después de repetir
Todo, todo la otra hermana,
Se marcharon a dormir;
Con lo cual, hasta mañana.

EL REY CHUMBIPE

SILVA

I

Vanidad y ambición cuestan muy caro,
Y el Rey Chumbipe lo hizo ver bien claro.
Era el tal un fornido
Pavo, entre muchos pavos escogido,
Que en su corral, con Chumba y sus hijuelos,
Pavipollos monísimos, vivía,
Y dio en la más ridícula manía.
Vivir bien, muy cuidado, en casa propia,
Con su familia entera, sin recelos,
Ni enemigos ni deudas, -a este loco
Le pareció muy poco,
Y a su mujer también, pues la tal Pava
Era aún más fanfarrona que el marido.
A entrambos la ambición les trabajaba
Los sesos (si los tienen);
Nacidos para reyes se imaginan,
Quieren conquista y corte y fausto y pompa;
Ansían que en todo pico al aire suenen
Su nombre y las empresas que maquinan,
Y que los elefantes con su trompa
Cantándolas en verso el orbe llenen.

“Está echada la suerte”, exclamó un día
El insigne archipámpano saltando
A un campo ajeno; “míra, esposa mía,
¡Qué vista tan soberbia, qué abundancia
De trigo y de maíz! no te parece
Que en esta rica estancia
¿Será prudente que a fundar empiece
Mi vasta capital de Chumbipía?
Y pues tenemos la despensa llena
“Vamos pronto, en caliente, convidando
Por escuela o por bando
A un gran festín que servirá de estrena
Al chumbípico mando.
Acudirán las aves por millones,
Como a sacarse de mal año el buche,
Y el Ganso les dirá: “Señores míos,
“Antes de que uno sólo un grano embuche,
“Vamos desagraviando, aunque tardíos,
“A nuestros dos modestos anfitriones,
“¿Hasta cuándo, señores, hasta cuándo
“Ha de seguir el Aguila mandando?
“¿Qué derechos le asisten? ¿qué mercedes
“Hizo jamás? ¿qué empleos, qué pensiones
“Le han merecido ustedes?
“¿Cuándo esa pollicida
“Nos ha invitado a opíparo banquete
“Como el noble Chumbipe nos convida?
“¡Básta de sufrimiento!
“¡Cese nuestra abyección! ¡Pronunciamiento!
“¡Caiga el Aguila impía!
“Y pues nada es peor que la anarquía,
“No dejemos acéfalo un momento
“El imperio del aire; sin demora
“Encarámese aquel a quien le incumba.
“Leo vuestro pensamiento:
“¡Vivan el Rey Chumbipe y Reina Chumba!”
Tras de esta alocución, u otras razones
Que el hábil orador juzgue oportunas,
Votarán los glotones,
Y… ya comprenderás… ¡no tiene quite!…
Proclamaban Rey al amo del convite
O se van en ayunas.

Chumba aprobó entusiástica el proyecto
Y lo puso en efecto
Arrancando una pluma del buen Ganso,
Que ya estudiaba con afán su arenga,
Y escribiendo con ella la obligada
Fórmula de “Se espera que usted venga”.
Toda la grey volátil fue invitada
Excepto Aguila y Buitre; también creo
Que el Pavo Real y su gentil señora
Se pasaron en blanco, no embargante
El parentesco y la orden terminante
De instarlos con dulcísimo tuteo
Que Chumbipe galán dio a la escritora.
Algún viejo zelillo entraba en cuenta,
O el traje de su primo y su parienta
No agradaban a Chumba; esta doctora,
Digna mujer del fantasmón zoquete,
No advirtió nunca que el Pavón hinchado
Es, con toda su púrpura y brocado,
Un para nada, un ruin mírame y vete.

Escritas las esquelas de correo
Sirvieron las palomas;
Y como se usa poco el dejar feo
A quien convida y paga el regodeo,
Todas las aves en sus treinta idiomas
Contestaron acepto a los mensajes
Y se aplicaron a afilar los picos
Y aderezar los trajes;
Menos la golondrina, tierna madre,
Que al són de un guirigay de chillidos,
Se excusó cual lo exige la crianza,
Por no tener ama de confianza
Con quien dejar sus tres recién nacidos.

II

“¡Míre, taitica, qué pajarería!
“¿Qué querrá decir eso? ¡Ave María!”
Dijo Alfonso a Pantaleón; “¡aprieta!”
“¿Qué santo será hoy?” -Y el mayordomo
Repuso: “A eso venía.
“Yo les preguntaré; yo entiendo el cómo.
“Aquí va mi escopeta”.

Cuando pasó este diálogo, llegaban
Los convidados al festín. Guanajo
Acertó lindamente en que vendrían
Con una hambre feroz, como que apenas
Se apearon del viento que los trajo,
Empezó el manducar, sin dar la pata
Ni saludar siquiera a los patrones,
Ni arreglarse el collar o la corbata.

En tumulto incivil, por pelotones,
Todo a la rebatiña y sin decoro
Cayeron sobre espigas y mazorcas,
Y en la uva el ebrio charlatán del loro.
Muchos de los famélicos viajeros
Llegaron sin sombreros,
Los demás, sin quitárselo atacaron,
Y en fin, sólo en comer, sólo en hartarse
Del primero hasta el último pensaron.

Nó, me equivoco: una omisión cometo:
El orgulloso gallo que se jacta
De cortés con las damas, por respeto
A Chumba su parienta y su vecina,
Entró como quien es, a la hora exacta,
Dando el brazo a su esposa la Gallina.
Pero se amostazó con la inurbana
Conducta de los huéspedes; a muchos
Recetó buenas zurra de espolazos
Tratándolos de hambrientos avechuchos;
Y reciando en furor, llegó al exceso
De llamar “vieja” y “gomia” y “estantigua”
¿A quién? a doña Gansa, ilustre anciana,
¡Docta escritora! -Y eso,
Porque, observando una costumbre antigua
En matronas de edad y seso y peso,
Dio el mal ejemplo de embuchar con gana
¡Y no dejar ni el hueso!

En cuanto al Rey Chumbipe, al ver frustrado
Su gran golpe de Estado,
Se rascaba la cresta de coraje
Y araba el suelo cual bufante toro;
Y Chumba, más rabiosa que el marido
Y rabiosa con él (la causa ignoro),
Tratábalo de zueco y de muñeco
Y aun le infería el horroso ultraje
¡De tirarlo del fleco!

Ambos consortes, sobre todo Chumba,
Dieron al Ganso mil y mil guiñadas
Con las uñas armadas
Para que hablase al fin y metiese orden
En aquella balumba;
Y el Ganso dócil, unas tantas veces
Hizo el esfuerzo, abrió tamaño el pico,
Y en vez de hablar graznó veinte sandeces
Que ahogaba con sus gritos el Perico.

Viendo Chumbipe su imperial quimera
Disipada en un chasco soberano,
Quiso una chumbipada hacer siquiera
Para darse infulillas de tirano.
Llamó a la Grulla (hermana o madre o tía
De Pero Grullo el inmortal zoquete)
Y le dijo: “Te nombro Policía,
“Arréstame ese Gallo matasiete
“‘Que está en mis barbas insultando a todos”.
-El Gallo que esto escucha
A espuela y pico a entrambos arremete.
Veinte o treinta mirones
Echan su cuarto a espadas en la lucha,
Y se vuelve una Troya el gran banquete.
Varios de esos paletos tragantones
Que el Gallo regañó, con sus aliados
Contra Su Majestad; éste, resiste
Cual terca mula, y como toro embiste,
Y pica a todos lados
Pero aquéllos son mas, y al cabo el triste
Sucumbe a sus asaltos redoblados.

El Pavón, sin que nadie lo invitara,
Con su Pavona cara
Se asomó de gorrista, alias Mogrollo,
Con mucho encaje y cola y perifollo,
Y al ver el tal festín y en lo que pára
Ríense a carcajadas, a costillas
De Chumbipe y de Chumba. Esta lo advierte
Y desmayada de vergüenza cae;
Con lo cual la función, por el más fuerte
Se decidió; los debelados huyen
Buscando escapatoria,
Y el gallo triunfador canta victoria.

Mas ya por este punto de la historia
Estaban a la vista
Alfonso y Pantaleón con escopeta;
El gallo los avista,
Pero ¿cómo en el campo de la gloria
Volver la espalda? -Pantaleón le apunta,
Da fuego, le acertó, lo desgolleta,
Y en su muy honorable compañía,
Más de una ave cayó lesa o difunta;
Avanza Pantaleón, vuela el que puede
Mas Chumbipe infeliz, ni con muleta.

Cuentan que al otro día
Un gordo Pavo con primor relleno
El cocinero a su señor servía,
Y que el compadre Pancho le decía:
“Nunca en mi vida lo gusté tan bueno”.

Chumba al viejo corral volvió en derrota
Y allí encontró que el Buitre carnicero
Devorando su cría
Aprovechó su ausencia y la chacota
Del festín pendenciero.

Desde entonce ella misma se achacaba
La muerte de Chumbipe y de sus pollos;
Mas se curó de su ambición la Pava,
Y ya no la tentaba
Meter baza en políticos embrollos.

UN SARAO PERICANTE

I

“¡Perla! -dijo a doña Alcira
“Su esposo el doctor Pilato-
“Hace un año, ¡tiempo grato!
“Que nos casamos tú y yo;

“Y es justo que festejemos
“Debidamente el gran día;
“¿Qué opinas, cachorra mía?”
-“Hágase, le respondió;

“Pero no echemos en fiestas
“La casa por la ventana
“Y nos hallemos mañana
“Si un hueso qué almorzar.

“Para mí no hay fiesta alguna
“Más dulce que estar contigo;
“Pero no te contradigo,
“Tu querer es mi mandar”.

-“¡Gracias!” Soponcio replícale
Dándole un beso en la frente,
“Vamos, pues, incontinenti,
“A invitar para el festín.

“Dicta los nombres, paloma,
“Yo seré tu secretario,
“Y en el ramo pecuniario,
“Expíde tú el boletín”.

-“Ante todo, es de ordenanza,
“Dijo la amable doctora,
“Convidar a Pincho y Flora,
“Padrinos de nuestra unión.

“Y al decir Flora, ya dije
“Su novio el galán Barbucho;
“No se divirtiera mucho
“Uno solo de los dos.

“Luégo con su fiel Canícula,
“Don Tripón Mastín Tarasco…”
-“A ese no hay que darle un chasco
“Con una cena así, así”.

-“Tú verás. Apunta al Conde
“Arrufo de Terranova,
“A Zaida, a Zamba, a Caoba,
“Y a la linda Fililí.

“Con veinte más, es bastante,
“Las chicas tendrán parejas,
“Y los viejos y las viejas
“Charlarán y comerán.

“Yo, traje nuevo no haré,
“Prefiero el de nuestra boda,
“Y si no lo creen de moda.
“¡Qué me importa el qué dirán!”

II

Llegó la noche fijada
Por nuestros cónyuges tiernos,
Y por pares o por ternos
Llega la gente invitada.

Vense allí, corno en museo,
Lebrel, Pachón, Gozque, Alano,
Sabueso, Galgo, Jateo,
Y el Chino y Faldero enano.

Los que gastan más boato
Vienen en carroza propia,
Los atacados de inopia
En un omnibús barato.

La sala, limpia y sencilla,
Do aqueste gaudeamus pasa
Es el zaguán de una casa,
Con su escaño y con su silla.

Pero como era sensato
Dejarlo holgado, ancho y fresco,
Se arregló para el refresco
La covacha de Pilato.

Dos ujieres, mono y mona,
Anuncian los nombres; pero
Examinan bien primero
Los pies de cada persona;

Pues la señora abomina
Ver en su alfombra una mancha
Y sabe que en esto es ancha
Toda conciencia canina.

Por mas variada y amena
Se dispuso a hacer la holganza
Sarao de canto y danza
Con apéndice de cena.

Mas para Tripón Tarasco
El apéndice es la obra,
Canto y baile están de sobra
Y les hace un gesto de asco.

Acercóse con misterio
A doña Alcira, y le dijo
“Temo que en el regocijo
“Nos acontezca algo serio;

“Se me accidentó en el coche
“Mi idolatrada Canícula,
“Y fuera cosa ridícula
“Que repitiera esta noche;

“Está débil, -Y es receta
“Del doctor en tales casos
“Darle, a intervalos escasos,
“Un tenteenpié, una muleta”.

Doña Alcira trajo al punto
Torta de ratones fría,
Bocado a cuya energía
Estornudara un difunto;

Y él, más veloz que una flecha,
La intercepta con aplomo
Diciendo: “Cuanto yo como,
A mi mujer le aprovecha”.

Con cuyo breve prefacio
Se arrellana como un fraile
A gozar de torta y baile
El digno alumno de Horacio.

Diose principio a la fiesta
Con la hermosa sinfonía
De La Muta, alias Jauría,
Trabajada a grande orquesta.

Luégo, un trozo de Podenco
De Padua, bastante malo,
Y un dúo del Salgan-a-palo
Que también salió algo renco.

Después la contralto Zaida
Cantó aquella cavatina
“Late il cor” de Perrísima
Y la canción de Zorraida.

Pero la gran prima donna
Fue Fililí, la faldera,
La que debió ser postrera
Si talla hiciese persona.

Y aunque alegó estar muy mala,
Con el gañón como un cristo,
Y que en dos meses no ha visto
Un papel, ni hecho una escala,

Dio una aria de Gazza Ladra
Con tan eléctrico efecto,
Que sollozó (en su dialecto)
Cuanto perro hubo en la cuadra;

Y entusiasmado Tarasco
Cantó la marcha bucólica
De Zampa, en voz tan diabólica
Que todos gruñeron “Fiasco”.

Con esto el concierto expira
Y Pincho rompió la danza
Poniendo una contradanza
Con su ahijada doña Alcira.

Los novios Flora y Barbucho
Fueron pareja perenne,
Lo cual, en tono solemne,
Se lo motejaron mucho.

Y también como mal hecho,
Se tachó al doctor Pilato
Que disertase gran rato
Sobre puntos de Derecho.

Mas aquello no fue obstáculo
Al común esparcimiento:
Ninguna dama en su asiento
Quedó de mero espectáculo.

Cabriolaron como locos;
Y aunque perros, o bien, canes,
Ninguno allí vio cancanes
Ni otros groseros descocos.

Y cuando de tal faena
Se cansó todo el perrambre,
Pararon latiendo de hambre
A descansar en la cena.

Esta fue digna corona
De tertulia tan completa,
Salvo que en una pirueta
Manchó un vestido la mona.

Y sin otra perripecia
La orquesta les dijo abur
Con el Dogo de Venecia
Y Rucia de Lamermur.

Tras de la cual la alborada
De un perro lluvioso día
Vio salir la perrería
A dormir su trasnochada.

MIRRINGA MIRRONGA

Mirringa Mirronga, la gata candonga,
Va a dar un convite jugando escondite,
Y quiere que todos los gatos y gatas
No almuercen ratones ni cenen con ratas.

“A ver mis anteojos, y pluma y tintero,
“Y vamos poniendo las cartas primero.
“Que vengan las Fuñas y las Fanfarriñas.
“Y Ñoño y Marroño y Tompo y sus niñas.

“Ahora veamos que tal de alacena.
“Hay pollo y pescado, ¡la cosa esta buena!
“Y hay tortas y pollos y carnes sin grasa.
“¡Qué amable señora la dueña de casa!

“Venid mis michitos Mirrín y Mirrón.
“Id volando al cuarto de mamá Fogón
“Por ocho escudillas y cuatro bandejas
“Que no estén rajadas, ni rotas ni viejas.

“Venid mis michitos Mirrón y Mirrín,
“Traed la canasta y el dindirindín,
“¡Y zape, al mercado! que faltan lechugas
“Y nabos y coles y arroz y tortuga

“Decid a mi amita que tengo visita,
“Que no venga a verme, no sea que se enferme;
“Que mañana mismo devuelvo sus platos,
“Que agradezco mucho y están muy baratos.

“¡Cuidado, patitas, si el suelo me embarran!
“¡Que quiten el polvo, que frieguen, que barran
“¡Las flores, la mesa, la sopa!… ¡Tilín!
“Ya llega la gente. ¡Jesús, qué trajín!”

Llegaron en coche ya entrada la noche
Señores y damas, con muchas zalemas,
En grande uniforme, de cola y de guante,
Con cuellos muy tiesos y frac elegante.

Al cerrar la puerta Mirriña la tuerta
En una cabriola se mordió la cola,
Mas olió el tocino y dijo “¡Miaao!
“¡Este es un banquete de pípiripao!”

Con muy buenos modos sentáronse todos,
Tomaron la sopa y alzaron la copa;
El pescado frito estaba exquisito
Y el pavo sin hueso era un embeleso.

De todo les brinda Mirringa Mirronga:
-“¿Le sirvo pechuga?” -“Como usted disponga;
“Y yo a usted pescado, que está delicado,
-“Pues tánto le peta, no gaste etiqueta:

“Repita sin miedo”. -Y él dice: “Concedo”;
Mas ¡ay! que una espina se le atasca indina,
Y Ñoña la hermosa que es habilidosa
Metiéndole el fuelle le dice: “¡Resuelle!”

Mirriña la cuca le golpeó en la nuca
Y pasó al instante la espina del diantre,
Sirvieron los postres y luégo el café,
Y empezó la danza bailando un minué.

Hubo vals, lanceros y polka y mazurka,
Y Tompo que estaba con máxima turca.
Enreda en las uñas el traje de Ñoña
Y ambos van al suelo y ella se desmoña.

Maullaron de risa todos los danzantes
Y siguió el jaleo más alegre que antes,
Y gritó Mirringa: “¡Ya cerré la puerta!
“¡Mientras no amanezca, ninguno deserta!”

Pero ¡qué desgracia! entró doña Engracia
Y armó un gatuperio un poquito serio
Dándoles chorizo de tío Pegadizo
Para que hagan cenas con tortas ajenas.

EL REY BORRICO

La Animalía reunida eligió un día
Por soberano a un burro de alquería,
Y el Rey Borrico inauguró su mando
Con el rebuzno del siguiente bando:

“Oyeme, Falderí, dijo al Faldero,
“Sé por hoy mi ordenanza o mensajero;
“Ponte la gorra en el instante, y sales
“A llamar a los otros animales.

“Tengo un plan vasto, original y serio
“En pro del auge y gloria de mi imperio,
“Y quiero que lo escuchen de mi boca
“Que por órgano tuyo los convoca.”

El Rey fue obedecido, y al concurso
Rebuznó majestuoso este discurso:
“¡Fieles vasallos! mucho me intereso
“En hacer mi reinado el del progreso.

“Hasta ayer vuestros déspotas reales
“Han sido unos solemnes animales,
“Pero desde esta fecha se acabaron
“La ignorancia y resabios que dejaron.

“El Gato, de hoy en adelante, queda
“Sirviendo de Mastín; que éste le ceda
“Su ancho collar, y encárguese el galfarro
“De aliviar al Rocín tirando el carro.

“Déjese el micho de cazar ratones;
“Que ladre y no maúlle a los ladrones,
“Y ya que trasnochar le gusta tánto
“Vele ojo alerta y muerda sin espanto.

“El Mastín a su turno, que relinche;
“¡Cuidado! no atarace al que lo linche;
“Y si le prenden el arado al pecho,
“Esmérese tirando muy derecho.

“Al Gallo incumbe reemplazar al Gato,
“Disfrutará el ratón de mejor trato;
“Y si el Gallo no maya, es mi deseo
“Que en oliendo ratón de un cacareo.

“En cuanto a ti, Faldero, bien te estimo,
“Pero con tánto beso y tánto mimo.
“Te han vuelto flojo y lindo y casquivano,
“Por lo cual te degrado hasta Marrano.

“Márchate a la pocilga, no más faldas;
“Cubran de ásperas setas tus espaldas;
“Y engorda, para honor del mayordomo,
“Que hará de ti un magnífico solomo.

“Venga a servir el Puerco tu destino,
“Pero primero lávese el cochino,
“Y que aprenda a latir del ex-Faldero,
“Pues eso de gruñir es muy grosero.

Tocante a mí, señores, es muy justo
“Que alguna vez me huelgue y me dé gusto,
“Por lo cual os traspaso y os regalo
“Cuanto me quieran dar de azote y palo.

“La dignidad del cetro no permite
“Que otro me monte y que me albarde y grite.
“Tratarme como a un asno es desacato,
“Y en tal virtud renuncio al asnalato.

“Seguiré rebuznando, es muy posible,
“Mas ¿eso qué tendrá de incompatible?
“¿Acaso no rebuznan en sus leyes
“Presidentes y Cámaras y Reyes?…”

……………………………………….

Iba aquí la oración de la Corona
Cuando entró de improviso la fregona
Y repartiendo escoba por el viento
Disolvió irreverente el Parlamento.

UN BANQUETE DE CHUPETE

Oros y copas, bastos y espadas,
Aquellas pintas endomingadas
Que para ruina de hijos y yernos
Traen las cartas de los infiernos.

Cuando a Inglaterra las mandó España
El rey les dijo: “¡Fuera, cizaña!”
Pero el Demonio, docto en diabluras,
Cambió sus nombres y sus figuras;

De las espadas hizo azadones,
Mudó las copas en corazones,
Dejó los bastos palos como antes
Y de los oros sacó diamantes.

Luzbel, antiguo contrabandista,
Con esta treta dio chasco al Vista;
Metió los naipes en Inglaterra,
Y desde entonces… ¡ay!, pobre tierra.

Pues bien: la Reina de corazones
Hizo unas tortas y unos turrones,
Y envió a la Sota con un paquete
De invitaciones para el banquete.

Pero don Sota, gran tragaldabas,
Dijo: “¿Banquete? pronto te acabas”.
Fue a la despensa, se engulló todo
E hizo el mandado medio beodo.

Las seis sonaban cuando en estrados
Ya estaban todos los convidados,
Y el Maestresala, con voz de fiesta,
Dijo: “¡A la carga, la mesa puesta!”

Reyes y Reinas marchan por pares
A confortarse con los manjares
Porque, aunque Reyes, daban, bostezos
Y estaban largos tántos pescuezos.

En el camino les huele a flores;
Nada de ajiaco u otros valores;
Llegan, ¿y que hallan?… Mucho florero,
Platos, cuchillos, mantel y… ¡CERO!

Alzan las tapas; dan una ojeada
Por las despensas… -Idem: ¡no hay NADA!
La Reina al punto cae de un vahido,
Y empuña el sable su real marido.

“¡Señor!” dijeron todos los otros,
“No haga un escándalo por nosotros.
“Hambre tenemos; mas, Dios mediante,
“Con agua que haya será bastante”.

-“¡Qué, qué! ¿con agua? -dijo el Monarca-
“¡Yo me tragara a Noé y su arca!
“¡Formad al frente, viles, sirvientes,
“Y vamos viendo lenguas y dientes”.

Dio en el busilis: cayó la Sota
Por ciertas miajas que el Rey le nota;
Urdele embustes en tal conflicto,
Mas Tragatortas quedó convicto.

“¡Un hacha, un cuerno! -gritó el Monarca’-
“¡Venga el verdugo, venga la Parca!”…
“-La Reina al grito volvió en cabales
¡Ay! preguntando por sus tamales.

Así que supo lo acontecido,
Imploró gracia para el bandido,
Y aquel repuso: “Bien, no haya muerte,
“Mas no te libras de un baño, y fuerte”.

Fue dicho y hecho. Los invitados
Buscaron luégo café o helados;
Mas ya en tres leguas a la redonda
No estaba abierta ninguna fonda.

EL CONEJO AVENTURERO

Erase un Conejito que vivía
En remoto rincón de un monte espeso,
Albergue fiel donde jamás llegaron
Astuto cazador ni ágil podenco.

Allí saltaba y correteaba libre
Ignorando qué fuesen hambre o miedo,
Con lo bastante para sí, y aun algo
Qué agasajar a novia o compañero.

No le faltaba nada, y sin embargo
No estaba el Conejito satisfecho.
“Esta vida es muy zonza -repetía
“No es para mí, que anhelo el universo,

“Quiero ver cuánto corre este arroyito,
“Quiero ver cuánto cubre ese ancho cielo,
“Y a dónde van las aves y las nubes,
“Y cómo viven los demás conejos”.

Y así una madrugada, cuando a todos
Los embarga en su casita el sueño,
El se fugó, sin lágrimas ni adioses,
Ni abrazar a la madre y darle un beso.

Como a una milla se detuvo, y dijo
“¡Salí del monte, qué país tan bello!”
Cuando, ¡trun! suena un tiro, silba el plomo,
Y milagrosamente escapa ileso.

Alarmado y no poco, apuró el paso,
Mas qué rumbo tomar no era muy cierto
Porque si viene otra descarga, el pobre
Puede quedar exánime en el puesto.

En el dilema, tembloroso y pálido,
Sentóse a meditar nuestro viajero,
Y en breve pasan por allí unos niños,
Con el prurito de cazar conejos.

Lo ven, lo espían, cárganle a pedradas,
Y él dijo: “huyamos, la demora es riesgo,
“Tal vez más adelante iré seguro”…
Pero ¡ay! más adelante, sustos nuevos.

Ya un árbol desplomado a golpe de hacha
Ya un coche, un gato, un escuadrón de ovejos,
Ya un tren, que sin saber cuándo ni cómo,
Resbala encima dél, bufando fuego.

“¡Esto no puede ser!” murmura atónito,
“Dejemos el viajar para otro tiempo,
“Volvámonos a casa”; ¿mas por dónde
Si ya ni sabe dónde está el batueco?

“¡Ay! ¿y por qué salí de entre los míos,
“Exclamó sollozando de desprecio,
“Para rodar así, siempre temblando,
“Siempre a merced de todos los que encuentro?”.

“¡Pero valor! yo he de volver un día
“Y tendré qué contar. A lo hecho pecho;
“Y por lo pronto, pues estoy rendido,
“Venga lo que viniere, descansemos”.

Iba por ese lado un campesino
Y encuentra dormidito al andariego;
“¡Hola, así duerman todos!” dijo el hombre
Y despertó en sus manos el Conejo.

A una jaula fue a dar aquel gigante
Que anhelaba por casa el mundo entero;
Espacio en qué voltearse apenas logra,
Y si algo mira, es al través de hierros.

Por su fortuna este individuo sabe
Ponerse en cuatro pies y estarse quieto,
Mas, aun así, si no se agacha un poco,
Siempre con las orejas toca el techo.

Pero él se consoló; pronto decía
“Vamos, bien visto no es tan malo el cepo;
“Estas gentes son muy caritativas
“Y han querido esconderme a todo riesgo.

“En el negocio de comer, y en todo,
“Me tratan con decencia, lo confieso,
“Y así que más y más vaya engordando
“Me irán sin duda más y más queriendo”.

Oyendo este discurso unos tocayos
Vecinos dél, gritáronle: “¡Camueso!”
“¡Tu destino es morir! tal vez cocido
“O, más sabroso, asado a fuego lento”.

“Nó, repuso, no embromen; tales cosas
“Ya no se ven, eso era de otro tiempo”;
Mas ¡oh! la misma tarde, ¡qué espectáculo!
Vio marchar al fogón a uno de aquellos.

“¡Que perfidia, qué horror!” sudando frío
Clamó el Conejo; “entonces, prefiero yo
“Enflaquecerme todo lo posible
“Porque engordar quiere decir ¡comérnoslo!

Y en efecto, ayunó desde aquel día
Como un anacoreta en el desierto;
Ver una zanahoria espeluznábalo;
Soñaba con pasteles de conejo.

Y al acordarse de sus tristes padres,
(Que olvidó libre y recordaba preso)
Decía: “No me hallara en este trance
“Si hubiese obedecido sus consejos”.

Por fin, al verlo cada día más flaco,
Pensaron: “Tiene tisis, cuando menos”
Y ábrenle la hucha: “¡Véte, noramala!
“Esto no es hospital; ¡fuéra el enteco!”

Obedeció con gusto, mas al paso
Le saltó encima un mastinón tremendo,
Y escapó solamente porque había
En la cadena media cuarta menos.

Un galopín le disparó una escoba
Al escalar la talanquera trémulo,
Y él dijo: “¡Cielo santo! de qué modo
“Despiden a la gente estos sujetos!”

Y al otro lado hambriento pero vivo,
Huyó incansable sin tomar resuello,
Cuando a la vuelta de un peñón descubre
A Londres con sus leguas de portentos.

“¡Ah! qué hacienda tan grande, exclamó al punto,
“En almorzando le daré un paseo;
“Sus dueños deben ser gente muy rica
“Que no engulle gazapos y conejos.

“En todo caso a mí ya no me pillan
“Con la experiencia y práctica que tengo:
“Si asoma un quídam con fusil, me escondo,
“Y así que me dé sueño, a un agujero”.

Con este sabio plan de operaciones
Púsose en marcha; mas andando un trecho
Siente asida una pierna, da un chillido;
¡Ah! el infeliz quedaba herido y preso.

Así aprendió qué cosa es una trampa,
Palabra que no estaba en su librejo,
Y al acercarse el cazador, él mismo
Diole el cruel parabién con sus lamentos.

Pero al abrir la trampa, el Conejillo
Tal vez por flaco, se escapó de nuevo;
Y el hombre no lo persiguió, que acaso
Pastel de pierna rota es indigesto.

En ayunas y cojo, poco anduvo
El mísero animal; y hubiera muerto
Si no acierta a pasar por donde él iba
Un viejo amigo, insigne curandero.

Con agua pura restañó el desangre,
Paso entre paso hasta su bosque fueron,
Y al divisar su pobre albergue el cojo
Llorando de emoción bendijo al Cielo.

“¡Ya sé, exclamo, ya sé lo que tú vales!
Y de hoy en adelante no habrá esfuerzo
“¡Que me arranque de ti!”… -Pero esa noche,
Cuando ya era feliz, murió el Conejo.

No hay culpa que se quede sin castigo
Y no hay virtud ni buena acción sin premio,
Y el desobedecer a nuestros padres
Siempre costó durísimo escarmiento.

Bueno es viajar si hay alguien que nos guíe
Y el viaje tiene un digno, útil objeto,
Y ninguno más digno que el estudio
De lo que falta en el nativo suelo,

Para volver, no a presumir de cultos,
Sino a enseñar y hacer lo que sabemos,
Y honrar prácticamente a nuestra Patria
Y ser amor y orgullo de los nuéstros.

Pero salir cual otro Don Quijote
A buscar aventuras, -¡ni por pienso!
Y una madre que dice: “¡Hijo, no partas!
Habla en el nombre y con la voz del Cielo.

¿Y quién en tierra extraña es insensible
Al nombre de la Patria y sus recuerdos?
¡PATRIA! ¡gran Madre! polo de las almas,
¡Sagrario y corazón del universo!

¿Quién despreció jamás por chica o pobre,
La cuna de sus padres y sus héroes?
Si hay tal, que no disfrute ni la dicha
De abrazarla y morir, como el Conejo.

CHANCHITO

Encanto de sus padres, terror de los ajenos
Era el guarín Chanchito, galán como un barril;
Pesaba cinco arrobas, poquito más o menos,
Pero en habilidades pesaba más de mil.

Esto pasó, señores, en tiempos ya olvidados,
No en estos tan presentes en que escribiendo estoy;
Pasó cuando los cerdos eran bien educados
Y no puercos cochinos como los vemos hoy.

Los padres de Chanchito eran de alto copete
Y de coche y derroche, en fin, gente de pro;
Cochinos que gruñían con cierto sonsonete
Como de “¡Puf, apártense, no hay otro yo que yo!”

Entonces no se usaban carnicerías,
Y eran artes incógnitas chorizos y jamón,
Atroces invenciones de más recientes días
En que a la carne humana cogimos aversión.

Tía Gocha, vieja hermana del padre de Chanchito,
Era una solterona más rica que el Perú,
Y dijo al buen Gochancho: “Traedme al sobrinito
“El miércoles, sin falta, que tengo un ambiguú”.

Llegó el ansiado miércoles; y criadas y criados
Iban atropellándose solícitos doquier
Para vestir el párvulo; y escúchanse altercados
De voces disputándose llenar ese deber.

Pero Chanchito estaba hecho un berrín, frenético,
Chillando y dentellando sin reparar a quién.
Salir le repugnaba; y repugnancia y cólera
Sólo eran porque entonces le suplicaban “Ven”.

Para aplacarlo enviaron por juegos y confites
Y su papá buscándolos, de tienda en tienda fue,
Y a fuerza de juguetes y de tomes y quites
Chanchito se distrajo y les repuso: “Iré”

Vestirlo, con todo eso, fue empresa de romanos;
Empalagó, dio mucho, muchísimo que hacer;
Y cuando estaban listos, con guantes en las manos,
El tiempo descompúsose y comenzó a llover.

Taita Verraco exclama: “¡Aguarden! -Hechos sopa
“Llegamos a la fiesta marchándonos así,
“Y fuera grosería llevar lodo en la ropa.
“¿Qué dices tú Chanchito, vamos en coche?” -“Sí”.

Pronto llegó al vestíbulo el barnizado coche
Y pajes de librea al frente y atrás dél
Y antes de que sonaran las siete de la noche
Partió con sus señores a trote de corcel.

Mas dio y majó Chanchito sacando la cabeza,
¡Y Adiós! la portezuela de súbito se abrió
Y al lado va el estúpido, y queda de una pieza
Negro de hocico a patas como jamás se vio.

Rompen en carcajadas vecinos y mirones
Al verlo sucio y feo cual una vil sartén,
Y todos dicen: “¡Bueno, que vivan los jabones!
“¡Tóma, para que aprendas, lo mereciste bien!”

Pescáronlo del fango, zampáronlo entre el coche
Cual contagioso vómito que a todos alcanzó;
Y oyendo silbos y hurras, picando a trochemoche
En retirada rápida la expedición volvió.

Visitéronlo de limpio tras una larga friega
Y el competente gasto de almohaza y de jabón
EJ niño dio de nuevo impertinente brega
Pero, por fin, llegaron en regla a la función.

Comiéndoselo a besos lo recibió tía Gocha
Y su mamá le dijo: “No te comportes mal;
“Aquí la menor falta se observa y se reprocha,
“Y es grave la más mínima en gente principal”.

Entraron a buen tiempo, ya hirviendo el chocolate,
Y en torno de ancha mesa sentáronse al festín,
Mas ¡ay! al primer sorbo (que les quemó el gaznate)
Hizo otra de las suyas el infernal gorrín.

Plato y cuchara y jícara saltaron contra el suelo,
Raudal chocolatífero rodó por el tapiz,
Tía Gocha dio un gruñido, y dijo al mocosuelo
“¡Nunca otra vez en casa me asomas la nariz”!

Chanchito que tal oye empínase en su silla,
Agarra la bandeja del mojicón y el pan,
Y ¡zas! como metralla que zumba y acribilla
Contra la blanca trompa de doña Gocha van.

Levántanse los huéspedes en súbito tumulto
Gritando enrojecidos y bravos como ají:
“¡Señora! es un escándalo, un crimen, un insulto
“¡Traer a ese canalla y sentárnoslo aquí!”.

-“Señores, repuso ella, mirad que es mi sobrino;
“Cochambra y Gochanchito se han esmerado en él,
“Y nunca, en tántas veces que a divertirme vino,
“Comió con el cuchillo ni salpicó el mantel.

“Sigamos, no dejemos enfriar el chocolate.
“El niño va a portarse; por su honra volverá.
Y en esta inteligencia sentóse el botarate
Y empieza la merienda tranquilizados ya.

¡Ay, breve tregua! el nene se columpió en la silla
Y juntos nene y silla, de espaldas, ¡trun! se van,
Y arrastran en su séquito mesa, mantel, vajilla,
Miel, leche, caldo, aceite, chocolatera y pan.

Tía Gocha se accidenta, Cochambra se desmaya,
A uno le dio epilepsia, al otro indigestión;
Y llegan criados, criadas, la cocinera, el aya
A ver si es terremoto, fuego o revolución.

Atónitos, sonámbulos hallaron a los huéspedes,
Con hipo energuménico que impídeles hablar,
Y al dije de Chanchito riendo contentísimo
Jugando con los panes cual bolas de billar.

De allí voló a esconderse en el jardín de Gocha,
Buscáronlo enojados, y encuéntranlo por fin
Bailando una cachucha, y tal, ¡Virgen de Atocha!
Que no quedaron flores, ni yerba, ni jardín.

Aquí sí, ¡tente gracia! Gochancho dijo: “¡Tráiganmelo!”
Y una azotaína diole, al fresco, al natural.
Tan eficaz e higiénica que desde entonce el párvulo
De puerco sólo tuvo la culpa original.

No reincidió en los crímenes que referí al leyente
Ni en otros que he callado por no escandalizar,
Y en vez de ser la cócora y el asco de la gente,
Convites y regalos le enviaban sin cesar.

Ya no hubo que decirle dos voces una cosa,
A todo adelantábase, no rezongaba un;
Trataba a su mamita como si fuera diosa,
Y nunca una jaqueca ni enfado le causó.

El mismo levantábase amaneciendo el día,
Y en todo no se ha visto mayor puntualidad;
Extremo era su aseo, su aplicación manía,
Perfectas sus maneras, su dicho la verdad.

No supo darse gusto mortificando al prójimo;
Ancianos y mujeres eran santos para él;
De nadie murmuraba ni se mofaba irónico,
Ni hipócrita adulaba, ni traicionaba infiel.

A nadie provocaba, que es cosa de beodos;
Pero llegado el lance se supo sostener,
Y necesariamente lo respetaban todos,
Y nadie osó desviarlo del rumbo del deber.

En fin, ¡quién lo creyera! aquella bestia indómita
Se hizo mejor que muchos con su uso de razón.
Y ¿habrá niño tan bestia que necesite látigo
Para volverse gente y hacer su obligación?

LA OVEJITA DE ADA

La oveja es el símbolo de la inocencia por su
blancura y mansedumbre, y nada le gusta tánto como la
compañía de los que son inocentes como ella. Ada tiene
una preciosa ovejita que es su compañera de juego y
de paseo; siempre andan juntas, y en oyendo sonar la
campanilla de Nevada, que es el nombre de la ovejita,
ya sabe úno por dónde ir a buscar a la amabilísima
niña. Ningún coche tiene un caballo más voluntario,
dócil y entendido que el cochecito de la muñeca de Ada,
y las manos de esta chica son las más lavadas y limpias
del mundo, porque Nevada se las lame con tánto
regocijo como si fuesen de caramelo. También es cierto
que no habrá oveja mejor cuidada, pues Ada la trata como
a hermanita menor, y cuando los vecinos alcanzan
a verlas saliendo juntas a dar su caminata, suelen decir:
“¡Allá va la oveja con su pareja. -¡Dios las proteja!”

EL PERRO DE ENRIQUE

Lindo está Enrique, vestido
Con su traje de escocés,
Pero su perro es un dije
Tan importante como él.

Aprende cuanto le enseñan,
Supo siempre obedecer,
Jamás ha mordido a nadie
Y es aseado y cortés.

Si incurre en faltas, aguanta
El castigo que le den,
Y aun besa humilde la mano
Que corrigiéndolo esté.

Noble y fiel animalito,
Quién no lo habrá de querer;
¡Y cuántos niños conozco
Que los cambiara por él.

LAS FLORES

Dios para las muchachas
Hizo las flores,
Esos son sus confites
De mil colores;
Y es más brillante
En su pelo una rosa
Que un buen diamante.

Para escoger sus trajes
Las señoritas
Miren cómo se visten
Las florecitas.
Naturaleza
Es la mejor modista
De la belleza.

EL ASNO DE FEDERICO

Yo no digo que Federico sea un asno, sino que el
asno de Federico es el único borrico dichoso que
conozco; y la mejor prueba que tengo de que su dueño
no es un borrico, es el exquisito cariño y la grande
consideración con que trata a este jumento desde que
era un buche, es decir, un jumento recién nacido; y tal
vez a causa de este buen trato el susodicho pollino es
el menos burro de cuantos he visto en mi vida; de
donde infiero que la única causa de que se hayan vuelto
burros es la burrería de los crueles amos y arrieros que
no les hablan sino a palos. También creo que Federico
es valiente, porque sólo un cobarde puede maltratar a
un servidor tan humilde, tan inofensivo y tan bueno.
A veces me figuro que los animales son ángeles disfrazados,
y que el día del juicio hablarán todos ellos y pagaremos
muy caros esos malos tratamientos.

MARIA Y MARIANO

SONETO

Se encaramó en la copa de un manzano
Mariano el hermanito de María,
Y ella sentada abajo le decía:
“Dame a probar una manzana, hermano.”

“¡Ni una ni media!” respondió Mariano,
“Porque cuanta yo coja es sólo mía.
“Si no puede subir su señoría,
“Apañe las que caigan por el llano”.

No bien dijo esto el egoísta necio.
Se le rompió de súbito la rama
Y a tierra vino de redondo y recio.

“¡Pobre, mi vida!” la hermanita exclama;
Y en vez de talionar su ruin desprecio,
Lo alzó cargado y lo llevó a su mamá.

FUÑO Y FURAÑO

A pesar de que doña Petra estaba constantemente
de mal humor, sus dos hermosos gatos llamados Fuño
y Furaño siempre habían sido muy buenos amigos y
muy celebrados por su amable carácter. Pero un día
Petronila, la hija de doña Petra, les echó un pedazo
de carne, y parece que el mismo Lucifer se les metió
en el cuerpo, pues armaron un zipizape tan furibundo
que parecía que hubiera setenta gatos en aquel cuarto,
y Petronila gritaba de miedo de que le tocasen algunos
de esos araños y mordiscos. Doña Petra, que oyó esto,
entró más rabiosa que los mismos combatientes, y
arrojó a Fuño por una ventana, a Furaño por la otra, y
el pedazo de carne en la chimenea. Dos amigos no
deben pelear jamás, y un momento de enojo suele costar
muy caro, como lo prueban Fuño y Furaño, que se
quedaron sin amigo y sin casa, sin probar el bocado que
debieron partir entre los dos como gente decente.

EL CENADOR

Nuestro rico cenador,
Nuestra tienda de campaña,
Es un nogal cargador;
Y ni la morisca España
Tiene glorieta mejor.

Allí voy con Blanca y Rosa,
Conduciendo cada cual
Su contribución forzosa;
Juntamos nuestro caudal
Y hacemos bajo el nogal
Una refacción suntuosa.

Tenemos por convidados
Los pajaritos del cielo,
Que cantando alborosados
Nos pagan esos bacados
Antes de tender el vuelo.

Y si en soplo juguetón
Descuelga una nuez la brisa
Y nos pega un coscorrón,
Terminamos la función
Reventándonos de risa.

LA MUÑECA DE EMMA

Emma tenía una muñeca muy linda, y un hermano
de nombre Tadeo, muy travieso y mal intencionado: y
este muchacho tenía un perro que él prefería a su
dulce hermanita, tal vez porque era tan dañino como él.
Se olvidó un día Emma de guardar su muñeca; y
Tadeo, que la encontró, le cortó la cabeza y se la dio a
su perro para que se divirtiese con ella, y fue tánto
lo que el perro baboseó la cabeza de la desgraciada
muñeca, que al fin le quitó el color, y la misma Emma
ya no habría podido reconocerla. Pero sucedió que
dicho color era venenoso, y que al día siguiente, cuando
Emma estaba llorando por su muñequita, el perro de
Tadeo estaba agonizando por el veneno. Tadeo vio en
esto un justo castigo de su perversidad, le pidió perdón
a Emma, le regaló una muñeca mejor que la primera,
y juntos hicieron el entierro del cómplice en aquella vil
travesura.

DOÑA PANFAGA O EL SANALOTODO

Según díceres públicos doña Pánfaga hallábase hidrópica
O pudiera ser víctima de apoplético golpe fatal,
Su exorbitante estómago era el más alarmante espectáculo,
Fenómeno volcánico su incesante jadear y bufar.

Sus fámulos y adláteres la apodaban Pantófaga Omnívora,
Gastrónoma vorágine que tragaba más bien que comer,
Y a veces suplicábanle (ya previendo inminente catástrofe)
“Señora doña Pánfaga, véase el buche, modérese usted”,

Ella daba por réplica: “¿A qué vienen sermones y escándalos?
“Mi comida es el mínimum requisito en perfecta salud.
“Siéntome salubérrima y no quiero volverme un espárrago,
“Un cínife ridículo, un sutil zancarrón de avestruz.

“¿Esta panza magnífica la encontráis por ventura estrambótica?
“¿Hay pájaros más ágiles? ¿hay quien marche con tal majestad?
“Mi capacidad óptima no consiente un vulgar sustentáculo.
“Vuestras zumbas y prédicas son de envidia: ¡en buen hora rabiad!”

Y prosiguió inpertérrita la garbosa madama Heliogábalo
a ejércitos de víveres embistiendo con ímpetu audaz,
Hasta que, levantándose de una crápula clásica, opípara,
Sintió cólico y vértigo, y “¡el doctor!” esclamó la voraz.

SALTABANCOS FARANDULA, protomédico de ánsares y ánades,
Home-alópata-hidrópata-nosomántico cuatri-doctor,
Con cáfila de títulos que constaban en muchos periódicos,
Y autógrafos sin número declarando que él era el mejor;

Gran patólogo ecléctico, fabricante de ungüentos y bálsamos
Que al cántaro octogésimo reintegraban flamante salud,
Tal fue, según la crónica, el llamado por posta o telégrafo
A ver a Pata Pánfaga y salvarla en aquel patatús.

“Iré al punto” respóndele, y durante media hora dedícase
A cubrir con cosmético y cepillo la calva senil,
Pues, aunque vende un líquido que al más calvo lo empluma de súbito.

Nunca es lícito a un médico emplumarse o curarse por sí.

Saltabancos es célibe, doña Pánfaga es viuda y riquísima,
Y en carátula o físico no se cobran hechuras los dos:
Por esto entra en los cálculos del doctor atraparla de cónyuge,
Y antes de verla aliñarse con insólita extrema atención.

Al presentarse el pánfilo daba lástima ver a esa prójima:
Pata y poltrona y cámara retemblaban cual buque al vapor.
“Señora Excelentísima, él le dijo, aquí estoy a sus órdenes.”
“¡Ay! mi doctor Farándula, repuso ella, ¡qué mala estoy yo!”

FARANDULA- Sin preámbulos, procedamos a hacer el diagnóstico:
¿Qué siente usted de anómalo, qué de extrínseco a su orden normal?
PANFAGA- Dióme un síncope y he quedado muy lánguida y trémula.
Tengo la vista túrbida y en el pecho una mole, un volcán.

FARANDULA- Entendámonos: ¿a qué causas remotas o próximas
Su actual estado mórbido y aquel síncope debo atribuír?
En análisis técnico lo que usted llama pecho es estómago:
Tal vez hoy en su régimen tuvo usted un ligero desliz.

PANFAGA- ¿En la bucólica? no doctor, nunca tuve el más mínimo;
Soy sobria anacorética, con mi mesa ayunara un ratón;
Pero el miércoles último fui a escuchar a la Pata en Sonámbula,
El céfiro estaba húmedo y quizás me ha inflamado el pulmón.

FARANDULA- Permítame toco el pulso y consulto el cronómetro…
¡Hum, fiebre de mala índole, grave plétora, crece veloz!
¿A ver la lengua?… ¡Cáspita! nunca he visto más diáfanos síntomas:
¡Tragazón troglodítica, tupa bárbara, hartazgo feroz!

Del colon al esófago, del polo ártico al ínfimo antártico,
Cuantos vísceras y órganos la armazón constituyen vital,
Cuanto encierra, hasta el tuétano, su distensa cutícula elástica,
Es un cúmulo omnígeno de indigesta panzada brutal.

PANFAGA- ¡Abate, pécora! matasanos, gaznápiro, empírico.
¡Que con tales andróminas faltas cínico a dama gentil!
FARANDULA- Harto pésame, pero tengo que ser muy explícito;
Mi conciencia, mi crédito, mi amistad me lo ordenan así.

Ser, mándanos Hipócrates, confesores, apóstoles, mártires,
Y a la antropófaga Atropos es preciso esta perla arrancar.
Interesante Pánfaga, ¡haga usted testamento, confiésese!
Su situación es crítica y ni a un ganso pudiera engañar.

Mas tengo un específico infalible en extremas análogas
El Nostrum Curapáparos, fruto de años y estudios sin fin,
Quintaesencia de innúmeras y aun incógnitas, plantas indígenas,
Y de cuantos artículos ha enfrascado jamás botiquín.

De este líquido sólido cada escrúpulo cuesta dos águilas,
Que ante omnia, y en metálico, me hará usted el favor de pagar,
Pues óigame el catálogo de los simples que incluyen mi fórmula
y dígame si a crédito o de bóbilis puédolo dar:-

“Récipe: -Acido prúsico, asafétida, fósforo, arsénico,
“Pólvora, coloquíntida, tragorígano ásarabácara,
“Cantáridas, nuez vómica, sal catárlica, sen, bolo arménico,
“Ruipóntigo, opobálsamo, opopónace, alumbre y sandáraca,

“Cañafístula, zábila, ésula, ámbar; sucínico, alúmina,
“Eléboro, mandrágora, opio, acónito, lúpulo, argémone,
“Cánfora, álcali, gálbano, tártaro, ánime, pímpido, albúmina,
“Tártaro, emético, ínola, ásaro, ísico, láudano, anémone.

“Agáloco, tusílago, ácula, íride, azúmbar, betónica,
“Elíxir paregórico, yúyuba, éter, almáraco, aurícula,
“Sarcócola y crisócola con dorónica y flor de verónica,
“Ranúnculo, dracúncula, emplasto géminis, guaco sanícula,

“Cal, ácido sulfúrico, zinc, astrágalo, muérdago, etcétera.
“Mézclense por hectógramas todas estas sustancias, ad libitum,
“Y en cataplasmas, cáusticos, baños, píldoras, cápsulas, glóbulos,
“Sinapismos, apósitos, polvos, pócimas, gárgaras, clísteres,
“Bébase, úntese, tráguese, adminístrese, sóbese y friéguese.”

“Aquí el método o táctica es similia curantur similibus.
“Una atracada cósmica pide un cósmico fármaco atroz.
“Un emético ecfráctico ecoprótico alexipirético,
“Calólicon enérgico que no deje decir ¡Santo Dios!

“Señora, oiga el pronóstico: in artículo mortis no hay jácaras;
“Pague y trague este antídoto o me marcho a otra parte con él.
“¡Está usted a los últimos, ya me olisca su trágico término!
“¡Pánfaga, amada Pánfaga!… ¡oh dolor, oh espectáculo cruel.”

La gálofre, la adéfaga oyó al fin tan patéticas súplicas;
Bebió hectólitros, múcuras; vomitó, se sangró, se purgó;
“¡Etela, dijo el físico, ya está fuéra de riesgo, qué júbilo!”
Pero… la erró el oráculo: -¡a los cinco minutos murió!

Fueron sus honras fúnebres solemnísimas, largas, espléndidas,
Con dobles, kirieléisones, gran sarcófago, séquito real;
Melancólica música la condujo a la umbrosa necrópolis
Y allí, ciegos de lágrimas, le entonaron responso final.

Mil rasgos necrológicos, mil sonetos y párrafos lúgubres,
Mil láminas y pésames dio la prensa en tan triste ocasión;
Y hoy, con dolor de estómago, léese aún en su lápida el rótulo:

Yace aquí doña Pánfaga.
¡Véase en este espejito el glotón!

¿Qué fue de Saltabancos?… El mundo está lleno de pájaros tales,
¡Y de gansos que dellos se fían!
Apóstoles, Mesías, abolicionistas de todos los males,
Que con migas de pan o disfraz para drogas triviales
Alborotan, deslumbran, enganchan… y el bolsillo vacían.

Con arduo estudio, con carísima diaria experiencia
Logra un mortal darse cuenta de sí,
Porque iguales no hay dos en complexión, salud ni dolencia:
¿Y uno que nunca me ha visto en su perra existencia
Me curará de un mal que jamás me expliqué ni entendí?

Más sabe el loco en su casa que el cuerdo en la ajena,
Remedio para todos a nadie cura.
Esa cura es la locura, que no hace bien ni mal, o envenena.
Cada cual lleva en sí mismo su Hipócrates, su Avicena:

¡LA NATURA!

La Natura y la Moral son dos maestras socias y hermanas,
Como hijas de un mismo Dios que a cada instante anuncian y prueban,
Ellas nos aconsejan; ellas premian, castigan, reprueban;
Y ellas también curan o alivian las dolencias humanas.

TRABAJO, SOBRIEDAD, ORDEN, REGIMEN, CONCIENCIA TRANQUILA,

CLIMA, EJERCICIO, ASEO, AIRE PURO, fragancia de Dios;
AGUA, vino del cielo, que el limpio éter acendra y destila:
Hé aquí el SANALOTODO, el eterno e infalible doctor.

EL NUEVO METODO DE LECTURA

Este nuevo método para enseñar a leer, y para asentar desde temprano por medio de la lectura las bases de la educación y de la conducta de la vida, es una combinación completamente nueva y original basada en la observación de los rasgos de carácter y aptitudes naturales distintivas de la infancia.

El niño prueba desde que nace un fuerte sentimiento del ritmo o sea de la cadencia y medida de la palabra. Así como el camello parece gozar con el canto de la caravana o de su solo guía, y mientras oye el canto es infatigable, y aun dicen que ajusta su andar al ritmo de ese canto, el niño notoriamente gusta del canto de su nodriza, se duerme con él, y los cambios de su ritmo lo perturban mientras no está en profundo sueño. Esto demuestra la particular eficacia del verso para su enseñanza. Los versos los atraen, les gustan, los repiten con placer, y se les fijan indeleblemente en la memoria. Son tal vez más poderoso medio nemotécnico, observado y aprovechado en la enseñanza desde Pitágoras, Esopo Locmano y Solón hasta Nebrija, y hasta el Padre Isla, los Iriartes y nuestro ortógrafo Marroquín. De aquí que el pueblo siempre busca algo de ritmo y consonancia para sus proverbios, cristalización de su ciencia y experiencia y regla de su vida; de aquí su carácter contagioso, inolvidable, imperecedero. Y de aquí vino al autor de este Nuevo Método la idea de hacer un abecedario y cartilla de lectura en forma de retahila traviesa y caprichosa, en verso, que describiese la forma de las letras e introdujese al niño a reconocerlas prontamente con la vista y a combinarlas en sílabas, inculcando de paso en él sanos y oportunos principios religiosos y morales que, con la fuerza de proverbios aprendidos de los labios maternos, contribuyan a formar su corazón y dirigir su conducta en la vida. De aquí también un curso indirecto de instrucción en verso, sembrada desde la niñez para todas las edades. El niño (condición providencial para su desarrollo) es una bomba aspirante, no de razonamientos que lo fatigan, sino de imágenes; es esencialmente curioso, práctico y material; quiere que se le enseñe objetivamente, lo mismo que a los salvajes y a toda naturaleza primitiva. Como las imágenes son precisamente condición de la poesía, el carácter imaginativo de ésta, aplicado en fábulas, emblemas o simples símiles, dobla la eficacia del ritmo poético para imprimirles cualquiera lección moral, literaria o científica, que nunca olvidan más tarde, pues adquieren para ellos fuerza de axioma, de proverbio, de experiencia anticipada. De aquí que no sólo el curso de lectura, sino también el abecedario mismo, abundan en imágenes, en cosas, que encarnan la enseñanza o moralizan y la acuñan en la memoria y en su corazón.

La atención del niño se fatiga y desvía muy pronto, exige brevedad y variedad; pero sus sentidos descansan alternando el uno con el otro. De aquí que en el Nuevo Método se cambie la imagen leída o contada, en representación gráfica o visible. Sus ojos darán tregua a los oídos, y los oídos a los ojos, y las más de las piezas deben ser cortas. El Abecedario compensa su extensión con su travesura, con su movimiento objetivo;
pero desde luégo, irá aprendiéndolo por partes. La Cartilla Ilustrada responde igualmente a estos requisitos de brevedad y variedad.

El niño desarrolla con el cultivo una memoria extraordinaria; y es grande error el común decir de que sólo le agradan cosas pueriles y sin interés para personas mayores. El citado señor Marroquín (veterano observador e institutor) años atrás advirtió que, al contrario, no se divierten en cuentos tontos y en lenguaje de nodriza, sino en invenciones, relatos, novelas, comedias, etc., de verdadero interés para todos. Complácense
además mucho en que se les trate como a grandes, por la ambición de serlo, y por la vanidad que empieza a apuntar en ellos. Varias pues de las piezas del curso nuevo de lectura serán extensas, y muchas serias. Aunque de niños no entiendan las últimas, ese es el tiempo de aprenderlas de memoria, para cuando puedan entenderlas. Por otra parte, los niños hispanoamericanos he observado que son mucho más precoces que los de otros países, así como en fatal compensación, una vez hombres suelen morir los nuestros mucho más temprano.

Son al mismo tiempo muy retozones, aquí y en todo el mundo: impulso natural y benéfico, para estimular su crecimiento y desarrollo. En todo el Nuevo Método se tiene en vista esta ley natural, empleando la jovialidad, la travesura, a veces la extravagancia para endilgarles a los altos fines del educador.

Son por otra ley natural muy egoístas, muy preferentemente atentos a su conveniencia, lucimiento y ventaja, obedeciendo, como los brutos a la necesidad de su propia conservación, para los innumerables casos e intervalos adonde no puede llegar la asidua atención de sus padres y vigilantes. Y por otra parte en la raza española, generalmente rebelde a la necesidad de la economía y de la acumulación, conviene insinuar desde temprano estos principios. Respondiendo a este doble instinto del retozo y del interés, en el Nuevo Método se aplica un juego de sociedad para interesar por medio de él la atención del niño en la lectura, forzándolo a aprender pronto las combinaciones silábicas más difíciles y complejas y gran número de nociones o datos fundamentales de los varios ramos primeros de instrucción. El autor ensayó esta idea, que es suya, hace quince años en el seno de una familia en los Estados Unidos, y sus buenos resultados le sorprendieron pues excedieron a su previsión.

Los niños, en fin, son generalmente crueles, a veces feroces; tienden a mofarse del desgraciado, y como los gatos, a suprimir la vida de todo lo que se mueva, como para enseñarnos la degeneración que en el hombre produjo el pecado original, y que la piedad no es hija del instinto, sino de la religión, de la moral y de la propia experiencia. En tal virtud, el autor se propuso adelantar en su curso de lectura esa experiencia de la
necesidad de la piedad de los corazones infantiles, tanto respecto a nuestros prójimos como de los dóciles servidores puestos con el nombre de brutos bajo nuestro, imperio para la satisfacción de gran número de las necesidades de la vida: criaturas que sobre todo en cuestión pasiva, reciben el más inicuo tratamiento y sirven a los niños no de escuela práctica de piedad, sino de crueldad e ingratitud.

CARTILLA OBJETIVA

O ALFABETO IMAGINARIO

Letras son las mudas que hablan;
Almas pintadas que vuelan
Las que al ausente consuelan
Llevándole un corazón.

Lenguas del muerto y del ido,
Cuenteras de lo pasado,
Herramientas y alumbrado
Que dio el Cielo a la Razón.

Contiene el abecedario
Veintinueve, de las cuales
Cinco se llaman vocales,
Consonantes las demás.

Las vocales suenan solas;
Mientras que una consonante
Sin vocal de acompañante
No se hace escuchar jamás.

A

La A recuerda la campana
Con que nos llama el Señor;
Y el techo, nido de amor,
De madre, esposa, hija, hermana.

B

La B y sus dos buches son
Un tercio sobre otro tercio,
Enseñando que el comercio
Hará engordar la nación.

C

Mas la corcovada C,
Cuarto menguante de luna,
Anuncia mengua en fortuna
Donde hay ocio y mala fe.

D

Es la D luna sin cuernos
Por la mitad bien cortada;
O el sombrerón de empanada
Que usan los héroes modernos.

E

Plan de cocina o salón
Pinta la E; y estando abierta
Vemos en frente a la puerta
Algo entre altar y fogón.

F

La F es la E no concluída,
Que abajo pared no han hecho,
O es un portal con su techo
Y con la llave prendida.

G

¡Jesús, qué arete tan lindo
Es la agachadita G!
Cuando con mi novia esté
En la oreja se lo guindo.

H

Entre dos palos de pie
Hay un palo atravesado
Haciendo una H, un cercado
Que paso a bestia no dé.

CH

Daré un chelín de contado
Al que explique bien la CH
Pues para mí no es más que
Una C con H al lado.

I

Es la I el niño menor
De la familia: un palito
Siempre a plomo y derechito
Cual hombre que odia el licor.

J

Y así es la J (quizás
Tienen las dos parentesco),
Mas calza botín chinesco
Y está viendo para atrás.

K

A la K se le quebró
El palo de la derecha
Que como punta de flecha
Contra el centro se dobló.

L

Es la escuadra que en la mano
Ver del carpintero sueles;
Y la LL son dos ELES
Como un mellizo y su hermano.

M

La M es la muela, y nos manda
Trabajar para comer,
Sudar cada cual su haber
O morir en la demanda.

N

¡Oh N, oh viga entre dos hilos
Malamente atravesada!
Debajo de tu enramada
No dormiremos tranquilos.

Ñ

Y aun más temor la Ñ da,
Que es la N con un sombrero,
Pájaro de mal agüero
Que encima volando va.

O

Cuando un bobo exclama ¡oh!
Vemos la letra en su boca.
A ti adivinar te toca
Cómo fue que se le vio.

P

Puño de espada es la P,
Y aun se ve la hoja truncada.
¡Plegue a Dios que toda espada
Trozada así pronto esté!

Q

La Q es naranja o melón
Sentadito sobre un ramo;
O un reloj que dice al amo:
“¡No pierdas tiempo holgachón!”

R

La R no es fruta, es mujer
Que está sentada en su silla;
Más solo pecho y rodilla
Falda y pie se deja ver.

S

El borracho y la serpiente
Pintan la S al caminar,
Y a ambos debes evitar
Cuidadosísimamente.

T

Cruz sin cabeza es la T,
O ancho martillo de herrero,
O lezna de carpintero
Como la usó San José.

U

La U es el dedal, el castillo
Del dedo de la mujer;
O un pocillo de beber
El chocolate en pocillo.

V

La V O U de corazón
Es el corazón: tesoro
Mejor que el poder y el oro
De un feroz o de un collón.

W

La W es la M al revés;
Dos corazones atados:
Cifra de dos bien casados
Que haciendo uno solo ves.

X

La X es tijera abierta
Para cortarle la lengua
A aquel que diga algo en mengua
De persona ausente o muerta.

Y

La Y griega, o YE servirá
De horqueta de colgar ropa,
O de apuntalar la copa
Que el árbol rindiendo va.

Z

Y es la Z la N acostada,
Que está pasando un desmayo;
O es como el surco del rayo
Que al herir nos vuelve nada.

EL MODELO ALFABETICO

¿Quieres ser hombre completo,
Hombre a prueba de alfabeto?
-Sé Amable, Activo, Aseado,
Bondadoso y Bienhablado,
Claro, mas cauto en Confianzas,
Sordo a Chismes, parco en Chanzas,
Libre en Digna Dependencia
Del Deber y la Conciencia;
Experto en algo Especial,
Franco, Fiel, Firme, Formal,
Grato, Generoso, Humano,
Buen Hijo, esposo y Hermano,
Ejemplo a la Ingenua Infancia;
Justo, Jovial, sin Jactancia;
Gentil en serios hechizos,
No en modas, polKas y rizos;
Leal a la Ley, Laborioso,
Modesto, no Malicioso,
Natural, Noble en tu modo;
Con Orden y Objeto en todo.
Paciente y Perseverante
(Primer Prenda del triunfante);
Patriota Puro y Pacífico;
Puntual, no en Parla Prolífico
Ni Quijote o Quejumbroso.
Sé realmente Religioso
Sin Superstición Salvaje,
Sobrio en juicio, en boca, en Traje;
Servicial, muy Tolerante,
Util, Veraz, Vigilante,
Valiente, no Vengativo,
Ni un Yo-ísta repulsivo.
Sé eXacto como un reloX,
Nunca Zángano, ni Zafio;
Sé otro Washington, si hay dos;
Y haZ que diga tu epitafio.
Honró a Padres, Patria y Dios.

ABECEDARIO RETAHILA

A

A repicando está.
¡A misa, que dejan ya!
Y hay que subir el repecho
Donde asoma el santo techo.

B

Pero usté, señora B,
Bebe tánto que da espanto,
Y con dos buches a cuestas
Mal podrá subir a fiestas.
Ya revienta de fatiga,
Barriga sobre barriga.

C

Ya la corcovada C,
Como amiga de la tuna
Adelante se nos fue
A los cuernos de la luna.

CH

Che, che, che, volvió la C
Pegadita de la H,
Y despache, que la Che
Es no más que Ce con Hache.

D

¿Y la D? la C al revés
Por la izquierda bien cerrada;
Un sombrero de empanada
Con sus puntas como ves.

E

Y la E cátela usté,
Ya llegamos a la puerta
De la casa del Señor,
Tan abierta
Que ahí está el altar mayor.

F

Y la efe mequetrefe,
A manera de temblor
Le dio un tajo y echó abajo
La pared de más abajo,
Pero no al altar mayor;
Y quedó como un portal
Con un techo y con su llave
Que aunque venga el temporal
No haya miedo que la lave.

G

G, G, G: ¡Cómo se agacha
Este arete de muchacha!
Y ¡qué grandes que los gasta,
Que parecen de canasta!

H

Hache, hache, eche, eche
Esa tranca atravesada
Que se sale la vacada
Y ayunamos hoy de leche.

I

I, I, I: Me gusta así.
Como un poste, bien derecho,
Que alto el rostro y satisfecho
Dice al mundo: yo no bebo,
Ni un cigarrillo a nadie debo,
Ni a ninguno le hice un hecho
Que me ponga carmesí.

J

Entretanto que a la Jota
Se le nota
Que a la izquierda se le fue
Todo el pie,
¡Pobre Jota patirrota!
Haga usté que no la ve;
Y si le hace un vil chacota,
Reumatismo, callos, gota
Dios le dé.

K

¿Y la K? Venga usté acá
¡O a su cama! -¡Otra dama
Contrahecha!
El puntal de la derecha
Contra el centro se dobló.
¡Qué hago yo
Si la ensarta como flecha!

L

La L en tanto es ELEgante,
Ve tu escuadra, carpintero
¡Labra-palo!
Y, por si una no es bastante,

LL

Dos con la LL te regalo,
Dos escuadras, dos mellizas
Por si la una se hace trizas.

M

Tras de la LL deme la M,
Mala muela, dulce hamaca.
Cuando es muela, al que le duela
Se le saca;
Cuando hamaca,
Es mi cama, mi butaca
En los climas de candela.

N

Luégo viene doña N
Con trabajo,
Que entre dos varillas tiene,
Punta arriba, punta abajo,
Una viga atravesada
Como un codo,
Que no cupo de otro modo
La malvada.

Ñ

Y la Ñ es igualita,
Con un pero,
Que salió como a visita
Y se puso su sombrero.

O

Y la O le dice ¡oh!
Redondita, boquiabierta,
Como suele un majadero
Que de gusto, a más no acierta.
¿Y qué fue?

P

-Que vio el puño de una espada,
Casi, casi espada entera,
¡Gran bobada!
Y esa espada era la P.

Q

¡Y esta pálido y convulso!
¡Un reloj, y a ver el pulso!
¡Y naranja, u otra fruta
Para darle a este recluta
Alguna agua de remedio!
-Y ¡jah, jah! que aquella fru…
Y ese cuco es doña Q.
Naranjita
Vaciadita por el bu…
Que en su rama se acurrú…
Dando luz, como el cocú…
Por el medio.

R

¡Cierre, cierre; que la R
Es terrífica alimaña
Que regaña y rabia y grita
Sentadita en su banquita
Todo el año…
¡Mas qué miro, lance extremo!
¿Qué porrazo, roza o sierra
La cabeza le llevó?
…¡Nada, lindo! fue un regaño
Que en la tierra comenzó.
Tan violento y furibundo
Que no cupo en este mundo
Y al profundo, en un segundo,
Con lenguaza y trompa y todo
A acabar de regañar
Donde hubiera quien lo oyera
¡Se voló!
Y a las horas en que te hablo
Está el diablo dado al diablo
Con el trueno y el vocablo
Tremebundo, sempiterno
Con que aturde al mismo infierno
Ese coco que gritando
Y saltando y renegando
Por allá se apareció.
Y a toditos los que gritan
Y a los santos ejercitan
Con los monstruos que vomitan
¡Así habré de verlos yo!

S

Que echen sapos y culebras
Y demonios hechos hebras
¡Vedlo aquí!
Pues, probando que no miento,
Debajito de su asiento
Este boa, o sierpe o víbora
Casualmente descubrí.
Y a ese monstruo llaman S,
Que es el rastro del borracho,
Que haciendo eses sin empacho
Por la calle andando va.
Ojalá se le atraviese
Una ronda que lo aprese
Y ese vicio al fin le pese
Y el escándalo que da.

T

Y es tan cierto lo que digo
Que me sirve de testigo
El señor tirabuzón
Del coñac o brandy o ron
O aguardiente
Que ese escarnio de la gente
Botó al suelo, cabalmente,
Al pegarse un tropezón.
¿Lo ve usted?
Es la T,
Tiracorchos o tapones,
O una cruz descabezada
Como aquella bruja airada
Que a Luzbel su camarada
Está echándole sermones.

Pero, así como la luna,
Y la tierra, y toda tierra,
Que ninguna al cielo encierra
Y perfecta no hay ninguna,
Pero en cambio, cuando ayuna
De la luz por un costado
Muestra el otro iluminado
Por el sol de la fortuna
Que da vuelta, vuelta, vuelta
Y a uno coge y a otra suelta,
Esa misma horrenda letra
Que al oído nos penetra
Con corneta de regaños
Y redobles de tambor,
¡Vedla en frente, vedla ahora!
Es la niña encantadora,
De más gracias que sus años,
Que postrada de rodillas
Manda súplicas sencillas
Al oído del Señor,
Por su padre, por su madre
Y hermanitos tan queridos
Y por todos los nacidos,
Hijos todos del Gran Padre,
Hijos todos de su amor,
Y, por tanto, hermanos todos:
Aunque en mil diversos modos,
Y en mil lenguas que hay distintas,
Y con caras de mil tintas,
Imploremos su favor.

U

Y esa niña usa la U,
Que usa toda costurera
Y cualquiera
Buena prójima casera
Que no es loca y pendenciera
Y mujer de Belcebú.
¡Upa la U que es el dedal
Que a la casa trae cuartillo
Y remiendo al delantal!
¡Util dije, que la lengua
Y aun la uña impide y forra
Y no sirve de tornillo
Con estrépito y camorra!
¡Dedal santo que al corrillo
Nunca das qué murmurar!
¡La U, pocillo de tornar
Ricos sorbos en pocillo!
¡Herradura de uno errar!
Que al que quiera bien casar
Le señalas donde atar
Con el grillo de su anillo
¡A una joven ejemplar!

V

Pero ¡ve! viene la V,
Corazón, corazoncita.
Que por ser un corazón
Es mi letra más querida:
Pues con él se quiere a Dios,
Y a su Madre pura y limpia,
Y a los padres que aquí abajo
Representan los de arriba;
Y Con él nos quieren ellos,
Y nos manda la doctrina
Querer bien a todo el mundo,
Que no es más que una familia.
Y al que tiene un corazón
De amor lleno y fe divina,
Que ve claro su deber
Y a cumplirlo se dedica,
No hay peligro que lo espante,
Ni tirano que lo oprima,
Ni congoja que lo abrume
Ni enemigo que lo rinda:
Ni conflictos que lo fuercen
A traiciones o mentiras,
Ni fracasos que empobrezcan
Al que su honra guarda limpia:
Porque sabe que en siguiendo,
Recto siempre, a buena mira,
Su conciencia lo sostiene,
Lo respeta hasta la envidia
Y algún día la fortuna
Vencedor lo glorifica.
Y si muere en la demanda
¿Quién no muere? que me digan.
Sólo en Dios hay vida eterna,
Y sólo esa es gloria, es vida.
¡Viva pues la letra V,
Que es la copa con que brindan
La Virtud, que es Valor santo,
La Verdad, vanguardia invicta!

W

La W o doble V
Es la imagen, es la cifra
De casados bien casados,
Corazones enlazados
Sin reservas ni engañifa;
Que uno al otro se sostienen,
Se estimulan y se cuidan,
Y en sus prendas y defectos
Se compensan y equilibran;
Y el marido a su mujer,
Y al marido su costilla,
Mutuamente, cual Dios manda,
Con su amor se santifican.
No se arañan como gatos,
Ni cual pollos se pellizcan,
Ni se ladran como perros,
Ni a los cobros se persignan:
Que, antes bien, en pensamientos
Y deseos se adivinan
Y del mundo y sus porrazos
Querendones se desquitan.
Poco usamos esta letra
En la lengua de Castilla,
Pero Washington ilustre,
De los yanquis el Bolívar,
A quererla y respetarla
Mientras haya mundo, obliga.

X

Y esa letra representa
Las Américas mellizas
Que en el Istmo colombiano
Se comprenden y unifican;
Y aunque la X, las tijeras
Del gran Lesseps, las divida
Abriendo un río, un canal
Que un mar con el otro liga
Por el cual veremos pronto
Que el mundo entero desfila
Llevando cuanto hay en él
Desde Europa hasta la China:
De Américas Norte y Sur
Una misma es la divina
Igualdad ante las leyes,
Libertad en la justicia,
Tierra y pan a los millones
Que famélicos se apiñan
Donde están como de sobra
Y ni el sol calor les brinda;
Tierra y pan al que trabaje
Y respete en donde viva
El Gobierno que nos damos
Y la Fe que a Dios nos guía.

Entretanto las naciones
Que española sangre anima
Y que un mismo corazón
Y alma y lengua y credo inspiran,
No olvidemos ¡ay! que somos
La mismísima familia
Y que gloria y dicha de uno
Es de todos gloria y dicha.

Y

En la letra Y griega o Ye
Contemplemos nuestra cifra:
Dos iguales, fuertes ramas
Que de un tronco se derivan
Y de todas sus virtudes
Y flaquezas participan;
Y que si ese tronco se abre
O enemigos lo derriban,
Ambas ramas caen por tierra
Ante el orbe y su rechifla.

Z

No atraigamos, con ruindades
De política egoísta,
Con escándalos de celos
Y discordias fraticidas
El castigo del Eterno
Que la Z simboliza,
La ígnea Z, el rayo airado
Que a los réprobos fulmina
Y así, al pie del magno tronco
Que hoy nos carga y nos abriga
Y que el hacha de los cielos
Destrozara vengativa,
Nunca escriba ajena historia:
“Aquí yacen las cenizas
“De la raza que en el mundo
“Otro mundo dio a Castilla”.
Grande y noble cual ninguna
Reinó un tiempo esta familia,
Pero al fin se suicidó
Olvidada de sí misma.

LETRAS MINUSCULAS

¿Para qué letras tan grandes?
Hay que hacerlas más pequeñas.
¿En qué pliego te cabría
Una carta escrita en ellas?
Aprendidas las mayúsculas,
Las minúsculas empiezan,
Y sabrás que entre unas y otras
Hay bastante diferencia.
a chiquita es gallinita
e una c, pero amarrada
De la luna la cabeza;
j e i con punto encima
Como en marca de parientas,
Mas la j es zanquilarga,
Y cortita la primera.
Palo largo con vejiga
Van cargando cuatro letras,
Y como éstas son señoras,
Que jamás he visto en fiestas
Con disfraz de matachines
Dando golpes, me semejan,
Nadadoras que a su modo
Cada cual su bola lleva:
La d abajo a izquierda mano,
La b abajo a la derecha,
Y p y q bajando el palo
Mas la p como antes era.
g vejiga y moño y lazo
Que como s abajo cuelga;
Y h silla de espaldar,
Y la t ya con cabeza.
n y ñ dos palitos
Que un ganchito en medio pega
Y la m tres iguales
Y uno la u por la derecha.
La r en tanto es un ramito
Que a la diestra carga pepa
Por arriba; y doña k
Un palo alto por la izquierda.
l y ll, antes sentadas,
Ya se estiran y enderezan,
La f, báculo de obispo,
Tuerce a diestra la cabeza;
Y las únicas que faltan
o, c, s, x, y, z,
Y la v sencilla y doble,
Cual la p, lo mismo quedan.
Se volvieron chiquiticas:
¡Peste rara, fuerte presa!
Pero nada cambiar pudo
Su carácter, su firmeza;
Y si encima tú les pones
Los anteojos de tu abuela,
Se harán grandes en el acto,
Como hacerte tú quisieras.

CARTILLA ILUSTRADA

I

DIOS NOS VE

(El ojo de la Providencia)

Quién creó cuanto es y fue
No lo abandonó en su enojo.
El hombre no ve su ojo,
Mas su ojo todo lo ve.
¿Qué se hará donde El no esté?
¿Qué pensamiento, qué acción
Escapará su atención
Si Dios, en todo momento,
Observa el último intento
Del último corazón?

II

LA RELIGION

Sobre alta roca, a la cual
Puso el cimiento Dios mismo
Y donde rompe el abismo
Su antigua saña infernal,-
Su cruz y palma triunfal
La Religión nos presenta,
Y su ancla en toda tormenta.
Y aquel banquete divino
Do, en forma de pan y vino
Dios de Dios nos alimenta.

III

EL CALVARIO

Si vos, Señor, siendo Dios,
Pagásteis nuestra malicia,
Con más amor que justicia
Bajando a penar por nós,
¿Por qué no aprendo de vos
La paciencia, el sacrificio?
¿Con qué derecho codicio
Sin los méritos la Gloria?
¿Cómo alcanzar la Victoria
Sin vencer primero el Vicio?

IV

A LA SANTA VIRGEN

¡Oh madre de todo niño
Y de todo desgraciado,
Tú a quien Dios, en ti humanado,
Ama con filial cariño!
Tú que ablandas con un guiño
De su justicia el rigor,-
Pues que toda eres amor,
A tí, oh Madre, pido y clamo
Que implores para los que amo
La protección del Señor.

V

LA CRUZ

Símbolo de infamia un día,
Y hoy de redención del mundo
Desde que un Dios moribundo
En ti nuestra culpa expía;
Santo pendón que nos guía
A las alturas del Cielo:
¡Oh Cruz! Pues siempre en mi duelo
A tus brazos acudí,
Haz que abrazado a ti
Alce mi espíritu el vuelo.

VI

NUESTRA TUMBA

(Una cruz y un doliente)

No bronce o mármol decoren
La hoya que Dios me depare,
Sino la Cruz que me ampare
Y los pobres que me lloren.
Si algún bien les hice, que oren
Allí por mi eterno bien,
Y que, cuando ¡Alzate y ven!
La final trompeta mande,
No haya voz que me demande
Por una lágrima. -Amén.

VII

LA LAMPARA

¡Ay de aquel que halló el Señor
Con su lámpara apagada;
Con mundano hollín borrada
La marca del Redentor!
Cuanto llaman Ciencia, Honor
Del mundo antiguo y moderno
Al dar el salto a lo Eterno
¿Qué vale en comparación
De la cristiana lección
Que enseña el amor materno?

VIII

LA PATRIA

(El escudo nacional)

¡Oh heredad del alma! ¡oh nido
De todos nuestros amores!
¡Patria que nuestros mayores
Con su sangre han redimido!
¡Familia nuéstra! apellido
¡Del orgullo nacional!
-Pues todo bien terrenal
Y aun mi Fe son de tu huerto-
Sé siempre mi ara, y mi puerto
Para la Patria inmortal.

IX

LAS MUSAS

Versear no es ser poeta.
No es digno de nombre tal
Sino el que encumbra al mortal
Como fuéra del planeta,
Sabio en visión de profeta
Precede al mundo en su andar
Sublime y sencillo al par,
Siempre nuevo, alto y creyente.
El que lo escucha se siente
Subir y crecer y amar.

X

LA ESCOBA

Los que, lejos de agrandar,
Achican a los lectores;
Los ninfos de aves y flores
De idear poco y mucho hablar;
Los que su época y lugar
No distinguen, y re-dicen
Lo de otros; los que maldicen
Y lloran sin són ni tón,-
A ésos… escoba y fregón,
O que los pinten y enricen.

XI

EL PIANO

Dulce amigo y confidente
De las jóvenes, que ordenas
Sus desvaríos, y llenas
Los vacíos de la gente:
Diles que alumna impaciente
Que ansia sin mucho ejercicio
Tocar bien, ¡salió de quicio!
Que tu agrado y arte y palma
Nos es dar recio, -es dar al alma;
Y que alborotar es vicio.

XII

LA CASA

(Construcción)

Será insigne majadero
Quien, do el clima es tan suave
Y abunda el suelo, se alabe
De hacer casa a uso extranjero
Suprimiendo el ancho alero,
El balcón monumental
Bien cubierto, y el vital
Patio moro, alegre y verde:
Casa nuestra, íntegro pierde
Su agrado y lujo especial.

XIII

ARPA Y CORONA

Si anhela inmortal corona
Aquí un poeta, es forzoso
Que estudie y cante amoroso
Nuestra historia y nuestra zona.
Si el mundo viejo abandona
Y ama y siente y pinta en verso
Lo de aquí, que es tan diverso
De aquel gastado caudal,
Insigne y original
Lo aplaudirá el universo.

XIV

LAS MODAS

(Mona de moda vieja)

A unas damas retrató
Un grande artista, y a todas
Como lámina de modas,
De orden suya; las dejó.
Ocho años después volvió,
Y ellas ruéganle a porfía
Que cambie en modas del día
Ese espanto. -El dijo apenas:
“Sólo las de Dios son buenas.
“Naturaleza nos guía”.

XIV

LA ESCULTURA

(Chuchero, escultor, buhonero)

¿Qué vale una piedra? -Nada.
Mas tómala un escultor
Y cámbiala creador
En beldad nunca igualada;
Ante ella el rey se anonada,
Se ve pobre el opulento,
Y ambos palpan que el talento
Es más que el cetro imperial,
Y que impera en lo mortal
El inmortal pensamiento.

XVI

LA GEOGRAFIA

(Un globo terráqueo)

Si el mundo es bola que rueda
¿Cómo no se suelta y cae
La gente que encima trae
Cuando por debajo queda?
¿Y cómo es que rodar pueda
Si la mar no se vacía,
Ni nadie en noche ni día
Lo sintió andar? -Todo eso
Lo contesta el más camueso
Que aprenda la Geografía.

XVII

EL MARTILLO

(Brazo con martillo)

¡Martillo invencible! ¡Dale!
Dale al yunque sin cesar,
Porque tiene que triunfar
¡Quien de su carril no sale!
En el mundo nada vale
El genio con la inconstancia:
Siempre quedó a gran distancia
Del que lo impuso a su estrella
Una obra sola, y en ella
Marchó con perseverancia.

XVIII

LAS TIJERAS

El ruin que todo pretende
Y nada es ni puede ser,
Odia el ajeno valer,
Y pulverizarlo emprende.
Pero todo el mundo entiende
Que donde él muerde hay en qué;
Su envidia va dando fe
Y en los nadas que señala
De los méritos que tala,
Su propia nada se ve.

XIX
……………

Unas tierras dan el trigo,
Otras caña, otras carbón;
Estas el blanco algodón,
Aquélla el vellón de abrigo.
Ninguna tiene consigo
Todo el surtido industrial,
Y así aprendió cada cual
Que de todas necesita,
Y a eterna paz las excita
Ese cambio universal.

XX

ORDEN DE VIDA

Madruga al trabajo; evíta
Chismes, ira y todo exceso;
Cíñe tu gasto a tu ingreso;
Tu obra a tus fuerzas limíta.
Muévete, avánza, ejercíta
Mente, cuerpo y corazón;
Y uno y tenaz en tu acción,
Con Dios por norte y egida
Tendrás vida en esta vida,
Y en la otra la salvación.

XXI

EL TITAN

(Cargando el mundo)

El mundo ¡qué monstruo ingente!
El hombre ¡qué átomo ruin!
Un mosquito entre el sin fin
Mar de selvas del Oriente.
Pero Dios tras de su frente
Mete una chispa pensante;
Y ¡oh maravilla! Mediante
Eso, que ni él puede ver,
Pesa y rige a su placer
Del átomo al elefante.

BELLEZA Y AMOR

(Himno para las escuelas; música del Profesor Daniel Figueroa).

¡Oh Padre, cuanto es bello
El mundo que tu hiciste!
No hay templo, no hay palacio,
No hay sueño que su encanto rivalice.

¿Por qué, por qué los hombres,
Como envidiosos tigres,
Viven aborreciéndose
El breve tiempo que en el mundo viven?

Cuando aire, y cielo, y tierra
Murmuran: ¡sed felices!
¡Amáos unos a otros
Y trabajad para llamaros libres!

¡Oh Padre, cuánto, es bello
El mundo que tú hiciste!
¡Felices los que sepan
Agradecerte, amarte y bendecirte!

EL COCHE

¡Triqui!
¡Traque!
¡Juipi!
¡Juape!
¡Arre!
¡Hola!
¡Upa! ¡vivo! ¡carambola!

Así del pescante,
Feroz, jadeante
Se explica el cochero
De un coche viajero
Que alzando humareda
Y atroz polvareda
Veloz, bamboleante
Más brinca que rueda.

Y el látigo zumba,
Y todo retumba
Con tal alboroto,
Cual de un terremoto
Que al orbe derrumba,
Y toda la gente
Se agolpa imprudente
A ver qué noticia
Al mundo desquicia,
O qué malhechores
O insignes traidores
Cazó la justicia;
O qué personaje
Va en urgente viaje
De cántaros de oro
Que siguen ligeros
Tal vez bandoleros,
Galgos carniceros
En pos del tesoro.

Al fin paró el coche
Ya entrada la noche,
y abriólo el gentío
Con gran reverencia,
Y (¡extraña ocurrencia!)
Lo hallaron… ¡vacío!

Tal es, en retrato,
Más de un mentecato
De muchos que encuentro.
¡Qué afán! ¡Qué aparato!
Y nada por dentro.

 EL PALOMO DE FIESTA

EL PALOMO DE FIESTA

El niño —¿Por qué estas tan alegre,
Tan satisfecho,
Arrullando solito
Desde aquel techo,
Y revolviendo
La cabeza a ambos lados
Como riendo?
El palomo —¿Y tú mismo, niñito,
No estás contento
Viendo la fiesta hermosa
Del firmamento?
¡Ay! en tal día
Hasta el que llora, llora
Con alegría.

LA GALLINA Y EL CERDO

Bebiendo una Gallina
De un arroyuelo,
A cada trago alzaba
La vista al Cielo,
Y con el pico
Gracias daba a quien hizo
Licor tan rico.

-¿Qué es eso? gruñó un Puerco,
¿Qué significa
Tan ridícula mueca?
Y ella replica:
-Nada, vecino.
La gratitud es griego
Para un cochino.

Pero no hay alma noble
Que no agradezca
Hasta una gota de agua
Que se le ofrezca;
Y aun la Gallina
Siente la inagotable
Bondad divina.

LA PALOMA Y EL NIÑO

Ojo alerta y arco en mano
Iba por el bosque un día
Un niño alegre y lozano
Buscando, de su arma ufano,
Un blanco a su puntería.

Pronto escucha el tierno arrullo
De a1ba paloma escondida
Que halaga el amante orgullo
De su consorte, al murmullo
Del árbol que los anida.

Véla al fin, el arco tiende,
La flecha párte, y muy luégo
El ave al polvo desciende;
Y él se aplaude, y no comprende
La atrocidad de su juego.

Yendo a tomarla, escuchó
No su arrullo, ni su canto,
Sino un ¡ay! que le arrancó;
Teñida en sangre la vio,
Y él mismo suéltase en llanto.

Tú, burlón, que te complaces
En soltar aquí y allí
Tus satirillas mordaces,
¿Sabes acaso el mal que haces,
Y el mal que te causas? di.
Llégate al mudo, al ausente
Que por pasatiempo heriste,
¡Y ay! tratarás vanamente
De lavar con llanto ardiente
La ponzoña de tu chiste.

EL NIÑO Y EL CORDERITO

El niño —¿Por qué tan tristemente,
Corderito inocente,
Te oigo balando?

El corderito —Por mi madre querida
Que tal vez afligida
Me anda buscando.

El niño —¿Temes verte solito,
O te acobarda el grito
Del dogo hambriento?

El corderito —No me asusta que ladre;
Mas lejos de mi madre
No estoy contento.

El niño —¡Ah! ya entiendo tu pena,
Si tu mamá es tan buena
Como la mía.

Déjame acompañarte,
Yo seré en cualquier parte
Tu garantía.

Pero ya que recuerdo
Que cuando yo me pierdo
Mamá se afana.

Andemos ligeritos,
Y vivamos juntitos
Desde mañana.

LAS SIETE VIDAS DEL GATO

Preguntó al gato Mambrú
El lebrel Perdonavidas:
-Pariente de Micifú,
¿Qué secreto tienes tú
Para vivir siete vidas?

Y Mambrú le contestó:
-Mi secreto es muy sencillo.
Pues no consiste sinó
En frecuentar como yo
El aseo y el cepillo.

LA ROSA Y LA CEBOLLA

Con la Cebolla un día
Juntóse por azar fragante Rosa,
Y cual cebolla a poco tiempo hedía.
Siempre, siempre se gana alguna cosa
En buena compañía.

LA NARIZ Y LOS OJOS

Púsose la nariz mal humorada
Y dijo a los dos ojos:
“Ya me tienen ustedes jorobada
Cargando los anteojos.”

“‘Para mí no se han hecho.
Que los sude El que por ellos mira”;
Y diciendo y haciendo se sacude,
Y a la calle los tira.

Su dueño sigue andando, y como es miope,
Da un tropezón, y cae,
Y la nariz aplástase… Y del tope
A los ojos sustrae.

Sirviendo a los demás frecuentemente
Se sirve úno a sí mismo;
Y siempre cuesta caro el imprudente.
Selvático egoísmo.

EL BUHO Y EL PALOMO

Erase un buho, dechado
De egoísmo el más perfecto,
De todo siempre esquivado,
Cual si diera resfriado
Su agrio, antipático aspecto.

“¿Por qué me aborrecerán?”
Dijo irritado y confuso
A un patomito galán.
-“¿Por culpa tuya”, él repuso:
“Ama, ¡oh buho! y te amarán.”

ORACION DEL NIÑO AL ACOSTARSE

Dame, ¡oh Dios! tu bendición
Antes de entregarme al sueño,
y de todos los que yo amo
Cuida tú mientras yo duermo.

Por mi madre, por mi padre,
Por mis hermanos te ruego,
Que los guardes largos años
En salud, fuerza y contento.

Dales consuelo a los tristes,
Y remedio a los enfermos,
Y pan al menesteroso,
Y al huérfano amparo y techo.

Que te bendigamos todos
Por tánto que te debemos,
Y que al dormir el sueño último,
Despertemos en tu seno.

EL NIÑO Y LA MARIPOSA

El niño —Mariposa,
Vagarosa
Rica en tinte y en donaire,
¿Qué haces tú de rosa en rosa?
¿De qué vives en el aire?

La mariposa —Yo, de flores
Y de olores,
Y de espumas de la fuente,
Y del sol resplandeciente
Que me viste de colores.

El niño —¿Me regalas
Tus dos alas?
¡Son tan lindas! ¡te las pido!
Déja que orne mi vestido
Con la pompa de tus galas.

La mariposa —Tú, niñito
Tan bonito,
Tú que tienes tánto traje,
¿Por qué quieres un ropaje
Que me ha dado Dios bendito?

¿De qué alitas
Necesitas
Si no vuelas cual yo vuelo?
¿Qué me resta bajo el cielo
Si mi todo me lo quitas?

Días sin cuento
De contento
El Señor a ti te envía;
Mas mi vida es un solo día,
No me lo hagas de tormento

¿Te divierte
Dar la muerte
A una pobre mariposa?
¡Ay! quizás sobre una rosa
“Me hallaras muy pronto inerte”.

Oyó el niño
Con cariño
Esta queja de amargura.
y una gota de miel pura
Le ofreció con dulce guiño.

Ella, ansiosa,
Vuela y posa
En su palma sonrosada,
Y allí mismo, ya saciada,
Y de gozo temblorosa,
Expiró la mariposa.

EL ALMA Y EL NIÑO

¿Dónde está Papá Divino?
Preguntó a su niño el ama;
Te daré un dulce en la cama
Si me respondes con tino.”

Y él, con sonrisa de cielo,
Repúsole: “Y yo, bah! bah!
Te daré un rizo de pelo
Si dices dónde no está.”

LAS AMENAZAS

-A que te muerdo, ¡Chivo!
-A que te embisto, ¡Perro!
-¡Ah! fue chanza, compadre,
Los dos no reñiremos.

Así a la gente asustan
Muchos presuntos héroes
Que resultan compadres
En parándoles seco.

LOS DOS GUAPOS

Juraron dos conejitos
Portarse a cual más valiente
Dando muerte al viejo lobo
Que anda asustando a la gente.

Cada conejo a su esposa
Le ofrece un traje de ga1a:
Desde antes de ir a buscar
La rica piel le regala;

Y al gazapito querido
Y a su adorada gazapa,
La cola del lobo fiero
Que en esta ocasión no escapa.

Salieron tambor batiente
Y banderas desplegadas
Haciendo temblar el mundo
Al golpe de sus pisadas.

Llegaron, y a tan buen tiempo
Como para el huevo el pan,
Casualmente cuando entraba
En su cueva el perillán.

Alcánzanle a ver la cola,
Y heroicos como una liebre
Vuelven caras y huyen listos
Trayendo a casa… la fiebre.

EL CABALLO Y EL GORRION

Dijo al caballo el Gorrión:
“Tu comedero está lleno,
Mientras yo bostezo y peno
Sin migaja de ración.”

“Dos granos menos o más
¿A ti qué te importa, di?
¿Podré tomarlos de aquí
O tu te incomodarás?”

Y el Caballo respondióle:
“Trátame con más confianza,
Hay para entrambos, y alcanza
Para tu amada y tu prole.”

-“Gracias trinó el pajarito,
Y sin temor ni querella
Comieron de una gamella
Como hermano y hermanito.

Vino el verano, y con él
Mil moscas desesperantes
Que de su sangre anhelantes
Cayeron sobre el corcel.

Pero el Gorrión sin esfuerzo,
Sirvióle de policía,
Pagando así cada día
El hospitalario almuerzo.

EL ROBANIDOS

Los pajarillos robados
Penan mucho y mueren luego,
Y es un crimen que a los bosques
De tanto cantor privemos
De tanto trino y murmullo,
Alegría de los vientos,
Niños del fresco arbolado,
Serenatas de los cielos.

Robóse Macario un nido,
Con cuatro implumes polluelos,
Y llevóselo a su casa
Dando brincos de contento;
Mas ¡ay! esa misma noche
Se los comió el gato negro,
Y él puso el grito en las nubes
De angustia y cólera lleno.

-¡Cállate! la madre díjole;
¿Por qué tales aspavientos
Si el gato no hizo otra cosa
Que lo que te ha visto haciendo?
Y antes más cruel tú fuiste
Que ese irracional, respecto
A los inocentes padres
De esos pajarillos tiernos.

Por tu propio dolor juzga
Del dolor y del despecho
De su madre, que irá loca
Buscándolos y gimiendo.

Cada dolor que causamos
Justo es que se vuelva nuestro,
Nadie debe divertirse
Con los dolores ajenos.

EL NIÑO EMBARCADO

Iba por vez primera
Un párvulo embarcado,
Aguas abajo un río
Rápidamente andando.

-“¡Papá! ¿Qué nos sucede?
Gritó con sobresalto;
¡Míra esas casas, míra
Esa canoa, ese árbol!
¡Míralo todo; todo
Va huyendo, va volando,
Y dejándonos lejos,
Y solos, y embarcados!
¡Mire usted, señor Cura
Mire su campanario!
¿Dónde dirá usted la misa?
¿Qué hará sin su caballo?
Y ¿qué se harán sus pobres
Y tánta gente? Al cabo,
Tal Como usted lo dijo,
Se llevó al pueblo el diablo;
¡Y adónde volveremos
Si todo a un mismo paso
Va huyendo, y nada vuelve,
Como si fuera encanto!”
Mucho rieron todos
Oyendo estos desbarros,
Mas díjoles el Cura:
-“¿Sois vosotros, más sabios?
¡Ah! cómo pasa el tiempo,
Decimos cada rato,
Y somos ¡ay! nosotros
Los que pasando vamos.

LA ABEJA SENSATA

¿No te emponzoñas, oh abeja,
Chupando de flor en flor?
-¡Ah! nó: mi boca bermeja
Absorbe el néctar, y deja
El tósigo estragador.
Tan sólo miel saca el bueno
Do el malo, sólo veneno.

EL NIÑO VERAZ

(The Truthful boy; traducción de Wilson’s second reader, 1860).

Erase un niño de ojos negros
Y húmedos labios de carmín,
Que ni de chanza engañó a nadie
Y a quien jamás oyó mentir.

Siempre en sus viajes a la escuela
Iban gritando detrás dél:
“Allí va el niño que no miente
Ni por un mundo que le den.”

Y todo el mundo lo quería,
Y con su edad creció el amor,
Y al verlo, todos susurraban:
Esa es la perla del honor.

Y si llegaba alguien de fuéra
Y preguntaba ¿eso por qué?
Le contestaban: porque nunca
Dijo, ni dice, lo que no es.

EL NIÑO POBRE

(De L. Ratisbonne)

Iba una madre pobrísima
Con su hijita por la calle,
Harapientas todas dos,
Todas dos flacas de hambre,
Y al pasar frente a una tienda
De juguetes de mil clases
Dijo la madre a la niña,
Deteniéndose un instante:
-“¡Míra qué cosas tan lindas!
¡Qué muñecas! ¡y con trajes!
¡Y ratones que andan solos!
¡Y bailarinas de alambre!”
-¿Y de qué sirve todo eso?
Preguntó la hija a la madre.

¡Infeliz!… ¡cuántos como ella
Ni qué son juguetes saben!

EL ALMA

-“¿Que es, caballeritos, lo que os muestro?”
-“Un reloj, claro está”. “¿Por qué?” – “Porque anda”,
Responden unos niños al maestro
Que aquello les demanda,
Suspendiendo un reloj de doble caja
En su mano derecha. Luégo toma
En la izquierda la caja; en la otra asoma
El reloj, y les cambia la pregunta:
-“¿En dónde está el reloj?” -“En la derecha”
-“¿Y por qué?” -“Porque aquello es lo que anda,
Y lo que anda es reloj, y el resto es caja.”

Entonces les baraja
Las manos y las cosas, de tal modo
Que ni con ojos de escuelantes puedan
Advertir cómo repartidas quedan;
Y torna a preguntar: -“¿Dónde lo he puesto?”
Ellos al punto acercan el oído
Y dicen: -“¡En la izquierda por supuesto!”
-“¿Y en la izquierda por qué?” -“Porque el sonido
Lo denuncia bien presto.”

Por último el meastro descompuso
En cuatro piezas la vetusta alhaja,
-Máquina, muestra, caja y sobrecaja.
-“¿Dónde está?” les repite; y la caterva
Con señalar la máquina repuso.
-“¿Cómo, dijo él; reloj este esqueleto?”
-“Sí, señor, pues sin él cualquiera observa
Que el puntero está quieto;
Luego quien lo hace andar es el sujeto”.

-“¡Bien! dijo el pedagogo; este diurno
Señalador del tiempo
No es más que una invención del alma humana,
Hecha a imagen del hombre, que a su turno
Lo es de la Omnipotencia Soberana.

Nuestro cuerpo es la caja, el hospedario
De un reloj inmortal; y aunque el primero
Se hunda en la mar, o el fuego lo consuma,
El alma, hoy a los ojos escondida,
Seguirá andando, y con su andar, la vida.

EL LIBERTADOR

Libro de ignorancia al mundo,
Y al cuerpo de enfermedad,
Y de olvido a tiempo y obras,
Y de ocio y tedio al mortal.

Y porque aun del mismo diablo
Puedo a sus siervos librar,
Me dieron por nombre El Libro,
Símbolo de libertad.

EL NIÑO Y EL BUEY

El niño —¿En qué piensas todo el día
Tendido sobre la yerba?
Parécesme un gran doctor
Embelesado en su ciencia.

El buey —La ciencia, niño querido
No es lo que a mí me alimenta;
Esa es fruta del estudio,
Con que Dios al hombre obsequia.

Fuera el pensar para mí,
Pobre animal, ardua empresa;
Prefiero hacer treinta surcos
Antes que aprender dos letras.

Mascar bien, me importa más
Que una lección en la escuela.
Con las muelas masco yo,
Tú, niño, con la cabeza.

Pero si anhelas ser sabio
Ojalá viéndome aprendas
A rumiar, y rumiar mucho,
Cada bocado de ciencia.

El digerir, no el comer,
Es lo que al cuerpo aprovecha,
Y el alma, cuerpo invisible,
Tiene que seguir tal regla.

Sin rumiarlo bien, no engullas
Ni una línea, ni una letra;
El que aprende como un loro,
Loro ignorante se queda.

EL DESCALZO Y EL MUTILADO

Recostado a un tronco,
Cruzado de manos
Lamentaba un pobre
No tener zapatos.
Largo era el camino,
Y estaba pensando
Cómo y a qué piedra
Daría otro paso,
Cuando un tronco vivo,
Que andaba arrastrándose,
Púsosele en frente
Pidiéndole un cuarto.
Contóle el primero
Su mísero caso,
Y el otro le dijo
“¡Qué ¿por eso hay llanto?
Tu no tienes botas

Para andar calzado,
Mas yo ni pies tengo
Con qué andar descalzo;
Y así cual me miras
Me alivio pensando
Que debe haber muchos
Aun más embromados”.
Estas palabritas
Confortáronle algo,
Y siguió con ellas
Como con zapatos.

LOS PADRES

Si he nacido de mi padre,
Y mi padre de mi abuelo,
Y mi abuelo de su taita,
Que también era hijo y nieto;
Y si todos cuantos hubo
Han venido así naciendo
de sus padres respectivos
Hasta Adán, que fue el primero,
Como Adán tampoco pudo
Nacer hijo de sí mesmo
Tuvo pues que hacerlo un Dios,
Luego hay Dios, y es Padre Eterno.

EL CUERPO Y EL ALMA

Dijo el Cuerpo: Yo me toco
Y yo me oigo y gusto y veo,
Y por tanto en mí sí creo,
Y hasta allí no me equivoco.

¿Pero el a1ma? … Ese es el coco
Nunca oído y nunca visto:
Y un fantasma desprovisto
De estos medios que yo tengo
De sentirme, no convengo
En que exista cual yo existo.

Oyó el a1ma estas razones
De sabores y de olfato,
Y le dijo: Cuerpo ingrato,
¿Qué, sin mí, fueran tus dones?
Tus sentidos son peones
De mi juicio y mi deseo,
Y si lengua no poseo,
Ni oigo, miro, escribo y tiento
Yo en mi trono atrás me asiento
Y allí, dicto, escucho y veo.

Si no me oyes ni me ves,
Y por tanto audaz declaras
Que no existo, me preparas
Para volverte al revés,
Di ¿cuál tienes de las tres
Potencias con que yo cuento?
¿Quién te ha dado entendimiento
O memoria o voluntad?
Y pues de esa trinidad
Facu1tad ninguna invistes,
Digo yo que tú no existes
O ambos somos realidad.

DIOS

¿Quién te dio tántas estrellas
¡Oh Cielo! y tanto arrebol
Y nubecillas tan bellas?
-Y el Cielo contesta: Dios.

¿Quién te ha dado ese fecundo
Raudal fulgurante, ¡oh sol!
Que alumbra y calienta el mundo?
-Y el astro responde: Dios.

Y esa magnífica alfombra
¡Oh tierra! ¿quién te la dio
Y árbol tanto y fresca sombra?
-Y dice la tierra: Dios.

¿Y quién os corta y os pinta
¡Oh flores! con tal primor
De forma y color distinta?
-Y las flores dicen: Dios.

¿Y quién a vosotras ¡oh aves!
A volar os enseñó
Y a trinar cantos suaves?
-Y al punto contestan: Dios.

Y ¡oh frutas! ¿quién os madura?
Y ¡oh flores! ¿quién os da olor?
Y ¡oh fuente! ¿quién tu onda pura?
Y todas murmuran: Dios.

¿Y quién me dio el sentimiento
Y estos dos ojos me dio
Para ver tánto portento
Y gozar viéndolo? Dios.

¿Y quién. ¡oh bondad que adoro!
Me dio en su infinito amor
Mi más querido tesoro,
Una madre? -Sólo Dios.

EL GATO MENTIROSO

Dio muerte el gato a un turpial,
Y el Perro, entre airado y triste,
Dícele: -“¡Monstruo! ¡tú fuiste!”
Y aquel responde: -“No hay tal”.
La boca del criminal
Entonces el Can huele y toca,
Y al ver que no se equivoca
Lo hace pedazos, gruñendo:
-“La mentira es vil remiendo
Que asoma siempre en la boca”.

EL PINZON Y LA URRACA

Enséñame una canción;
Dijo la urraca habladora
Al gayo y diestro pinzón
Que saludaba a la aurora.
-¿A ti? repuso éste, ¡vaya!
No te burlarás de mí;
A pájaros de tu laya
¿Quién pudo enseñarles, di?

-¿Y por qué -Porque es preciso
para aprender, escuchar,
Y un charlatán nunca quiso
Dejar hablar, sino hablar.

LOS CARIÑOS DEL GATO

Yendo un niño de paseo
Con su bizcocho en la mano
Un gato, al dulce olfateo,
Con mucha soba y arqueo
Llegósele cortesano.

Movido a tánto cariño
Sentólo en su falda el niño,
Diole a comer su refresco,
Y sin un adiós ni un guiño
Marchóse el gato muy fresco.

“¡Ah! dijo el obsequiador,
Con la nariz algo larga,
¿Es decir que tánto amor
No era por mí, adulador,
Sino por mi dulce carga?”

Falso y vil es tanto sér
Que adula para comer.

EL POTRO SIN FRENO

“¡Hoy nó! ¡no aguanto freno ni jinete!
Sin carga y libre correré mejor.”
Dijo al amo un caballo mozalbete
Que a otro a correr soberbio desafió.

-“¡Aguárda” grita el dueño, él no le escucha,
Y dada la señal -¡uno! ¡dos! ¡tres!-
Parten a un tiempo en su ardorosa lucha,
Con su jinete el otro, éste sin él.

¿Qué sucedió? -Bien pronto se desboca,
Y ciego, incontenible, se estrelló
Y cayó muerto, en pena de su loca
Sorda desobediencia y presunción.

Y así corre a perderse el necio niño
Que no sabe escuchar y obedecer,
Ni estima la experiencia y el cariño
Con que lo enfrenan por su propio bien.

LA ZORRA Y EL MONO

Dijo a la Zorra el Mono
Con jactancioso tono:
“¿Quién mi talento excede?
Nómbrame un animal
Al cual yo no remede
Con perfección cabal”.

-“Y tú, soberbia alhaja,
Responde la marraja,
Nómbrame alguna bestia
Que quiera baladí
Tomarse la molestia
De remedarte a ti”.

EL ESCUELANTE Y LA ORUGA

“¡Feliz la mariposa que libre al aire vuela!”
Decía un estudiante cansado de su escuela;
“¡Qué suerte me ha tocado! ¡qué esclavitud la mía!
¡Vivir atado a un libro! ¡trabajar todo el día!”
Y luego dirigiéndose al tejedor gusano
Le dijo: “¿Qué capricho de fraile cartujano
Te induce a atarearte labrando tu prisión?”
-“Con gusto la trabajo, pues de mi triste fosa
Saldré luciente y libre y alada mariposa”,
Fue su contestación.

A estudio y disciplina resígnate, estudiante,
Que nunca entre los hombres fue libre el ignorante.
Hoy no sabes ser libre. La virtud y la ciencia
Serán tu independencia.

LAS DOS REJAS DE ARADO

Tras de largo reposo
La reja de un arado
Habíase tomado,
Y caduca, inservible parecía.
Vio pasar otra reja,
Su hermana y su pareja,
Que reluciente y en flamante estado
De su labor volvía,
Y díjole: -“¿Por qué si el mismo día
Del mismo material y el mismo hierro
Salimos todas dos, tú estás lozana
Como un peso acuñado esta mañana;
Mientras que yo, cual sucio pordiosero,
Deslustrada vegeto y degenero?
¿Dónde te embelleciste, y cómo y cuándo?”
-Hermana, trabajando.

LAS QUEJAS

Sólo el asiento de otro
Caliente hallamos;
Calor de asiento propio
No lo notamos.

Juan se queja de Antonio
Que lo desvela
Porque suele encendida
Dejar la vela;

Y en tanto el delicado
Que hace el reproche
Ronca como un infierno
Toda la noche;

Y luego integro el día
Vive silbando
O dándole a un chirriante
Violín infando.

Antes que a otros recuerdes
El catecismo
Repásalo primero
Para ti mismo.

LOS LLORONES Y EL TOPO

Ardiendo en tontos anhelos
El mono y el asno un día
Cayeron en la manía
De importunar a los cielos.

-¡Ah! sin cola, ¿qué hago yo?
Chilló el mono en tonos tiernos.
-¿Y por qué no tengo cuernos?
El jumento rebuznó.

-Necios que así os lamentáis,
Les dijo el topo, ¿qué hiciérais
Si como yo, topos fuérais?
Tenéis vista y os quejáis!

EL EGOISTA AFORTUNADO

Viajando Luis con Justino,
Un gran bolsón de dinero
Topáronse en el camino.

Alzólo Luis muy ligero,
Y el otro habló: “¡Nos aviamos!
Estamos bien, compañero.”

-“Estoy, no digas estamos“,
Repuso Luis con un gesto
De no esperes que partamos.

Y lo guardó. -Mas en esto
Asomaron dos bandidos
Intimándoles arresto.

-“¡Ayuda! ¡o somos perdidos!”
Clamó Luis con tánta boca
Y ojazos despavoridos.

-“No, amigo, usted se equivoca,
Le replicó el camarada,
Diga soy, que a usted le toca.”

Y como cierva espantada
Libróse de los bergantes,
Y el Luis quedó en la estacada.

Con lo cual, en dos instantes,
Se halló cual vino a la cuna,
Mas limpio y mísero que antes.

El que en la buena fortuna
Con otros no parte astilla,
Pida socorro a la luna
Al volverse la tortilla.

LOS DOS VASOS

Un vaso lleno de aire
Dijo a otro lleno de oro:
¿Quién es el más sonoro?
¿Quién gasta más donaire?

-Tú, el otro le contesta,
Pues siempre el más vacío
Descuella entre el gentío
Por su charla inmodesta.

EL HUMO Y LA LLAMA

¿Por qué, mamita mía
(Dijo a la llama el humo),
Tú eres brillante siempre
Y yo soy siempre oscuro,
Cuando nada es más claro
Que, siendo yo hijo tuyo
Tu rasgo distintivo
Debiera sernos mutuo?

-Hijo, la cosa es vieja
(La llama le repuso):
Sólo con brillo propio
Se brilla en este mundo.
Es hijo de sus obras
Cada cual; y a ninguno
Padre ilustre ilustróle
Ni lo infamó hijo bruto.

LA NOTA MALA

(De L. Ratisbonne).

-¿Por qué me apuntas una nota mala?
-Por dar mal la lección.
-Pero un mal con un bien pagar debemos;
Recuerda tu sermón.

-Sí; pero el mal que hiciste fue a ti mismo;
Y recuerda también
Que yo te hiciera un mal si te premiara
Por no portarte bien.

AL RECIEN NACIDO

(De Louis Ratisbonne).

“¡Oh niño! hoy que tus ojos
Al sol colocas
Todo el mundo sonríe;
Sólo tú lloras.
Quiera Dios, al cerrarlos
A humanos días,
Que todo el mundo llore
Y tú sonrías.

ORIGINAL

A la lumiére, enfant, tu viens d’ouvrir les yeux.
Tout le monde sourit: seul, tu pleures, tu cries.
Dieu fasse, au supréme, á l’heure des adieux,
Que tout le monde pleure et toi seul tu souries.

EL AÑO NUEVO Y EL OCIOSO

El ocioso —Pása pronto. ¡oh año nuevo!
Si eres como el que pasó,
Año al cual nada le debo
Porque nada me dejó.

El año nuevo —Si el vano placer buscaste
Cogiste agua en una red.
¿Qué extrañar si hoy no encontraste
Ni gota para tu sed?

No, pues te quejes del año
Sino de ti. Dicho está
Que todo el que siembra engaño
Desengaño cogerá.

Labor en vez de proyectos,
Acción en vez de ilusión,
Obras en prueba de afectos,
Goces en tiempo y razón;

Buscar esos que propendan
Al trabajo y la salud,
Y evitar cuantos ofendan
El oficio y la virtud:

Si esto practicas atento
Un tesoro deberás
De adelanto y de contento
Al año nuevo en que estás.

LA FRAGUA

(Canción, traducción del francés para el señor Luis Lleras).

CORO

Tan tan, tan, el horno humea,
Tan, tan, tan, ¡adentro ya!
Tan, tan, tan, ¡al yunque! ¡ea!
Tan, tan, tan, el fierro está.

ESTROFAS

El hierro, amigos, y el vapor
Reinando en tierra y mar profundo
Tienen que dar la vuelta al mundo,
Y alivio a ti, trabajador.

Batamos, pues, el duro hierro
Para la casa y el taller;
Para que ruede en campo y cerro
El carro henchido con la mies.

Tendamos rieles tras de rieles.
Hasta el antípoda confín,
Audaz vanguardia, obreros fieles
Del generoso porvenir.

A fuerza de horno y de metal
Alcen palacios nuestras manos
Donde los pueblos como hermanos

Canten victoria contra el mal.

LA GUERRA

(De L. Ratisbonne. Les Petits Hommes, París, 1869).

“Ahora, ¿a qué jugamos?”
Dijo Roberto a Esteban;
-Juguemos a soldados
El otro le contesta;
Primero yo te zurro
Y luego tú me pegas
Y luego hacemos paz…
-Pero, ¿y por qué no hacerla
Desde el principio? ¡Tonto!
¿No ves que así no hay guerra?

-Escúcha: el otro día
Jugando muy de buenas
Resultó una disputa,
Y de allí una pendencia,
Y como eres más grande
Y tienes tú mas fuerza,
Me divirtió muy poco
La consabida fiesta.
Me hiciste sangre, y luego
Lloré… -¡Noticias frescas!
Hacer sangre, hacer llanto,
Eso es jugar la guerra.

-Ya entiendo: aguárda entonces
A que mi primo venga,
Y así más divertida
Será la gazapera.
Entre los dos te echamos
Por tierra… -¿si? ¿de veras?
¿Dos contra mí? ¡qué gracia!
-¡Hola! ¿Y no quieres guerra?

DIOS Y EL ALMA

(Para un certamen de niños en Geografía).

Señores: ¿Podrán ustedes
Decirme qué cosa es esa
Que todos llamamos alma
Sin que nadie hasta la fecha
Haya podido explicarla,
Y menos tocara y verla?
-Ustedes se quedan mudos,
Ustedes no me contestan;
Pues yo me contestaré
Si ustedes me dan licencia.

El alma es un pajarito
Que sin tener alas vuela,
Que sin tener ojos mira,
Que sin patas mide y cuenta;
Y sin que nadie lo toque
Ni lo vea -ni se mueva
El mismo, de donde se halla, –
Le da la vuelta a la tierra.
Ya, como al trompo el cordel,
La envuelve a diestra y siniestra;
Ya, cual trompo en el espacio
Veloz girando os la enseña.
¿Queréis, señores, oír
La explicación o la prueba
De esto que parece absurdo?
-La Geografía la encierra
Pues yo, sin haber salido
De este escondrijo de América,
Gracias a la Geografía
He andado por dondequiera;
Les doy a ustedes razón
Desde la Australia hasta Suecia,
De Canadá a Patagonia,
De Kamtschatka a Santa Helena;
Conozco todos los ríos,
Islas, montes, cordilleras,
Puertos, lagos, mares, golfos,
Archipiélagos, etcétera;
Y puedo pasar de un salto
A París, Lima o Venecia
Y el Océano atravesar
Sin vapor, vela o barqueta,
Y esto sin salir de aquí
Ni gastar una peseta,
Ni empolvarme en el Sahara
Ni helarme en la Nueva Zembla;
Ni Ser como San Cristóbal,
De cuatro varas de piernas,
Ni hacer más que una intención
Y ¡zas! ya estoy dondequiera.
Y como mi cuerpo no es
Quien hace gracias tan buenas,
Quien vuela sin tener alas
Ya a un tiempo mismo se encuentra
Aquí y en cualquier parte,
Infiero que el alma es ésta.

Y así da la Geografía
Una prueba muy completa
De que no es materia el alma
Y que a su Dios se asemeja.
Y así con sólo pensarlo
Creó el Señor cielo y tierra,
Y en todas partes está
Aunque el mortal no lo vea.

CANTIGA

(Para la primera comunión de unos niños)

“Dejad que los niños

Se acerquen a mí,

Porque es de los tales

El reino sin fin.

 

-Así se dignaron

Tus labios decir,

¡Oh pastor divino

De humano redil!

 

Y como es eterna

Y se ha de cumplir

La menor palabra,

Que dijiste aquí,

Y como (aunque oculto

Al sentido ruin

Que sólo al verte hombre

No dudó de ti)

Quedaste en la tierra

Llamando al gentil

Y dando consuelos

A todo infeliz ;

Y aún es más palpable

Especie sutil

Con tu cuerpo y sangre

Nos sabes nutrir :

-¡Permíteme, oh buen Padre!

Al labio infantil

Llegarse a tu místico

Excelso festín ;

Déjà que libemos

El sacro elixir,

Que embriaga de Cielo,

Que nos une a ti,

Y en la tierra, un día

Nos da tan feliz

Que en lo alto envidiarnos

Podrá el Serafín.

 

Y pues tú añadiste

Que « boca pueril

Perfecta alabanza

Sabe proferir »-

 

Alma y voz de niños

Danos siempre así,

Con que bendecirle

Mil siglo y mil.

 

Bogotá, mayo 9 : 1884

CUTUFATO Y SU GATO

(Hecho para Luis F. Mantilla, para unos grabados)

I

Quiso el niño Cutufato
Divertirse con un gato;
Le ató piedras al pescuezo,
Y riéndose el impío
Desde lo alto de un cerezo
Lo echó al río.

II

Por la noche se acostó;
Todo el mundo se durmió,
Y entró a verlo un visitante,
El espectro de un amigo,
Que le dijo: “¡Hola! al instante
¡Ven conmigo!”.

III

Perdió el habla; ni un saludo
Cutufato hacerle pudo.
Tiritando y sin resuello
Se ocultó bajo la almohada;
Mas salió, de una tirada
Del cabello.

IV

Resistido estaba el chico;
Pero el otro callandico,
Con la cola haciendo un nudo
De una pierna lo amarró,
Y, ¡qué horror! casi desnudo
Lo arrastró.

V

Y voló con él al río,
Con un tiempo oscuro y frío,
y colgándolo a manera
De un ramito de cereza,
Lo echó al agua horrenda y fiera
De cabeza.

VI

¡Oh! ¡qué grande se hizo el gato!
¡Qué chiquito el Cutufato!
¡Y qué caro al bribonzuelo
Su barbarie le costó!
Mas fue un sueño y en el suelo
Despertó.

¿QUIEN NOS GUARDA?

(Himno norteamericano de escuela dominical)

“Little schoolmates, can you tell
¿Who has kept us safe and well?”.

!Quién nos guarda, compañeros,
Siempre alegres y en sa1ud?
¿Quién velándonos de noche,
Nos trae salvos a la luz?

Sólo Dios, el que en su sueño
Cuida al niño con amor
El que a todos nos ampara
Con su brazo protector.

A El debemos padre y madre,
Y vestido, y casa, y pan;
Y maestros y amiguitos,
Y alma y 1ibros El nos da.

Cuanto somos y tenemos
Es un dón de su bondad.
Todo, todo, lo debemos
Al buen Padre universal.

CORO FINAL

Bendigámosle fervientes
Por tantísimo favor,
E imitemos reverentes
La ternura de su amor.

BALANCE DEL AÑO

Niños que no queráis
Vivir de balde
Y parar en mendigos
O azotacalles,
Vamos haciendo
El balance del año
Que esta muriendo.

Poned todos los días
En un platillo,
Contadlos bien: trescientos
sesenta y cinco;
Y al otro lado
Cuanto hayáis aprendido
O bien obrado.

No pongáis intenciones,
Que éstas no valen;
Sino las convertidas
En realidades.
Ni entren en cuenta
Lecciones de soplillo,
Que un soplo ahuyenta.

Si hoy el platillo de obras
Vence al de días
Merecéis honra y gozo,
Merecéis vida.
Si fue vencido,
Dios os tomará cuenta
De lo perdido.

EL SOLDADITO

(Himno norteamericano, de escuela dominical).

“I’m a little soldier boy”).

Soldadito fiel y guapo
También soy.
“A la carga” manda el jefe,
Y allá voy.

CORO

Dad el frente al enemigo,
¡Y avanzar!
Contra el malo y por el bueno,
Sin temblar.

Soldadito como tántos
Quiero ser.
Dadme plaza con los héroes
Del Deber.

Admitid al que se quiere
Enganchar.
Para tres y para ciento
Hay lugar.

Soldadito fiel y guapo,
Siempre iré
Donde flote el estandarte
De mi fe.

LA MIEL Y EL VINAGRE

(Discurso de un niño en unos certámenes)

Pasaron ya los tiempos en que, dicen,
Salían los alumnos de la escuela
Como los presos de la odiosa cárcel
Una vez terminada su condena,
Haciéndole la cruz al edificio
Y ansiando todos la ocasión primera
De darle a su maestro alguna tunda
Por mil que de sus manos recibieran.
Parece que el cariño y los modales
Eran entonces pésimo sistema,
Y que nadie sin cáscara de toro
Curaba de ignorancia su mollera.

El público y los padres de familia
Juzgarán por los actos que presencian
Si ha sabido cumplir este instituto
En cuanto a la enseñanza sus promesas;
Pero a nosotros declarar nos toca
Lo que en estas preguntas y respuestas
El público no ve, y es de qué modo
Nos enseñan lo que aquí aparezca;
Pues dicen que en la sala y con visitas
El tigre más feroz es mansa oveja,
Y adentro, y solamente los de casa,
Sus embestidas y arañazos prueban.

He aquí el objeto, damas y señores,
De que un discurso a pronunciar me atreva,
Y es expresar la gratitud que todos,
Si en el bien debe haber correspondencia,
Debemos al amor, a la exquisita
Bondad, consagración y gentileza

Con que, día por día, hora por hora,
El Director querido de esta escuela
Ha sabido probar a sus alumnos
Que no sólo con sangre entra la letra,
Que hacerse aborrecer no es necesario
Para que los discípulos aprendan,
Y que, para ganar los corazones,
Una gota de miel es más certera
Que un barril de vinagre, como há siglos
El bendito Evangelio nos lo enseña.

EL MONTE Y LA ARDILLA

(Traducción de Ralph Waldo Emerson)

El monte y la ardilla
Tuvieron riña,
Y el primero “engreidita”,
Llamó a la niña.

Y ésta dijo: -Sin duda
“Tú eres grandísimo,
Pero a lo grande ayuda
Lo pequeñísimo.”

Y para hacer completos
Planetas y años
Entran tiempos y objetos
De mil tamaños.

¿Por qué ha de avergonzarme
Llenar mi puesto?
Y tú, ¿por qué enrostrarme
Que él es modesto?

Tal vez Dios te hizo grande
Y a mí pequeña
Para que te use y te ande
Como tu dueña.

No cual tú soy tamaña,
Ni eso me pica;
Tú tampoco, montaña,
Cual yo, eres chica.

Todo está bien, y en partes
Muy convenientes,
Y hay aptitudes y artes
Bien diferentes.

Yo en llevar bosque a cuestas
No haré tus veces,
Ni tú conmigo apuestas
A romper nueces.

LAS RANAS Y LA ANTORCHA

(De von Logau, traducido por Longfellow)

Cuando en la noche oscura
Cantan las ranas
(Si taladrar orejas
Cantar se llama),
Prendo una antorcha,
Y al instante enmudecen
Las voceadoras.

Así los embusteros
Y los farsantes
Mienten, charlan, calumnian
Cuanto les place;
Mas de improviso
La Verdad aparécese,
Y… ranas, ¡chito!

HABLA UNA CALAVERA

(De Henri Clement)

Déja esa sonrisa vana
Que no hay mucho de ti a mí.
Lo que hoy eres, ayer fui.
Lo que soy, serás mañana.

LA LECTURA

I

Papá de mi vida,
Mándame a la escuela,
Que hoy al que no lee
Lo llaman tío Bestia.
El Gobierno manda
Que todos aprendan,
Para hacernos hombres
Como otro cualquiera,
Porque el mismo Cura
Predica en la iglesia
Que desde que aquí
Hubo independencia,
Sólo el que no lee
Es gente plebeya,
Y no puede ser
Ni alcalde siquiera,
Mientras que en sabiendo
Conocer las letras,
Presidente lo hacen
Si tiene cabeza.

Dicen que hubo Papas, (*),
Reyes y poetas
Que en sus tiernos años
porquerizos eran;
¿Quién quita que yo
Cuando escribir sepa
Resulte algo grande
Que honre a nuestra tierra?
Dios reparte chispa
Sin ver cara o tela,
Y hay almas muy lindas
Como hay caras bellas;
Y hoy tal vez figuran,
Gracias a las letras,
Pájaros mas tontos
Que esta humilde perla.

El Gobierno paga
¿A ti qué te cuesta?
Papá de mi vida,
Mándame a la escuela.

II

Qué envidia me da
Ver por dondequiera
A niños y niñas,
A viejos y viejas
Por la tardecita
Tomando la fresca,
Sentados en coro
Espalda a la puerta,
Viendo las noticias
Que da la gaceta,
Leyendo sus cartas
O historias de guerras,
Aprendiendo nombres,
Comparando fechas,
Oyendo admirados
Tánta cosa nueva,
Sabiéndolo todo,
De todas las tierras,
Sin salir de casa
Ni buscar quien lea.
¡Ay! mientras que yo,
Con ojos y lengua
Me quedo en ayunas
Si no me lo cuentan.

III

Cuando hablan o leen
Personas de letras,
¡Qué cosas les oigo
Tan lindas y buenas!
Chistes que de risa
Casi me revientan,
Versos que de llanto
Los ojos me llenan,
Y tántos hallazgos,
Y tántas recetas
Para hacerse ricos
Y aliviar dolencias.
Acuérdome entonces
De mamá y de Pepa
Y digo ¡qué lástima
Que aquí no estén ellas!

Todo lo que escucho
Contarles quisiera,
Porque a la par mía
También se diviertan;
Vuélvome volando,
Mas, ¡memoria perra!
No bien entro en casa
Todo se me enreda,
Ni un cuento ni un verso
Les digo a derechas,
Y si ellas se ríen
Es de mi simpleza.

Papá de mi vida
Mándame a la escuela,
Que quiero escribir
Tánto que me cuentan.

IV

Bartolo, el sobrino
De doña Clemencia
Está enamorado
De Brígida Peña,
Y dice que pronto
La lleva a la iglesia,
En cuanto el tabaco
Le rinda cosecha.
Ella lo idolatra,
El muere por ella,
Y a los padres de ambos
La cosa les peta;
Menos a la madre
De la Dulcinea,
Que tacha a Bartolo
De sangre plebeya,
Como si la sangre
Fuera mala o buena
Y no la conducta
De cada hijo de Eva.
Al pobre Bartolo
Lo tiene entre cejas,
Le gruñe, lo insulta,
Le cierra la puerta;
Y a Brígida en tanto
Cual monja la encierra,
¿Y quién, ¡oh bondad que adoro!
Y no deja que hable
Con él ni por señas.
Pero la plumita
Todo lo remedia,
Llevan día por día
Gran correspondencia,
Y se escriben cosas
Tan dulces, tan tiernas,
Que dudo si hablando
Se les ocurrieran.

Cuando él ve la carta
Exclama ¡es su letra!
Y ¡cómo la mira
Y como la besa!
Hecha agua la boca
Le da veinte vueltas;
Con sumo cuidado
El sobre despega,
Y al leer parece
Ir contando perlas,
Y que a cada instante
Se pierde la cuenta.
Sobre el corazón
Guardadas las lleva
Cual santas reliquias
Llenas de indulgencias;
Bajo la almohada
De noche las deja;
En soñando, apuesto
Que sueña leyéndolas,
Y a la mañanita
No bien se despierta
Lo primero que hace
Es, ¡dale! leerlas.
Desde luégo, como
Cartas no son piedras,
A los cuatro días
Ya parecen viejas.
Mas si al fin se casan
Bartolo y su prenda
Ellos los casaron,
¡Den gracias a ellas!

Parece que el alma
Se les vuelve letras,
Y que dentro el sobre
Vuelve el alma envuelta.

Papá de mi vida,
Mándame a la escuela,
Pues ya que esté grande
Tal vez me convenga
Buscar una dulce
Formal compañera,
Y amor que no escribe
Ni a explicarse acierta.
Quiero que a mis ansias
Corresponda tierna,
Y dicen que cartas
Son correspondencia,

V

Cuando un desdichado
Se va de su tierra,
Y padres y amores
En lágrimas deja,
El triste qué haría
Si no le escribieran,
Y ellos sin sus cartas
¿Con qué se consuelan?

Viven del correo
En ávida espera,
Preguntan caminos
Distancias y fechas,
Y al fin llega el día
Y cartas no llegan:
¡Qué noche esa noche!
¡Qué sueños se sueñan!
Todo ruido es guerra,
Y hasta las gallinas
Se vuelven cornejas.
Torna el sol; mas ellos
Siguen en tinieblas;
Ya no es que no hay cartas,
Es que se las niegan.
Cuantas caras topan
Parecen, siniestras,
Hablarse al oído,
Contestar a medias,
¡Dios mío! ¡lo dije!
¡Mi pecho no yerra!

Prorrumpe la madre,
Y en llanto se suelta.
¡Mas nó! no era justa
Tamaña impaciencia;
¡Ya vino! ¡hubo cartas!
¡Gran día! es de fiesta.
Entre lloro y risa
La madre las reza,
Y a dar a Dios gracias
Callada se ausenta.

Palomitas blancas
Con rayitas negras
Que salvando mares
Y montes y selvas,
A madres y esposas
Lleváis dulces nuevas,
Ramos de esperanza,
Ternuras de ausencia:
Bendito el que os trajo
¡Del Cielo a la tierra!
¡Bendito el que os manda!
¡Bendito el que os lleva!
Vosotras del preso
Burláis las cadenas,
Que en alas de pluma
Libre el alma vuela,
Do llegáis vosotras
La esperanza llega,
Y alegráis a todos
Los que aman y esperan.

¿Cuándo será el día
Que yo también pueda
Soltaros de ida
Y oiros de vuelta?

 

(*) El Papa Sixto V.

LAS PERLAS

La ostra herida pára el daño
Labrando una perla allí
¡Cuánta perla nació así
De infortunio y desengaño!

LA LOTERIA

“¡Gané!” dijo un muchacho
Jugando lotería:
“Tengo uno, dos tres números,
Y aun cuatro en cada fila.”

“Aguárda (un compañero
Al punto le replica):
“Aguárda a cubrir todos
“Los cinco de una línea.

“Al que primero lo haga
“El triunfo se adjudica,
“Aunque no cuente en otras
“Ni un ambo, ni una ficha”.

Hé aquí la eterna regla
Del éxito en la vida:
Ser todo en algo, es logro:
Ser algo en todo, pifia.

No sólo en la dramática
Es la unidad ley prima;
Que todo tienda y marche
Hacia una sola mira.

Drama es cada existencia,
Y cada cual su artista,
Su héroe y su empresario,
Que quiebra si no atina.

No disperséis las fuerzas
En carreras distintas,
Cargadlas todas, todas
En una misma línea.

La constancia es la suerte,
El taladro es la mina,
Y tarde que temprano,
Señores, ¡lotería!

LA ESTATUA Y EL PEDESTAL

-¿Osas compararte a mí?
Dijo al Pedestal la fatua
Estatua;
Yo asiento los pies en ti,
Todo el cielo desde aquí,
Y en pensándolo, vil trasto,
Te aplasto.

-Vamos despacio, dijo él:
Tan alto, sale el juicio
De quicio,
Y la memoria es infiel.
Díme, si cambio, el nivel,
Si en mí no te sostuvieras,
Dónde fueras?

EL GATO GUARDIAN

Un campesino que en su alacena
Guardaba un queso de nochebuena
Oyó un ruidito ratoncillesco
Por los contornos de su refresco,
Y pronto, pronto, como hombre listo
Que nadie pesca de desprovisto,
Trájose al gato, para que en vela
Le hiciese al pillo la centinela,
E hízola el gato con tal suceso
Que ambos marcharon; -ratón y queso.
Gobiernos dignos y timoratos,
Donde haya queso no mandéis gatos.

LA CANGREJA CONSEJERA

Anda siempre derecha,
Querida hijita
(Mamá Cangreja díjole
A Cangrejita);
Para ser buena,
Obedéce a tu madre
Cuanto te ordena.

-Madre, responde aquélla,
Voy a seguirte,
No quiero en ningún caso
Contradecirte.
Ve tú delante,
Que dándome el ejemplo
Lo haré al instante.

EL HOMBRE

Un hombre es cuatro, y “debe ser cuadrado”,
Dijo el corso Titán (*) -Su embrión entero,
Moral, social, mental, perecedero,
Desarróllese y marche acompasado.

Nunca se desatiende algún costado
Sin lesión general: su eterno fuero
Tarde o pronto verán Dios justiciero,
Razón, natura o sociedad, vengado.

Razón sin Dios produce al ateísta,
Natura sin razón engendra al bruto,
Y alma sin cuerpo es un espectro, un nombre,

Ejerza al par su cuádruple atributo,
Y así, por cada frente, la conquista
De un mundo hará -y es rey del mundo, el hombre.

(*) Napoleón I.

LA RAZON Y LA FE

-Pasado cierto punto, y no distante,
Exclamó la Razón, soy navegante
Sin brújula y sin luz; y sólo sé
Que nada sé -De allí para adelante
Voy yo, dijo la Fe.

Tú eres ave sin alas, pero sientes
Que las tuviste o las tendrás; y ardientes
Y eternas son tus ansias de volar,
Y horizontes sin límites presientes
Que hoy no es dado explorar.

Respeta el misterioso laberinto,
Mas, recuérdalo bien, no eres gusano;
Hállase estrecho en su mortal recinto
Tu dueño, y es por ese excelso instinto
Del mundo Soberano.

Yo marco el escalón de su nobleza,
La duraci6n de su obra, su grandeza
Y su poder, dependen de su Fe.
Do otros terminan, el creyente empieza:
Salva el misterio y ve.

LA REVISTA

I

¡Adelante, valientes muchachos!
Suenen cajas y trompas y cachos,
Bata el viento los rojos penachos;
Vista al frente, y al hombro el fusil.
¡Adelante, cachorros intrépidos!
Rataplán, rataplán, rataplín.

II

Pero al ver a este viejo soldado
Que le dio media pierna al Estado
Y quedó sin fortuna y baldado
Porque el pueblo viviera feliz,
Presentadle las armas, dad vítores
Y la marcha de triunfo batid!
Rataplán, plín, plan.
Rataplín, plan, plin.

III

Suplicadle que cuente la historia
De esos días de muerte y de gloria,
Lanza y fuego, derrota y victoria,
Hambre y sed y aventuras sin fin.
Y que pase revista al ejército.
Rataplán rataplán, rataplín.

IV

¡Adelante marchad, veteranos!
Pero nunca enrojezca esas manos
Sangre nuéstra, de amigos y hermanos,
En interna, sacrílega lid.
Guardad toda la furia y la pólvora
Contra el que ose la Patria invadir,
Y entonces sí
Rataplán, rataplán, rataplín.

BAMBUCOS PATRIOTICOS

I

Yo no soy de Cartagena,
Popayán ni Panamá,
Ni de Antioquia o Magdalena
Ni del mismo Bogotá.

Una tierra tan chiquita
No me llena el corazón.
Patria grande necesita.
Soy de toda la Nación.

Yo soy de Colombia entera;
De un trozo della, jamás;
Y ojalá más grande fuera,
Que así me gustara más.

Ojalá fuera tan grande
Que pudiéramos decir:
“A lo que Colombia mande
“No hay quien sepa resistir.

“No nos vengan ya con cuentas
“De un millón por un melón;
“Ya no enviamos nuestras rentas
“A engordar a otra nación.

“Ya no hay trato ni contrato
“De paloma y gavilán;
“Ya cualquiera desacato
“Nos lo paga el más jayán”.

¡Ay del pobre y del pequeño
De este mundo en el chischás!
De su campo nadie es dueño
Si el vecino puede más.

La justicia entre naciones
Es la fuerza y el poder.
Los pequeños, los collones,
Siempre tienen qué perder.

Mas la unión dará la fuerza
Y la fuerza la razón,
Y a destino que se tuerza
Lo endereza el corazón.

Cuando más perdido estuvo
Nuestro gran Libertador,
Con más fe y ardor mantuvo
Su misión de redentor;

Y en las selvas de Orinoco
Solo y prófugo una vez
Desahuciáronlo por loco
Al oírle esta sandez:

“¡Oh qué dicha! ¡oh cuánta gloria!
“¡Camaradas! desde aquí
“Llevaremos la victoria
“¡Hasta el alto Potosí!”

Y ese grito de locura
Tuvo fiel ejecución,
Que no hay prenda más segura
Que un resuelto corazón.

Aspiremos a ser grandes
Para el bien universal,
Y sean íntegros los Andes
Nuestro escudo nacional.

Todo el que hable nuestro idioma
Y ame y sienta como acá,
Nuestro sea, y otra Roma
En el mundo pesará.

Ya su Italia el italiano
Arredondear consiguió,
Y auge súbito el germano
Con su Alemania alcanzó.

Sólo nosotros -gigante
Partido en pedazos mil-
Sentimos alma de atlante
En covachas de reptil.

¡Patria inmensa de Pelayo,
De Bolívar y Colón!
¿Cuándo el sol con cada rayo
Mirará la gran Nación?

Cuando no haya más apodos
De lugar y calidad
Y radiante alumbre a todos
Sol de amor y libertad.

EL FRENO Y LAS ESPUELAS

Por riscos y fangales
Jinete en lerda mula
Iba a trote espasmódico
Don Gobierno Aturrulla,
Cuando Freno y Espuelas
Movieron gran disputa.
Sobre cuál de ambas cosas
Es de más; grande ayuda.

Necesitó el viandante
Quitarse las segundas
A tiempo que venía
Recua incivil de burras;
Y hé aquí que por la ausencia
Del par de puntiagudas
No logró adelantárseles
Hasta neutral anchura;
Y al choque de las piernas
Con la cargada runfla
(Que no pasó en tangente
Sino en secante brusca),
Huellas de la catástrofe
Quedaron, hondas, rudas
En bestia y en jinete,
En hábito y montura.
Salvando el pie, una heroica
Rodilla se pronuncia
E inevitablemente
Salió en la lid contusa.

Maldice don Gobierno
Asnos, Frenos y Mulas,
Y aplauden las Espuelas
Su descalabradura;
Y en tanto que al calzado
De nuevo las ajusta,
Repican victoriosas,
Y al viejo Freno insultan.
Armóse nuevamente
La original trifulca,
Y como ellas son pares,
Y de la especie hembruna,
Y hablan las dos a un tiempo
Y cada cual por muchas,
No pudo su adversario
Meter ni como cuña
Un óigame, una sílaba
De explicación o excusa.

Y así quedó sin réplica
Que el Freno es cero, es burla,
Mientras que habiendo espuelas
No hay cosa con arruga.

Llegan más tarde a un río,
Y el próvido Aturrulla
Dar de beber resuelve
A su cabalgadura;
Sin apearse záfale
El Freno a la cuadrúpeda,
Y ella el hocico plácida
Mete en las ondas húmedas,
Mas ¡ay! en tal capítulo
Ocurre crisis súbita:
Otra caterva asnífera
Amaga La paz publica.
A retaguardia ya óyese
Su rebuznante música;
Ya de soslayo míralos
La desfrenada súbdita;
Y al recordar los términos
De la catástrofe última,
Dispara en ciego pánico
Frenética, energúmena,
Cual buque en mar terrífico
Y sin timón ni brújula.
No hay que pensar en régimen,
No existe la áncora única,
El freno, el sólo antídoto
De lástimas innúmeras
Vuélvese aquello un dédalo,
Una ensalada múltiple
De agua y montura y bártulos
Y bípedo y cuadrúpeda.
La inextricable etcétera
Da en la corriente púnica,
Y pronto húndense náufragos
Freno, amo, espuelas, chúcara.

Hé aquí a los dos partidos
En su incesante pugna;
Aqueste enfrena y guía;
Aquel cela y empuja.

Son necesarios ambos,
El progreso es su lucha,
Y al suprimir cualquiera
Buenas noches, República.

LA POBRE RICA

Un sultán opulento,
Tanto que ni en las noches orientales
Soñó el mortal magnificencias tales,
Y cuyo enorme imperio se extendía
Como la luz del día,
Allende el hombre, el bruto, el mar y el viento;
Murió, pues de morir no estaba exento,
Y dejó catorce hijos, y partida,
Para evitar innatural pendencia,
En trece, no en catorce, su opulencia.

A dos varones, predilectos suyos,
Asignó un par de imperios y de cortes,
Vasallos en innúmeras cohortes
Y montes cien de rica argentería.
A su hija la más bella, a la que envidian
Los fúlgidos cocuyos
Por su pecho de fuego; a la encarnada
Cual la flor de granada,
Legó su portentosa joyería
De esmeraldas y perlas, y un palacio,
Laberinto sin fin de galerías
Entapizadas de oro, y de oro blanco,
Donde revuelan lindas mariposas
De plata y esmeralda, y vibra el canto
De aves que adornan piedras mil preciosas.
Repartió lo demás de prendas de oro
A otras cinco princesas, y a la sexta
Tocó de ópaIos raros un tesoro.
Fijó el haber de los demás varones,
Con lo restante, dando de los hijos
Al de índole modesta
Al menos pedigüeño y más distante,
Sólo un montón de cobre,
Con el designio de dejarlo pobre.

Otra hijita tenía
Que por enana, humilde y mal formada
Nunca le cayó en gracia, ni una joya
Le regaló jamas. Esa infelice
Abandonada en el rincón vivía
De un mísero cortijo;
Ningún hermano su derecho apoya,
Y al testar e1 sultán quedó olvidada.
Mas llamóla al morir, y así le dijo:
-“Hija, ya no me resta prenda alguna;
Pero poco te basta por fortuna,
Y no eres dada al fausto y al derroche.
Ten tu rincón; y a más se te adjudica
A falta de oro, el título de Rica.

Muerto el papá su1tán, Alá indignado
Por su mal corazón, envió esa noche
Un ángel a la huérfana en su sueño,
Y éste le dijo así: -“Vengo enviado
“Por el que toda iniquidad repara,
“El que al huérfano ampara
“Y al mísero indemniza y al pequeño.
“Tu padre te ha dejado por herencia
“Nombre de rica, bárbara ironía.
“Y a otro de tus hermanos la indigencia:
“Pero Dios burlará su burla impía.
“A aquellos que han quedado en la opulencia
“Ella los pudrirá: de sus tesoros
“Brotarán el capricho, el ocio, el juego
“Que los disipará cual meteoros
“Para purgarse y corregirse luego.
“A tu hermano el más pobre
“La sensatez, el orden, la modestia
“En oro y g1oria: tornarán su cobre,
“Y en cuanto a ti, desheredada niña,
“Tóma esta rama, plántala al momento
“En tu pobre campiña;
“Su fruto es milagroso: el que lo coja
“Será honrado, feliz, fuerte, opulento
“Y extraño al fuego y la feroz rapiña”.

Y aquel ángel venido en forma de hombre
Desapareció: Velarde fue su nombre;
Era el café la misteriosa rama
Que trajo del Edén; y es Costa Rica
La huérfana feliz, la pobre rica.

HISTORIA PATRIA

Caterva de rapaces callejera,
Harapientos los más, traviesos todos,
En pos de raudo coche se abalanza
Con la dulce esperanza
De prendérsele al vuelo en la trasera,
Guindarse allí de pies, nucas y codos,
Y hacer, de gorra, una triunfal carrera.

Rápido el coche va, pero los pillos
Lo que es correr sí saben;
Tres cuélgansele atrás como zarcillos,
Tres, y no todos, porque más no caben;
Pero, en fin, son tres socios colocados,
Tres héroes a su modo, entre chiquillos;

Y agur… ¿Quién dijo tal? -Los chasqueados,
Al ver a los demás ir viento en popa
Y ellos sin cucharada de la sopa,
Alíanse en el acto, y cruda guerra
A sus felices cómplices declaran
Para echarlos por tierra.

Lenguas, no sólo pies, ahora disparan;
Grítanle al Postillón: “¡Hola!
¡Ahí va gente a la cola!”
Oye el denuncio aquel, zumba el azote,
Caen los otros maltrechos
Y los gritones ríen, satisfechos
De no dejar ni un compañero a flote.

Historia, actual y antigua,
Prendérsele a la Patria como nigua,
Y cuantos no le quepan
Dedicarse a tumbar a los que trepan.

LA VOZ POPULAR

Pasando ya oscuro
Por una ciudad
Un pobre viajero
Que iba en tren de paz
Dándole a su mula,
Molidos por igual
Ella de ir andando
Y él de hacerla andar,
Un perro le ladra,
Y en seguida un par,
Y diez que a éstos oyen,
Y veinte y cien más,
Y bien pronto, en coro
Perri-universal,
Ladran cuantos gozques
Contiene el lugar.

Un gato que andaba
En nó sé qué afán
Saltando paredes
Con tierno maullar,
Al fin les pregunta:
“Amigos, ¿qué hay?
“¿Qué escándalo es ese?
“¿Qué gran novedad?”
Y ninguno supo
Decir tal o cual,
Y siguen ladrando.

Esta es, en fiel copia,
La voz popular,
El juez infalible
Del orden social.
Blas dice algo a Pedro,
Pedro a GiI y a Juan,
Y Juan a doscientos,
Y éstos a un millar;
Y nadie a la fuente
Legítima va
Ni el porqué ni el cómo
Indagan jamás;
Y todos la especie
Sueltan al azar,
Y no al poco menos
Sino al poco más,
Y hoy es una broma,
Mañana un quizá,
Después un no hay duda,
Y al fin un volcán
Que devora el crédito,
La honra, la paz,
La vida de alguno
Que a nadie hizo mal;
Reo de fantástica
Horrenda maldad,
De un crimen incógnito
A él y a los demás.

Los Sabios desprecian
Ese guirigay,
Vil concierto de ocio
Con malignidad;
Mas ¡ay! no los pudo
Su desdén 1ibrar
De exilio y cicuta,
De hoguera o puñal.

Aquella vox populi
Que mienta el refrán,
Más bien que del Cielo
Es de Satanás.
Ella, como Diablo,
Mina la moral,
Perturba el sentido,
Tuerce el recto andar
De muchos que buscan
(¡Cálculo falaz!)
Cierta pasajera
Popularidad.
Ella a Grecia y otras
Barbarizó ya,
Y en el Nuevo Mundo
Progresa voraz.

Nuestros populares
Páganla, es verdad,
Mas ¿quién cura el cáncer
Que dejan atrás?

LA RETRIBUCION

Funda al troyano el griego en su ira necia;
Huye aquél, funda a Roma, y… funde a Grecia.

Así el avaro inglés usurpa a Irlanda,
Y la roba, y la extirpa, y la desbanda.
Y ella, cruzando el mar, se hace otra tierra
Rival ya y pesadilla de Inglaterra,
Que hinchéndose en la hiel de la venganza,
A fulminarla incontenible avanza.

¡Ay de los crueles! ¡ay de los que oprimen!
Siempre hizo su escarmiento el mismo crimen.

EL CIEGO EN LA CORTE

Fue un ciego a la corte un día,
Y como el rey le dijera:
“Qué aburrimiento, a fe mía,
Debe ser tu vida entera.”

-“Grande, sí, le respondió,
Pero me aflijo algo menos
Al pensar que, como yo,
Tú ves con ojos ajenos.”

LA HISTORIA

Entrando en su nuevo imperio
Un grande conquistador,
Vio con asombro la estatua
Del déspota más feroz,
Y al pie inscrito: “Al rey clemente,
Al padre de la nación
La gratitud de los hijos
Este monumento alzó”.

¿Cómo es posible, pregunta
A un vencido el vencedor,
Que del monstruo de la historia
Hagáis aquí un semidiós?
-Señor, contesta el primero,
Fácil es la explicación:
La estatua se le hizo en vida,
La historia en cuanto murió.

EL CORNETA

Un cornetilla de órdenes, que iba
A vanguardia en belígero rebaño,
Cayó preso en la acción; y el jefe extraño
Pena mortal le impuso, ejecutiva.

“¡Matarme a mí!” exclamó; “Pena excesiva,
“¡Cruel injusticia! Sufre algún engaño
“Mi General; yo, lejos de hacer daño,
“¡Ni siquiera cargaba arma ofensiva!”

“¡Tanto peor!” el General repuso,
“Pues que resuelto a no lidiar tú mismo
“Lanzabas a otros al azar sangriento.

“Y es principio justísimo, inconcuso,
“Que hay más perversidad, más egoísmo
“En el que incita al mal, que en su instrumento”.

LA FLECHA

“¡Aves! ¡nubes! ¡mis émulas!
“¡Huéspedes de los aires!
“¡Héme aquí, ya subí, ya el cielo es mío!”
Dijo liviana flecha al encumbrarse.
-Sí, repuso el cernícalo
Con retintín picante,
Mas tú, ¡oh emperatriz! subes por otro;
Y por tí misma de redondo caes.

EL TREN DE VAPOR

Levantador de valles y aplastador de montes,
Procusto de la tierra y escándalo del viento,
Un vapor-tren avánzase con ímpetu violento,
Haciendo a sus bufidos vibrar los horizontes.

El suelo gime al peso de cada enorme carro,
Salúdanlo las turbas con cauta timidez;
…Mas ¡ay! ¡soltó en los rieles un párvulo un guijarro!
Y tren, y gente, y carga destrózanse a la vez.

Triunfad, ¡grandes del mundo! ¡hollad al que os eleve!
¡Mas cuenta no os aguarde un guijarrito aleve!

EL SUEÑO DEL MALVADO

Viendo en letargo plácido yacer tranquilamente
Un hombre honrado a un déspota cuya felicidad
Era el tormento de otros, llorando amargamente:
“¡Oh Dios! prorrumpe, ¿el crimen al fin te vence audaz?

“Hé allí ese monstruo: duerme como el varón cristiano;
“¿En dónde estás, Conciencia? Justicia, ¿dónde estás?”
-“¡Cállate, imbécil, cállate! le interrumpió un anciano;
“Líbrenos Dios a entrambos de que despierte ya.

“Ahora hay paz en torno del ominoso dueño;
“Cuando el tirano duerme, duerme también el mal.
“El Cielo a los malvados alguna vez da el sueño
“Para que el probo pueda siquiera respirar.”

EL NIÑO GRANDE

Sobre una mesa, encaramado,
“¡Qué grande estoy!” dice Tomás.
-“Sí, pero bája del tablado,
“Responde un chusco, y de contado
“Que tal como eres te verás”.

Hay muchos grandes muy enanos,
Ricos, validos, soberanos,
Grandes que están y que no son;
Y que son siempre los más vanos
De su grandor de posición.

LOS TRES BUEYES

Tres bueyes, bien seguros
Contra lobos y apuros,
En fraternal concordia
Partían una dehesa…
Cuando súbito entre ellos se atraviesa
Frenética discordia.

El lobo que se alampa
Por tales decarríos,
Cobra en el acto bríos,
Y uno por uno a todos tres se zampa.

-¡Unión, paisanos míos,
U os llevará la trampa!

LOS GRANDES HOMBRES

Grandeza en la Fortuna no es ninguna:
El grande es vencedor contra Fortuna.
Pompeyo antes de César fue un prodigio.
César sopló: se evaporó el prestigio.

EL SOL Y EL POLVO

Alzándose en furioso torbellino
Eclipsó el polvo al sol,
Y gritóle por mofa: “Astro divino!
“¿Dónde estás qué te hiciste?…” Y su camino
Siguió en silencio el sol.

Y cesó el huracán; y tornó al cieno
El polvo vil; y en el azul sereno,
De gloria y pompa lleno,
Siguió en silencio el sol.

EL PUNTERO DEL RELOJ

Dijo el puntero al reló:
-“Quién al tobillo me alcanzó
“En importancia, en dignidad?
“Dios hizo el mundo, eso es verdad,
“Pero lo voy moviendo yo.

“Yo soy del tiempo el gran ministro;
“Yo lo divido, lo administro,
“Guardo sus fondos a interés;
“Y lo bautizo y lo registro,
“Y él va marchando con mis pies.

“Nada me pára o me adormece;
“El mundo entero me obedece,
“Y a mi compás latiendo va.
“Ni un perro nace, ni perece,
“Mientras no digo: ¡Es tiempo! ¡ya!

“Reyes, banqueros, negociantes,
“Médicos, novios, comandantes,
“Dóciles títeres me son.
“Sin mis desvelos incesantes
“Volviera al caos la creación”.

Así el puntero discurría,
Mientras callado a espaldas dél
El fiel resorte lo movía;
Todo el trabajo éste lo hacía,
Y el otro hurtábase el laurel.

A cuántos grandes funcionarios
Daremos ¡ay! del mismo modo
Incienso y gloria y honorarios
Cuando tal vez lo deben todo
A sus humildes secretarios?

UNA VISITA LARGA

Estaba doña Perra
En vísperas de parto,
Y sin covacha en donde
Salir de su cuidado.
En tal punto acuérdase
De una íntima de antaño,
Perra de muy buen genio
Y dueña de un buen cuarto.
Diole unos tantos besos
Y otros tantos abrazos,
Y haciéndole mil mimos
De orejas y de rabo,
-“Amiga de mi vida,
Le dijo al fin, ladrando,
“¡Qué dicha siento en verla
“Después de tántos años!
“Y está qué buena moza,
“Mejor que nunca ha estado;
“El tiempo en su hermosura
“No deja ningún rastro.
“Ya que la encuentro, sepa
“Que hoy no me le separo,
“Que los buenos amigos
“Son el mejor hallazgo.
“Si usted no está de prisa
“Entremos a su cuarto,
“Y cuénteme su vida
“Que me interesa tánto…”.

En estas y las otras
La dueña se distrajo,
Y sobrevino súbito
El gran conflicto, el parto.
Ella fue comadrona,
Criada y boticario,
Y madrina de todos
Los seis desembuchados.
Ella hizo las expensas
Ella cocinó el caldo,
Y, en fin hallando estrecha
Su casa para tántos,
Dijo a la amiga: “Amiga,
“Estamos apretados;
“Quédese aquí unos días,
“Yo vagaré entretanto”.

Pasamos quince o veinte
Volvió a pedir su cuarto,
Mas la recién parida
Pidióle un corto plazo.
“¡Comadre generosa,
“Prolóngueme su amparo,
“Haga el favor completo!
“Dentro de veinte, salgo.
“Me temo todavía
“Coger un resfriado,
“Y estas criaturas tiernas
“Aún no saben dar paso”.
La hospitalaria amiga
Accede a ruego tánto;
Vuelve a los veinte, y la otra
Vuelve al cantar pasado:
“¡Comadre de mi vida,
¡El tiempo está tan malo!
¡Deme otro plazo, el último!
¡Mire… ¡oiga!… ¡hágase cargo!”

La dueña vio a la postre
Que esto rayaba en chasco.
Y le enseñó el colmillo
Gruñendo: “¡Afuera! ¡vamos!”
¡Ah! ¡quien tal dijo! al punto
La otra se armó de un salto,
Y desplegando al frente
Seis cachorros tamaños,
“¡Echenos el que pueda!”
Ladró con gesto de amo,
Y la infeliz patrona
Marchóse rezongando.

Hay pues entre los perros
Anexionistas galgos
Que juegan la de Walker
Al Centro Americano.

EL LOCALISMO

Sinónimo de bruto hizo al Beocio
El vano hijo de Atenas, su consocio;
Mas luégo Epaminondas y Pelópidas
Vencen a los renuevos de Termópilas,
Arrancan de atenienses y espartanos
La férula, hasta entonces en sus manos;
Ensordecen de aplausos tierra y cielo
Con Píndaro y Corina, alzando un vuelo
Lírico sin rival; vierten su fama
Sobre el mismo que imbéciles los llama,
Y al fin, al despedirse de la historia,
Crean una escuela, un tribunal de gloria
Sobre toda la tierra, y de Aristarco
Sientan entre sus grandes a Plutarco.

La Grecia entera al Macedón desprecia;
Mas Filipo, aquel pólipo de Grecia
Que ella formó en la escuela del Beocio
Ríe a su vez (bajo el disfraz del ocio)
De esa unión federal -soberanías
Sin nación, -anarquía de anarquías,
Donde todo lo grande empequeñece;
Préndesele al costado, y chupa, y crece,
Ayúdase ayudando, cede, amaga,
Soborna, aterra al vil, al digno halaga
Y dejando a Demóstenes que arguya,
Hácese griego, y a la Grecia, suya.

Herédela Alejandro; y con la Iliada
De equipaje, y por brújula la espada,
Salva -Colón guerrero- el mar profundo
Y va a explorar y a conquistar el mundo.
Traza del Indo al Nilo con su acero
Una Ilíada mayor que cien de Homero,
Funde y revuelve a Ocaso y Mediodía
A fin de transformar en su agonía
El pútrido universo; borra el nombre
De “bárbaros” que escucha entre hombre y hombre;
Llama al mundo nación, y a cada humano
Igual, bajo su imperio, y ciudadano;
Conquista, al par que súbditos, verdades,
Enviándolas de yermos y ciudades
Al “Cosmos” de Aristóteles; venera
A un mismo Dios doquiera y comoquiera
Lo ve adorado en su triunfal camino;
Y al fin… demente, idólatra, asesino,
Pero Alejandro aún, expira un día
Y con él esa Grecia que solía
Llamarlo imbécil párvulo. -El gigante
Cargó contigo, lámpara expirante,
Hasta el centro del Asia, tus centellas
Sembrando por doquier con hondas huellas
Que salvaron tu gloria. -Y pues tu suerte
Era apagarte ya, qué mejor muerte
Pudiérante soñar Platón y Homero
Que alumbrando de un golpe el mundo entero!

Pacífico Alejandro, héroe cristiano,
Colón ve un mundo allende el Oceano;
Y en la extraña balanza de fortuna
Do oscila entre la Cruz y Media Luna
El vasto porvenir, dárselo a Cristo
Ansía, con ese mundo que ha entrevisto.
Mas Génova está sorda a su reclamo;
Ella no busca un mundo, busca un amo
Que fulmine en Venecia su venganza.
El Lusitano, en su mayor pujanza,
Desóyelo y decláralo demente
Porque no es portugués. -Toca ferviente
A la vecina puerta el gran mendigo;
Y al fin, en otro pobre, halla un amigo,
Un fraile humilde que a Isabel lo envía
Como el Cielo envió al angel a María;
Ella cree al angel; ármalo su mano
Caballero y apóstol de Oceano,
Y una vez más, so el lábaro fecundo,
La fe de una mujer transforma el mundo.

Y ¿por qué, ¡oh Italia! ¡oh madre,
Sacerdotisa y maestra!
Un descubridor y un nombre
Fue cuanto diste a la América?
Por qué a par de sus hermanas
Española y portuguesa
N o resuena en nuestros bosques
La música de tu lengua?
¿En dónde estabas, qué hacían
Tus tres escuadras, aquellas
Que para hallar vencedor
Se vencían ellas mesmas?
¿Do estaba tu insigne Pesa,
Tu Génova, tu Venecia
Cuando impasible dejaban
Volver preso entre cadenas
Al milagroso Moisés
De la Canaán moderna,
Después de guiar las naciones
A holgarse y hartarse en ella?

LAS DOS MADRES

(Himno para escuelas)

¡Oh Patria, oh santo nombre,
Altar en cuyas aras
Adora a un tiempo el hombre
Todo lo que idolatra el corazón!

La fe de sus abuenos,
Sus glorias y martirios,
Las dichas y los duelos
De la bendita edad de la ilusión.

¡La cuna en que nacimos,
La madre a quien debemos
Cada hora que vivimos
Cada placer que el universo da!

Ella es, alegre o triste,
Imagen tuya, ¡oh Patria!
Y a tí que nos la diste
Debemos como a madre idolatrar.

EL VIOLIN FEDERATIVO

Oyó un sabio decir que un mal violín,
Cuando de un pisotón se vuelve cien,
Si triza a triza se une y pega bien,
Resulta un instrumento superfín:

Y viendo el tál al patrio bergatín
Lidiando cada década un vaivén,
Lo declaró, por tanto, hecho un belén,
Y a romperlo y pegarlo acudió al fin.

Hizo de nueve Estaditos la Nación,
Y al punto, con saliva federal,
Emprendió la flamante conversión.

¿Qué resultó? -¡Pregunta original!
Que el doctor del violín tocó el violón
Volviendo al caos el orden natural.

LA ESTATUA Y EL PUEBLO

Ciego de vanidad cierto malvado,
Ladrón, vicioso, ingrato y asesino
Un egoísta monstruo, coronado
Por lección o capricho del destino,

Malversando del público la hacienda,
Se alzó una estatua -impúdica impostora-
Que mostraba en su base esta leyenda:
“Al Bienhechor, su pueblo que lo adora.”

Y, dando fe del general consenso,
Vio al sol siguiente el déspota iracundo
Que ya la honraba el popular incienso:
Densa ovación de proyectil inmundo.

Un cercado de fierro hízole entonces,
Y de perenne guardia circundóla,
Añadiendo este edicto al pie del bronce:
“Aquí a todo sacrílego se inmola”

Y hubo en efecto, al sacrificio inicuo
De hablar verdad espléndido escarmiento.
Aún se conserva el pedestal, conspicuo
Por el color que lo empapó sangriento.

Pasó al año un inglés, y el más completo
Cambio encontró: ni guardia, ni cercado;
Colgado en vez de estatua, un esqueleto,
Y al pie: “A todos los déspotas, traslado”.

LA LIMOSNA

Iba Matilde para su escuela
Agil, gustosa, de buen humor,
Cuando un anciano que el hambre hiela
Una limosna le demandó.

Ella al momento sondó el bolsillo
Ansiando hacerle la caridad,
Pero, ¡la pobre! no halló un cuartillo;
¡Mortificante contrariedad!

¿Qué hizo Matilde? Vacióle entonce
Su otro bolsillo, la provisión
Con que pensaba tomar las once
En el descanso de la lección.

Y dijo: “Almuérza, doliente amigo;
“Siento en el alma no tener más,
“Mas si otras veces te hallas conmigo
“Mejor provista me encontrarás.”

Y siguió andando veloz, contenta
Pues no hay delicia como hacer bien;
Y así dio al Cielo muy buena cuenta
Y a su maestro la dio también.

PENSABA EN TI

-¡Ah! por fin, ¡llegaste ya!
¡He pensado tánto en ti!
-¿De veras?
-Sí, papá.

-Y di,
¿Que pensabas de papá?
-Pues bien, pensé que quizá
Me traerías un tití
O una muñeca…
-Héla aquí.
-¡Hola! ¡y qué galana está!
-Sí; pero, hijita, ojalá
No me recuerdes así.
Pensabas en tí, no en mí;
Y muy poco afecto da
Y a nadie cautivará
Quien no se olvide de sí.

LA NIÑA CURIOSA

Curiosa,
Perversa.
Estúpida,
Es Pepa.

Tuvo una
Muñeca
Muy guapa,
Muy bella,
Vestida
De fiesta,
Cual una
Princesa,
Con rizos
Y medias
Y aretes
De perlas.

Amábala
Tierna,
Dormía
Con ella,
Y siempre,
Doquiera
Llevábala
A cuestas.

Mas, ¡ay!
Que las necias
No duran
Contentas;
Sus bienes
No aprecian
Ni el de otros
¡Respetan!
Un día
Que a Pepa
La indujo
Pateta
A darse
Fiel cuenta
De cosas
Secretas,
Armóse
Tremenda
Con unas
Tijeras
Y asiendo
Con fuerza
La linda
Muñeca
La zaja,
La opera
La hurga
La observa
De rizos
A piernas,
Destroza
Sus prendas,
Por dentro
Y por fuéra;
La vuelve
Miseria,
Y ¡oh grande
Sorpresa!
¡Qué chasco!
¡Qué pega!
La mona
No encierra
Ni un chícharo:
¡Es hueca!
Al punto
La necia
En llanto
Se suelta,
Y muérdese,
Y pégase,
Y grita
Frenética:
“¡Oh bárbara!
¡Oh bestia!
¡Ay! ¡pobre
Muñeca!
………….
¡Curiosas
Polluelas!
Cuidado,
¡Que os pesa!

EL CIELO

En una hermosa noche, inflado el pecho,
Dijo a su padre la inocente Inés:
-“¡Ah! ¡qué bello será visto al derecho
Un cielo que es así visto al revés!”
Y abrazándola el padre satisfecho
Repuso: -“¡Y qué ángel no serás después,
Si en este mundo de miseria lleno
Eres ya un serafín tan lindo y bueno!”

LAS PELEADORAS

La mamá de Blanca y Rosa
Trajo de la calle un día
Una muñeca preciosa,
Vestida como una diosa,
De seda y argentería.

-“¡Para mí -¡No! ¡para mí”
Gritó al verla cada una;
Y ella les dijo -¡Alto ahí!
Si la disputáis así
Será más bien de ninguna.

Voy a dársela esta noche
A quien se porte hoy mejor;
Y si os portáis sin reproche
Todas dos, a la otra un coche
Daré del mismo valor.

La madre condescendiente
Dejó que una y otra niña
Viesen de cerca el presente;
Tomáronlo, y prontamente
Entre las dos se armó riña;

Pues cada cual se empeñó
Con manos, uñas y brazos
En que a ella se le dio
La muñeca; -y resultó
Que el dije se hizo pedazos.

No hay cosa más tonta y fea
Que dos niñas peleando;
Las detesta el que las vea,
Y pierden en la pelea
Eso que están disputando.

EL PAJARITO DE ORO

Despiértenme muy temprano,
Que quiero al campo ir a ver
Aquel pajarito de oro
Que canta al amanecer.

Dicen que nada hay más lindo
Ni trina con tal primor,
Pero que nadie lo ha visto
Pasando el primer albor.

De rubíes y esmeraldas
Bordado su cuerpo está,
Y hay en su frente una estrella
Que alumbra por donde va.

Y es pajarito casado,
Siempre anda con su mujer,
Y al cantar conversan juntos
Y hasta se dan a entender.

El repite rico, rico,
A cuantos niños lo ven;
Y ella linda, linda linda
Dice a las niñas también.

Y cuentan que los muchachos
Que suelen dar madrugón
Para ir a ver su hermosura
Y oír su conversación,

Paran en hombres muy ricos,
Como el pájaro anunció,
Y en muchacha muy graciosa
La que sin gracia nació.

La aurora quiere a los niños,
Ella su color les da,
Con ese brillo y frescura
Que alumbra por donde va.

Y aquel pajarito de oro
Que canta al amanecer,
Es su niño, y nos convida
A que lo vamos a ver.

LAS REDOBLANTES

Hay muchas niñas parleras,
En quienes la educación
De los músculos vocales
Tal perfección alcanzó
Antes que hiciesen la suya
La modestia y la razón,
Que parece que habla sola
Su boquita, y muy veloz,
Sin intervención ninguna
De autoridad superior;
Y tántas y tales cosas
Ensartan sin ton ni son,
Que redoblan despropósitos
Como redobla un tambor.

DIENTES Y CONFITES

Con nueces y confites
Armaron riña
Los dientes primorosos
De cierta niña.

Vamos a ver (gritaron
Muelas y dientes)
Quiénes son más bonitos
Y más valientes.

Y bien pronto, en su rabia
De basiliscos,
Pasaron de las voces
A los mordiscos.

¡Tric! ¡trac! van repitiendo
Dientes y muelas
Al modo de cachucha
Con castañuelas;

Y nueces y confites
Crujen, decrecen,
Se destrizan, se funden,
Desaparecen.

Muertos los enemigos
Y sepultados
Cantan triunfo los dientes
Regocijados.

Mas ¡ay! duró bien poco
Su canto ufano,
Llegó el dolor de muelas
Con lanza en mano.

Y a cada lancetazo
Cruel les repite
¿No quieres otra almendra
Y otro confite?

Y luégo tuvo náuseas
La pobre niña,
Y cayó cual ternera
Con la morriña;

Pasó veinticuatro horas
De ansias mortales,
Tomé aceites y polvos,
Lloró a raudales;

No pudo ir a sus juegos;
Quedó encerrada,
Y pagó en largo ayuno
La confitada.

La que quiera volverse
Pálida y fea
Y arruinar esos dientes
De que alardea,

Casque nueces; y almendras
Y dulces coma:
Esa es de las muchachas
La gran carcoma;

Y hasta sus colorcitos
Tan primorosos
Son venenos que tientan
A los golosos.

EL HASTIO DEL PLACER

(De L. Ratisbonne)

Tánto regalo hicieron
A Magdalena
En tiempo de aguinaldos
Y nochebuena,
Que estaba loca,
Sin saber qué le gusta
Ni qué le choca.

Ya viste una muñeca,
Ya la desnuda,
Ya coge otra, y sus trajes
Muda y remuda.
Ya unas manillas
Se prueba; ya hace mesa
Con tres vajillas.

Y así fue repasando
Cosa por cosa
Y botándolas todas
Vertiginosa,
Y al fin bosteza,
Y en pos de los bostezos
El llanto empieza.

-“¿Qué tienes?” dijo el aya
“¿Se quebró un plato?
“¿El traje no te viene?
“¿Te arañó el gato?
“¿Quieres decirme?”
-“¡Nada! que estoy cansada
De divertirme.”

-¡Ah! el aya repuso,
Ténlo presente;
Sin trabajar no hay dicha
Que nos contente.
¡Un soplo dura
El trabajo es su salsa,
Su podadura.

EL ADIOS AL NIÑO

(De L. Ratisbonne)

“Díme adiós -a un niñito
Dice la madre,
Y él sigue hecho una risa,
Como estaba antes.

Bríndale un beso,
No un adiós, que en el cielo
No ha aprendido eso.

LA VENGANZA DE LA ABEJA

Una abeja resentida
Vengar su afrenta juró;
Picó al otro, y se vengó,
Mas quedó muerta en la herida.

LA MARRANA PERIPUESTA

Viénele a un mono la chusca idea
De ornar con flores a una marrana,
Y ella al mirarse ya tan galana,
Envanecida se contonea,
Y a cuantos mira grúñeles: “¡Ea!
“¡Paso a la Venus! ¡todos atrás!”

-“¡Ah! dijo el zorro: siempre eres fea;
“Pero adornada: ¡mil veces más!”

JUGAR CON FUEGO

De una lámpara en redor,
Girando cien mariposas,
Daban de golpes, furiosas,
Al fiel cristal protector.
“¿Por qué, celoso opresor,
(Gritábanle) “a nuestro juego
“Te opones tú?” -Luégo, luégo
Logró entrar una y se ardió,
Y así el cristal les mostró
Qué cosa es jugar con fuego.

LA MODESTIA

Cuando asignaba Jove a las virtudes
Su oficio y clase en rededor del hombre,
A la más bella la dejó olvidada
Por haberse quedado arrinconada
Y sin decir su nombre.

-¡Oh Modestia! ¡oh hermana de la Gracia!
Dijo él al advertirlo: por desgracia
Ya no hay lugar vacante, aunque en mi aprecio
Conservas entre todos el primero;
Pero encargarte quiero
Que a las demás virtudes acompañes,
Para realzar su precio.

LA PALOMA

Si es fuerza optar; si en el protervo mundo
Tengo que ser o víctima o tirano
(Exclamó la Paloma generosa
Con un dolor profundo),
Bendigo mi destino, sea cual fuere
Lo que él me guarde en su invencible arcano.

Yo no envidio al Milano furibundo,
Sombra y terror de la existencia mía;
Y si ta1 vez pensando
Que entre sus garras me veré algún día
Lloro de ser quien soy, así llorando
Bendigo, oh Dios, tu mano
Porque hacerme te plugo
Paloma, y no Milano,
Víctima, y no verdugo.

LA HORMIGA Y LA MOSCA

Dijo la Mosca ufana: -¡Pobre Hormiga!
Qué suerte tan diversa nos tocó:
A ti la eterna, la mortal fatiga;
A mí el dolce far niente… -Aguarde, amiga,
Vendrá el invierno, la otra contestó.

EL PUDOR Y EL ABANICO

Te debo yo más de un favor,
Dijo el Pudor al Abanico:
Siempre que a un ángel mortifico
Velas discreto su rubor.

-Otro favor suelo prestar
(Repuso el otro) a más de una hada:
Impedir noten que ya nada
La puede hacer ruborizar.

LA ROSA Y EL TULIPAN

Aunque vecinos Tulipán y Rosa
En jardín hechicero,
Y ambos en hermosura peregrinos,
La Rosa cayó en gracia al jardinero,
Y de sus manos recibir solía
Mayor cariño y preferente esmero.

Tal vez aun entre flores el gorgojo
De los celos acosa;
Ello es que el Tulipán vio de mal ojo
Los cariños del amo, y ya creía
Que requebrar y acariciar la Rosa
Era su oficio todo el Santo día.

Esto dio punto al sufrimiento. Al cabo
Díjole en voz quejosa:
-“¿Por qué así me desquieres, jardinero?
“¿Qué te hice yo? ¿mis gracias no merecen
“una caricia tuya? ¿mis colores
“Mas varios y brillantes no aparecen
“Que el de aquella vecina
“Perpetuamente carirroja, al modo
“De ordinaria y estulta campesina?
“¿Por qué para ella es tu cariño todo
“Y nada para mí?”

-“No hables al aire,
“Soberbio Tulipán, contestó el dueño;
“Harto admiro tu pompa, y no hay desaire
“En darte a la medida de tus gracias
“Mi cuidadoso empeño.
“Pero sabrás que de su copa escancia
“Más miel que tú mi Rosa favorita,
“Y que a un banquete de simpar fragancia
“Con sus aromas al pasar me invita;
“Y allí el largo deleite encuentro ufano
“Que en la mera hermosura busco en vano”.
La que no es más que hermosa
Llámese Tulipán, pero no Rosa.

EL DISCURSO DEL ESPEJO

“Pues siempre al frente de mí
“Puliendo tenaz te encuentro
“Lo que hay por de fuera en ti,
“Busca otro espejo, Mimí,
“Donde pulirte por dentro.

“Ese espejo es la virtud,
“Las almas limpias y bellas,
“En cuya fiel pulcritud
“Se mira la juventud
“Para volverse como ellas.

“En mí al fin descubrirás
“Ya una arruga, ya una cana;
“Mas si al otro siempre vas,
“Más linda te encontrarás
“Al sol de cada mañana.

“Los hombres no hacen gran caso
“De un peinado o traje o flor,
“Que eso lo ven muy de paso;
“Mas si hallan el fondo escaso,
“Da poco fondo su amor”.

EL MEJOR ADEREZO

-“Míra esta blonda exquisita,
“Míra ¡qué vueltas, qué encajes!
“¿No te gustan estos trajes?”
Dijo Clotilde a Pepita.

“Y este anillo es lindo, ¿nó?
“¿Y el collar, y todo el resto?
“Mi padre me da todo esto
“Y sin pedírselo yo.

“Nada le alegra el oído
“Como decirle: ‘En la sala
“Nadie a su Clotilde iguala
“Ni en diamantes ni en vestido’.”

“Esto que a muchas agrada,
“Ni un bledo me importa a mí.
“Tú sí… sencillita… Dí,
“¿Tus padres no te dan nada?”

-“Al contrario, me dan mucho
“Y sin cesar”, respondió
Risueña la otra, “aunque no
“De eso que miro y escucho.

“Mi madre rica en ternura,
“Me da consejos discretos
“Que guardo fiel, cual secretos
“De esperanza y de ventura.

“Y el ejemplo de llenar
“Todos los dulces deberes
“Que forman de las mujeres
“Angeles para el hogar.

“Cuando una joya consigo
“O cuento con un ahorro
“Y los convierto en socorro
“De un enfermo o de un mendigo;

“O si olvidando una fiesta
“Voy a ver a un desgraciado,
“Sé que con esto la agrado
“Más que con lucir bien puesta.

“Mi padre, que en ciencia es rico,
“Me da lección tras lección;
“Oro del alma, emoción
“Con que la uso y fortifico;

“Belleza que hace valer
“Aun sin belleza y sin arte;
“El cultivo de la parte
“Divina de nuestro sér.”

“Y nunca, nunca lo vi
“Más feliz, más placentero
“Que la vez que un lisonjero
“Le dijo hablando de mí:

“No sabe usted que ya empiezo
“A envidiarle aquel tesoro?
“Pepa por sí misma es oro:
“No ha menester de aderezo”.

LA ORUGA Y LA DAMA

“¡Ay! ¡qué gusano tan odioso y feo!
Quíta lejos de aquí, me das horror”,
Exclamó Serafina al bamboleo
De cierta Oruga que su faz tocó.

-“No he de ser siempre así, responde aquélla.
“Bien pronto rica en tornasol y en luz,
“Galana mariposa oronda y bella
“Has de admirarme y perseguirme tú.

“Y muchas niñas hacen, lo sospecho,
“La misma metamorfosis que yo:
“Orugas al salir del blando lecho,
“Mariposa después del tocador”.

LA LUZ Y EL ESTRONUDO

La melindrosa Luz quejóse al cielo
Del destemplado y bárbaro saludo
Que acostumbraba hacerle el Estornudo
Después de verla boquiabierto y lelo.

-¿Y quién te obliga (Júpiter contesta)
A ver y sonreír a un majadero?
Si tú no le mirases a él primero,
El no te diera tan atroz respuesta.

EL CORSE

Para acabar con las locas
Y a las cuerdas conocer
Un corso muy filantrópico
Inventó en Francia el corsé.
Paisano de Bonaparte
Ese inventor debió ser,
De trampa tan destructora
Pero que hace tánto bien,
Pues como suelen las tontas
Oprimiéndose con él
Bárbaramente, pasmarse
Antes de su madurez,
Sólo quedan las sensatas
Entre quienes escoger,
Y no estúpidas que inmolen
La vida a la delgadez.
¡Viva mil años, y holgados,
El Licurgo del corsé
Que a nuestra raza en desmendro
Hará muchísimo bien.

LA INVASION DE LAS CALVAS

Dios a la mujer primera
Reina del mundo creó,
Y por corona le dio
Su espléndida cabellera;
Mas la moderna hechicera,
Republicana amazona,
Odia aún su misma corona
Y extírpasela impaciente
Con taparaya en la frente
Y atrás castaña o anona.

¿No has visto, cuando alrededor
De ancha rama en el verano
Tiende afanoso el gusano
Blonda de etéreo primor,
Qué pronto el lustre y frescor
De cada hoja desparece,
Y encríspase, amarillece
Y seca y muerta la ve?
Pues ¡ay! planta el pelo es,
Y sin aire y sol, perece.

EL QUITRIN

Estudiando la cubana
De qué manera no hacer
Ejercicio (por creer
Que esto es costumbre villana,
Cuando la máquina humana
Pierde sin él su eficiencia),
Tuvo la óptima, ocurrencia
De la volanta, en la cual
Se arrellana muy formal
Y hace arrastrar su indolencia.

Máquina sin ejercicio
Se oxida y gasta y altera;
Mas la elegante habanera
Lo ha declarado un suplicio;
Y apelando al artificio
Para hacer que anda y no andar,
Puso al hamaca espaldar,
De coche o quitrín la injerta,
Sale allí a dormir despierta,
Y eso llama pasear.

LAS MODAS

En la capital japona
Topáronse de visita
Seis japonesas beldades,
Y una de acá elegantísima;
Y con trabajo ésta y ellas
Pudieron ahogar la risa
Mirando a la contraparte
Tan charramente vestida.
Deplora la parisiense
Ver formas tan exquisitas
En simple bata oriental
Con ancha faja ceñida.
Y en tanto las japonesas
Lanzan miradas de grima
Al cónyuge de la hermosa
Apostrofándolo mímicas:
“¿Cómo es posible, señor,
“Que usted tolere y permita
“Que una mujer tan gallarda
“Con ese disfraz se exhiba?”

Poco a poco se le acercan
Ganadas por su sonrisa;
Todos los mil perendengues
Uno por uno examinan;
Y de castaña a corsé,
Desde tontillo hasta liga,
Todo les causa terror,
Temiendo llevarlo encima.
Los zarcillos, más que nada,
Su cultura escandalizan;
Juzgan a sus portadoras
Las más inocentes víctimas,
Y declaran, a juzgar
Por la muestra que allí miran
Que Europa entra está loca
Y en sazón para conquista.

LAS FLORES DE PLOMO

(Idea de la señora Isabel Bunch de Cortés)

No era llegada aún la virgen hora
En que, al decir de innúmeros testigos,
Con sus dedos de rosa abre la aurora
Las cortinas de Oriente, o quier, postigos;
Mas por el rumbo aquel donde ver suelen
Tales fantasmagóricos enredos
De manos y de dedos
Los que madruguen tánto o se desvelen,
Vaheaban apenas
Ciertas lívidas tintas tremulantes
Que, si eran dedos, calzarían guantes.
Ya sin embargo alígeros cantores
(Los más madrugadores)
Registraban sus blandos instrumentos
Formando cariñosa algarabía;
Y juzgo, aunque en verdad no la entendía,
Que con tales concentos
Se saludaban finos, se contaban
Sueños mil de volantes travesuras
E inocentes amores,
Y en són de serenata despertaban
A sus dormidas, bienqueridas flores.

Ello es que luégo, luégo en un galano
Inmediato jardín se oyó un suspiro,
Y otro suspiro contestó cercano,
Mas ni uno ni otro cual suspiro humano,
Que esos yo siempre los conozco al tiro.

Estando aún la parda tierra a oscuras
Y más verde que rojo el hondo Oriente,
No pude con los ojos ver quién era
Ese par de acuitadas criaturas;
Pero casi las vi con el olfato
(Si el lector lo consiente),
Porque al instante mismo de escucharse
Los misteriosos ayes que relato,
Se perfumó la brisa pasajera
Con cierto amable olor que únicamente
De flor o de mujer venir pudiera;
Sólo que aquél para un olfato fino,
Era más bien floral que femenino,
Por ser primer extracto, más suave
Que la extracción tercera, cuarta o quinta,
Que todo lector sabe
Suelen damas usar y es muy distinta.
(Y aquí me ocurre al mencionar las bellas
Que si se oliesen así mismas ellas,
No taparían su ínsita fragancia
De juventud y amores
Que es mejor que el aliento de las flores,
Pues lo más desabrido
Para el vulgar sentido,
Suele ser, para el alma, alma sustancia;
Y nada place tánto a amantes sabios
Como encontrar en ellas ignorancia
En farmacia de modas y resabios).

Volviendo a mi pareja matutina,
La que primero exhaló un ¡ay! debía
Traer al corazón temprana espina
Que atroz la desvelaba y la roía;
Y era, en efecto, una espinada rosa,
Pues pronto alzó la voz, y quejumbrosa
“¡Ay! esclamó, ¡cuánta es mi desventura!
“¡Quién pudiera borrar de mi mejilla
“Este vil carmesí que me tortura,
“Y darme la blancura
“Con que el jazmín mi preeminencia humilla!
“¡Quién pudiera usurparle su secreto!
“¡Sin tez de nieve no hay placer completo!”

Y el jazmín entretanto
Alzó también la voz mojada en llanto:
“¡Ay! ¡qué infortunio el mío!
“Quien me hizo blanco me hizo desgraciado
“¡Quién pudiera encender mi tinte frío
“Con aquel encarnado,
“Que es de la rosa orgullo y señorío!
“¡Quién su secreto por mi bien robara!
“Con rostro de carmín ¿qué me faltara?”

Un mono de un pintor que allí vivía
(Como el cuento exigía),
Y era en lengua de flores muy maestro,
Oyó la plañidera cantaleta,
Voló al taller, robóse la paleta;
Y tinta y brocha manejando diestro,
Embadurnó de blanco a doña roja,
Y de rojo el jazmín, hoja por hoja,
Y ésta y aquella flor con gran deleite
Diéronle gracias mil, huecas de orgullo
Y fragantes de aceite.

Ya estaba entonces claro, y los lectores
Podrán imaginarse qué murmullo
Cundió por los corrillos de las flores
Con novedad tan rara: malas bocas
Dijeron: “Estarán muy enfermitas”,
Y otras: “Se han vuelto locas”;
Y hubo no obstante algunas que admiraron
Con caras de benditas
Aquella trocatinta de colores.

El viejo Sol apareció en la escena,
Mas no amarillo, ni carmín, ni rojo,
Sino como un grande ojo,
Ojo toda la cara,
Y de cierto color de luz muy clara;
Pincel de Dios, ya tinto en mil colores,
Que de un brochazo el universo pinta,
Sin faltarle una paja ni una tinta,
Tal como estaba en días anteriores,
Salió pues, y qué cosa
Pensó de aquél jazmín y aquélla rosa
Que en negocios de brocha esa mañana
¿Le enmendaron la plana?
Ignoro a la verdad qué pensaría,
Cónstame sí, que las miró tan serio
Que a su mirar tremendo
Se fueron encogiendo,
Y antes de que sonara el midiodía
Ya estaban en sazón de cementerio,
Cadáveres andantes
Que iban cargando, con su tinte espúrio,
Sus propios ataúdes elegantes
De blanco y bermellón, –plomo y mercurio.

Las demás, las sensatas florecillas,
Rieron sin piedad a sus costillas;
Sus cantores amantes
Que ebrios de miel las arrullaban antes
Escondiendo el piquillo en sus corolas,
Frunciéronse ora al acercarse, al verlas,
Y las dejaron divertirse solas.
Pronto las infelices ya no hacían
De su disfraz ni el más pequeño alarde:
Trataban de esconderse, y no podían;
Trataron de enmendarse, y ya era tarde.
Y en cuanto al mono, que pensó un momento
Cultivar día por día su talento
Tiñendo flores de albayalde y rojo,
Vio que aquellas dos el escarmiento
Libraba a las demás aun del antojo,
Y abandonó el pincel… Mas no lamentes,
Caro lector, su artístico abandono,
Pues pronto halló que en este mundo hay gentes
Con menos sesos que una flor o un mono;
Consagróse a las damas nuestro mico,
Y, como éstas pagaban, se hizo rico.

LAS MASCARAS

(Esencia de la fábula anterior)

Una rosa y un jazmín
Lloraban de esta manera:
-¡Quién cual jazmín blanca fuera!-
-¡Quién cual rosa carmín!-

Oyó el mono de un pintor
Tal quejumbre, y no sé como,
Untando mercurio y plomo
Trocó de ambas el color.

Vino el sol, que aunque no diestro
Como el mono en la arte mímica,
Es en pintura y en química
Insuperable maestro;

Y observando aquellas máscaras
Las miró con cierta risa,
Que las fue dejando aprisa
Arrugadas como cáscaras.

Mucho rieron de aquel chasco
Las demás juiciosas flores;
Los galantes ruiseñores
Evitábanlas, de asco.

Y aunque al fin escarmentadas
Lo advirtieron las babiecas,
Ya era tarde, estaban secas,
Y eran tumbas blanqueadas.

Flor que cambia su color
Sólo a sí misma se engaña;
Y ¡ay! si el color tanto daña,
El ridículo es peor.

La ley de Dios es celosa;
Y aire, luz, agua, ejercicio
Son los pintores de oficio
De la dama y de la rosa…

A UNA MAESTRA

Cuando te veo al frente de tu escuela
Como entre sus legiones el caudillo,
Llenando tu sublime curatela
Con tanto aplomo y eficacia y brillo,
Mientras frívola y hueca demisela
Burla tal vez de tu vestir sencillo,
Yo al juguete del hombre miro en ella,
Y a ti a su reina, doblemente bella.

EL GRANO Y LA PERLA

Un grano de arroz casó
Con una perla de Oriente,
Y blanco, terso, esplendente,
Cual la perla, se volvió.
Bien la hermosa comprendió
Que él, aunque pobre y sencillo
En opinión del bolsillo,
Era en bondad un joyel,
Y quiso, unida con él,
Darle su rango y su brillo.

LA ROSITA BLANCA

La rosita encendida
Se volvió blanca
Por vivir entre un nicho
De la barranca,
Do el sol no llega
Ni el cielo su agua esparce,
Ni el viento juega.

Un ruiseñor, que andaba
Buscando flores
Escondidas al pico
De otros cantores
Dio con la ermita
Donde estaba reclusa
Nuestra rosita.

“¡Ah! exclamó, al fin te encuentro,
Sé tú mi esposa,
“Dame tu almíbar puro
“¡Cándida rosa!”
Besóla ufano
Y ¡oh! descubrió en su cáliz
Atroz gusano.

Allí no penetraban
Picos amantes,
Ni aquellos elementos
Vivificantes,
Mas sí el insecto
Que a escondidas devora
Lo más perfecto.

Abierta al sol y al agua
Y aire del cielo,
De avecillas benignas
Bajo el desvelo,
¡Qué hermosa fuera!
Ningún torpe gusano
La consumiera.

LA GOTA DE AGUA

Al soplo de terrífico chubasco,
Alboratada lid del mar y el viento,
Onda espumante en sacudón violento
De agua una gota rebotó a un peñasco.

-“¡Ah! la gota exclamó: ¡por fin respiro!
“¡Feliz quien vive aparte y quieto y solo!
“Ora sí, ruja el mar y tiemble el polo,
“Yo desde aquí pacífica los miro…

“¡No ya conmigo jugaréis tirana,
“Mar caprichosa, ingobernable, impía!
“Divertíos con otras; yo soy mía,
“No más la ajena insensatez me afana”.

En esto el cielo abrió, y el sol sediento
Rápido a la filósofa escamota.
Aun viviera en el mar la pobre gota;
Mas solitaria se secó al momento.

UNICO ARGUMENTO

¿Y aún dudas tú, vida mía,
De la loca idolatría
De tu Antonio?
-Sí, señor, y dudaré
Mientras no proponga usté
Matrimonio.

LOS HONGOS

A coger hongos fue Margarita,
Y alborozada cuando volvió
Dijo a la madre: “¡Míra, mamita,
“Qué hongos tan ricos te traigo yo!
“Rojos, brillantes como escarlata,
“Y engalanados de perlas mil;
“No como aquellos de Liberata,
“Pardos, comunes, de aspecto vil”.

-“Hija, ¡cuidado! que estos tan bellos
“Son un veneno traidor, mortal;
“Y nunca pruebes sino de aquellos
“Que por defuera parecen mal.
“Lo mismo pasa con muchas cosas:
“Pues siempre el necio supo admirar
“Vicios y faltas esplendorosas;
“Y el bien modesto menospreciar”.

EL GLOBO Y LA GALLINA

Desde un corral, sin pasajero a bordo,
Débil de complexión, de vientre gordo,
Primer ensayo en física aerostática
De unos dos memoristas en gramática,
Estaba a punto de soltarse al viento
Un globo henchido de aire y de contento,
Cuando, viendo a su alcance a una gallina,
Habló y le dijo: “Venga usted, vecina;
“Le ofrezco gratis cómodo pasaje
“Para emprender en mi canasta un viaje.
“Respirará la atmósfera más pura,
“Verá la inmensa tierra en miniatura,
“Y del cóndor adelantando el vuelo
“Podrá tomar para corral el cielo,
“Y en lugar de maíz, prosaica dieta,
“Comerá estrellas, plato de poeta.
“Allá contará usted con larga vida
“Lejos del hombre, atroz gallinicida;
“El buitre quedará muy por debajo”
“Que antes los dos seremos su espantajo;
“Y en fin, buscando sólo su acomodo,
“Me comprometo a complacerla en todo.”

A invitación tan generosa y fina
Contestó lo siguiente la gallina:
-“Agradecida por su oferta quedo,
“Pero confieso a usted que tengo miedo,
“Porque hablando clarito, me presumo
“Que un individuo lleno de aire y humo
“Y que me brinda estrellas por comida,
“Debe ser mal patrón para esta vida,
Ver a mis pies los buitres y los montes,
‘Y tener por corral los horizontes,
“Deben ser cosas, para vistas, bellas;
“Pero… amigo… ¿a qué saben las estrellas?
“Mis alas son, para volar, muy malas,
“Mas lo poco que vuelo es con mis alas,
“Mientras que usted (aunque gentil me ofrezca
“Todas las gollerías que apetezca),
“Como su vuelo es al capricho de otro,
“Y de qué otro ¡el viento! cualquier potro
“Menos desconfianza me inspirara
“Pues, caso de caer, no reventara.
“Siga siendo el maíz mi vil sustento;
“Parta usted solo ¡oh tren del firmamento!
“Engulla estrellas al festín de Apolo,
“Y hártese dellas y reviente solo”.

Esto es bien claro: y sin embargo, hay bobos
Que ya en lo mercantil, ya en casamiento,
Se embarcan para el cielo en vanos globos
Henchidos, no de poesía: de viento.

LICORES Y BOTELLAS

Casó una linda muchacha
Con un galán más que feo,
Y sus ex-galanes todos
Coléricos la riñeron:
“¡Cómo es posible! -decían-
“¡Esto está clamando al cielo!
“¡Ver a un lirio atado a un cardo.
“Un serafín a un espectro!”
Ella, modesta y sesuda,
No les hizo ni un mal gesto,
Que en almas llenas de dicha
No caben resentimientos;
Y además, los desechados
Disfrutan del privilegio
De ser, en módicas dosis,
Impertinentes y necios,
Díjoles tan sólo: -“Amigos,
“Mi razón es mi secreto;
“Mas ya que, por lo que escucho.
“Tánto os importa el saberlo,
“Venid a comer mañana
“Conmigo y mi esposo y dueño;
“A la mesa os diré todo
“Y os marcharéis satisfechos”.

Vinieron. Viandas magníficas
Por su costo y su aderezo
Poblaban la arena cándida
Del bucólico torneo;
Y, como oficialidad
De aquel pacífico ejército,
Vinos en ánforas varias
Descollaban pintorescos.
Algunas de esas (que en prosa
Botellas son, si no en verso)
Eran de ruin material
Y de artífice grosero;
Pero los más atraían
Como al pajarillo el cebo
Con sus formas y sus tintes
Y cristalinos reflejos.
Llegado su turno a Baco
Venus dijo: -“Caballeros,
“Cada cual manda en su gusto,
“Servíos al gusto vuéstro”;
Y obedeciendo solícitos
Tan cómodo mandamiento,
Al capricho de los ojos
Manos y copa dirigieron.

“¡Qué Jerez” -dice pianísimo
Juan a Luis, “¡es un descrédito!”
Y Luis respóndele: -“Cállate,
“Que el tinto raya en herético”.
Y al tiempo mismo murmúrale
Pedro a Blas: -“¡Qué Oporto! Es pésimo”,
Y Blas replícale: -“El Málaga
Pudiera servir de emético”.

La señora interrumpió
Este diálogo indigesto
Diciendo: -“Quizá esos vinos
No os dejarán muy contentos”.

-“¡Qué! respondiéronla todos-
“¡Son excelentes”. “Soberbios!”
“¡Inmejorables”. “Magníficos!”
“Néctar puro”. “Sabe a cielo”.
-“¡Ah! -epúsole- vosotros
“La errásteis de medio a medio;
“Habéis vertido los malos
“Y desechado los buenos.
“Haced a un lado esas lindas
“Botellas que os sedujeron
“Y probad de aquellos barros
“Condenados a destierro…”
Cataron, y entonces sí,
Con un entusiasmo auténtico
Exclamaron esos mismos,
Políticos embusteros:

-“¡Es verdad!” -“Hemos mentido”-
-“¡Esto es vino!” -“¡Ni el Falerno!”-
-“¡Esto multiplica a un vivo!”-
-“¡Esto resucita a un muerto!”-
-“Esto explica la embriaguez”-.
-“Yo también, ya la comprendo”.-
-“¡Néctar envasado en barro!”
-“¡Oro, de tierra cubierto!”

-“¡Señores -dijo la hermosa,
“Saboread mi secreto:
“Ese vino es mi marido,
“Que idolatro y que venero.

“El alma es el hombre. El alma
“Le da su rango y su precio.
“¡Feliz quien supo elegir
“Viendo el licor y no el tiesto!

LAS MUESTRAS

A cuantas muchachas miro
Divido en dos clases yo,
Las primeras dan la dicha,
Las otras la diversión.

No prueban nunca el amor,
Estas, que viven de amores,
Y son flores sin perfume,
Cómicas sin corazón.

Aquellas -entre las cuales-
Siempre el sensato escogió,-
Creen y adoran en un hombre
Lo mismo que en sólo un Dios.

Son frutas que maduradas
De inocencia y fe y razón,
Entre el cristal, guardan todo
Su rico aroma y sabor.

Cuando la muestra de un género
Llamó al tropel la atención,
Se va el surtido, y la muestra
Colgadita se quedó.

Ajada muestra que vimos
Al camino, al polvo, al sol,
¿Quién te quitará ese polvo?
¿Quién te volverá el color?

EN EL MERCADO

¡Suntuosa vulgaridad!
¡Qué de oro, perlas, diamantes,
Elocuentes, deslumbrantes
Como su frivolidad!

¿No hay más en casa, ya sean
De tu abuela o de tu prima?
Ve a buscarlos, que da grima
Que no estén donde se vean.

Vete, y vuélve bien cargada,
Para que más me intereses,
Que así valdrás lo que peses
Ya que sin peso eres nada.

Sazóna tu insipidez,
Dóra el magnífico loro,
Que siendo el anzuelo de oro
Algo atraparás tal vez.

Con ojos de mercaderes
Unas a otras os miráis
Las mujeres; y pensáis
Que somos también mujeres.

LA ELECCION DEL BUQUE

¿Quién para ir al través del Océano,
Pudiendo prevenirse cauto y lento,
Ruin barco elegirá, que el mar y el viento
Presto han de hundir en su rebote insano?

¡Ay del que en este piélago mundano,
Con la pasión por vela y bastimento,
En el bajel Placeres de un momento
Cándido embarca el corazón lozano!

Amad lo que no muere y nunca hastía,
Dad a el alma el timón, e ídle acopiando
Provisión de placeres inmortales.

Y al agotarse los demás un día,
Veréis, bajo las nieves invernales,
Joven y amante el corazón bogando.

LOS DOS REMEROS

I

De la orilla floreciente
De la alegre juventud,
Bajo un cielo azul, sereno,
Sobre un río manso, azul,
Una barca se desprende,
Cual la nota de un laúd
Con dos jóvenes remeros
Y una vela en una cruz.
Coronados van de flores,
Frescas, vírgenes aún;
Cariñosos los amigos
Les dirigen tierno agur;
Y en su barca los regala
Con etérea pulcritud
De seráficos deleites
Suavísimo ambigú,
El banquete de dos almas
Que en nupcial beatitud
Forman juntas una vida,
Y una llama y una luz.
Acarícianse imanados,
Cual la rosa y el bulbul,
Y hechos uno, sus dos nombres
Se convierten en un tú.
Van mirándose y remando
Con acorde tan común,
Cual dos bocas que se besan,
Cual la dicha y la virtud;
Y tan muellemente avanzan
De auras y olas al runrun,
Que parecen, barca y bogas
En estática quietud,
Dicen siglos de contento
Sus miradas, y ese agur
Lo confirman un casto abrazo
A la sombra de esa cruz,
Santo mástil que del viaje
Garantiza el serio albur
Mientras remen tan acordes
Cual la dicha y la virtud,
y que anuncia el puerto eterno
Donde irán, juntos aún,
Transbordados por la muerte
A otra barca, el ataúd.

II

Ella calla, y él no entiende
Su silencio de mujer;
El se agravia, y en su agravio,
Tampoco ella su amor ve.
Y ella aparta dél los ojos
Para no dejarle ver
Una lágrima que asoma,
Que aunque es llanto, de amor es.
Y esa angélica vergüenza
De su iluso azar primer
El traduce por desprecio
Y devuelve con rudez.
El amor -mayor que nunca-
Enmascárase cruel,
La sonrisa torna en risa,
Y el sabroso en usted.
Ella canta un aire al aire
Por no cantárselo a él,
Y acaricia a un pececillo
Por no ser su amado el pez;
Y festivo el aire entonces
Suelta un rizo de su sien,
Y en su mano el pez goloso
Busca alegre blanda red.
Y él la insulta, y en su orgullo
Ajalo ella con sus pies,
Y él reniega de aquel día,
Y ella gime por ayer,
Y se apartan cuando el alma
Un abrazo implora fiel,
Y no se hablan, cuando entrambos
Corazones claman ¡ven!
Y ambos rostros son de hielo
Cuando el río, todo él,
No pudiera con sus aguas
Apagar su amante arder
………………………….…
Ya no reman cual remaban
Tan acordes y tan bien,
Y en lugar de adivinarse
Obediente su querer,
Basta que ella vire al Norte
Para que él al Sur bordee,
Y en queriendo algo al derecho
El prefiérelo al revés.
Ella, que antes hizo a bordo
Mesa, fuego, altar, vergel;
Ella, fiesta permanente,
Sol constante de placer,
Ya descuida esos amores
En que un sólo amor se ve,
Y a la par también descuida
Su timón el timonel.
Ni ella pule ufana y cándida
Para el dulce sólo bien
Aquel rostro, espejo diáfano,
Do él pulíase a su vez.
Y hasta un tierno pajarillo,
Embeleso della y dél
Que envió el cielo cual paloma
De su arca y de su fe,
Hoy sin mimos ni cuidados
Pía en vano de hambre y sed,
Y ha olvidado sus dos nombres
Que Cantaba ufano ayer.
Ella sufre horrendas penas
En colérica mudez,
Sin contarlas al que sabe
Convertirlas en placer;
Y él, adusto timonero,
Cual soldado sin su pre,
Trabajando y detestando
Su antes plácido deber,
Hoy no acude a quien de rosas
Coronábalo y laurel,
Transformando en paraíso
El Sahara de su sien,
A esa fuente milagrosa
Más sabrosa que la miel,
Que doblaba cada día
Su energía y su poder.
Así dos que se aman, se odian
Sin saber ni haber porqué,
Y sus lazos son cilicios
Y un infierno atroz su edén.
Y pues reman sin concierto,
Más discordes, cada vez,
La barquilla no adelanta
O anda loca, de través,
Y arreciendo a cada golpe
Su fatídico vaivén,
Al fin vuélvese, y sepúltase
Uno y otro Lucifer;
Y el cuitado pichoncillo
(¡Se olvidaron, monstruos, dél!)
Va flotando a la ventura
Sin la estrella de Moisés.
Aún asoma en aquel punto
La cruz santa, el mástil fiel,
Avisando que hay peligro
Y diciendo al que la ve:
“No deis remo al amor propio,
“Que es pueril insensatez.
“Todos llegan a buen puerto
“Con amor, paciencia y fe”.

LA FILOSOFIA DE LA COCINA

Huevos, azúcar, grasa, leche, Harina,
Harina, leche, grasa, azúcar, huevos,
¡Cuánto manjar, sin fin, viejos y nuevos
Surgen de ese quinteto en la cocina!

La obra es la mano. Así cual la Divina
Que, en Hugo arañas transfigura en Febos,
Manos hay que hacen néctares de sebos,
Y otras un bodrio vil de ancha gallina.
Así el numen magnífico, un diamante
Extrajo de un carbón siempre que quiso;
Y el miserable, de un diamante un cuerno.

Y una índole feliz así es bastante
A transformar un chozo en paraíso;
Y una mala, un edén en un infierno.

LA EDUCACION ES LA FUERZA DE LA MUJER

(Discurso dirigido a una Directora)

Si la instrucción es necesaria al hombre,
A la mujer no es menos necesaria,
Pues ella, como madre forma al niño
Con la preciosa educación temprana;
Ella, entre halago y risa le insinúa
De Jesús la vivífica palabra,
La de Dios mismo, que habla por su boca,
La que alzó el universo de la nada:
Y esa primera educación semeja
El rocío del alba, que a las plantas
Ayuda aun más que el sol del mediodía,
Más que la tarde con sus frescas auras.

Si es débil la mujer, ¡Cuánto mas débil
Hácela entre nosotros la ignorancia,
Fuente del ocio, madre del hastío,
Y de pobreza y desamparo hermana!
¿Qué es aquí la mujer cuando el apoyo
De un padre fiel la muerte le arrebata,
Cuando no tiene hermanos que la mimen
Y toda digna protección le falta?
¿Qué la mísera viuda entre nosotros
Cuando de tiernos hijos circundada
No sabe defenderse y defenderlos
De los peligros que en contorno amagan?
¿Cómo podrá velar por su familia
Si ni en sí misma tiene confianza,
Y sólo sabe que es mujer y es débil,
Sin más educación que su criada?
¿Si aunque sus intereses y derechos
La ley proteja, es incapaz de usarla.
Y por preocupación y por costumbre
La que nació mujer se estima en nada?

No hay entre su aptitud y sus deberes
Equilibrio posible en su ignorancia;
A su buen corazón le faltan medios
De obrar, y en vano se desvive y ama.
Es como un general cuyos soldados
Sus hijos son, y encuéntrase en campaña
Con la inercia o piedad del enemigo
Por único armamento y esperanza.
Cuando la madre es ignorante y débil
Pueden los hijos tiernamente amarla,
Mas no conseguirá que la obedezcan
Lo que ella incierta y temerosa manda.
La mujer de un Nerón o de un vicioso
Suele ser una mártir, una santa,
Que cree que todo su deber consiste
En aguantarlo como humilde esclava:
Así en nodriza y pábulo del vicio
La infeliz se convierte, y cree que gana
Méritos para el Cielo cuando afirma
Con su inacción la perdición de su alma.
Si, al contrario, en sí misma y en las leyes
Y en el resto de amor que acaso guarda
El bruto aquél y en la sanción ajena
Un poco más la mártir confiara,
Pudiéralo volver al buen camino
Haciéndole purgar el que llevaba,
O librara a sus hijos y a sí misma
De la insufrible, incorregible plaga.

Y su deber ¿cuál es? La ley de Cristo
¿Qué le prescribe? Gobernar la casa;
Y al mirarlo, aunque incrédulo, sumisa,
Probar si amor y sumisión lo ganan.
Pero en el vicio, nadie a servidumbre
Está sujeto; el Cielo le prepara
De Helí el castigo, si imprudente o débil
A la prole común del mal no guarda.
Y a todos recatarnos nos ordena
Del que escandalizare; y si la vianda
Con el ebrio tomar, o el maldiciente,
O el que de ajena propiedad se alhaja.

Los hombres en el tráfago del mundo
El dardo embotan de la suerte ingrata;
Su misma actividad los fortifica,
Y del tedio letífero los salva.
El universo ante su vista extiende
Todos sus tentadores panoramas,
Si erraron un camino, emprenden otro.
Y si hoy cayeron, triunfarán mañana.
Lo extraño y vario de la suerte ajena
Estimulo les brinda y esperanza,
Y será culpa suya, y no del mundo,
Si alguna vez vencidos se declaran.

De la mujer la vida es más estrecha
Monótona, pasiva y solitaria;
Su infortunio es un huésped sempiterno,
Y es su mayor felicidad, amarga
Ella se juega entera en una suerte,
Y si la erró, no hay salvación humana;
Y sin embargo, a errar viendo que yerra
Su timidez la obliga y su ignorancia.
¿Qué hará con un espíritu vacío
Para llenar las horas de su casa,
Y entender el espíritu del hombre
Y ser su compañera y su guardiana?
¿Cómo ha de cautivar su índole inquieta
Y enamorar eternamente su alma
Cuando toda su gracia es su figura,
Y extinta esa ilusión no queda nada?
La ignorancia es insípida, y muy pronto
La insipidez deja sentirse, y cansa,
Y una vez que cansó, se hizo su dueña
Insoportable al hombre que idolatra.

La falta de instrucción y de cultivo
No sólo tales infortunios causa;
Que es asímismo fuente y alimento
De la maledicencia y chismografía
La mujer que al estudio se aficiona
Y abrió al fin de su espíritu las alas
A admirar en sus dones y portentos
La omnipotente diestra soberana;
La que del Universo la armonía
Vio a la luz de la ciencia, y en la vasta
Procesión de la historia el triste juego
Del egoísmo y vanidad humana;
La que ha logrado de las Artes Bellas
Sentir la magia enaltecente y casta
Y penetrar en el santuario excelso
Do el Sanzio pinta y Palestrina canta;
La que de una Staél apreciar supo
La crítica profunda y delicada,
Y de Rosa Bonheur los lienzos puros,
¡Virtud y poesía en aire y vacas!…
Esa mujer ya es sorda a las hablillas
Ociosas y ridículas que a tantas
Sirven de ocupación; esa ya es muda
Para mofarse atroz de sus hermanas;
Esa sí puede acompañar al hombre
Entrando en el santuario de su alma,
Y serle fiel, porque la sangre en ella
Nunca al activo espíritu avasalla.
Puede hacer rico el más modesto nido
Con la magia del arte y de la gracia,
Y reinar dignamente en su familia
Y dar nombres ilustres a la Patria.
Ya ella aprendió que la mujer no es débil,
Que su debilidad es su ignorancia,
Y que Teresa y la Isabel primera
Modelos son de santos y monarcas.

Pero aquí en vuestra noble Directora
Veo la prueba mejor de mis palabras:
Su virtud e instrucción la han hecho fuerte,
Seguid su ejemplo: con su ejemplo basta.

LA OBRA DE LA MUJER

(Discurso de una señorita alumna, dedicado por ella
al señor doctor Eustorgio Salgar).

I

Dice un refrán que “Dios quiere
“Lo que quiere la mujer”,
De donde a mi ver se infiere
Que importa que considere
Qué es lo que debe querer;

II

Pues si blanda influencia
No es nula en la sociedad
Ni ingrata a la Providencia
Fuera cargo de conciencia
No ilustrar su voluntad.

III

Los hombres suelen decir
Que la mujer ciertamente
Influye en su porvenir;
Y el hombre, por consiguiente,
Debe enseñarla a influír.

IV

Para que, sin pretensiones
De ser mejores que él,
Depuremos sus pasiones
Y alcemos sus ambiciones
A más excelso nivel.

V

Así recordaros quiero
Que de la mujer el bien
Es el bien del mundo entero,
Como fue su error primero
La perdición del Edén;

VI

Y que todo el que se ufana,
Libre de necio egoísmo
Por mejorar a su hermana,
Recoge el fruto mañana
Mejorándose a sí mismo.

VII

Cuentan (no sé si es verdad)
Que más de una plaga horrenda
Cunde en nuestra sociedad,
Plaga que no admite enmienda
Sin menguar la libertad.

VIII

Que en las horas de expansión
El hogar está desierto
Y desairado el salón;
El buen gusto en desconcierto
Y hecho hueso el corazón.

IX

Que las nobles Artes Bellas,
Encantadoras estrellas
Que al hombre apartan del vicio,
Ceden el campo a querellas
Y artes de inmundo ejercicio.

X

Que ya la gente de humor
No se divierte como antes,
Y que hay muchos que en la flor
De la vida y del honor
Son cadáveres andantes.

XI

Está indemne hasta la fecha
El femenil dulce bando
Pero el fuego harto la estrecha;
Y tócale ir a la brecha
A salvarse peleando.

XII

Ejercer con decisión
Contra aquel doble dragón
Todo el influjo que alcance,
Y aun presentándose un lance,
Fulminar su excomunión;

XIII

Poner a prueba el poder
De su propia dignidad,
Y antes que víctima ser
Demostrar que en la mujer
No hay sólo imbecilidad.

XIV

Que a donde la Ley no llega
Llega el Amor ilustrado,
Que no sólo llora y ruega
Sino que también deniega
Sus glorias al depravado.

XV

Y así cual la acción suave
Del calor y de la luz
Viste el bosque, empolla el ave
Y crear y destruír sabe
Mejor que ley y arcabuz.

XVI

El amor bien entendido
Podrá en las débiles manos
De nuestro sexo abatido
Hacer cuanto no han podido
Las leyes ni los tiranos.

XVII

Bendiga Dios la instrucción
Que en cualquier vicisitud
Ensancha nuestra aptitud
Para imponer la razón
Y practicar la virtud.

XVIII

Y nosotros cada día
Reconozcamos ufanas
La santa filantropía
Que en transformarnos confía
En útiles ciudadanas.

XIX

Y honra eterna al magistrado
Que marcó rumbo el primero
Al sublime apostolado
Que nos conduce al Dorado
Del oro imperecedero.

XX

Pues religión y moral,
Y arte, y ciencia, y fuerza, y galas,
Del horizonte social,
Volarán con estas alas
De la instrucción general.

CONTESTACION A UN AMIGO

Tu carta, Juan, recibí,
Y tus refranes leí,
Y aunque en saberlos me ganes,
Contestaré con refranes
Ya que lo quieres así.
Me dices en tu misiva
Que en amar a una mujer
Tu felicidad estriba,
Y que quieres que te escriba
Diciéndote qué has de hacer.

Procúra, Juan, que ella te ame;
Pero si te pone trabas,
Justo es que a tu oído exclame:
-Si en tu casa cuecen habas…
El buey suelto bien se lame.

Pero si te ama la chica,
Cásate, pues siendo rica
Te diré en buen español:
-Cuando llueve y hace sol…
Sarna con gusto no pica.

No seas tan insensato,
Y pues en eso no hay yerro,
Dirás, dándote buen trato:
-Tajada que lleva el gato…
Pierde pan y pierde perro.

Vive contento y ufano
Mientras tu amor satisfagas,
Que es un refrán castellano,
Que el que está hecho a bragas…
Amanece más temprano.

Serás feliz de seguro;
No mi consejo te enoje,
Pues aunque el trance es de apuro,
Quien bien tiene y mal escoge…
A buen hambre no hay pan duro.

¡Cómo vas a disfrutar!
Yo, Juan, aunque poco valgo,
Sé bien que para gozar,
No por mucho madrugar…
De casta le viene al galgo.

Pronto mi consejo tóma;
No esperes a que te diga
La gente en tono de broma:
Que en nombrando al ruin de Roma…
San Pedro te lo bendiga.

Cásate, amigo, estimado;
No más disparates hagas,
Pues ya sabes demasiado
Que a caballo regalado…
Las costuras le hacen llagas.

Hoy, Juan, como en otros días,
Comparto tus alegrías,
Tus dudas y tus afanes,
Y basta ya de refranes,
¡Y basta de tonterías!

LOS URDI-MALAS

Filino el toro asa-gente
Inventó.
Fálaris lo halló excelente
Y con Filino, en caliente,
Lo estrenó.

Pereció en la guillotina
Guillotín;
Y toda invención dañina,
Contra aquel que la imagina
Vuelve al fin.

EL AGUA Y EL JABON

-¡Ay! qué mugriento vienes,
Dijo el Agua al Jabón.
-Sí, dijo él: quien se ensucie
No se haga lavador.

EL HALCON Y LA GALLINA

-“Eres la más ingrata criatura”,
Apostrofó el Halcón a la Gallina.
-“Pero ingrata con quién?” -“¡Calla, mezquina!
“Con quien te da corral, grano y holgura.
“Y después, si esa mano generosa
“Te quiere acariciar lo olvidas todo,
“Y alharaquienta y con grosero modo
“Como de un enemigo huyes medrosa.
“Yo que nada les debo mientras vivo,
“Yo que salvaje de carácter soy,
“Coger me dejo y do me mandan voy
“A la menor caricia que recibo”.

“-Eso es verdad, dijo ella; y a mi juicio
“Ambos tenemos sólidas razones:
“Tú nunca viste al hombre asando halcones,
“Mientras que asar gallinas es su oficio”.

EL CIEGO

En una noche muy oscura
lba un ciego con una linterna en la mano,
Y alguien pasa y murmura:
“¡Vaya un tonto! ¿de qué le sirve eso, paisano?”

Y respóndele: -“Amigo,
“Para que otro más sabio no choque conmigo”.

EL VIOLIN ROTO

Cayó al suelo un mal violín,
Y añicos lo hizo el porrazo;
Mas pedazo por pedazo
Restableciéronlo al fin.
Y ¡rara casualidad!
El vil resultó excelente.
¡Qué escuela tan conveniente,
Suele ser la adversidad!

LA PALOMA Y LA ABEJA

Viendo que estaba ahogándose
Una abejita,
Una paloma tierna
Se precipita,
Y en una rosa
Que le lleva en el pico
Sálvala airosa.

Poco después la abeja
Vio que en la loma
Un cazador apúntale
A la paloma.
Vuela: en la mano
Pícalo atroz, y el tiro
Tuércese vano.

No hay ser tan miserable
Que nunca pueda
Pagarnos un servicio
Que en su alma queda;
No hay mayor goce
Que el de probar que el alma
Lo reconoce.

EL PERRO

Tipo de amigo leal
Es el perro; ningún bruto
Da al hombre más fiel tributo,
Más heroico y liberal.
Mas no hay que pagarle mal,
Pues con la miel de su amor
Se hace el tósigo peor,
De lo cual infiero y digo
Que si ofendéis al amigo
No habrá enemigo mayor.

LA OFERTA ENGAÑOSA

“Para el que sea dichoso”.
-Así en la puerta de un jardín hermoso
Escrito se leía.
“Para mí entonces”, murmuró contento
Un pasajero al verlo; y al momento
Al dueño del jardín sus pasos guía.
-“Señor, le dijo alegre, aquí está el hombre
“Contento de su suerte; y por lo tanto
“A deciros mi nombre
“Y a ocupar mi finquilla me adelanto”.

-“No hay caso, amigo, contestó el ladino
“Ofrecedor; no tiene usted derecho;
“Pues no es feliz yo opino
“Quien no esta con lo suyo satisfecho.
“Conque… vuélvase usted por donde vino”.

EL JOROBADO

La desgracia es fortuna,
La fortuna es desgracia,
Pues el Señor, sin excepción ninguna,
Compensa todo en su infinita gracia.

Al que dichoso nace
Y entre delicias crece,
Pronto ningún placer le satisface
Y en la flor de sus años envejece.

No de alto te envanezcas,
Ni de bajo maldigas;
Tal vez no hay mal que luégo no agradezcas,
Ni bien que no te cause agrias fatigas.

El amor cuesta llanto;
Con oro hay pobres vidas,
Y si los reyes no subieran tánto
No se dieran tan trágicas caídas.

Eranse dos hermanos
Que todo era hablar dellos,
Bellos, graciosos, fuertes y lozanos
Y muy mimados dondequier por bellos.

Y otro hermanito había,
Jorobado, antipático,
Al cual nadie halagaba; y lo reñía
La cocinera misma en tono enfático.

Y como los primeros
Eran tan consentidos,
Resultaron solemnes majaderos
Y para toda vocación perdidos.

Dieron en caprichosos,
En vanos e informales;
Las faldas los volvieron perezosos,
Y la pereza los Plagó de males.

El jorobado en tanto,
Hallando al mundo esquivo,
Se hizo sabio en la escuela del quebranto,
Y tuvo en él benéfico incentivo.

Vio que la vida es seria,
Y se armó muy temprano
Para no errar en la engañosa feria
Y luchar con los hombres mano a mano.

Lidió bien su batalla,
Trazóse ancho camino,
Rápidamente fue ganando en talla,
En opinión del sastre y del vecino.

Paró en graciosa aquella
Giba que tánto lloro
Causóle un tiempo; y susurraban della
Que era un costal repleto de onzas de oro.

EL PERRO Y EL CONEJO

(Compuesta en verso por Napoleón I en la Escuela de Brienne).

César, perro de muestra bien famoso,
Mas vano y jactancioso en demasía,
Arrestado en su albergue mantenía
A un conejillo exánime de susto.
-“¡Ríndete!” le gritó con voz de trueno,
Que hizo temblar la población del bosque,
“Quien te habla es César; de mi nombre augusto
“Todo el mundo está lleno”.

A este gran nombre conejín tirita,
Y encomendando a Dios su alma contrita
Asomó la nariz desde su encierro,
Y con trémula voz preguntó al perro:
-“¡Señor Excelentísimo!
“Sírvase Usía al menos informarme,
“Si yo me rindo, ¿cual será mi suerte?”
-“La muerte”, dijo el can -“¡Qué oigo! ¡matarme!
“¿Y si huyo?” -“Claro está, también la muerte”.
-“¡Ah! replicó el inerme animalillo,
“Que vive del tomillo,
“Puesto que perecer siempre me toca
“Dígnese perdonarme Su excelencia
“Si trato de escapar de tal sentencia”.
Y con la última sílaba en la boca
Abandonó la plaza
Y huyó, cual cumple a un héroe de su raza.
Catón lo condenara; mas yo digo
Que hizo muy bien, como que al verlo en fuga
El listo cazador, jefe enemigo,
Alza el alma, prepara,
“Le apunta, le dispara
Y… muere el perro; y conejín se muda.

Aquí el buen Lafontaine añadiría:
Ayúdate tú mismo y Dios te ayuda.
-Y esta moral me cuadra: esta es la mía.

EL JABALI Y EL GAMO

Aguzando mañoso los colmillos
Contra un robusto pino el Jabalí
Interrógale el Gamo: -“¡Hola! ¿qué piensas?
“No hay que temer; ¿por qué afanarte así?

“Si estuviese a la vista el oso, el lobo,
“Entonces santo y bueno: hay para qué;
“Pero entretanto pasarás por necio
“Y haces reír a todo el que te ve”.

-“El necio serás tú, responde el otro.
“Ahora es la ocasión; mas tarde nó.
“Cuando aparezca el lobo y me acometa
“¿Que tiempo para armarme tendré yo?

Tal obra el sabio: para todo evento
Muy de antemano se prepara bien,
Y no aguarda imprudente a que ya listos
Los enemigos a su puerta: estén.

LA PULGA SIBARITA

Pulga que a fondo en la lana
De la cobija se mete
A echar, después del banquete,
Su siesta de musulmana,
No escapará en la mañana
De las uñas de su suerte,
Pues sabrá, cuando despierte
Y un desperezo acaricie,
Que siempre fue la molicie
Dulce trampa de la muerte.

EL RATON ENVINADO

Ingeniándose andaba un ratoncillo
Para hacer su despensa, por el cuarto
De cierto aficionado a alzar el codo,
Cuando dio un paso en falso, y cayó el pillo
Dentro de un cántaro abierto
De no sé qué licor; y, fue de modo
Que su naufragio era inminente y cierto:
Exquisito tal vez para un beodo
Mas no para el ratón, pues de tal vicio
Nunca, hasta entonces, dio el menor indicio.

Nadaba y chapoteaba y volteaba
Desesperadamente, y dientes y uñas
Gastaba sin provecho,
Arañando los cóncavos oscuros
De aquel sofocador aljibe estrecho,
Cuando ¡apuro de apuros!
Vio asomar por la boca la cabeza
De un gato negro, hambriento policía,
Que el raro estruendo a investigar venía.

Salvarse en apretura tan severa
No era ya la cuestión: la cuestión era
Cómo morir más tarde;
Y pues el brandy es brío del cobarde,
Y hace que entre enemigo y enemigo
Se hable o se riña pronto, boqueando
Dijo al gato el ratón: -“Péscame, amigo,
“¡Que me estoy a-ho-gan-do!
“¡Hola!” respondió el gato, “¡enhorabuena!
“Te sacaré al instante, más con una
“Precisa condición: que en redimido,
“Me servirás de cena
“Sin tentativa de evasión ninguna”.
Y el náufrago repuso: -“Convenido”,
Metió el micho la mano, el ratoncillo
Salió prendido della, y de contado
Que el salvador clemente
Procedió a introducirle su colmillo…

Mas sobrevino un caso inesperado:
Antes de hacer bocado
El gato estornudó furiosamente
(Primerizo en ratón en aguardiente);
Y arreció el estornudo de tal modo
Que se olvidó de todo
Por sonarse y fregarse las narices…
Y el candidato huyó por la tangente.

“¡Alto ahí! ¿a dónde vas?” gritóle al punto
Que logró abrir los ojos: “¡oye infame!
“¿No cumples lo que dices?”

-“¡Bah! respondió el presunto
Náufrago y colación de Su Excelencia.
“¿En dónde está tu ciencia y tu experiencia
“Si ignoras lo que reza el menos gato:
“Que de gente envinada
“No hay que fiar; que su palabra es nada
“Y ruinoso y pestífero su trato?”

LA LOGICA DE LA PASION

Convaleciente de una disenteria
Cierto glotón, su furia engullitiva
Tropezó con aquella alternativa
De afloja y tira de la vil materia
Con que frecuentemente se epiloga
Dolencia tal, por ella o por la droga.

Impaciente el doctor “temo que manque
“La curación”, airado al fin le ruge,
“¿Hoy por qué se hartó usted?” -Para que tranque,
Dijo el glotón-. “¿Y ayer? -Para que empuje.

Y así cree hallar un argumento justo
Cada pasión para seguir su gusto.

EL SERMON DEL CAIMAN

Largo, ojiverde y más feo
Que un podrido tronco viejo,
Pero veloz cual trineo,
A pesar del bamboleo
Con que anda el animalejo,

Iba un paisano Caimán
Más hambriento que alma en pena
Corriendo tras de un gañán
Que sorprendió de holgazán
A orillas del Magdalena.

Casi alcanzábalo ya,
Cuando ocurrió al fugitivo
Cambiar el rumbo en que va,
Pues si nó, no escapará
De un juicio ejecutivo.

Entonce a diestra y siniestra,
En zigzag trotó el patán,
Y fue táctica maestra,
Porque en girar no es muy diestra
La mole de don Caimán.

Este, colérico al fin,
Gritó al gañán: -“¡Hola, amigo!
“Eso es cobarde y ruín;
“Así lucha un malandrín,
“Mas no un hidalgo enemigo.

“Ande usted siempre derecho,
“Cual lo exige la virtud
“Y el honor de un franco pecho.
“Victoria sin rectitud,
“¿A quién dejó satisfecho?”

-“Aplaudo, gritó el zagal,
“Principios tan excelentes;
“Pero en lid de igual a igual
“Debes, según tu moral,
“Arrancarte antes los dientes”.

La virtud del monstruo aquel
Es la de todo malvado,
Provechosa sólo a él
Para enlazar su cordel
Al cuello del hombre honrado.

EL CAIMAN VENCIDO

Aquel gañán respondón
Que un Caimán llamó cobarde,
No echó en olvido el sermón,
Y a pagarle la lección
Volvió en su busca una tarde.

Trajo un asta bien labrada,
Con una porra o cabeza
De agudas puntas armada,
Cubiertas de una carnada
Que niveló su aspereza.

Encontró al predicador
Como aguardando su vuelta,
Y a ley de buen contendor,
Se le avanzó sin temblor
Con recta marcha resuelta.

Como el fierro hacia el imán,
Parte el monstruo; su bocado
Sácale al frente el gañán;
Boca enorme abre el Caimán,
Y muerde, y queda clavado.

El fin del Caimán te advierte
Que la razón es más fuerte
Que la vil fuerza brutal;
Y que su éxito final
No hay quien burle o desconcierte.

EL HOMBRE Y LA PULGA

Sorprendida in fraganti cayó la pulga un día,
Y cuando entre uña y uña llegó su hora fatal,
Dijo al verdugo, en tono que a un tigre amansaría:
“¡Perdóname, perdóname! ¡te hice tan poco mal!”

-“Es cierto, él le responde, tu picadura es leve,
“Mas no por eso esperes mitigue mi rigor;
“Muy poco mal me hiciste, mas ello se te debe
“A que te era imposible hacérmelo mayor”.

LA SERPIENTE CARITATIVA

(Traducido de don José M. Hurtado, distinguido
poeta de Londres).

Una astuta serpiente escuchó un día
Tierna avecilla que en su cárcel de oro
Lloraba ausente otro mejor tesoro,
Y el solitario encierro en que vivía.

Husmeó el reptil de dónde aquél venía
Limpio raudal de melodioso lloro,
Y resbalando hasta el cantor sonoro,
Se ofreció a entrar y hacerle compañía.

Fascinado el sencillo prisionero,
Ayudó con el pico; y la serpiente
Coló, zafando la sutil gamella.

Sorbióse al pajarillo incontinente,
Pero tánto engrosó la traga-entero,
Que no pudo escapar, y allí quedó ella.

EL LOBO Y EL PASTOR

Un Pastor su rebaño perdió entero
De una peste horrorosa,
Y el Lobo en faz llorosa
Vino a darle su pésame el primero:
-“¡Será posible desventura tánta!
“¿Ni un cordero te resta?
“A nueva tan funesta
“¡Ay! el dolor me anuda la garganta”.
-“Mil gracias, señor Lobo, suspirando
“El Pastor le responde;
“Ya veo que usted esconde
“El compasivo corazón más blando”.

-“Mucho, muy blando, murmuró ladino
“El Perro del rebaño,
“Siempre que te haga daño
“El daño que padezca tu vecino”.

EL LOBO PINTOR

Garrote vil
; tal era la sentencia
Que sobre un Lobo criminal pendía
Cuando apeló llorando a la clemencia
Del que vengar sus víctimas debía;
-“Quiero purgarme en santa penitencia
“Y a pan y agua poner mi gula impía.
“No probaré más carne, te lo juro,
“‘Ni olvidaré jamás trance tan duro”.

Conmovido el Pastor dio libre al reo;
Y encontrando éste, a poco trecho andado,
Un cerdo que en sabroso chapoteo
En un pantano se revuelca echado;
“¡Cumplo lo dicho! exclama; y como veo
“Que eso no es carne ya, sino pescado,
“Puedo en conciencia hacer el sacrificio”.
-Y así respeta su palabra el vicio.

EL TAMBOR MONSTRUO

(Apólogo oriental)

Dijo un rey cierta vez: -“Quiero que me hagan
Un tambor sin igual, que hasta diez leguas
Se haga escuchar, estremeciendo el viento.
¿No habrá quién lo fabrique? Y sus ministros
-“Nosotros no podemos”, contestaron
-“Yo sí”, dijo Kandú, patriota insigne,
Que entraba en ese instante; “pero advierto
“Que costará un sentido el fabricarlo”.

-“¡Bravo!” repuso el rey, “no importa el costo”.
Y abrió a Kandú sus arcas, y en sus manos
Puso cuantos tesoros encerraba.
Kandú a las puertas del palacio al punto
Todas aquellas joyas y metales
Hizo llevar, y por solemne bando
De un extremo a otro extremo del imperio
Esta proclama publicó: “¡Vasallos!
“Su Majestad el rey, cuyas bondades
“Las de los dioses mismos rivalizan,
“Quiere desplegar hoy todo su afecto,
“Toda su compasión por la desgracia;
“Y del palacio manda que a las puertas
“Todos los siervos míseros ocurran”.

Pronto empezaron a llegar los pobres
Del reino entero, un saco a las espaldas,
Y en la mano un bordón; turba andrajosa
Que los pueblos del tránsito invadía
Y hacia la capital hormigueaba.

Pasado un año el soberano dijo:
“¿Qué hay del tambor?” -“Ya está”, Kandú repuso.
-“¿Cómo ya esta, si nadie lo ha escuchado?”
-“Señor, replicó aquél: dígnese pronto
“Vuestra Real Majestad dar una vuelta
“‘Por todos sus dominios, y hasta el último.
“‘Recóndito lugar oirá los toques
“Del gran tambor, que aun fuéra del imperio,
“‘De nación en nación van resonando”.

Listo el carro del rey, al sol siguiente
Púsose en marcha, y viendo con delicia
Que a todas partes se agolpaba el pueblo
Con furia de entusiasmo a recibirlo,
“¿Qué es esto? preguntó; ¿de dónde viene
“Tánto cariño y muchedumbre tánta?”
-“Señor, Kandú le respondió; ya un año
“Hace que me ordenásteis construyese
“Un tambor que a diez leguas de distancia
“Se hiciera oír. Pensé que un pergamino
“Nunca pudiera difundir muy lejos
“De vuestros beneficios el aplauso;
“Por lo cual los tesoros que pusísteis
“A mi disposición, en buenas obras,
“En víveres y ropas y remedios
“Me di prisa a invertir, para socorro
“De los más infelices del imperio.
“Les hice un llamamiento en vuestro nombre
“Y acudieron ansiosos a la puerta
“De los consuelos, como hambrientos hijos
“Al seno de la madre generosa.
“‘Hoy pues os lo agradecen, y sus voces
“De reconocimiento, dondequiera
“Que os presentéis, resonarán, y alcanzan
“Donde ningún tambor llegará nunca;
“Porque las buenas obras son las madres
“Del aplauso legítimo, y sus ecos
“En cielo y tierra eternamente vibran”.

LA FELICIDAD

Jugando con el hombre al escondite
Va la felicidad doquier que él anda,
Y él por doquiera, incitadora y blanda,
Oye su voz que Búscame repite.

Provocado al dulcísimo convite,
Por sendas mil en su ávida demanda
Lanzase, y vanamente anda y desanda,
Sin que escucharla ni anhelarla evite.

Sonda en pos della el fango libertino
Y espada en mano, o en la lengua el canto,
Al capitolio bajo palmas entra;

Y aún la oye y no la ve: llora el mezquino
Engaño tan cruel, y ella entretanto
Está en su corazón, y él no la encuentra.

LAS CRUCES

Lamentábase un hombre amargamente
Del peso de su cruz (pues no hay viviente
Que no cargue la suya),

Y el Cielo, de escucharlo al fin cansado,
Díjole: “Déja pues la que te he dado,
“Y escóge otra por tuya”.

Y al pie de la montaña el triste vino,
A la estación do cada peregrino
Su cruz y rumbo coge;
Y allí dejó la suya; y encontrando
Muchas donde elegir, las fue probando
Para ver cuál escoge.

Una entre todas, su atención sedujo
Por ser de oro macizo: cruz de lujo,
Pero cruz tan pesada
Que no la pudo alzar. Probó en seguida
Una con ramas de laurel ceñida,
Mas la halló ensangrentada.

Otra, que orlaban rosas peregrinas,
Hirió con agudísimas espinas
Sus hombros no muy sanos.
La cuarta, que adornaba áurea corona,
Castigó levemente su intentona
Quemándole las manos.

Otra pesaba poco; estaba hueca,
Y él exclamó regocijado -“¡Eureka!…”
Mas su seno escondía
Una víbora atroz que el diente fiero
Sacaba a cada paso del carguero,
Y a hurtadillas lo mordía.

Otra necesitaba de ayudante,
Que era su peso enorme, exorbitante
De aterrar a cualquiera.
Aspera, negra, dura como hierro,
Un lazarillo iba al costado; un perro
A la punta trasera.

Y así las fue excluyendo una por una;
Y cuando ya pensó no hallar ninguna
Que no fuese un gran duelo,
Dio al fin con ella, y dijo: “¡Hágote mía!…”
Y era su antigua cruz, la que le había
Predestinado el Cielo.

EL CIEGO Y EL TULLIDO

Topando un ciego que iba andando a tientas
Con un tullido que iba andando a gatas,
Dice: “Perdone, amigo,
“Que yo al hado enemigo
“Le perdono también mis cataratas.
“Ya es tarde, y voy urgido, hambriento y loco
“De tropezar con todo, en cuanto un poco
“Mi lento andar apuro.
“No sé quién es usted; mas yo le ruego
“Por su bendita madre, lo conjuro
“A que siquiera cuatro cuadras guíe
“A este infeliz desesperado ciego”.

“-¡Compadre! exclama el otro, no porfíe
“En pedirme perdón, que desde luégo
“Estoy cierto y seguro
“Que a pesar de ir abriendo ojos tamaños
“Usted no ha visto el palo a que se arrima.
“¡Entre buenos apuntes anda el juego!
“Vaya que me da grima
“No poderle servir y a la carrera
“Sacarlo del apuro.
“No digo cuatro cuadras, cuatro mundos
“Remolcáralo ufano si pudiera.
“Pero yo estoy, de medio cuerpo abajo,
“Hecho un escarabajo; lo convido
“Para correr parejas,
“Porque soy más tullido
“Que el perro que aplastara un terremoto.
“Nos vemos en igual predicamento,
“Buque sin vela y buque sin piloto,
“Topo y tortuga, ¡lindo casamiento!

“Yo también voy urgido, hambriento y loco
“De remar tánto y de avanzar tan poco;
“Y ya dicen no más estas calludas
“Torcidas, juanetudas
“Manos que he vuelto pies, aunque me quedan
“Muy fuera de su puesto; y estos brazos
“Con que barriendo voy a costalazos
“Estas cuadras eternas;
“Piedra por piedra haciéndole la suma
“A una ciudad que crece como espuma.
“¡Ah!, compadre, encomiéndese a otro santo
“Que estamos usté y yo tanto por cuanto!”

“-Deme, responde el ciego, sus dos ojos,
“Déme uno solo que hasta Roma iría
“Peregrino arrastrándome de hinojos
“¡Dando gracias a Dios por gozo tánto!”

“-Bien, dijo el otro: un lindo plan me ocurre:
“Que Sancho y su rocín desde este día
“Se unan en compañía:
“Yo pongo mis dos ojos, que pudiera
“Envidiarlos un lince; usted concurre
“Con ese par de piernas tan flamantes
“Y esa espalda carguera.
“Yo en ella de piloto me sitúo,
“Y miro por los dos; usted camina
“Por ambos, tan veloz como cualquiera;
“Pediremos limosna siempre a dúo,
“Partimos como hermanos, como grandes,
“Y así pondremos una pica en Flandes”.

Dicho y hecho: el tal ciego era fornido
Y como un niño levantó al tullido,
E iba con él a cuestas. El segundo
Era de humor jovial, y mantenía
Siempre de fiesta al triste compañero,
Que nunca más se impacientó iracundo.
Y así dieron la vuelta a medio mundo,
Provistos de alegría, de dinero
Y de salud de pobre,
Que es en lo material el bien primero.

Así de nuestras mil necesidades
Brota la sociedad, y cada uno
Con lo que a otro le sobra se completa.
Así la Providencia en sus bondades
No concedió a ninguno
La perfección; y de las faltas mismas
Y aun de las más crueles desventuras
Hizo un lazo de amor y beneficio
En que se dan servicio por servicio
Y dicha y bienestar las criaturas.

No envidies ni odies nunca el bien ajeno,
Ni en tu mal desesperes por desidia;
Que nada es por entero malo o bueno,
Y algo hay en ti que tu envidiado envidia.

¡BUSCAD!

Dios, al que busca, da ciento por uno,
En proporción con el esfuerzo que hace.
Tarde o temprano a todos satisface,
En el tiempo que El sabe es oportuno.

¡Idea, Fe y Esfuerzo! -y nadie ayuno
Se volverá del rumbo que se trace;
Y hé allí el Genio que obstáculos deshace
Y para el cual no hay imposible alguno.

Prendió Colón su idea, una que acaso
A varios ocurrió: la travesura
De ir al Asia al revés, andando a Ocaso.

Mas can su Fe y su Esfuerzo él asegura
Lo que otros pierden. Va, y encuentra al paso
El mejor premio a la mejor locura.

LOS AGENTES DE LA MUERTE

Para dejarnos en hueso
La muerte a la tierra envió
Dos agentes, que llamó
La Cortedad y el Exceso.
En exceso, aun el progreso,
Aun la bondad es maldad;
Y cuando una enfermedad
Su origen y asiento esconde,
Inquiera el médico en dónde
Hubo exceso o cortedad.

LA CURA ABREVIADA

“Tome usted una píldora por día
“Y en el curso de un mes quedará bueno”,
Dijo a un indio el doctor que lo asistía,
Dándole cierto mixto de veneno.

El indio echó su cuenta a silogismo:
“Si a píldora por día esto me cura
“En treinta días, tomo treinta hoy mismo
“Y hoy mismo se acabó la calentura.”

Y dijo bien: la fiebre pasó pronto
Y con ella el enfermo; y lo enterraron.
Y esto es frecuente cuando quiere un tonto
Perfeccionar lo que otros le enseñaron.

EL REMEDIO UNIVERSAL

Un remedio universal
Pronto, infalible y barato
Anuncia el doctor Cerato
Para curar todo mal.
Frasco por frasco un quintal
Tragó dél un majadero,
Y si bien tiempo y dinero
En el ensayo perdió,
Curóse al fin, pues murió,
Que es curación por entero.

LOS MEDICOS

Receta el doctor Vabién
Al enfermo don Guillén,
Cuando viene su rival
El sabio doctor Vamal
A recetarle también.

Dice aquél: “-Ya está mejor,
“No hay cuidado, vivirá”;
Y el otro: “-Pues yo, doctor,
“Digo que lo hallo peor,
“Y opino que morirá”.

Tomó Guillén muy formal
Lo que cada cual mandó,
Y, como era natural,
Tronó prontamente, tal
Como Vamal lo anunció.

Danse luégo el parabién:
“-Lo predije, muerto está”,
Dice Vamal a Vabién;
Y éste respóndele: -“¡Ah!
“Curado estuviera ya;
“Mas no me oyó don Guillén”.

EL CIGARRILLO

Al fértil suelo del jardín cubano
Dijo la Muerte un día:
“Me hace usted trampa (hablándole de plano)
“Con grave lesión mía.

“Toda persona o cosa al grande impuesto
“Debe contribuír
“Dando causa, ocasión, modo o pretexto
“De enfermar o morir.

“Y usted, contribuyente, ¿qué me envía?
“¿Qué le merezco yo?
“¿El vómito?… La tal majadería
Ni a un cubano entregó.

“Aquí el veneno mismo es inocente,
“No hay áspide letal.
“Cuba es un paraíso sin serpiente,
“Y esto me sienta mal”.

“-¡Bah! dijo el suelo, si el balance saco
“Resultará al revés.
“El gran monopolista del tabaco
“Benemérito es.

“Otros, en corta esfera y rudo estilo
“Matan muy por menor.
“Yo apesto y seco y emponzoño el quilo
“Doquier va un fumador.

“Y si el tabaco, por lo malo, es bueno
“En tesis general,
“El cigarrillo es óptimo, es veneno
“Por mayor y en detal.

“La insigne tisis, tu primer ministro
“Era imposible aquí,
“Mas hoy… repása el último registro
“Que yo te remití.

“Ve hoy en cada hogar, sala o corrillo
Tanto espectro precoz
“Que tose sin cesar y un cigarrillo
“Mete entre tos y tos.

“Llamadlo anemia, o tisis, o bronquitis,
“O mal del corazón,
“Cáncer, neurosis, o mejor, raquitis:
Cigarrillitis son.

“‘Todo gobierno fuerte, interesado
“En su alto bienestar,
“Debe, en tu obsequio y por razón de estado,
“Este arte fomentar”.

La vieja Muerte no repuso un pero
A su interlocutor;
Y encendiendo un magnífico veguero
Desapareció al vapor.

LA YEGUA Y LA FALDERA

Viajando doña Próspera
Con su yegua y su perra de faldas,
Llegaron cansadísimas
Por la noche a la venta o posada.

Quítanle a la cuadrúpeda
Silla y freno y demás zarandajas,
Y revuélcase cómoda
En un plan a nivel como tabla.

Sin melindres ni escrúpulos
Torna a diestra y siniestra a sus anchas;
Levántase, sacúdese,
Y declárase fresca, entonada.

-“¡Qué bárbara, qué estúpida!”
La perrita le dijo al mirarla;
“Con semejante método
“Se fatiga úno más, se quebranta.

“Yo misma estoy exánime
“Aunque vine en las faldas de mi ama;
“Mas dormiré a lo príncipe,
“Y mañana estaré descansada”.

“¡Calla! la otra replícale.
“Lo que postra es el ocio y las faldas;
“Los zánganos son débiles;
“Sólo aquel que trabaja, descansa.

“Viniste cual canónigo,
“Y por eso te sientes postrada;
“Yo a ti y a doña Próspera
“Traje encima, y por eso estoy guapa.

“El trabajo es paz íntima,
“Salud, fuerza, riqueza, esperanza,
“Perros vagos o inútiles
Mueren de hambre o les da mal de rabia.

“Si ansías reposo, agítate,
“Y desvélate y cuida la casa
“La vida sibarítica
“Cría enfermos, mendigos y mandrias”.

LA ESCUELA

(Himnos)

CORO

¡Dios te bendiga,
Querida estancia,
Madre enemiga
De la ignorancia!
¡Dios te bendiga
Siembra de luz;
De amor, de todo bien, cuando te abriga
La redentora sombra de la cruz!

I

¡Feliz como ninguna
La vida de la escuela,
A cuyo sólo nombre
El corazón se alegra!

Aquí la ciencia adusta
Se hace muchacho, y juega,
Y corrigiendo ríe,
Y divirtiendo enseña.

II

En casa están los padres
Que el cuerpo amantes velan
Mas tú de nuestras almas
Te hiciste madre tierna.

También con dulces cantos
Arrullas la inocencia,
Y de la patria historia
Las páginas nos cuentas.

III

De nuestro pecho tú haces
Altar de eterna fiesta,
A próceres y mártires
La gratitud celebra;

Y allí nos dices cuánto
Costó su magna herencia,
De cuyo goce un día
Han de tomarnos cuenta.

IV

Aquí, de todas partes
De nuestra cara tierra
Viene a fundirse en molde
De indestructible fuerza.

Una nación de hermanos,
De su unidad, soberbia,
Que dividida, nunca
Consentirán en verla.

V

Tú al niño abres el libro
De la Naturaleza,
Tesoro de tesoros
Que el tonto no aprovecha;

Y hasta en lo más menudo
Y ocioso en apariencia
La previsión divina
Y su bondad le muestras.

VI

El que no tuvo hermanos
Aquí más de uno encuentra,
Selecto hermano de alma
Y eterno, como ella,

Con quien, tal vez ya chocho
Y en tierra de otras lenguas,
Sobándose las manos,
Recordará su escuela.

VII

Y entonces uno a otro
Se han de decir: “¿Recuerdas?”
Sin olvidar ni un árbol,
Ni un banco ni una mesa;

Y se agradece entonces
Cada arrugón de ceja
Del preceptor, paloma
Que hoy nos parece fiera.

VIII

De aquí saldrán los hombres
Que han de mandar la tierra,
Leones que hoy mansitos
Tiramos de la oreja.

Maestro, ábre los ojos
A ver si los cateas,
Y arránca de sus almas
Toda semilla infecta.

IX

Que cada humano tronco
Derecho y firme crezca,
Seguro en hondas bases,
Vivífico en sus venas;

Que pese en dignos frutos,
Y grata sombra ofrezca
Y a su ancha copa el Angel
Nuncio de paz descienda.

X

Líbrenos Dios de bichos,
Que en sí tan sólo piensan,
Como si el bien de todos
Su propio bien no fuera.

De esos que torpes dicen:
“Como haga yo mi ancheta,
“Aunque se vuelva añicos
“El barco que nos lleva”.

XI

La escuela de la vida,
El Mundo nos espera,
Do nadie aprende gratis,
Y fúndese el que yerra.

De luz y de virtudes
Armémonos en ésta,
Que allá la suerte empuña
Fórmula sorda y ciega.

XII

¡Hogar precioso de almas,
Jardín de inteligencias,
Que al soplo de auras puras
Prosperes y florezcas!

Que Dios, Conciencia y Patria
Perpetuo norte sean
Del hijo; y que a la madre
Dé honor su vida entera.

XIII

En coro bendigamos,
Con gratitud intensa
Al que fundó y protege
Y paga nuestra escuela.

El nos abrió del templo
De la Verdad las puertas,
Y por sus manos obra
Por nos la Providencia.

XIV

Y tú, segundo padre
De esta familia inmensa,
Si hemos de honrar un día
Tu amor, tu esfuerzo y penas,

Recíbe desde ahora
Nuestra amorosa ofrenda,
Y juntos de aquí a un siglo
Charlemos de tu escuela.

CORO

Dios te bendiga, etc.

LOS BUSCA-TESOROS

Un viñador a punto ya de muerte
Habló a sus tristes hijos de esta suerte:
-“Nuestro viñedo un gran tesoro esconde.
“Cavad, buscadlo”. -“¿Pero dónde, en dónde?”
Preguntaron los hijos; y él repuso:
-“¡Cavad!” y adiós, la muerte se interpuso.

Estaba aún su sepultura floja,
Cuando, para solaz de su congoja,
Entraron al viñedo los dolientes
Con todos los aprestos convenientes
Y batieron el suelo en tal estilo,
Que ni un sólo terrón quedó tranquilo.

Pasáronlo después por un harnero
Y, ¡ridículo chasco! hallaron… cero;
Y fatigados de tesón tan vano
Declararon delirio del anciano
La herencia, y se ausentaron en seguida
A buscar modo de ganar la vida.

Mas no corrido un año todavía
Volvieron al viñedo, y cuál sería
Su asombro al ver que cada vid cargaba
¡Tres veces más de lo que siempre daba!
Entonces comprendieron el consejo
Del viñador, y que era un sabio el viejo,
Pues la tierra en sus ámbitos no encierra
Mejor tesoro que la misma tierra.

LA ABEJA Y EL HOMBRE

Preguntó al hombre una abeja:
¿Quién es más útil que yo?
-Lo es la oveja,
El hombre le respondió.
-¿Por qué? -Su vellón me abriga
No puedo existir sin él.
Mas tú, amiga,
Sólo agradas con tu miel.

EL PLEITO

Topáronse una nuez Bartolo y Pero;
-“Mía es, dijo éste; yo la vi primero”.
-“Nó, señor, yo la alcé, no me la rape”.
Contesta el otro; y se arma zipizape.

Pasaba Juancho, y le dijeron: -“¡Hola!
“Sé nuestro juez en esta chirinola”,
-“Bien” dijo el tal; toma la nuez, la parte,
Y del siguiente modo la reparte:

-“Media cáscara a ti porque la has visto;
“Y media a ti porque la alzaste listo;
“Y a mí el meollo, costas del proceso”,
¡Buen juez! ¿qué pleito no ha parado en eso?

LA MULTIPLICACION NACIONAL

Por la instrucción se multiplica el hombre
Y lo mismo que un héroe obra por cien,
Un alma que adquirió diez aptitudes
En todas partes equivale a diez;
Y así los tres millones de mi tierra
A treinta equivaldrán en paz y en guerra.

EL LECTOR Y LA CHINCHE

Populiano, cursando el Derecho
Ya de noche en su cama leía;
Y una chinche asomó tras del lecho,
Y entre hambrienta y miedosa decía:
“¡A estas horas leer, qué mal hecho!
“¡Alumbrarse y velar, qué manía!
“Deje el libro y apague la vela,
“Que eso causa dolores de muela”.

Asímismo cuidarnos pretenden
Mil tiránicas chinches impuras;
La lectura y la luz las ofenden
Porque no osan chupar sino a oscuras.
Abominan a aquellos que tienden
A ilustrar a las pobres criaturas,
Y el derecho y la prensa y la escuela
Les irritan de veras la muela.

EL FERROCARRIL Y LAS BESTIAS

“¡Un caballo de fuego!” -esta noticia
Cundió alarmante entre dos mil caballos
Salvajes pobladores de un desierto
Que el primer vapor-tren cruzó triunfante.
Repuestos del terror y desconcierto
Que les causó el prodigio,
Se congregaron en bestial tumulto,
Bufaron, relincharon, patearon,
Y de su santa independencia en nombre
Declaráronlo insulto,
Reto, amenaza al caballuno pueblo,
Y por el lago Estigio
No dejar de aquel monstruo ni vestigio
Si osaba audaz reaparecer juraron,
Y soberbios mandaron
Transmitir copia del decreto al hombre.

Un viejo matalote muy versado
En las costumbres cultas, y que había
De hombres, sillas y enjalmas escapado,
Dijo a los otros: -“Antes yo querría
“Ver caballos de fuego por doquiera,
“Pues nuestra raza al fin descansaría
“Y de nosotros nadie se sirviera.
“Con tánta maquinaria y tánta ciencia
“El hombre al fin nos dejará tranquilos
“Gozar de nuestra dulce independencia
“Estoy contra el proyecto: en nuestro lomo
“Recaerá, pesado como plomo”.

Nadie escuchó el sermón de la experiencia;
Aprobóse el proyecto,
Y así que un nuevo tren pitó a distancia
Se prepararon a llevarlo a efecto.
La sabia comandancia
Meditó el plan; dispuso que el trayecto
Fuese por todos, en cerrada masa
Ocupado al instante, como centro:
Para la evolución; y que en el acto
De verse el tren, el escuadrón compacto
Saliese cual relámpago a su encuentro.

Nada que desear, la turba equina
Dejó en audaz coraje y disciplina.
Embistieron al monstruo: de rieles
Sacáronlo al instante: media milla
Rodó desaforado en la llanura
Despedazando yeguas y corceles
O haciéndoles saltar hechos tortilla;
Y como el hombre es una criatura
Tan arbitriosa y lista, y bien podría
Tardar el tren un día
En volver a enhilarse en sus carriles,
Juzgó mejor no demorar su viaje;
Tomaron prontamente cuantas bestias
Dejó el destrozo en pie, -y en sus cuadriles
Siguieron gente y carga y equipaje
Quedando condenadas las cerriles
A eterno vasallaje.

No os opongáis estultos al progreso
(Es decir, al palpable y positivo,
Que el charlatán no es más que retroceso
Ocioso y corrosivo).
¡Mísero jornalero! es el atraso
Lo que arrincona tu alma y la encadena,
Y a ser máquina y bestia te condena.
Pero pese a ti mismo,
Nadie a tu redención cerrará el paso.
Moralidad, escuela, industria y ciencia
Harán tu elevación, tu independencia.

HAZ LO QUE ESTA EN TI

Fac quod in te est, et Deus
aderit voluntati tua.

Imitación de Cristo, Capítulo VII, I.

Un germen trae cada cual
De algo digno, y grande, y bueno:
Dios se lo pone en el seno,
Toca su brote al mortal.
Sea pues tu obra especial
Cultivar lo que hay en ti,
Lo que piden para sí
Tu aptitud, gusto y conciencia:
Y allí tu celeste herencia;
Tu gloria terrestre allí.

LAS LUCES DEL CONVITE

Listo a la prima noche un gran convite
Que a Vatel honor diera,
Y listos para él los convidados,
El mayordomo o amo de criados
Prendió todas las luces de carrera,
Y fue a notificar, a toda brida,
“La mesa está servida.”

Imaginen ustedes la sorpresa
Del ágil mayordomo de mi cuento
Cuando al tornar volando a otro momento
Encontró a oscuras comedor y mesa,
¿Qué fue? -Que en las espermas el pabilo
Por larguirucho y nuevo
No alcanzó a tomar cebo
Y no prendió. -Colgado así de un hilo
El mayordomo -pólvora, que oía
Los pasos de la hambrienta compañía,
En su atolondramiento
Echó mano de un medio algo violento.
Toma un cuchillo, guillotina a tantas
Luces sin luz, bien cortas y engrasadas.

Les hace otras gargantas,
Préndelas otra vez, y a sus fulgores
Entran al comedor los comedores.
No bien toman asiento,
¡Nueva calamidad! Cada bujía,
Sin voz de prevención, sin agonía
Rinde pronto el espíritu. -¿Qué pasa?

Que al revés de antes, ahóganse de grasa,
Y nuestro mayordomo, en consecuencia,
Tuvo ante todos que poner certamen
Arreglando el velamen
Con mejor proporción de mecha y cebo,
Al par que de paciencia

El pabilo es el alma, y lo sustenta,
Como el cuerpo al espíritu, la grasa.
Al educar un niño, tened cuenta
De que haya proporción entre alma y basa;
Que si nó, el cuerpo al alma que aposenta
Sofoca; o ella sin sostén se abrasa;
Y obtendréis sólo un bruto sin cultura,
Triste demencia, o muerte prematura.

EL MONO APLAUDIDO

Acertó un mono trompeta
A dar cierta voltereta
Con primor.
Apláudenlo en derredor,
Pierde el tonto la chaveta,
Da otro giro,
Yerra el tiro,
Y casi se desgolleta.

Los aplausos para el tonto
Son un escollo fatal:
Alabadle algo, y bien pronto
Lo hará mal.

EL CUCLILLO

A un Estornino que hastiado vino
Del maremagnum de la ciudad,
Dijo un Cuclillo: -“¡Hola amiguillo!
“¿De dónde bueno? ¿qué novedad?
“¿Qué se conversa de nuestro canto?
“¿Qué opina el mundo del Ruiseñor?”
-“Todos, a una, lo admiran tanto
“Que lo proclaman el rey cantor”.
-“¿Y de la Alondra?” -“Los periodistas
“La llaman gran notabilidad“.
-“¿Y de la Mirla?” -“Varios artistas
“Encomian su alta capacidad.

-“Otra cosilla… indiferente
“Si usted permite, preguntaré:
“De mí, ¿qué opina toda la gente?
-“Eso sí, amigo, decir no sé.
“Jamás el hombre mentó su nombre”.
-“¡Ingratos! juro vengarme, sí;
“Desde este instante, terco, incesante
“Me oirán hablando siempre de mí”.

EL ZORRO Y EL LEOPARDO

Soberbio de sus pintas el Leopardo
Murmuraba gallardo:
“¿Qué animal vale lo que valgo yo?
-“¡Viva tánta modestia!”

El satírico Zorro contestó:
“Ella sólo confirma
“Lo que ya el mundo afirma,
“Que Su Excelencia es una linda bestia.
“Pero, con su perdón, no envidio mucho
“Los aplausos que escucho,
“Ni esa opulencia, orgullo y hermosura
“Fundadas del pellejo en la pintura;
“Y yo, entre mí, quedara muy contento
“Con el dón del talento,
“Brillo que siempre luce y nada empaña,
“Belleza de sustancia y de ornamento
“Que gana con el trato cada día,
“Y la única que el tiempo no avería
“Cuando todas las otras borra o daña”.

Y el sabio fue de la opinión del Zorro:
Ni nombres ni libros valen por el forro.

EL LOBO HEROE

“Mi padre, de gloriosa remembranza,
“Dijo un lobato, nuestro Aquiles era,
“Cuyo coraje y sin igual pujanza
“Lo hizo el terror de la comarca entera;
“Más de una vez, con épica matanza,
“Envió al infierno cien, de una carrera.
“¿Por qué maravillarnos de que al cabo
“Cayese el bravo a esfuerzos de otro bravo?”

-“Hablas bien, dijo un Zorro, exactamente
“Como el epitafista escribiría;
“Mas la imparcial historia que lo cuente
“Esta ligera nota añadiría:
“Los cientos que molió su heroico diente
“Fueron de ovejas que atrapó sin guía;
“Pero apagó su refulgente disco
“El primer buey a quien tiró un mordisco”.

LA PRESUNCION

No bien poblado el mundo
El Padre de los dioses
Quiso dotar munífico
A sus habitadores.

Virtudes y talentos
Con tal fin hizo entonces,
Y a los mortales dijo:
¡Venid por vuestras dotes!

Cada cual por la suya
Agólpanse veloces,
Y a los primervenidos
Reparten las mejores.

Da al uno el juicio; al otro
El genio corresponde;
La ciencia a este; la gracia
Al próximo en el orden.

Pero viniendo muchos
Al paso de prioste,
Cual recargadas naves
Traídas a remolque,

Llegaron al banquete
Alzados ya los postres,
Cuando ni resto había
De tántas perfecciones.

Y para no agraviarlos
Mandó el astuto Jove
Que a todos esos pánfilos
La presunción les toque.

Y fue brillante arbitrio,
Todos se van conformes
Y cada ruin, perfecto
Se juzga, desde entonces.

LA ENMIENDA DEL ASNO

Es bueno y santo el corregirse; pero
Importa corregirse por entero,
O siquier no olvidarse
De lo más sustancial al enmendarse.

Un jumento algo menos pacienzudo
De lo que al gremio jumentil competa
Se exasperó de oír la cantaleta
De llamarle orejudo;
Y ras con ras cortóselas un día:
Calaverada impía
De esas que exige a un asno una coqueta.
Y héteme aquí que al verse sin orejas
Se engrió a tal punto, se admiró tan lindo
Que esquivaba el tratar con pollinejas,
Sus antiguas parejas,
E iba de fuente en fuente contemplándose,
Quizás predestinado imaginándose
A desbancar al palafrén del Pindo.
“¿Qué me dices ahora?”
Preguntó a un perro mocho. “He derogado
“Aquel atroz tocado
“Propio, más que de mí, de una señora
“De tántas que se ensillan la cabeza;
“Y era mi única tacha…”
-“Otra te resta”,
El perro le contesta
Con un sí es no es satírico espeluzno.
“¿Cuál?” preguntó. -“Mi amigo, ese rebuzno,
Altísimo defecto
Que anula de tus gracias el efecto.
Más si ya que saliste de orejudo
Resuelves no chistar, ser siempre mudo,
O cambiar de dialecto,
¿Quién dirá nada entonces?
Serás asno perfecto”.

EL MARCO DE ORO

Puesta en venduta cierta galería,
Todo el concurso se burlaba en coro
De un mamarracho garrafal que había
Entre un marco magnífico de oro.
Llega un ricote. Aquello lo extasía;
Sácanselo a pregón, brinda un tesoro,
Y adjudícase el hueso al mentecato.
-¡Va! siempre el tonto adora su retrato.

LOS DOS ANSARES

Iban viajando dos Ansares,
Y uno al otro preguntó:
“¿Viste aquel soberbio pájaro
“En casa de un gran señor?

“¡Qué plumaje tan magnífico!
“¡Qué pintas, qué tornasol!
De los colores más fúlgidos
“Graciosa combinación.

“Nada hay más bello; adornándolo
“Naturaleza agotó
“Como un obsequio de un ídolo
“Lo más precioso y mejor.

“Con razón el mundo alígero
“Por monarca lo eligió
“Poniendo en su frente el símbolo
“¡De imperio y de perfección!”

“¡Ah! dijo el otro, ¡qué lástima!
“Tal fénix no he visto yo;
“Mas vi un Pavo algo estrambótico
“Que me llamó la atención,

“Y estará descontentísimo
“De ser como lo hizo Dios,
“Bien que en los seres más ínfimos
“El engreimiento es mayor.

“Juzgo que peca de estúpido,
“Vista la desproporción
“Entre su cráneo de tórtola
“Y su cuerpo de condor.

“¡Qué patas, son un escándalo!
“Pero nada tan atroz
“Como el canto: entre volátiles
“Ese es el rebuznador”.

Dos pinturas tan antípodas
Hicieron aquellos dos
De un mismo animal, -del pájaro
De Juno predilección.

El uno vio sus deméritos,
El otro sus gracias vio.
-La crítica de los Ansares
Es maña vieja inter nos.

EL DAGUERROTlPO

Esculpiendo a la hermosura
La artista Naturaleza
Probó sin igual destreza
En Poesía y Escultura;
Ya en Música y en Pintura
Daba el cabal prototipo;
Ya tierra y cielo eran tipo
De Arquitectura sin par
Faltábale Retratar,-
E inventó el daguerrotipo.

LA ARAÑA CRITICA

Aérea red de alambres telegráficos
Ve una crítica Araña
Y dice: “Tratan de plagiarme, imbéciles;
“¡Míren qué telaraña!

“Aquí no atraparán ni hombre ni pájaro
“Ni una mosca siquiera
“Han debido llamarme: único artífice
“Que hacérsela pudiera”.

Vibra en ese momento el hilo mágico
Este mandato expreso:
“Hoy salió para allá Raimundo el pícaro
“Al llegar quede preso”.

-“Sí, dijo Araña: esta es mi misma máquina
“Hecha por manos toscas;
“Mas aún así, rudimentaria y bárbara
“Ya está enredando moscas”.
Cuánto crítico y juez y catedrático
Dan sentencias de Araña;
Miopes que no verán, per omnia secula,
¡Sino su telaraña!

¡VERSOS!

Quiero escribir, mas yo no pienso nada,
Ni nada sé, ni tengo qué decir.
-¡Bah, bah! ¡qué idea! Versos, camarada
Ensarte versos, y se hará aplaudir.

LOS TONTOS DE BASRA

Harum mandó a Belut que le escribiera
Cuantos tontos en Basra conociera;
Y contestó Belut: “¡Amargo trance!
“Difícil es que un hombre solo alcance
‘A escribir inventario tan enorme.
“Pero, si queda mi señor conforme,
“La lista le daré de nuestros sabios
“Sin fatigar la mano ni los labios
“Dos o tres nombres formarán mi obra,
“Y dellos, quizá dos están de sobra”.

EL CONTRABANDO DE LA CHARLA

La Charla, tribu universal, que siempre
Potencia fue, boyante y efectiva,
Resolvió hacerse mercadera, entrando
Por el moderno espíritu israelita.
Todos le abrieron crédito; bien pronto
Escogió a su sabor su pacotilla,
Y a un puerto, no sé cuál, del mundo hispano
Llegó en persona al frente de la misma.
Mas no llegó como cualquier pelele,
Hablando de facturas y revistas,
Sino exigiendo el inmediato pase,
Y amplia y absolutísima franquicia.
¿De cuándo acá, los vistas preguntaron?
¿De cuándo acá con semejantes ínfulas?
¿Qué sultán te ha nombrado embajadora?
¿Quién te dio inmunidades de ministra?
-A lo cual con gentil desembarazo
La Charla opuso arenga elocuentísima,
Rica en sentencias de Moisés, de Grocio,
De Pufendorf y de otros publicistas,
Que hubieran usque ad nauseam comprobado
Su posesión de tal prerrogativa
A haber sido ilustrado el auditorio,
O de conciencia un punto menos rígida;
Mas ya por ignorar nombres tan célebres,
O ya porque en artículo propinas
Calló la Charla, ello es que bulto a bulto
Procedieron a abrir las mercancías.

¿Y qué encontraron? -Ni la insigne ancheta
Con que el padre Noé guardo semilla
De todo lo viviente y lo inventado,
Pudo igualar tamaña retahíla;

E imaginad, lectores, el asombro
De aquel sano inspector y comitiva
Al descubrir los géneros siguientes
Que clasificó en grueso, algo de prisa:

Trastos de casa -Innumerables arpas,
Plectros, laúdes, cítaras y liras
Ya colgadas de sauces funerarios,
Ya en rincones de olvido enmohecidas.
Espejos de ondas, camas de Procusto
Con los pliegues del vieito por cobijas,
Alfombras mil de yerba; y pabellones
De bóveda estrellada y selva umbría:
Doseles de infinito, hornos de ocaso,
Cristales de agua y de embusteros prismas,
Puertas de porvenir, sin cerradura,
Y ventanas de aurora con cortinas.
Jaulas de buhos, cárabos dolientes
Y otras interesantes avecillas;
Cisnes su gran final graznando dulces,
Y un fénix renaciendo entre cenizas.
Corazones con páramos por dentro,
Tumbas, escombros, yermos y ruinas;
Y horizontes por fuéra, y lontananzas,
Celajes, arreboles y otras fincas.
Por último, un surtido muy completo
De féretros, sarcófagos, capillas,
Urnas, mortajas, túmulos, crespones,
Luto, duelo, ataúd, laguna Estigia,
Capuz, sudarios, momias, calaveras,
Fosas, nichos, cadáveres y piras,
Y un pobre paño que jamás lavaron,
Y del cual, sin torcer, llanto corría,

Animales domésticos. -Mil piezas
De férreas garras e índole terrífica,
Tigres, dragones, monstruos del profundo,
Hidras, quimeras, víboras, arpías,
Buitres, gorgonas, basiliscos, hienas,
Vampiros, escorpiones; y hasta ninfas
Que por su pecho bárbaro, inhumano
Allá se irían con esas sabandijas.

-Nota. -Incluiremos en el mismo grupo
Un gran surtido de ídolos, ondinas,
Hadas, huríes, náyades, luceros,
Musas, palomas, magas, pitonisas,
Angeles, serafines y querubes,
Deidades, vidamías y almamías,
Que aunque en lo general iban marcadas
Simpar cada una, sinigual, divina,
Llevaban algo pero en ocasiones,
Como echar lazos, ensartar mentiras,
Jugar con la inocencia, enmascararse,
Seducir gentes con falaz sonrisa,
Y aun pecados más gordos, por ejemplo,
Tronchar capullos de esperanzas ricas,
Quemar a fuego lento a un majadero
O lanzarlo al infierno en són de trisca.

Todas las mencionadas alimañas
Almas tan sólo y corazón comían,
Engordándolos antes con veneno,
Heces, hiel y otros platos de vigilia.

Para ensalada -Cuanta flor da el mundo
Y en Lenguajes de Flores se registra
Pues Charla (al fin mujer) las idolatra,
Lo mismo que ama el tul, las piedras finas,
Gayo matiz, pintadas mariposas,
Calandria, colorín, perfumes, cintas,
Y en suma, cuantas lindas zarandajas
Hacen el embeleso de las lindas.
Mas Charla usa las flores corrigiendo
Su perfección y pompa primitivas,
Pues las repinta y viste con mil galas,
Broches, botones, lágrimas y cifras;
Y aquí entraban, revueltas con abrojos,
Palmas, pimpollos, vástagos y espinas,
Gualda, tomillo, madreselva, lauro,
Y césped blando y desgarradas fibras,
Item: un buen jirón de cierzo crudo,
Con ramas de abedul y siempreviva,
De fúnebre ciprés manando llanto,
Y flébil sauce, y corpulenta encina,
Todo esto con beleño en vez de aceite,
Néctar fragante, célica ambrosía,
Y éter fulgente, y bálsamo y jarabe
De tímida violeta, y voz melifua.
Vinagre no se halló, sino ponzoña,
Zumos de desengaño, amargo acíbar,
Y sangre y llanto, a gotas o a torrentes,
Según la sed y el gusto del que pida.

Metales y monedas -Soles de oro,
Luna, estrellas, etcétera, argentinas;
Oro en bruto, marcado vil y bajo,
Y plata rotulada corrosiva.
Oro inmundo, hecho con vergüenza y lodo,
Bronce que llora, bronce que vomita
Muertes y horrores, bronce que saluda;
Misión de hierro, hierros homicidas.
Nota. -Otros de oro innúmeros objetos,
Desde almas hasta lágrimas había,
Sin expresar su ley Inmundo o puro
Lo usaba en todo el desdeñoso artista.

El resto de la carga eran materias
Inflamables, diabólicas, ilícitas,
De aquellas que hacen santiguar a un justo
Y que al mayor herético horripilan:
U objetos sospechosos que implicaban
Tuerta intención, o sortilegio, o cifra,
O se ocupaban en oficio ajeno,
Ya fuese de ignorancia o por malicia.
Veíanse allí auroras que despuntan,
E insomnios negros que en la mar se abisman,
Y arroyos que discurren, y parleros
Van murmurando y desatando risas.
Auras livianas que en solaz retozo
Enamoraron las tiernas florecillas,
Y en soltando sus broches delicados
Su esencia virginal traidoras liban.
Y montes que taladran la alta esfera,
Y ondas de luz que los espacios hinchan,
Y sol que de los cielos se desploma
En Niágaras de atmósferas flamígeras.
Agua que se destrenza, olas que lamen
Besan, peinan y bordan las orillas,
O en torno de un batel que escarba espuma
Encrespadas y rizas se amotinan.
Y ríos que en gargantas se encajonan;
Y altivas sierras que su cumbre erizan:
Viento que barre, selvas que se aturden,
Y sol que tuesta, y luna que se filtra,
Y torvo nubarrón que sórbese a ambas,
Y truenos que colóricos rechinan,
Y rayos que en manojos se desatan
Sobre orbes que en sus ejes se desquician.
Bocas de bronce que exterminio escupen,
Almas que el mundo a marchitar conspira,
Y azotes que nos purgan de demonios,
Y avernos que de nuevo los vomitan.
Pasiones que fermentan silenciosas
Agudas penas que la sien martillan,
Y lágrimas rebeldes, que no salen,
Y existencias que vagan carcomidas
Opticas ilusiones de hermosuras
Aliñadas con bellas perspectivas,
Senos de nube, alientos secadores
Y voces que nos llagan al oírlas.
Andes gigantes de gigantes grandes,
Y enanos viles de ambición raquítica,
Y mártires que viven de recuerdos
Y arrastran torcedor y abrojos pisan.
Sociedades de insectos nauseabundos
Que barnizan con oro su inmundicia,
Y peregrinos de cansadas plantas,
Siempre con arpa y nunca con mochila.
Gentes que ríen cántigas de lloro,
Gentes que lloran cántigas de risa,
Y arrebatados de entusiastas fiebres
Las pulsan en los trastes de su lira.
Pensamientos que audaces se desbocan,
Frentes que hierven, lenguas que fulminan,
Y ojos que flechan, y ojos que sumergen
En océanos de agua las mejillas,
Bárbaros mil que se hartan de amargura
Y viven devorando su agonía,
Y andan siempre de hinojos y besando
Polvos de pies que como incienso aspiran.
Lenguas que a gritos cuentan que están mudas,
Ciegos que ven, difuntos que visitan,
Y ruidos sordos, y silencios que hablan,
Y auras pobladas de quimera y sílfidas.
Y un sauce, en fin, que en lánguido desmayo
Crudo ramal sobre su forma aplica,
Y allá en la tarde cuando el sol se acuesta
Previéneles que duerman y no giman:
Al descubrir cada una de estas joyas
(En prosa) el aduanero se fruncía,
Y “será muy corriente”, murmuraba
“Mas huele a fraude”, “es cosa nunca vista…”
Pero tornóse indignación su asombro
Con lo demás de aquella pacotilla,
Y hacíase la cruz hurgando cajas,
Cual si fueran de brasas encendidas.
Vaya esto a cuenta: -Crímenes, blasfemias,
Escándalos, estrépitos, perfidias,
Vergüenza, oprobio, maldición, sarcasmo,
Embriaguez, bacanal, crápula, orgía,
Segur, azote, férula, infortunio,
Gusano roedor, quemante estigma,
Prometeos, patíbulos, cadalsos,
Furor de numen, ántalo, ignominia,
Siervos, ilotas, Icaros, piratas,
Precitos, reos, condenados, víctimas,
Porvenires, oráculos, conjuros,
Signos, hados, estrellas, noche impía,
Trípodes, caos, dédalos, espectros,
Horóscopos, crepúsculos, enigmas,
Constelaciones, amuletos, polos,
Magias, fantasmagóricas alquimias,
Apoteósis, arcano, encantamientos,
Cosas infandas, cosas que titilan,
Cosas que muerden, pasman o fulguran,
Befan, profanan, crispan, electrizan,
Causan arrobamientos y desvelos
O remedan siniestras y fatídicas.
Desenterrados, íncubos, fantasmas,
Brujas, apariciones, estantiguas,
Y espíritus y cosas de otro mundo,
Y almas en pena y ánimas benditas;
Endríagos, vestiglos, duendes, trasgos,
Y agüeros y fosfóricas pupilas,
Y cuanto a media noche espanta y pasma,
Gesticula, espeluzna y petrifica.
Músicas atronantes y estentóreas
Que rasgan vientos y almas asesinan,
Plagas, desvelos, úlceras, locuras,
Insanias, ilusiones, pesadillas,
Lepras, abortos, paroxismos, éxtasis,
Cáncer, palpitaciones, aneurismas,
Delirios, crispaturas, hinchazones,
Y ávida sed, y fiebres convulsivas.
Insomnios, pestes, vértigos, gangrenas,
Y síncopes y plétoras y heridas,
Impetu, frenesí, danzas diabólicas,
Despechos, y desmayos, y agonías,
Túrgidas cosas, mórbidas, impúdicas,
Letíferas, hidrópicas, mefíticas,
Y harapos sucios (focos epidémicos),
Y otras pútridas cócoras pestíferas.
Cataclismos, catástrofes, derrumbos,
Torbellino, huracán, sirte, honda sima,
Y trombas y vorágine y cuanto
Traga, tritura, aplasta, hunde y abisma.
Llama, hoguera, tizón, ira, estro ardiente,
Fuego, volcán, relámpagos y chispas,
Rayos, centellas, dardos, meteoros,
Dagas, teas, puñales y cuchillas.
Minas, cadenas, yugos, entusiasmos,
Raudos cometas, cóleras fulmíneas,
Y todo lo que estalla, arde y revienta,
Y toda clase de armas prohibidas.
Gran provisión de tártaros profundos,
Y báratros y avernos sin medida,
Y con todas sus letras, más infiernos
Que los que el mismo diablo necesita.
Y tántos antropófagos, verdugos,
Furias, sayones, parcas homicidas
Y reyes del averno, que es probable
No haya quedado allá ni quien reciba.

Aquí sí el Inspector Plantó resuelto,
Y dijo a doña Charla: “Por mi vida
“Que a no ser dama usted, y no inspirarme
“Tánto terror, asárala en parrilla.
“Su carga es el ajuar de los infiernos,
“Ya sé quién de ministra nos la envía.
Vade retro ¡Satán! vuélvete al punto
“Con todas tus perversas chilindrinas”.

Mas no se fue; ni ¿cuándo a las señoras
Faltó respuesta, cábala y salida?
¡Pobres aduanas si ángeles como ellas
Pudiéranse volver contrabandistas!
Recordando ésta cómo Adán rindióse
A la voz musical de su costilla,
Puso el monstruoso cargamento en verso,
Y pasó sin obstáculo en seguida,
Todos esos demonios que aterraban
En prosa vil a los cristianos vistas
Oráculo de Dios les parecieron
Puestos ya en cuatro pies con metro y rima.

No digo yo que fuese muy selecta,
Poesía tal; al fin de pacotilla,
Mas quizá estaba en nuestra tierra en moda,
Aunque de todas las demás proscrita.
Muchos de sus artículos se hallaban
Convictos y confesos de avería,
Como flores marchitas, liras rotas,
Y mieles en acíbar convertidas.
Era no obstante una labor curiosa
Era su conversión en joya lírica.
Pues leída de arriba para abajo,
O al contrario, de abajo para arriba,
De izquierda a diestra, de derecha a izquierda,
Saltando voces o saltando líneas,
De todos modos la canción cantaba
“La misma cosa o la no cosa misma.
Ni debió el Inspector gastar sus cruces,
Pues cernido en tamiz de cuerda crítica
Todo aquel pandemonio honditronante.
Sale pampirolada solemnísima;
Y antes complace al ver que tántos monstruos,
Tánta alimaña indómita y dañina,
Pueden al cabo y a la postre, sueltas
Andar, como inocentes ovejillas.

Borrascas de palabras; aquilones
Que un fósforo tal vez no apagarían,
Abismos que dan fondo a una pulgada;
Mundos que caben en cualquier vasija.
Chistes cuya agudeza, no en lo agudo,
En lo limpio únicamente estriba;
Y requiebros que en sandios sólo igualan
Las sandias que a su cháchara se rindan.
Suspiros cuyos ecos son bostezos,
Tragos acerbos… de frugal saliva,
Aspides que no muerden ni en ayunas,
Buitres que alcanzan al vuelo una gallina.
Idealismos ínopes de ideas,
Néctar embriagador como agua tibia,
Tontería evidente en frase oscura,
Misterios de clarísima pamplina;
Fuego que enfría amenazando infiernos,
Soplo de inspiración que hinche vejigas,
Hipérboles que achican cuanto agrandan,
Y admiraciones mil que a nadie admiran.
Poesía hermana del insigne cuento
Que cierto idiota a Shakespeare refería,
Todo el estruendo y furia y palabrotas
Y que no contó nada en resumidas.

Mas yo debo acabar el que os relato,
El cual, como es la Charla su heroína,
Tuvo que ser muy largo… y falta cola;
Quien no guste de colas que la omita.
Pasó el gran cargamento, y pasó gratis,
Haciendo al fisco una lesión gravísima,
Ya porque el Inspector no era un Horacio,
Ya por no hallar el verso en la tarifa;
Y sucedió después, que no encontrándose
Los cuerdos en el mundo en mayoría,
Hizo la Charla prodigioso expendio
Aun de sus existencias carcomidas.
Todo alcanzó tal boga que emprendieron
Muchos el contrahacer las joyas dichas,
Y, si en su original ya eran bien malas,
Copiadas se eclipsaron a sí mismas.
No hubo doncel sin desengaño negro,
(De otro color no tuvo ya salida)
Y si antes se preciaban flores frescas,
Vino a ser más gentil darlas marchitas;
Buena o mala misión no faltó a nadie;
Todo el que andaba, por abrojos iba;
La cítara fue mueble indispensable,
Y el torcedor comodidad precisa.
Pero escandalizó gentes piadosas
Oír maldiciendo aun a modestas niñas,
Ya que en vez de algodón, o añil, o papas,
El pueblo andaba cosechando espinas;
Supieron que con unas tales Musas
Los jóvenes ociaban noche y día;
Y en busca de remedios enderezaron
Un memorial con mil quinientas firmas
Al Supremo Congreso; el cual, pasándolo
A especial Comisión ad hoc provista,
Se avino luégo a la opinión que expuso
Al evacuar su informe la antedicha.

Este Informe explicábale, en sustancia,
Que: “Planteando en formulas precisas,
“La cuestión en cuestión, y con la lógica
“Que los sucesos netamente implican:
“Después de haber tomado coma pauta
“En consideración muy detenida
“La grave situación de esta emergencia,
“Bajo todas sus fases respectivas:
“Y, de otra parte, lúcida pensando
“La alta y solemne actualidad del día
“En su compleja variedad, y en toda
“La entidad que apareja, una y distinta:
“Vuestra honorable Comisión, no empero
“Sin que por un momento obste a infrinja
“La alta prerrogativa que os incumbe
“Y su órbita de acción característica,
“Buscó una solución que resolviese
“Tántas perplejidades indecisas
“Zanjando el nudo, despejando el campo
Y previniendo peripecias críticas:
“Y encontró que la caja de Pandora
“No era sino un tropel de anomalías
“Que alude el memorial, y que adjuntadas
“Obraréis como el caso urgente dicta”.

No dijo más el luminoso Informe,
Mas íntegro en pos dél reproducía
Un inventario fiel de los efectos
Que importó Charla y que la hicieron rica,
Pero allí no campaban escudados
Con mágico disfraz de metro y rima
Sino en prosa oficial, cual demandábalo
La augusta majestad legislativa,
Gran sensación causaron ambas piezas,
Pidióse su lectura repetida,
Y si al Informe, por la luz que arroja,
Y la alta concepción que en él domina,
Fénix se le aclamó, -trayendo, empero,
Cierto aire familiar, y aun de familia,
No sorprendió a los miembros honorables
Tanto como la anexa retahila.
Hubo andanadas, salvas y descargas
De hurras, palmadas, vítores y vivas,
Tempestades de aplausos, y aguaceros
De hilaridad simpática infinita.
El soberano pueblo concurrente
Se asoció al soberano congresista
En su furor; y publicar mandóse
En el Diario Oficial entrambas fincas.

Hay entusiasmos de diversos gestos,
Y ya observó Manuel que la más linda
De todas las comedias, es sin duda
Una tragedia destrozada y frita.
Recuerdo muy al caso un don Pelayo
Que se dio en Bogotá, do cada artista
Tuvo que triplicar verso por verso
Para saciar al público de risa.
Este, al cual en bufón no excedió Atenas,
Su ultimátum sentó: “Que se repita
“Cada rebuzno, o devolved la entrada,
“O id a prisión: no os queda otra salida”.
-“Prófugo el tesorero, inevitable
Fue obedecer; y aquel festín de silva
Tanto agradó, que convertido en ganga
Siguió dando al histrión duros por pifias.

Un entusiasmo igual Charla produjo
Con sus desmusicadas baratijas,
Sólo que es cosa averiguada y cierta
Que no importó segunda pacotilla.
Ni desde entonce en los mercados viose
Un plañidero colorín diablista
Pues, para fraudes evitar, dio el mundo
En traducir en prosa las cantigas,
Y si encontraba allí palabras sólo,
Y nada nuevo, y nada que repita
El alma en eco bienhechor, sintiéndose
Conmovida, enseñada, engrandecida;
Si aquello no era corazón cantado
Lo que habla el corazón cuando lo agitan
Pasiones verdaderas, que al salvaje
Elocuencia de imágenes inspiran;
Si no era un alma individual, que prueba
Venir de Dios porque algo nuevo cría,
Porque algo piensa que otros no pensaron
Y alza otra flor de otro átomo de arcilla;
Si era un pincel que sólo halló en los Andes
Tul, primavera, céfiros y ninfas;
Música de la oreja y no del alma
Poesía toda ella crinolina:
Esta, en su variedad, quedó patente,
Tornó a su original la pacotilla,
Y no colgando, sino ahorcado a un sauce
Amaneció el laúd contrabandista.

En cuanto a aquellos doblemente Informes
Por lo informes que son, propuso un quidam
Que en adelante en verso se escribiesen
(Para darles corona en vez de silva).

¿Faltan acaso escena y digno asunto
Al hijo de Colón que así mendiga
De parias de otra sociedad, reniegos
Y rancia miel de insípidas letrillas?

¿No es suyo, y suyo sólo un portentoso
Mundo aun fragante a vírgenes primicias,
Con cordilleras de Parnasos tales
Que el griego fuera, ante el menor, -colina?

Para que el lienzo hiciese con imágenes
De nueva y sorprendente maravilla,
¿No basta aquí borrar memorias de otros,
Y ver, y trasladar lo que se mira?

Como si al genio antiguo, en sus más puras
Ansias de paz y plenitud benditas,
Reminiscencias sólo alimentasen
De la encantada Atlántida perdida,-

Cuando ésta al fin de su sepulcro de olas
Se alzó resucitada, ella traía
Esas aspiraciones ideales
En realidad deslumbradora y viva.

El siglo de oro, el sueño de inocencia,
De amor perfecto y cándidas delicias
Tiende a Colón sus desarmados brazos
En laberintos de aromadas islas;

“No sé por dónde principiar: Mis ojos
“No se sacian de ver (así él se explica);
“Todo es verdor, que da placer mirarlo.
“Cosas como estas nunca fueron vistas,

“Es un jardín abierto; y la natura
“Tan liberal, que nadie ni imagina
“La propiedad; no saben qué son vallas,
“Ignoran la indigencia y la codicia.

“Todos aquí son jóvenes, y todos
“Bellos, fieles, afables. Hay sonrisa
“Siempre en sus rostros; su candor los cubre,
“Y sólo amor, felicidad respiran.

“Armas, ni las conocen. Si de cerca
“Nuestras espadas a sus ojos brillan
“Tómanlas por el filo, y de ignorancia
“Manos tan sanas córtanse ellas mismas.

“Todo, hasta el verde de la selva es nuevo,
“Extraño, incomparable; todo invita
“A no irse nunca de un Edén tan grato…
“Y no puedo arrancarme a tánta dicha”,

Pero el noble Colón trajo enroscadas
Al árbol del amor y de la vida
Serpientes mil que difundiendo muerte
Por aquel nuevo Edén se le deslizan.

Al Sur, Pizarro, Almagro, Belalcázar,
Quesada, Fredermán, la selva antigua
Rompen, y alzando a pulso sus corceles
Trepan cual ciervos pavorosas cimas;

Y allá, cerca del cielo, entre altos muros
De nieve y de granito suspendidas,
Nadando en auras de pureza etérea
Despliéganse de pronto ante su vista,

Las Hespérides muertas que el pagano
Sospechó, y no vio nunca, ni en sus islas
El gran Colón: remotos santuarios
De las joyas del mundo y sus delicias.

Madre Natura a las demás regiones,
Cual a desheredadas tristes hijas
Presta por turno algunas de sus dádivas,
Breve compensación de suerte esquiva.

Pero en la nuéstra, hermanos de los trópicos,
El soberano mayorazgo apila,
Dándonos sus tesoros incontables,
Todos -y en todo tiempo- y sin medida.

Si no los veis, si la opulenta herencia
Embotando el sentir quizá os fastidia,
Salid,- y aprenderéis que entre nosotros
El último mendigo es sibarita.

Vístelo el bosque, embriáganlo las flores,
Templado el cielo con amor lo abriga,
Gusta en huerto sin fin de agreste fruto
Y espectáculo eterno lo extasía.

¿Buscáis acción? -¿No es toda nuestra historia
Tragedia de tragedias inauditas…?
¡Ah! olvidad medio siglo. En sus anales
Por una que honre, hay diez que ruborizan.

¡Cuántas naciones venturosas fueran
Con un diezmo no más de nuestra dicha,
Mas nosotros, imbéciles mimados,
Infierno hacemos lo que a Edén se brinda.

No sólo al Ecuador, cinto esplendente
De la Venus del mundo, hay maravillas.
De polo al polo es poesía ya hecha,
Y lo único que falta es escribirla.

Cantad la guerra magna, única santa,
De lauros y odas y obeliscos digna,
Cuando tribunos y opresores no eran
Farsantes por igual con loa distinta;
Cuando los Padres por el bien de todos
Dieron solaz, riqueza, sangre y vida.

LA CARIDAD

(Himno).

CORO

Bendígate el mundo
Oh madre de amor,
Virtud de virtudes,
¡Celeste misión!
¡Bendígate, hermana
Del Hijo de Dios!

I

Divina Hechicera,
Maná celestial,
Que, ciento por uno,
Magnífica das,
Consuelos al triste,
Al mísero pan,
Remedio al enfermo,
¡Al huérfano hogar!
En ti se resume
La Ley eternal;
Virtud no hay ninguna
Sin ti, Caridad.

II

De un árido campo
Tú hiciste un jardín,
Y el llanto en sonrisa
Trocaste en gentil.
No hay mal que no venza
Tu santo elixir,
Ni hay héroe más grande
Que tú en esa lid.
Y el rostro que dejas
Sonriendo feliz.
Es himno, es corona
Triunfal para ti.

III

Por ti los que astuto
Perdió Lucifer,
Los que hizo enemigos
La Envidia cruel,
Hermanos amantes
Volvieron a ser,
Y fue bien de todos
Del prójimo el bien.
En ti nueva Madre
Nos dio nueva Ley,
Y, hermana de Cristo,
Viniste con él.

CORO

Bendígate el mundo, etc.

ORACION POR LA FAMILIA

¡Oh Virgen Madre de Dios!
La sin mancha concebida,
Que aplastaste la cabeza
De la serpiente maldita:

Tú, sin cuya intercesión
Los pobres hombres peligran
Porque tú con tu amor templas,
El rigor de la justicia:

Sírveme tú de conducto
Para implorar en tu día
La protección del Eterno
Para mi amada familia;

Que a mi padre y a mi madre
Se digne alargar la vida
Y los conserve en salud
Y los corone de dicha ;

Que sus hijos les paguemos
Con correspondencia digna
La ternura y el amparo
Que sin cesar nos prodigan;

Y sobre todo, que fieles
A la cristiana doctrina
Que aprendemos en su boca
Y que su ejemplo confirma,

Jamás en nuestras acciones
Lleguemos a desmentirla,
Dando a su rostro vergüenza
Y a su corazón espinas.

Que no caiga en nuestra casa
Mancha alguna de ignominia,
Y más que en lujo y en oro
Sea en fe y en virtudes rica.

Que nunca turben su paz
Disensiones y rencillas,
Y en ella durmamos todos
Con la conciencia tranquila.

Para merecer así
Que al terminar esta vida
Volvamos a vemos juntos
En la que nunca termina,

Donde Dios, Pudre de todos,
Y tú, su Madre escogida,
Nos recojáis en el seno
De la verdadera dicha.

LA ATRACCION UNIVERSAL

La tierra -el cielo, el universo entero,
La innumerable procesión de mundos
Que en los espacios infinitos marchan
Obra son del amar; al amor sólo
Deben su hermosa forma y la armonía
De su perenne giro. Cada objeto,
Cada sol, cada estrella, en ansia muda
De inextinguible amor se están llamando,
Nos estamos llamando, al fondo ardiente
Centro del corazón: y la obra entera
De un Dios de amor, su creación sublime,
Fiesta de amor constante le tributa.

Sólo el maligno espíritu que el hombre
Contra su original destino excelso
Atendió y hospedó, sólo él resiste
Aquella ley de amor y bien comunes.

¡Oh ceguedad impía!
Lo que infalible la materia cumple,
El sabio, el inmortal lo contraría!

INESTABILIDAD DE LA VIDA

Vamos, ¡ay! como un niño
Sobre una cuerda,
A diestra un abismo
Y otro a la izquierda;
Y andando, andando,
De súbito caemos
Sin saber cuándo.

LOS DOS TEJEDORES

(Traducción de Hannah More)

Hablando en su labor dos tejedores
Que a pico amenizaban sus labores,
Se aludió al precio que la carne hoy tiene,
Precio que a un tejedor no le conviene.

-“Con tántos hijos, con mujer enferma
“Dijo Andres, viva otro, y coma y duerma;
“Pero yo, con salario tan mezquino
“Y tánto afán, sucumbo a mi destino.

“¡Qué diferencia el rico! Esa sí es vida.
“¡Qué casa, qué vestidos, que comida!
“El cielo es muy injusto, camarada.
“Todo fue para él, para mí, nada.

“Que diga cuanto quiera la Escritura,
“Y que predique lo contrario el Cura,
“Años há que yo tengo bien probado
“Que el universo está mal gobernado.

“Doquier que miro, cuanto ve mi vista
“Se halla fuéra de quicio y me contrista.
“Los buenos, oprimidos; los bergantes
“Siempre encima, y robustos, y boyantes”.

Juan replicó: -“Esa queja la origina
“Nuestra ignorancia de la ley divina,
“De cuyas sendas una parte sólo
“Es cuanto el hombre ve, de polo a polo.

“Mira esa alfombra, Andrés. Va muy derecha
“Mas como no está ni medio hecha
“Es un caos de lana todavía
“En que tú sólo ves la luz del día.

“Al verla un ignorante del oficio
“Te declarara falto de juicio,
“Y no hallando principio, fin ni medio
“La daría perdida sin remedio”.

Andrés repuso: -“Mi obra es a retazos,
“Mas ya casan muy bien esos pedazos,
“Y sobre todo, bárbara o perverso,
“Te advierto que la ves por el reverso”.

Y Juan tornó: -“¡Caíste en el garlito!
“Eso es lo que decirte necesito
“Para curar tu esplín meditabundo.
Una alfombra al revés: eso es el mundo.

“Y así como en tus hebras y remates
“No se ve acaso el todo de que trates,
“Cuanto halles tú con cuyo fin no atines
“Entra de Dios en los eternos fines.

“Ni modelo ni plan aquí aparece,
“De gracia y proporción todo carece;
“Mas cuando el hombre tal embrollo insulta
“El brillante derecho se le oculta”.

LA TRAGEDIA DIVINA

Furiosos los judíos contra el Justo
Que Mesías y Ungido audaz se llama,
Juran borrar su vida y nombre y fama,
Y vindicar de Dios el nombre augusto.

Pronto lo entrega un mal amigo; el susto
Dispersa los demás; el pueblo clama
Que muera en cruz, que aún al ladrón infama,
Y al popular clamor el Juez da gusto.

Y vendido, y clavado, y escupido
Muere, bebiendo hiel entre agonías,
El impostor, y juegan su vestido.

Mas, ¡ah! cúmplense así las profecías
Letra por letra (*) y, antes no creído,
Ya todos ven que Aquél es el Mesías.

 

(*) Que el Mesías fuese rechazado, desconocido, traicionado, vendido, abofeteado, burlado, afligido de mil maneras, abrevado con hiel, traspasado de pies y manos, escupido en el rostro, y muerto, y jugando a la suerte sus vestidos, estaba, de siglos atrás, anunciado en los Salmos (117), 22; 40, 10; 68, 27; 68, 22; 21, 17;21, 19), Isaías (53, 2 y 3); 50, 6; 34, 16), Zacarías (11, 12), Daniel (9, 62). Su resurrección al tercer día en el Salmo (15 10) en Oseas (6,3). Concurren muchas otras profecías.

LA INFALIBILIDAD DEL PAPA

Fuera falible el Papa, bien podría,
Puesto que le debemos obediencia,
Inducirnos a error, y en consecuencia
Llevarnos rectamente a la herejía.

Si, huyendo de esto, es mi razón mi guía,
En la grey, ipso facto, hay disidencia,
Y es cismática entonces mi creencia
Si de la del Pontífice varía.

Rodara incierta, pues, la grey entera,
Sin seguro pastor, entre el abismo
De la herejía y el del cisma horrible.

Aun pudiéramos todos vernos fuéra
Del redil, inclusive el pastor mismo.
¡Absurdo! -Luego el Papa es infalible.

INSCRIPCION

en la portada de un cementerio de extranjeros.

(Traducido del inglés).

El rico, el pobre, el triste y el contento
Duermen aquí, partiendo alojamiento.
Lejos están su hogar, su patrio suelo;
Mas cualquier punto es puerto para el Cielo.
Hé aquí, ¡oh soberbio! tus fugaces nadas
De oro, cuna y poder: ¡sombras doradas!
No hay más que un rico en la hora postrimera:
El que “ama sin temor” y obra y espera;
Y con su llanto el huérfano y la viuda
Dan pasaporte al que les dio su ayuda.
Del que trae tal joya es la esperanza
De aquel premio inmortal que al hombre alcanza,
La sangre que en la Cruz un Justo vierte,
Maestro en vida y Redentor en muerte.

LA SIEMBRA DE ALMAS

Para que brote la planta
Fuerza es pudrir la simiente.
Tal de un cuerpo pestilente
Divina flor se levanta.

EL VIENTO Y LA CIUDAD MALDITA

Mediaba ya la noche, negra, oscura,
Y la ciudad maldita no dormía,
Que antes desenfrenada en torpe holgura,
Era una inmensa y asquerosa orgía.
Dios llama entonce al Viento, y de su altura
A la caterva criminal lo envía
A despertar la voz de la conciencia,
Contrición demandando y penitencia.

Sordo murmullo en los espacios cunde,
Naturaleza entera se estremece,
Y sus voces innúmeras confunde
El Viento en gran clamor que airado crece.
Rápido por las calles se difunde;
Llorar, rugir, amenazar parece;
De casa en casa va, de puerta en puerta,
Y grita a cada espíritu: -“¡Despiérta!

“Llena la copa está de vuestro crimen,
“Rebosó al fin la cólera del Cielo;
“Ya Lot y la virtud prófugos gimen,
“Y Natura en rubor córrese un velo.
“¡Escuchad! Manda Dios que se os intimen
“Exterminio y rigor sin paralelo,
“Si al tercio aviso, en llanto y oraciones
“No alzáis del fango vil los corazones”.

Y una, y dos, y tres veces forzó el viento
Puertas y artesonadas galerías,
Y oyó, en respuesta al alto emplazamiento,
Carcajadas irónicas e impías.
La cuarta, entrando en vórtice violento
Volcó braseros, lámparas, bujías;
E hizo de cada crápula liviana
Una pira, un festín de carne humana.

Y allí, en su propia inmunda porqueriza,
Y en su vino y su mirra y sangre impura
Ardieron todos, sin salvarse triza,
Cual montones de paja hecha basura;
Y cuando no quedó más que ceniza,
Dios la pisó y hundióse la llanura,
Y el nuevo sol brilló sobre el desierto
De un lago inmóvil, pestilente, muerto.

EL CAJON

(Extracto de la anterior).

¡Gran combate!
Dado el mate
Por remate
De función,
Todos juntos
Van difuntos,
Del magnate
Hasta el peón,
Al cajón.

EL AJEDREZ

(De Cervantes).

Con gran tren de monarquía
Rangos, puestos y colores
Bátense dos jugadores
En ensañada porfía;
Decídese: y todo usía,
Negro o blanco, alto o villano
A un cajón republicano
Resueltos a hundirse van.
¡Hé allí el fin del tonto afán
Y el huero escándalo humano!

EL MORIBUNDO

¡Ah! sí… Yo no era eterno… La hora no esperada
Aunque única infalible, resuena para mí.
¡Se va la vida!… El mundo, que todo fue, ya es nada,
Sombra, delirio, fábula que estúpido creí.
La eternidad mi espíritu, mi polvo los gusanos,
Cada acreedor su presa pide impaciente ya;
Y tántos vanos días de pensamientos vanos
Le traen su cuenta irónica al que muriendo está.
¿En dónde estabas, ¡oh alma! que hoy al morir despiertas?

¡El ángel se hizo bestia, el águila reptil!
Sus sendas Dios mostrábale perennemente abiertas,
Mas tú las despreciaste por las del cieno vil.
¡Amor, huésped eterno de mi errabundo techo,
De todas mis entrañas, de mi alma, mi razón;
Tirano de mi estudio, tirano de mi lecho,
Ladrón de mi fortuna y de mi paz ladrón!
Amor, grandeza, gloria, patrones familiares
Tan fuertes, tan intrépidos en busca de mi bien,
¿En dónde estáis ahora? ¿por qué dejáis mis lares
Primera vez que imploro estímulo y sostén?
Vosotros sois los viles, cobardes parásitos
Que lisonjeando el cuerpo y espíritu a la par
Chupáis su tiempo, su oro, sus móviles benditos,
Y huís cuando a dar cuenta de su indigencia van.
¡EI tiempo! ¡Qué ancho espacio a mi aptitud da el Cielo!

¡Cuántas acciones buenas pude plantar en él!
Hoy miro atrás, y ¿qué hallo? -Desierto sin consuelo
¡En donde ni una palma dice a los ojos vén!
Y hoy, por la vez primera, la vista a Dios levanto,
Y la verdad me alumbra por la primera vez.
¡Ay! ella me envolvía cual luminoso manto
Y osaba desdeñarla mi torpe insensatez.
Ya es bajo lo que vi alto, ya es grande lo pequeño,
Ya es elección del Cielo lo que infortunio fue.
Despierto deslumbrado de mi rebelde sueño
Y cuerpo y alma entrego en brazos de la Fe.

EL CAZADOR AMBICIOSO

Receta para hacer nombre y fortuna:
Apuntarse a una cosa, y sólo a una;
Y es hombre grande el que tenaz persigue
Una idea grande y que triunfar consigue.
Mientras que, si prefieres no hacer nada,
Y ser un nadie por azar te agrada
Emprender a la vez más de una cosa
Es receta infalible, aunque costosa.

Cazando un cazador vio una becada
Y ya estaba al tirar cuando en bandada
Unas gordas perdices se presentan
Y cerca de su víctima se asientan.
¿Qué hizo? dividió la puntería,
Pues becada y perdices pretendía;
Disparó, corrió al tiro, y por supuesto,
Ni perdiz ni becada halló en su puesto.

Y un refrán confirmaba mi receta:
Aquel que mucho abarca. Poco aprieta.

LOS PARASITOS

Donec eris felix multos numerabis amicos,
Tempora si fuerint nubila solus eris.

OVIDIO

En cuanto el sol con su fulgor te dora
Nube insectil acude zumbadora
A chuparte la sangre. -El sol te deja,
Y el enjambre parásito se aleja.

EL MONO AVARO

Viendo un mono un calabazo
Con grano adentro, metió
La mano a fondo, hasta el brazo,
Y asió un puñado, un puñado
Tan grande como alcanzó.

No pudo sacarlo así,
Que halló estrecho el agujero;
Y aunque asomó el estanciero
Gritándole te cogí,
No aflojó un punto; y primero
Quedó preso y muerto allí.

Así entonces, así amarra
Al avaro su ansia de oro;
Y antes que aflojar la garra
Pierde libertad, decoro,
Y con la vida el tesoro
Que escamota luégo el foro
O un tronerón despilfarra.

EL HOMBRE Y LA MARMOTA

Al despertar la Marmota
De su sueño de seis meses
-“¡Que vergüenza! dijo el Hombre,
“¿Por qué duermes tánto, imbécil?”

-“Envidia, más que otra cosa,
“De tánto dormir me tienes,
(Ella le responde) “y lástima
“Es lo único que mereces.

“Prefiro, sí, media vida
“Perder en sueño inocente
“Y no cual tú en ocio infame
“Y en inútiles placeres”.

EL MOSQUITO LLORON

Señor Mosquito, ya yo me hago cargo
De la penosa situación de usted.
Ya eso no es cuerpo, eso no es más que el largo
De un cuerpo que hubo, y que hoy es hambre y sed.

Ya es excesivo tanto laconismo,
Ya es imposible compendiarse más,
Ya usted no es más que el forro de usted mismo,
Y muy justo es que busque lo demás.

Yo bien quisiera, créame usted, sacarlo,
De tan precaria y triste condición,
Y, cual si yo no fuese yo, dejarlo
Rehacerse en mí y hartarse a discreción.

Pues siempre soy y he sido buen patriota
Y no me aterran sacrificios, nó.
Todos ofrecen dar la última gota;
¿Por qué rehusarle la primera yo?…

No tengo mucho que ofrecer, soy franco;
Pero a lo menos ya cené por hoy,
Y sin temor le diera firma en blanco
Contra lo poco que yo tengo y soy.

No creo que usted me suprimiera entero;
Alguna cosa ha de quedar de mí,
Y me traería un sueño placentero
Pensar que a un pobre mesa y pan le di.

Más viene usted con circunloquio tánto,
Y llora tánto y soba tánto usted.
Que, señor mío, ni que fuera un santo…
¡Zas!… ¡Hélo allí, pintado en la pared!

EL GAS Y LA VELA

Dijo la Vela al Gas: -“¡Cuerpo sin alma!
“¡Advenedizo vil! ¿cómo la palma
“Vienes a disputar a una matrona
“Que de incontable antigüedad blasona,
“Madre de dona Luz, reina de España
“Desde antes de nacer Mari Castaña?
Y el Gas le contestó: -“Cálla, engreída;
“Soy alma todo yo, mi alma es mi vida,
“Invisible, impalpable, inmensa, pura,
“Lumbre, aliento y poder de la natura,
“Que levanto la mar, y hundo la tierra,
“Y hago saltar el monte que me encierra;
“Imagen del espíritu fecundo
“Dominador y explorador del mundo,
“Y que oculto al oído y a la vista
“Todo lo busca y lo halla, y lo conquista.
“Yo existí, sin embargo, antes que el hombre;
“Nací a par de la tierra; él me dio nombre,
“Y me sacó encendido de su frente,
“Para ser de la noche el astro ardiente.
“¿Mientras que tú?… la grasa es tu nodriza,
“Y tu alma, unas hebras de ceniza…”

Paró el Gas su discurso, pues la Vela
Hizo del candelero una cazuela,
Derretida al calor de su vecino;
Y exhalando un aroma de tocino,
Agonizó y murió. -Su luz preclara
Nadie notó que en el salón faltara.

EL VELOCIPEDO

Mientras corren jinete y velocípedo
No hay peligro mayor, siguen corriendo.
Mas al parar, que no ande listo el prójimo
Y el porrazo es tremendo.

Por lo cual yo acá entiendo
Que es un gran velocípedo esta vida.
Pues del mundo en la rueda
Quien deje de moverse, atrás se queda,
Y la parada suele ser caída.

LOS HUEVOS DE ORO

Cierta gallina ponía
Un huevo de oro por día
Y el dueño dijo: “Aquí hay mina;
“Si yo mato esta gallina
“Soy de un golpe millonario.
“¿Qué vale un huevo diario?”

La mató, no halló tesoro,
Y allí paró el huevo de oro.

Con lo cual supo el bellaco
Que lo bastante es bastante,
Y que ansiando lo sobrante
La codicia rompe el saco.

LA GOTA Y EL TORRENTE

Hijo de alto aguacero estupendo
Un torrente espumante y tremendo
Con gran furia y horrísono estruendo
Por peñascos botándose va:

Y atropella en su rumbo a una gota,
Pobre, humilde, que a nadie alborota,
Y años há de una cúspide brota,
Y cayendo a compás siempre esta.

“¿Qué pretendes, gotita impotente?
“¡Hazte a un lado!”, rugióle el torrente
“Piensas tú desbordar mi corriente
“¿O darme una limosna quizás?

“Tú, juguete de un leve airecito;
“Tú que dejas con sed a un mosquito,
“En mi curso grandioso, infinito,
“¿Qué señales de ti dejarás?”

La gotita no dijo ni un pero,
Mas siguió en su caer rutinero,
Y bien pronto acabó el aguacero
Y con éste el torrente en cuestión.

Y de tánta bambolla y baladro
Y pomposo quimérico cuadro
Dejó… ¡fango! -¿y la gota?- Un taladro
Hondo, eterno, en marmóreo peñón.

Cuántos, cuántos proyectos titánicos,
Y prefacios y arranques volcánicos
Y furores que dan miedos pánicos,
¡Charla y viento y ridículo son!

Eso al tonto deslumbra o arredra,
Quien se embarca en prodigios no medra.
Sé la gota que cava la piedra,
No el torrente que hinchara el turbión.

EL CAIMAN Y LAS MOSCAS

-“Venid a chupar gratis
“El néctar de mi boca
“Y a tertuliar en ella holgadamente”
Grita un Caimán a un nubarrón de Moscas.

Las Moscas acudieron,
Pues el yantar de gorra,
Aunque de indigestión, nunca lo excusan
Los prójimos de la orden chupadora.

Acaso algunas ya hartas
Irían de curiosas,
O por no desairar a un personaje,
Que tan liberalmente se comporta,

Abrió el Caimán las fauces,
Cual libro de dos hojas,
Y ya que estaban cuajaditas, negras,
Cerró, ¡y adiós! desaparecieron todas.

¡Cuidado con ofertas
De ganancias inmódicas!
Hay mil hombres caimanes que no viven
Sino atrapando y engullendo moscas.

TRIPLE SANGRIA

Largas visitas me hacía
Mi intruso amigo Emeterio,
Las cuales siempre acababan
En: “Préstame uno, dos, cinco o diez pesos”.

Y después, para probarme
Su agradecimiento eterno,
La dosis se repetía
Y repetíase en posdata el préstamo.

Negar que yo estaba en casa
Fue inútil: sordo, impertérrito
Franqueaba al criado el posma
Y asaltábame piano como espectro.

Díjele al fin: “Caro amigo,
“Para alivio y en obsequio
“De ambas partes contratantes,
“Hagamos un arreglo en estos términos:

“Empieza usted por el fin,
“Necesito tántos pesos;
“Se los doy, márchese al punto,
“Y agradecido yo por ambos quedo.

“Porque cargarme tantísimo
“Para sangrarme luégo,
“Es darme triple sangría,
“De longanimidad, dinero y tiempo”.

Esta indirecta de Cobos,
Protesta o pronunciamiento,
Penetró aquel monitor,
Y el bloqueo se alzó: pasó a otro puerto.

Así logré redimirme
Del hipoteca Emeterio.
Transmítase este recurso
A mis emeteriados herederos.

DEJEMOSLO PARA MAÑANA

“Dejémoslo para mañana”
El primer ruin que dijo así,
Debe habitar el Purgatorio
Y no valerle responsorio
Para salir jamás de allí.

Y allí justo es que se le diga
Siempre que grite en su fatiga
“¡Ay! ¿hasta cuándo ardiendo estoy?”
-“Aguarde usted hasta mañana,
“Que lo mismo es mañana que hoy”.

En cierto techo hizo la lluvia
Una gotera tan sutil,
Que al verla el dueño de la casa
Exclamó: “¡Bah! de ahí no pasa
“Que no me llamen albañil”.

Volvió la lluvia: y la gotera
En goterón se transformó,
Y algo alarmado el propietario
Dijo: “Mañana es necesario
“Componer esto” – y se olvidó.

Tercera vez llovió a torrentes,
Y al ver su techo dijo el tál:
“Nos amenaza un cataclismo;
“Mas no hay temor: mañana mismo
“Se hará un reparo general”.

Y ese mañana nunca vino;
Y cuarta vez y veinte más
Tornó la lluvia por defuera,
Y por adentro la gotera
Acelerando su compás.

Y como ni hombres ni sus cosas,
Nada en el mundo es inmortal,
Y una gotera permanente
Bien sea de agua o de aguardiente
Taladra peña o racional, –

Techo, paredes, cielos rasos,
Toda la casa, hasta el fogón,
Se hizo pluviómetro corriente,
Y en más de un punto exigió puente
Paraguas, salto y zapatón.

Escarmentado al fin el dueño
Mudar de casa resolvió,
Y la escogió con techo sano
Y dijo a todos: “Muy temprano
Mañana mismo me voy yo”.

Y aquella noche, cuando el necio
Roncaba ya, volvió el turbión
Y el techo entero le fue encima,
Y allí quedó que daba grima
Despachurrado cual ratón.

LOS RELOJES

Hay individuos excelentes,
Que nunca dieron a las gentes
La menor cosa que decir,
Y que al Edén de los creyentes
En cuerpo y alma podrán ir;

Pero que en toda su ensalada
De tánta insigne cualidad,
Tienen en contra una nonada,
Y es, que no sirven para nada

Y son completa nulidad.
Se les tributa amor, respeto
Y una atención particular,
Mas todos guardan el secreto
De que con tal o cual sujeto
Nunca jamás hay que contar.

Cuando una perla calabaza
De esas de que hablo encuentro yo,
Recuerdo al punto la trapaza
De que fui presa en esta plaza
Haciendo compra de un reló.

Sabiendo yo que en tal materia
No debe andarse con miseria,
Pues sólo es bueno lo mejor,
Dije al joyero con voz seria
“Deme una cosa superior”.

Al punto French, Breyuet, Losada
Y toda muestra celebrada.
Se desplegaron frente a mí,
Y yo una inglesa preferí,
Pues viejo y sólido me agrada.

Mas el joyero no aprobó
Esa elección: “Señor, me dijo,
“Aunque eso es bueno, quiero yo
“Mostrarle cuál yo mismo elijo
“Entre los muchos que usted vio”.

Y érase el otro ciertamente
Rico, de fábrica eminente
Y digno en todo, hasta de un lord,
Y aunque costaba doblemente
Pagué con gusto su valor.

Después le vine a descubrir
Un defectillo: que jamás
Daba la hora sin mentir.
Siempre el maldito había de ir
Muy adelante o muy atrás.

Cada noche, cada mañana,
Siempre que oía la campana
Del reloj por el cual me guío,
Ya era de regla hacerle al mío
Una corrección gregoriana.

Por lo demás, el artefacto
Era un tesoro, admiración
De mil y mil; pero en el acto
Que preguntaban “¿Qué horas son?”
Yo me quedaba estupefacto.

Lo mismo pasa con el hombre:
El que no llena su deber
Y no es puntual, por más que asombre,
De caballero pierde el nombre
Y es una maula dondequier.

Es el corcel de aquel guerrero
Del Ariosto: uno que está
Perfecto, entero y verdadero,
Pero que tiene cierto pero,
Haberse muerto y no andar ya.

SOCIO Y CONSOCIO

Muy cerca de su casa un avariento
Se encontró este importante documento:
“Número diez, hotel de Buenavista.
“Yo, Abel Pierpont, prendero prestamista,
“He recibido de Froilán Colima
“Un aderezo que su duñeo estima
“En mil quinientos duros; cuya alhaja,
“Encerrada a mi vista en una caja
“Que ambos sellámos, a entregar me obligo
“En la cajita y condición que digo
“Al presentárseme este documento
“Y cien pesos con él, los cuales ciento
“He avanzado a Colima en esta fecha.
Y firmamos los dos”.

-“Es cosa hecha,
“Dijo el avaro, más que avaro, pillo;
“No hay que desperdiciar un negocillo
“Que envía liberal la Providencia”.

Y echando a las espaldas la Conciencia
Y en el bolsillo el costo del pecado,
Fue a cometerlo, a paso redoblado.

-“Aquí están los cien pesos de Colima”,
Dijo a Pierpont soltándolos encima
Del mostrador, “recoja el documento
“Y venga el aderezo”. Hecho al momento.

Mas era tan genuina aquella joya
Como aquel documento: una tramoya
Que sin costar diez duros al prendero
Castigó al otro viejo trapacero.

No hay socio que no encuentre su consocio.
El pillo echa una soga, o más de una,
Pero ahorca con ellas su fortuna.

LOS MATARRATOS

Por atisbar a un gato en cacería
Desertó el perro de su puesto un día,
Sirvió de estorbo al miz y a los ratones.
Y dejó en tanto entrar a los ladrones,
Los cuales al pillarlo distraído,
Sin dejarle ocasión para un ladrido,
Matáronle por táctica prudente
Y robaron la casa holgadamente.

El dicho perro (aunque decirlo es mengua)
Debió ser de mi tierra o de mi lengua,
Pues sólo en Sudamérica y España
Pudo aprender nuestra maldita maña
De vivir cada cual la vida ajena
Y no la suya propia, aunque sea buena,
Y aunque la de otros detestables sea,
Que antes le importa más cuando es más fea.

La sociedad es excelente cosa,
Mas carga cierta costra pegajosa,
Cierta excrecencia o sociedad sin ese
Que no hay donde husmee y se atraviese,
Y que usurpando a la primera el nombre
Hace la asociación de hombre con hombre
Un cambio de petardos y de vicios;
Y no de fruiciones y servicios;
Esta avalúa el tiempo tan barato
Que no vive sinó matando el rato,
Y no quiere tener otro negocio
Que descargar su aburrimiento y su ocio
Sobre el triste vecino o no vecino.
Que busca ad hoc, o encuentra en su camino.

Una máquina en donde, cada pieza,
Abandona su oficio por pereza
Y aplícase activísima, aún sin paga,
A hacer el de otro o impedir que lo haga;
La susodicha máquina, es patente.
Que no andará jamás correctamente
Y que nada a tal caos sobrevive,
Nuestras acomedidas inclusive.
La Troya desde luégo es más violenta
Si hay una pieza reina o presidenta,
Y todas las demás y cada una
Con oficiosidad más que importuna
Propónese aliviarla del trabajo
Revolviendo el total de arriba abajo.

Mucho de libertad e independencia
Hablamos por acá, pero, en conciencia,
¿Habrá yugo peor que la anarquía
Y el ocio y la espiona habladuría
Que nace dél, -y el cínico barreno
De ese corso del bien y el tiempo ajeno?

¡Por Dios! que viva cada cual su vida
Y haga su oficio y gane su comida,
Y así no habrá ocasión ni tentaciones
Para que copen fondo los ladrones.

CAPA Y HAMACA

Diligencia, fiel madre del Norte,
E Indolencia, mamá tropical,
Contra todo rigor climatérico
Resolvieron su gente amparar;

Que ambas proles temblaban de frío
Y acezaban de horrendo calor,
Con los altos y bajos del mundo
O el aprieta y afloja del sol.

Diligencia inventó el confortable,
Arte bella de holgura y salud,
De la cual hasta el nombre es exótico
Y ha tenido que hurtarlo a John Bull.

Inventó la cordial chimenea.
Y elegantes corazas de piel,
Y ventanas y puertas bien justas,
Y ejercicios de higiene y placer.

En verano aposentos con baños,
Lechos duros, bebida glacial,
Mangas de aire, abanicos de techo
Y excursiones de campo y de mar.

Grande ingenio y mayor sencillez,
Indolencia mostró por su parte
Pues dio hamaca al de tierra caliente
Y al friolento una capa, y amén.

¡Cuántas, cuántas ventajas no encierra:
Esta simple y feliz solución!
Basta ver sus flamantes efectos
Dondequiera que se hable español.

Nunca un más económico invento
Mente de hombre logró concebir;
Ni hay testuz que entre capa y hamaca
Cuál es, diga, el mayor comodín.

Capa sola es completo uniforme,
Armadura de barbas a pies,
Que redime de chupa y camisa
Y hace inútil botón y alfiler.

Y si viste al desnudo de día,
En su sueño cobíjalo asaz,
Y en su robo al ratero modesto
Y en su acecho al traidor con puñal.

Ella a pobres nivela con ricos
Cual demócrata, escudo y pendón,
Y humillando al aseo aristócrata
Da a la mugre fomento y calor.

Ella impide ese andar descompuesto
De las gentes que tienen qué hacer,
Y da un aire de estatuas olímpicas
Y el marchar inefable de un rey.

Y pues suelen monarcas y dioses
Al indigno universo mirar,
Encogiendo los hombros augustos
E inclinando benigna la faz,

Con la gracia de un Fidias esculpe
La ancha capa tan noble actitud,
Criando aquel camellar ornamento
Que es joroba en la prosa común.

Más tú, ¡hamaca! tú, ¡múltiple hamaca!
¡Quién de capas habló junto a ti!
Si ensalzó a tu rival todo un Caro,
¿No era ya tu poeta un Madrid?

La indolencia en persona te hizo,
O buscó quien te hiciera; y quedó
Tan prendada de su obra, que al punto
Se echó en ti, y sigue echada hasta hoy.

Fue Mahoma inspirado profeta,
Pues si no, ¿cómo vino a escoger
Una hamaca (no hay tal medialuna)
Por estrella y pendón de su grey?

Y así va, cual criatura de hamacas,
A la cola de Europa el muslim,
Con su harem por hacienda y congreso
Y ocupado en fumar y dormir.

¡Salve, hamaca! indio, turco, beleño
Que indios turcos haciéndonos vas,
Con la imbécil desidia del uno
¡Y del otro la inercia sensual!

Tú eres silla, sofá, colgadura,
Lecho aéreo y sabroso colchón,
Mosquitero, abanico, atarraya,
Coche, arrullo, nodriza y doctor.

Y al llamarte doctor yo no miento,
Pues él sólo ha podido inventar
Esa fábrica de hígados pésimos,
Lima atroz de la espina dorsal.

Semillero de males de nervios,
Sorda mina del bazo y riñón,
Que haces de hombres hamacas andantes
Transparentes sin sangre o color.

Tú resuelves el arduo problema
De dormir en cubil de ocho pies,
Sobre cerdos, pescados y víboras
Y fragantes zurrones de miel.

Y por siglos allí atravesada
Estuviste y estás y estarás
Hasta el último envión con que te hunda
Mecedor terremoto voraz.

Entretanto me cuentan que un día
Vino a verte la capa (o más bien
A sudar cincuenta años de méritos
A tu clima la enviaron tal vez).

Y llorando de grasa “¡Ay! te dijo,
“¿Tú también eres víctima aquí?
“¿Por qué a entrambas nos tienen colgadas
“Como a reos, de crímenes mil?”

Y que tú respondístele: -“¡Cálla!
“Bien nos hemos vengado las dos,
“Pues tú arropas friolentos mendigos
“Y mendigos escuálidos yo”.

LA HORIZONTAL Y LA VERTICAL

“Soy la línea de la vida
“Y eres tú la de la muerte”,
Dijo a la horizontal la vertical;
“Y yo la justa medida
“Del activo, el noble, el fuerte,
“Hombre o nación, sé dar a cada cual.

“Dice el linde: “Vale más
“Que estar de pie estar sentado;
“Y más tendido; y muerto es lo mejor.

“Y por esto atrás, atrás
“El y su tierra han quedado,
“Y el inglés los exprime a su sabor.

“Díme cuál, de hombre o nación,
“Es la actitud favorita,
“Y te diré quién es, y qué será.

“Que según su inclinación
“Está ya su muerte escrita,
“Y en plena vida hacia adelante va”.

Todo yankee a siete u ocho
Ya está en pie; y al yunque luégo;
Y en pie merienda y vuelve a su labor.
Y el inglés no está tan chocho,
Cuando escoge en son de juego
Ser jockey, o pugilista, o cazador.

Así no te asombre pues
Cuando al Tibet se encarama
Y contempla su hacienda desde allí.
Ni cuando a los yankees ves
Que al mejicano en su cama
Sorpenden, y hacen dél ancho botín.

¡Tierra mía! blanda tierra
De trasnochadas y hamacas
Y mañana y quién sabe y puede ser!
¡Ay! de ti si en pampa y sierra
De tu paso no te sacas
¡Y de esta horizontal de Lucifer!

LA GALLINA Y EL DIAMANTE

I

Fue un tiempo, tiempo airado
De escasez nunca vista;
De diente acicalado
Y mesa desprovista
Y boca sin bocado.

Los viejos tragantones,
Pasando fiel revista
De cascos de botellas
Y despensas vacías,
Lloraban ¡ay! aquéllas
Dulces indigestiones
De más felices días.

Etéreos los amantes,
Cual nunca interesantes,
Con gentiles pescuezos,
No exhalaban suspiros
Sino luengos bostezos.

Y siendo la gazuza
Musa que tánto sabe,
Que enseña el arte a un ave
Y al mas molondro aguza,
Soltaron los poetas
Sus míseras muletas
De perlas y zafiros,
De rosas y azucenas:
Pampirolada rancia
Sin gusto y sin sustancia;
Y ahora en sus cantinelas
Nos regalaban sólo
Con suculentas cenas
Dignas del mismo Apolo.

-Viéranse allí sirenas
Y Pegasos trufados,
Compotas de ballenas,
Pirámides rellenas
De elefantes guisados.
Niágaras de escabeche,
Amazonas de leche,
Chimborazos de helados.

La humanidad doliente
Romántica vivía
De sueños y recuerdos;
No de pavos y cerdos
Como prosaicamente
Se embute todavía.

Pastores y ganados
Y aun los mismos soldados
(Dientes privilegiados)
Estaban sin raciones;
Lleno de astros el cielo,
Pingüe de polvo el suelo,
Mas los campos en pelo,
Sin agua el riachuelo.
Sin peces el anzuelo,
Sin uñas los ladrones.
Barrió doquier la planta
De la feroz Carpanta.

II

Y pasó in illo témpore
Que una infeliz gallina,
Más flaca que una espina
(El emplumado espíritu
De la difunta raza,
A juzgar por su traza),
Iba clamando piio
Con el buche vacío
Y aquel aire contrito
De un ayuno infinito,
Corriendo con el brío
Que la prestaba el viento,
Y alturas y hondonadas
Y aun cosas reservadas
Registrando a patadas
En busca de sustento;
Firme en su heroico intento
De no rendirse al hambre
Ni en el postrer calambre
Ni en el postrer aliento,
Mientras el noble osambre
Prendido de un alambre
Puede plantarse equílibre
En su atrincheramiento;
Mientras haya mandíbula
Y sujeto anatómico,
Y quede un breve epítome,
Una etcétera, un átomo,
Ruina de ruinas
De la más flaca y última
De todas las gallinas:
Porque sabrá impertérrita
Cumplir su juramento
De no dejar ni un síntoma
Para contar el cuento.
Con patas, uñas, pico,
Repartiendo mandoble
A diestro y a siniestro,
Buscaba su pan nuéstro
La honrada criatura,
Cuando entre la basura
De un recoveco innoble
Hace el descubrimiento
De un diamante, un portento
De grandor y hermosura.
¡Bípedo venturoso!

Ya tu fortuna es hecha.
¡Duérme satisfecha
Sobre el laurel glorioso!

Alégrase en efecto
A su radiante aspecto
La escuálida gallina:
Algún caro escondrijo
De una alma femenina,
Relámpago de gloria
Le alumbra la memoria…
…Pero bien pronto dijo
Gacha y desconsolada:

“¡Oh breve regocijo!
“¡Oh pérfidas quimeras!
“¡Oh deslumbrante nada!…
“¡Ah, si a lo menos fueras
“Un grano de cebada!”
Y dando otra escarbada
Volvió a enterrar colérica
La piedra malhadada.

El momento presente
Su precio a todo indica,
Y cada cual le aplica
Balanza diferente:
Tal vez lo que más tiente
Del envidioso el ceño
Trocáralo su dueño
Por el pan del mendigo
Que enfermo y sin abrigo
Rinde a su puerta el sueño.

¿Qué son diamantes, oro,
Palacios, opulencia,
Cuando es otro el tesoro
Que busca la existencia?
-Fantástica apariencia,
Externo meteoro,
Que no lavó el desdoro
Ni al ojo quita el lloro,
Ni a la verdad su foro
Ni al alma su indigencia.

El hombre es la conciencia,
Y sólo allí segura
Paz fundará y ventura,
Orgullo, independencia.

EL TIEMPO Y EL INCONSTANTE

Frente de mí despliega tentadora
Su banquete de triunfo la existencia:
Virtud activa, fuerza, independencia,
Paz, esa íntima paz que el ocio ignora.

Mi arca un caudal sin límite atesora-
El tiempo -universal, óptima herencia-
Para pagar, y entrar, y en competencia
Fluír con los que el mundo ama y honra.

Pero el tiempo– hilo de oro que cortado
Ya nada vale, estricto me condena
A que en la puerta eternamente aguarde.

Pues cada hoy comienzo; y con enfado
Pronto dejo al mañana la faena;
Y al cabo de hoy dirá la muerte: ¡Es tarde!

HIMNO A LA MAÑANA

En este nuevo día,
Gracias te tributamos,
¡Oh! Dios Omnipotente,
Señor de lo creado.

Tu divina clemencia
Se ha dignado sacarnos
Del horror de la noche
A la luz del sol claro.

De tu gloria están llenos
Cielo y tierra, ¡oh Dios Santo!;
Y todo cuanto existe
Es obra de tu mano.

Por ti nacen las flores
Y reverdece el campo,
Los árboles dan fruto
Y el sol nos da sus rayos.

Los ángeles te adoran,
El cielo es tu palacio,
Los astros tu diadema,
La inmensidad tu manto.

Dirige, Dios inmenso,
Y guía nuestros pasos,
Para que eternamente
Tu santa ley sigamos.

HIMNO DE LA TARDE

Dame, ¡oh Dios! tu bendición
Antes de entregarme al sueño,
Y todo lo que yo amo.
Cuida tú mientras yo duermo.

Por mis maestros y padres,
Por mis hermanos te ruego,
Que los guardes largos años
Con salud, dicha y contento.

Da, Señor, consuelo al triste,
La salud a los enfermos,
Y pan al menesteroso,
Y hogar y amparo a los huérfanos.

Por los dones que nos haces
Te alabamos, Padre nuéstro;
Haz que muriendo en tus brazos,
Despertemos en tu seno.

BREVE TRATADO DE MALACRIANZA

El perfecto malcriado es el que en todo
Acierta a conducirse de tal modo
Al prójimo atormenta e importuna.
Que sin objeto ni ganancia alguna
Su primera virtud, el egoísmo,
Pues no piensa jamás sino en sí mismo,
Y aunque desprecio general reporta,
Hizo cual quiso, y lo demás no importa.

Para sobresalir en este ramo,
De preferencia tu atención reclamo
Sobre el ruido, el yo y el desaseo,
Que son para el ajeno atornilleo
Grandes medios, acaso los mejores,
Hallados hasta hoy por los doctores.

Hablarás, pues, muy recio en todo caso,
Y más cuando hablan otros; y si acaso
Es chillona tu voz o destemplada,
Tanto mejor será la cencerrada.

Al subir y al bajar una escalera
Hazte sentir cual mula bien cerrera;
Y una vez en tu cuarto, sálta y brinca,
Que para eso pagas por la finca,
Y declárate el coco, el espantajo
Del infeliz del cuarto de debajo.

Si el vecino padece de jaqueca,
Como en ser estudioso nadie peca,
Dedícate al violín, y noche y día
Hazlo chillar con pertinacia impía,
Y abre de par en par ventana y puerta
Para tener la vecindad despierta.

El yo es otro imponderable artículo
Para volverse odioso, y aún ridículo.
No toleres a nadie hazaña o cuento
Sin que tú le interrumpas al momento
Con historias del yo y hazañas tales,
Que los demás se queden en pañales.
En cualquiera desgracia o caso raro
Di “Ya yo lo había dicho; eso era claro”;
Y, aunque no te consulte ni pregunte,
Dale un consejo a cada transeúnte;
Y si no quiere oír lo que le dices,
Métele tu opinión por las narices.
Cítate por modelo en todo ramo,
Dispón en todas partes como amo,
Y ostenta que eres tú de todos modos,
La única cosa que interesa a todos.

Aunque en otros te apeste el desaseo
No imagines que en ti lo encuentren feo.
Muéstra los dientes, pues, llenos de sarro,
Límpia en la alfombra del calzado el barro,
Hábla escupiendo al prójimo en la cara,
Méte en sopera y dientes tu cuchara,
Di en la mesa primores que den bascas,
Y erúcta recio, y charla cuando mascas,
Y gargajéa y ráscate a menudo,
Y écha al plato la tos y el estornudo,
Y con los dedos límpiate el carrillo,
E hínche el salón de hediondo cigarrillo.

Y baste por ahora esta enseñanza
Para primer lección de malacrianza.

HIMNO BELGA DE EDUCACION

¡Alma preciosa del niño!
¡Ah! de ti no se harán dueños,
¡No, jamás, mientras en Flandes
Respire un solo flamenco!

Dejadlos venir, estamos
A aceptar la lid dispuestos,
Para que de Flandes no hagan
Guarida de bandoleros.

Fieles a Dios y a la Iglesia
Han de ser los hijos nuéstros,
No víctimas de sus crímenes
Y clavos de nuestros féretros.

No poseerán nuestros niños,
Dios será su único dueño.
Sólo Dios, mientras en Flandes
¡Respire un solo flamenco!

Moriremos si es preciso,
Pero jamás nuestro credo;
Y así lo hemos de gritar
Hasta el postrimer aliento.

Jamás irán nuestros hijos
A escuelas do en primer puesto
No brille la Santa Cruz
¡Con el Divino Maestro!

Su hado no es ser arrojados
A un calabozo de réprobos
Donde no se oye jamás
La palabra del Eterno.

¡No poseerán nuestros niños!
Dios será su único dueño,
Pero ellos nó, mientras a Flandes
¡Responda un solo flamenco!

EL METRO ATENIENSE

Poca muestra es un botón
De un traje o género; empero,
A una mirada un viajero
Si juzga una población
Ve acaso en un tropezón
Egoísmo desatento;
O en sólo un clavo, un portento
De cultura popular,
Como paso a demostrar
Por una anécdota o cuento.

Con su cuñado Joinville
Llegando a la insigne Atenas
El gran colega y Mecenas
Emperador del Brasil,
Díjole aquél: “En civil,
“En urbano, el mundo opina
“Que el ático no declina”.
Y don Pedro contestó:
“Te respondo sí o nó
“Al ver la primera esquina”.

Entrando ya, quiso el caso
Que, aunque hormigueaba la gente,
No embarazaba un viviente
En ninguna esquina el paso.
Todo aquel que por acaso
Paraba, acera y crucero
Franqueaba al pasajero
Dejándole el enlosado…
‘-¡Bravo! exclamó el Rey letrado.
“No hay ateniense grosero”.

Hé aquí el fácil metro, pues,
Que nos dirá si en lo urbana
Nuestra Atenas colombiana
De tal nombre digna es.
Si postes vivientes ves
En crucero, esquina o paso,
Es patente que no hay caso,
Que aquel timbre es burla acerba;
Y que en lugar de Minerva
Nos ha educado el Pegaso.

EL ARROYO

(De Antonio Louis Lebrun).

En aguas pobre, en planes opulento
Un arroyuelo vil,
Iba formando en charla de contento
Proyectos mil y mil.

Yo seré río; puentes y canales
Y vapores tendré;
Cruzaré reinos; cortes imperiales
Soberbio arrullaré.

¡Qué de combates legaré a la historia
Teñido en sangre audaz!
¡Qué de poetas cantarán mi gloria
En la guerra y la paz!

¡Cuántas beldades me darán su abrazo
En retozo infantil!
¡Y dejarán que pula en mi regazo
Su túrgido marfil!
¡Cómo me envidiarán el Tíber vano
El Rin, el Tajo, el Po!
¡Qué grande va a sentirse el Oceano
Al presentarme yo!

Así dijo el arroyo… Pronto vino
Canícula fatal,
Y de su orgullo y su agua y su destino
No quedó ni señal.

No ambicionemos mucho, que en la suerte
No manda el hombre aquí,
Y oyendo tántos planes, se divierte
En burlarnos así.

EL PARDILLO

Este era el lindo PARDILLO
Tan manso como galán.
Dulcísimo pajarillo
Que con tierno cantarcillo
Pedía miajas de pan.

Esta es la pérfida GATA,
Insensible, atroz, ingrata,
Que al PECHIRROJO embistió
Y las uñas le clavó
Y casi lo desbarata.

Este es el MASTIN valiente
Que saltando noblemente
Sobre esa gata verdugo,
Libertó del fiero yugo
Al pajarillo inocente.

Y este es el LEÑADOR
Que vuelve de su labor
Hacha al hombro y leña al brazo,
Y a dar al amo un abrazo
Corre el mastín salvador.

Y este es la NIÑA bonita
Que va con su canastita
A encontrar a su papá
Llevándole una cosita
Que el viejo saboreará.

Y esta es la limpia cabaña
Con flores y árboles bella
Y un torrente que la baña,
Donde vive la doncella
Y el viejo que la acompaña.

Y este es el CUARTO sencillo
De dormir y de coser,
Y a donde viene el pardillo
A repetir su estribillo
Pidiendo algo que comer.

¿Y en qué paró aquel cantar?
-¡Ay! en llegando al hogar
La niña, el viejo y el perro,
Tuvieron que hacerle entierro
Con lágrimas de pesar.

 

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Poesias de Rafael Pombo.

Poesias de Rafael Pombo

Indice

Cutufato y su gato. (1)

Quiso el niño Cutufato
divertirse con un gato; 
le ató piedras al pescuezo, 
y riéndose el impío
desde lo alto de un cerezo
lo echó al río.

Por la noche se acostó;
todo el mundo se durmió, 
y entró a verlo un visitante
el espectro de un amigo,
que le dijo: ¡Hola! al instante
¡Ven conmigo!

Perdió el habla; ni un saludo
Cutufato hacerle pudo.
Tiritando y sin resuello
se ocultó bajo la almohada;
mas salió, de una tirada
del cabello.

Resistido estaba el chico;
pero el otro callandico,
con la cola haciendo un nudo
de una pierna lo amarró,
y, ¡qué horror! casi desnudo
lo arrastró.

Y voló con él al río,
con un tiempo oscuro y frío, 
y colgándolo a manera 
de un ramito de cereza
lo echó al agua horrenda y fiera
de cabeza.

¡Oh! ¡qué grande se hizo el gato!
¡qué chiquito el Cutufato!
¡Y qué caro al bribonzuelo
su barbarie le costó!
Más fue un sueño, y en el suelo
despertó.

 El Buho y El Palomo. (1)

Érase un búho, dechado
de egoísmo el más perfecto,
de todo siempre esquivado,
cual si diera resfriado
su agrio, antipático aspecto.

“¿Por qué me aborrecerán?”
Dijo irritado y confuso
a un palomito galán.
“Por culpa tuya”, él repuso:
“Ama, oh, búho y te amarán”.

El Coche. (1)

¡Triqui!
¡Traque!
¡Juipi!
¡Juape!
¡Arre!
¡Hola!
¡Upa! ¡Vivo!, ¡Carambola!

Así del pescante,
feroz, jadeante,
se explica el cochero
de un coche viajero
que alzando humareda
y atroz polvareda
veloz bamboleante,
más brinca que rueda.

Y el látigo zumba;
y todo retumba
con tal alboroto,
cual de un terremoto
que al orbe derrumba,
y toda la gente
se agolpa imprudente
a ver qué noticia
al mundo desquicia,
o qué personaje
va en urgente viaje
de cántaros de oro,
que siguen ligeros
tal vez bandoleros,
galgos carniceros,
en pos del tesoro.

Al fin paró el coche
ya entrada la noche,
y abriólo el gentío
con gran reverencia;
y (¡extraña ocurrencia!)
lo hallaron… ¡vacío!

Tal es, en retrato,
más de un mentecato
de muchos que encuentro.
¡Qué afán! ¡Qué aparato!
Y nada por dentro.

 

 El gato bandido. (1)

Michín dijo a su mamá:
“Voy a volverme Pateta,
y el que a impedirlo se meta
en el acto morirá.

Ya le he robado a papá
daga y pistolas; ya estoy
armado y listo; y me voy
a robar y matar gente,
y nunca más (¡ten presente!)
verás a Michín desde hoy”.

Yéndose al monte, encontró
a un gallo por el camino,
y dijo: “A ver qué tal tino
para matar tengo yo”.

Puesto en facha disparó,
retumba el monte al estallo,
Michín maltrátase un callo
y se chamusca el bigote;
pero tronchado el cogote,
cayó de redondo el gallo.

Luego a robar se encarama,
tentado de la gazuza,
al nido de una lechuza
que en furia al verlo se inflama,
mas se le rompe la rama,
vuelan chambergo y puñal,
y al son de silba infernal
que taladra los oídos
cae dando vueltas y aullidos
el prófugo criminal.

Repuesto de su caída
ve otro gato, y da el asalto
“¡Tocayito, haga usted alto!
¡Déme la bolsa o la vida!”

El otro no se intimida
y antes grita: “¡Alto el ladrón!”
Tira el pillo, hace explosión
el arma por la culata,
y casi se desbarata
Michín de la contusión.

Topando armado otro día
a un perro, gran bandolero,
se le acercó el marrullero
con cariño y cortesía:
“Camarada, le decía,
celebremos nuestra alianza”;
y así fue: diéronse chanza,
baile y brandy, hasta que al fin
cayó rendido Michín
y se rascaba la panza.

 El niño y la mariposa. (1)

Mariposa,
vagarosa.
Rica en tinte y en donaire,
¿qué haces tú de rosa en rosa? 
¿de qué vives en el aire?

Yo, de flores.
Y de olores, 
y de espumas de la fuente, 
y del sol resplandeciente,
que me viste de colores.

¿Me regalas
tus dos alas?
¡son tan lindas! ¡te las pido!
deja que orne mi vestido
con la pompa de tus galas.

Tú, niñito
tan bonito,
tú que tienes tanto traje,
¿Por qué quieres un ropaje
que me ha dado Dios bendito?

¿De qué alitas
necesitas
si no vuelas cual yo vuelo?
¿qué me resta bajo el cielo
si mi todo me lo quitas?

Días sin cuento.
De contento.
El Señor a ti me envía;
Mas mi vida es un solo día,
No me lo hagas de tormento.

¿te divierte
dar la muerte
a una pobre mariposa?
¡ay¡ quizás sobre una rosa
Me hallarás muy pronto inerte.

Oyó el niño,
con cariño
esta queja de amargura,
y una gota de miel pura
le ofreció con dulce guiño.

Ella, ansiosa,
vuela y posa
en su palma sonrosada, 
y allí mismo, ya saciada, 
y de gozo temblorosa,
expiró la mariposa.

 El renacuajo. (1)

El hijo de rana, Rinrín renacuajo
Salió esta mañana muy tieso y muy majo
Con pantalón corto, corbata a la moda
Sombrero encintado y chupa de boda.

-¡Muchacho, no salgas¡- le grita mamá
pero él hace un gesto y orondo se va.

Halló en el camino, a un ratón vecino
Y le dijo: -¡amigo!- venga usted conmigo,
Visitemos juntos a doña ratona
Y habrá francachela y habrá comilona.

A poco llegaron, y avanza ratón,
Estírase el cuello, coge el aldabón,
Da dos o tres golpes, preguntan: ¿quién es?
-Yo doña ratona, beso a usted los pies

¿Está usted en casa? -Sí señor sí estoy,
y celebro mucho ver a ustedes hoy;
estaba en mi oficio, hilando algodón,
pero eso no importa; bienvenidos son.

Se hicieron la venia, se dieron la mano,
Y dice Ratico, que es más veterano :
Mi amigo el de verde rabia de calor,
Démele cerveza, hágame el favor.

Y en tanto que el pillo consume la jarra
Mandó la señora traer la guitarra
Y a renacuajo le pide que cante
Versitos alegres, tonada elegante.

-¡Ay! de mil amores lo hiciera, señora,
pero es imposible darle gusto ahora,
que tengo el gaznate más seco que estopa
y me aprieta mucho esta nueva ropa.

-Lo siento infinito, responde tía rata,
aflójese un poco chaleco y corbata,
y yo mientras tanto les voy a cantar
una cancioncita muy particular.

Mas estando en esta brillante función
De baile y cerveza, guitarra y canción,
La gata y sus gatos salvan el umbral,
Y vuélvese aquello el juicio final

Doña gata vieja trinchó por la oreja
Al niño Ratico maullándole: ¡Hola!
Y los niños gatos a la vieja rata
Uno por la pata y otro por la cola

La marrana peripuesta. (1) 

Viénele a un mono la chusca idea
De ornar con flores a una marrana,
Y ella al mirarse ya tan galana,
Envanecida se contonea.

Y a cuantos mira grúñeles: ¡ea!
¡paso a la venus! ¡todos atrás!
¡ah! dijo el zorro: siempre eres fea;
pero adornada: ¡mil veces más!

 

Mirringa. mirronga. (1)

Mirringa Mirronga, la gata candonga
va a dar un convite jugando escondite,
y quiere que todos los gatos y gatas
no almuercen ratones ni cenen con ratas.

A ver mis anteojos, y pluma y tintero,
y vamos poniendo las cartas primero.
Que vengan las Fuñas y las Fanfarriñas,
y Ñoño y Marroño y Tompo y sus niñas.

Ahora veamos qué tal la alacena.
Hay pollo y pescado, ¡la cosa está buena!
Y hay tortas y pollos y carnes sin grasa.
¡Qué amable señora la dueña de casa!

Venid mis michitos Mirrín y Mirrón.
Id volando al cuarto de mamá Fogón
por ocho escudillas y cuatro bandejas
que no estén rajadas, ni rotas ni viejas.

Venid mis michitos Mirrón y Mirrín,
traed la canasta y el dindirindín,
¡y zape, al mercado! que faltan lechugas
y nabos y coles y arroz y tortuga.

Decid a mi amita que tengo visita,
que no venga a verme, no sea que enferme,
que mañana mismo devuelvo sus platos,
que agradezco mucho y están muy baratos.

¡Cuidado, patitas, si el suelo me embarran
¡Que quiten el polvo, que frieguen, que barran
¡Las flores, la mesa, la sopa!… ¡Tilín!
Ya llega la gente. ¡Jesús, qué trajín!.

Llegaron en coche ya entrada la noche
señores y damas, con muchas zalemas,
en grande uniforme, de cola y de guante,
con cuellos muy tiesos y frac elegante.

Al cerrar la puerta Mirriña la tuerta
en una cabriola se mordió la cola,
mas olió el tocino y dijo ¡Miaao!
¡Este es un banquete de pipiripao!

Con muy buenos modos sentáronse todos,
tomaron la sopa y alzaron la copa;
el pescado frito estaba exquisito
y el pavo sin hueso era un embeleso.

De todo les brinda Mirringa Mirronga:
– ¿Le sirvo pechuga? – Como usted disponga,
y yo a usted pescado, que está delicado.
– Pues tanto le peta, no gaste etiqueta:
Repita sin miedo. Y él dice: – Concedo.

 

Pastorcita. (1)

Pastorcita perdió sus ovejas
¡y quién sabe por dónde andarán!
-No te enfades, que oyeron tus quejas
y ellas mismas bien pronto vendrán.

Y no vendrán solas, que traerán sus colas, 
Y ovejas y colas gran fiesta darán.
Pastorcita se queda dormida,
Y soñando las oye balar.

Se despierta y las llama enseguida,
Y engañada se tiende a llorar.
No llores, pastora, que niña que llora
Bien pronto la oímos reír y cantar.

Levantóse contenta, esperando
Que ha de verlas bien presto quizás;
Y las vio; mas dio un grito observando
Que dejaron las colas detrás.

Ay mis ovejitas ¡pobres raboncitas!
¿dónde están mis colas? ¿no las veré más?
Pero andando con todo el rebaño
Otro grito una tarde soltó,
Cuando un gajo de un viejo castaño
Cargadito de colas halló.

Secándose al viento, dos, tres, hasta ciento,
Allí unas tras otra ¡colgadas las vio!
Dio un suspiro y un golpe en la frente,
Y ensayó cuanto pudo inventar,
Miel, costura, variado ingrediente,
Para tanto rabón remendar;
Buscó la colita de cada ovejita
Y al verlas como antes se puso a bailar.

Simón el bobito. (1)

Simón el bobito llamó al pastelero:
¡a ver los pasteles, los quiero probar!
-Sí, repuso el otro, pero antes yo quiero
ver ese cuartillo con que has de pagar.
Buscó en los bolsillos el buen Simoncito
y dijo: ¡de veras! no tengo ni unito.

A Simón el bobito le gusta el pescado
Y quiere volverse también pescador,
Y pasa las horas sentado, sentado,
Pescando en el balde de mamá Leonor.

Hizo Simoncito un pastel de nieve
Y a asar en las brasas hambriento lo echó,
Pero el pastelito se deshizo en breve,
Y apagó las brasas y nada comió.

Simón vio unos cardos cargando viruelas
Y dijo: -¡qué bueno! las voy a coger.
Pero peor que agujas y puntas de espuelas
Le hicieron brincar y silbar y morder.

Se lavó con negro de embolar zapatos
Porque su mamita no le dio jabón,
Y cuando cazaban ratones los gatos
Espantaba al gato gritando: ¡ratón!

Ordeñando un día la vaca pintada
Le apretó la cola en vez del pezón;
Y ¡aquí de la vaca! le dio tal patada
Que como un trompito bailó don Simón.

Y cayó montado sobre la ternera
Y doña ternera se enojó también
Y ahí va otro brinco y otra pateadera
Y dos revolcadas en un santiamén.

Se montó en un burro que halló en el mercado
Y a cazar venados alegre partió,
Voló por las calles sin ver un venado,
Rodó por las piedras y el asno se huyó.

A comprar un lomo lo envió taita Lucio,
Y él lo trajo a casa con gran precaución
Colgado del rabo de un caballo rucio
Para que llegase limpio y sabrosón.
Empezando apenas a cuajarse el hielo
Simón el bobito se fue a patinar,
Cuando de repente se le rompe el suelo
Y grita: ¡me ahogo! ¡vénganme a sacar!

 

 

Poema En Boca Del Último Inca de José Eusebio Caro

Poema En Boca Del Último Inca de José Eusebio Caro
Lunes, julio 10th, 2006

Ya de los blancos el cañón huyendo,
hoy a la falda del Pichincha vine,
como el sol vago, como el sol ardiente.
como el sol libre.

¡Padre sol, oye!, por el polvo yace
de Manco el trono; profanadas gimen
tus santas aras: yo te ensalzo solo,
solo, mas libre.

¡Padre sol, oye!, sobre mí la marca
de los esclavos señalar no quise
a las naciones; a matarme vengo,
a morir libre.

Hoy podrás verme desde el mar lejano,
cuando comiences en ocaso a hundirte
sobre la cima del volcán tus himnos
cantando libre.

Mañana solo, cuando ya de nuevo
por el oriente tu corona brille,
tu primer rayo dorará mi tumba,
mi tumba libre.

Sobre ella el cóndor bajará del cielo.
Sobre ella el cóndor que en las cumbres vive
pondrá sus huevos y armará su nido,
ignoto y libre.

JOSE MANUEL ARANGO. BIOGRAFIA Y POESIAS.

JOSE MANUEL ARANGO. POESIA.

José Manuel Arango (1937 - 2002)

José Manuel Arango (1937 – 2002)

José Manuel Arango nació en Carmen de Viboral, Antioquia, en 1937. Fue profesor de Lógica simbólica en la Facultad de Filosofía de la Universidad de Antioquia durante casi tres décadas. Cofundador y coeditor de las revistas Acuarimántima y Poesía, de Medellín, e Imago de Copacabana. Premio Nacional de Poesía por reconocimiento Universidad de Antioquia, en 1988.
Escribe una poesía rigurosa y elaborada. En sus primeros libros la temática se centró en el erotismo. “Es el precursor de una poesía erótica de alto aliento, no frecuentada en Colombia con tanta intensidad”, escribe Fernando Ayala Poveda. Y agrega: “Su exploración metafísica no cae en la gratuidad: aproxima al hombre frente a los interrogantes de la noche: madre nodriza de la muerte, el recuerdo, lo nocturnal del alma humana. Se emparenta aquí con Novalis. Su lírica breve tiene un universo por construir con ahínco”. Casi toda su obra se compone de poemas cortos que recogen, de un lado, un enorme acervo cultural, y de otro, una sensibilidad que se expresa en monólogos y en alusiones herméticas.

Sobre su obra, el escritor Luis Germán Sierra escribió: “La poesía de José Manuel Arango, como toda obra auténtica, nace de la pretensión casi inexistente de escribir una gran obra y tiene su asentamiento primordial en las pequeñas cosas que rodean una vida cualquiera en cualquier lugar del mundo. Ello le da, además de autenticidad, un valor universal a su arte, reservándonos la complejidad —además de manido tópico— de ese término, pero entendiendo sin complejos que esta obra ya va muy lejos de un alcance meramente local y sobrevuela con soltura aires de otros territorios, pluralísimas significaciones”.

a obra de José Manuel Arango no encaja dentro de ninguna de las tendencias bien definidas de la tradición poética colombiana e incluso tiendo a pensar que se previene de algunas de ellas. Esta impresión se justifica más aún si consideramos que Arango publicó su primer libro en 1973, a los 36 años, cuando poetas coetáneos suyos consolidaban su influyente estilo durante la década anterior. Su demora en darse a conocer le permitió sopesar con maduro detenimiento las renovadoras propuestas de sus compañeros de generación para, en una minuciosa actitud crítica, aprovecharlas en la medida que las trasformaba o matizaba. En este sentido, su poesía se aparta tanto del realismo conversacional, por entonces en boga, como de ensoñadoras evanescencias líricas, muy apreciadas hoy.
Sus auténticos derroteros creativos lo llevan a Emily Dickinson y William Carlos Williams entre otros autores. De la primera recoge la dosis justa de ambigüedad y silencio, perceptible, sobre todo, en sus dos primeros libros (cuyos poemas rara vez titula) y del segundo, la precisión objetiva de la imagen, rasgo que contrapesa el ensimismamiento de la norteamericana. Ambos enfoques coinciden en la atmósfera de poetas chinos de la dinastía Tang como Han-Shan, a quien Arango, junto a los estadounidenses mencionados, tradujo a partir del inglés en entrañable correspondencia con su propia búsqueda. La poesía de Arango comparte con la de Han-Shan un sutil acuerdo entre el tono introspectivo y la mirada objetiva en el trato delicado, casi a pinceladas, con las cosas y la naturaleza. Sin embargo, a diferencia del mundo interior del chino, el del colombiano es más inquietante y perplejo, aunque adopte parecida aceptación estoica ante la existencia.
Esta aceptación hace de él un poeta morosamente contemplativo y lo lleva a reconocer la imposibilidad del conocimiento, quedándose entre la admiración y la extrañeza:

Lección

Y nos mostró en la palma un huesecillo de pájaro
como si en él hubiera alguna lección

El poema consta sólo de dos líneas, consecuente con lo poco que puede decirse sobre algo en última instancia. La copulativa inicial subraya su carácter incompleto e insatisfactorio y el paradójico título le infunde una fina y resignada ironía.

Selección de poemas

VIII
HOLDERLIN

Quizá la locura

es el castigo.

para el que viola un recinto secreto.

y mira los ojos de un animal

terrible

.

 XXVIII

la casa que reduce la noche a límites

y la hace llevadera

cuando el ruido de una bestia en el sueño

o las palabras que sin sentido

despiertan con todo ese extraño temor

surgen como restos de una oscura lengua

que desvela el origen y la amenaza.

el techo que cubría un fuego manso

arderá.

y entonces nada habrá seguro

y será necesario de nuevo cavar

hacer.

.XLVI.

ESCRITURA.

la noche, como animal

dejó su vaho en mi ventana.

por entre las agujas del frío

miro los árboles.

y en el empañado cristal

con el índice, escribo

esta efímera palabra.

.X.

como para cruzar un río

me desnudo junto a su cuerpo.

riesgoso

como un río en la noche

.

.

CANTIGA DE AMIGO.

Y tras la incertidumbre de un instante

frente al desconocido

que luego por virtud del gesto recordado

vuelve a ser el amigo que después de la lluvia

llama a la puerta.

lo ayudamos a desnudarse

colgamos sus ropas a secar junto al fuego.

y oímos el relato de su viaje

reconociéndonos en sus maneras

de náufrago.

.EN CAMINO.

Para Gustavo Zuluaga.

1

Y, a lado y lado del camino,

ralos matojos

de helechos,

en este mes del año requemados,

resecos.

.2

Un alud, en invierno,

en el lomo del monte

dejó algo así como una dentellada

de barro rojo..

Ahí queda por meses,

tal vez por años.

Es una cicatriz

bermeja..

3

O manchones

—aquí y allá—

de un pardo rojizo.

Allí donde la pobre

vegetación de zarzas

y malezas se agosta,.

como si un terco mal

de la tierra, un matiz

del rojo de la tierra

subiera por sus tallos

y se mezclaran al bruno

de la maleza ardida..

4

Un ronroneo de colmena:

lo oye el caminante..

Más allá,

entre musgos,

hay un nacimiento..

5

Que el caminante baje

hasta aquella hondonada donde el verde

se hace más oscuro..

Encontrará, entre piedras,

un hilo de agua fría,

podrá beber un puño de agua fría

para la sed..

6

Y después el camino

se pierde en un paraje

arbolado de búcaros

y más allá reaparece

para trepar por un costillar mondo..

Sólo un camino: una delgada

incisión en el lomo

de la montaña: un arañazo

o la huella de un arañazo..

7

Ese huevo sonrosado entre la maleza.

El caminante lo alza para

remirarlo contra la luz..

8

y, por fin, una redondez.

Pero de ningún modo la redondez de un seno..

Más bien

algo como un muñón,

como el esbozo

de un cráneo..

Quizá una giba,

sí: una giba rocosa..

9

Y otra cumbre.

Otra hermosa perspectiva

de despeñaderos..

ROGELIO ECHAVARRIA. BIOGRAFIA Y POESIAS.

ROGELIO ECHAVARRIA. POESIA.

Rogelio Echavarria

Poeta nacido en Santa Rosa de Osos, Antioquia, en 1926. Se desempeñó a lo largo de toda su vida como periodista, ejerciendo esta actividad por muchos años en el diario El Tiempo de Bogotá. Ha llevado una vida discreta y reservada. Integrante de la notable generación que surgió en la vida literaria de Colombia entre los años 40 y 50 (conocida con los nombres de Cántico, o también Mito). Se considera una de las figuras más destacadas de la poesía colombiana contemporánea.
La poesía de Rogelio Echavarría, escrita con un tono sencillo, cercano al lenguaje coloquial, se ocupa de la vida cotidiana y registra también la presencia de cierto erotismo. Darío Jaramillo Agudelo escribió que “es un poeta original en la poesía colombiana porque fue el primero que abrió los ojos a la poesía de lo cotidiano y de la ciudad: y lo hizo sin abandonar el misterio esencial de la poesía. Es el precursor de una vertiente de la poesía colombiana que incorporó sin pudores el mundo circundante y la autobiografía al poema”.

EL TRANSEUNTE

Todas las calles que conozco

son un largo monólogo mío,

llenas de gentes como árboles

batidos por oscura batahola.

O si el sol florece en los balcones

y siembra su calor en el polvo movedizo,

las gentes que hallo son simples piedras

que no sé por qué viven rodando.

Bajo sus ojos —que me miran hostiles

como si yo fuera enemigo de todos—

no puedo descubrir una conciencia libre,

de criminal o de artista,

pero sé que todos luchan solos

por lo que buscan todos juntos.

Son un largo gemido

todas las calles que conozco.
 

LUGAR COMUN

Ya que no todos podemos ser

poetas

comprender lo sensible

o exaltar lo sencillo

hablemos francamente

confesemos nuestro fracaso

de hombres sin alas

de hojas muertas en el estío

nuestros empeños ciegos

sin metáforas vanas

nuestra identificación con todos

o con casi todos

y si alguien nos entiende

y fecunda nuestra impotencia

eso también es poesía

o por lo menos una gota

en la sed del infierno

cotidiano.

LA FELICIDAD

Hay miríadas de seres en el Universo

que son felices —y no te conocen.

Millones de personas en la Tierra

son felices —e ignoran que existes.

Muchos también te han visto

y son felices sin amarte.

Y algunos que te amaron

disfrutan de un feliz olvido.

¿Por qué, pues, soy yo el único hombre

para quien tú eres toda la felicidad en el mundo?

POETICA

¿Qué es poesía? preguntas.

Hago luz y —discreta

y sorprendida— huye

la poesía: ¡esa sombra!

EPITAFIO

Al fin voy a dormir

despacio

y solo.

EDUARDO COTE LAMUS. POESIA

EDUARDO COTE LAMUS. POESIA

 

Nació el 18 de agosto de 1928. Algunos biógrafos sostienen que es oriundo de Pamplona, Norte de Santander, Colombia; pero en la obra “Eduardo Cote Lamus 30 años de ausencia”, confirman su nacimiento en Cúcuta, en la casa ubicada en la calle 13 con avenida 3a.

Su primera obra, “Preparación para la muerte“, fue publicada en 1950. Después vinieron: “Salvación del recuerdo” (1953); “Los sueños” (1956), “La vida cotidiana” (1959), “Diario del Alto San Juan y del Atrato“(1958)y Estoraques” (1963).

Murió en un accidente automovilístico el 3 de agosto de 1964, a los 36 años de edad. Muy corta fue su vida, pero le alcanzó para ser abogado, parlamentario, diplomático, catedrático, cuentista, poeta y gobernador  del Norte de Santander.

 

 

OBRAS

ESTORAQUES
EDUARDO COTE LAMUS

… y llamaré la sequía sobre esta tierra
y sobre los montes y sobre el trigo
y sobre el aceite y sobre cuanto produce la tierra
y sobre los hombres y sobre las bestias
y sobre todo trabajo de vuestras manos.

(Ageo. 1:11)

 

Aquí no puede uno ni pararse, ni acostarse, ni sentarse.
No hay ni silencio siquiera en las montañas
Sino el seco estéril trueno sin lluvia.

No hay ni soledad siquiera en las montañas,
Sino ceñudos rostros rojos que gruñen entre dientes
Desde los umbrales de casas de tierra apisonada.
Si hubiese agua…

(T. S. Eliot. La tierra baldía)

Díme sequía, piedra pulida por el tiempo sin dientes,
por el hambre sin dientes,
polvo molido por dientes que son siglos,
por siglos que son hambres,
díme cántaro roto caído en el polvo, díme
¿la luz nace frotando hueso contra hueso,
hombre contra hombre, hambre contra hambre,
hasta que surja al fin la chispa, el grito, la palabra,
hasta que brote al fin el agua y crezca el árbol
de anchas hojas de turquesa?

(Octavio Paz. El cántaro roto)


El viento que viene y el viento que va
no son nada, en realidad, del tiempo.
El tiempo en otro sitio donde el hombre,
capaz de su destino, trazó el aire,
el arma de sus sueños, y la tierra
labró para guardarse en ella.

Esto fue en el terreno de los hombres.
Una ciudad allí cumplió la vida
si en grandeza se quiere más arriba
de los propicios cielos fulgurantes
donde el dominio de los dioses todos
hizo imperios, circunvaló las sienes
de las colinas, encontró las leyes,
convivió con lo humano dando aliento
sin para a la victoria.

Esa colina es hija de los nobles
pensamientos del dios. Y si miramos
desde la cumbre del año más alto
vemos la loba alimentando a Rómulo
y la ciudad que fue surgiendo al mundo
coronada de hazañas y de templos.

El Palatino, cierto, es diferente.
Toda la historia cabe en la mirada
y las ruinas así nos lo demuestran.
De modo que podemos ver las piedras
puntualmente ordenadas por Augusto
quien también entendió que los poetas
eran la gloria y prez de su gobierno,
fue amigo de Virgilio, el que hizo cantos
a la reforma agraria:
otra no es la intención de la Geórgicas
en donde están aún los surcos frescos
y los trigos germinan todavía,
y en donde están medidas las cosechas,
la necesaria fuerza para el brazo que lanza la semilla,
la propiedad, la ley de los viñedos
para que el vino estalle como luz,
embriague como luz aunque su llama sea roja.
Y por ahí también anduvo Horacio,
dominador de numerosos metro,
que afiló como a un hacha el epigrama
y cultivó palabras como nadie.

El Palatino está dentro del tiempo.
Su mole es como un puño alzado al cielo
en su ruina imprecando por los días
antiguos. El tramonto le golpea
su soberbia, y su piel, presa de luz
se incendia cada tarde en el crepúsculo.

Aquí el asunto es muy distinto.
Una que otra columna, cauces solos,
tierra como de sol sin sombra, sombras
como ascuas: los árboles no existen. Sólo sed
y un pueblo que da vueltas a la plaza
para ir hasta el cementerio o hasta río
sin agua. Del otro lado una muralla
con cruz, y del otro también, con cruces
donde la muerte sueña con los muertos.

El viento que viene y el que va
saben algo de todo esto: el tiempo, nó.
El tiempo está en Sumeria, en Babilonia,
en Tebas, en Nínive, en Egipto, en Creta,
en el Partenón, en los museos, en Jenofonte,
en los muros, en las ideas, en la política:
huesos de la civilización.

Aquí hay un reino de tierra y arenisca
maravillosamente sediento.

Tampoco es esto Xochimilco, Chichen-Izá
o Machu Pichu, ni la obra
de los antiguos nativos de nuestro continente porque
una piedra bajo el sol es como un cuervo en llamas.
Su piel contiene apenas
la soledad necesaria para el odio.
En su ley nada la conmueve:
ni el dominio igual que su baldón
de impotencia, ni la ignominia de saberse
sin rostro, resuelta en el orgullo.
Pero no es la derrota.
Todo lo contrario es el viento:
lo mezquino es el cuervo, porque
el cuervo es una hoguera negra.

Una piedra es ascuas bajo el sol:
el fuego en su piel es el castigo.
Acaso la sombra transitoria del cuervo
pueda hacerse solaz o carne de los dioses.
Pero, adentro, reside la batalla.
¿Quién puede pensar que en su interior
algún animal petrificado
hunda sus pezuñas atravesando la tierra?

Encallada, muchas veces en la cima de un monte,
aparece grandiosa en su caudal de templo:
el músculo amputado al dios,
el gesto de un rostro desaparecido,
la huella de un pie gigantesco,
el pensamiento redondo,
el labio que exige sacrificios,
el falo soberbio de las vírgenes
que bajan de una lúbrica estrella,
el cuenco de la mano, la macana, la mueca, el pánico, el odio…

¡Ahora viene el hombre caminando!
El hombre sellado como una piedra.
La inscripción a cincel fue deslabrada
y un borrón por nombre conmemora su libertad.
Si su silencio se midiera en islas
habría mar. Por eso la ceniza
en la frente es camino para continuar.
El tiempo nada más en la piel del estoraque,
el tiempo como un perro que nunca llega al hueso,
el tiempo ladrando como perro,
como un perro derrotado por los sueños.
En la superficie el tiempo: Heráclito el Oscuro
hubiera aquí encontrado que su río es la sed,
hubiese aquí encontrado que es mejor
el limo que los días, el cristal que las imágenes,
la rueda del molino igual agua.

Aquí las ruinas no están quietas
el viento las modela. Por ejemplo
lo que antes era escombro de palacio
lo convirtió en estatua la erosión
y lo que fue la sombra de la torre
es ahora la sombra del chalán.

Ese bote de lanza del jinete
contra algo inexistente, ese ademán
de contienda en esos ojos sin sueño,
ese violento paso del caballo
detenido por siempre, ese color,
fueron antes las bases de algún templo,
el comienzo de algún arco, el fin
de tanta fe entregada a un dios terrible.

Hoy es un rostro, máscara mañana,
sueño primero, luego ni recuerdo,
columna ardiendo en el viento en llamas,
tórridas manos sobre la garganta
del caballero ecuestre, río, ríos
de sombra al rojo blanco dominando
aquello que existencia fue sin duda.

En esta sucesión que nadie nota
algo que no se mueve ni transforma,
algo quieto a pesar de tanto caos,
algo que permanece sinembargo
aunque desaparezcan estoraques
y nazcan otros, aunque aquellos bosques
de serpientes de pie como escuchando
la flauta del encanto comprendieran
que nunca han existido.

Pero es que aquí, también, todo se queda.
Es que acaso ¿razón tenía Parménides?
En fundamento todo permanece,
los elementos son iguales siempre
y la materia siempre es inmutable,
inmóvil es el ser no se mueve
(ser y pensar son una cosa misma)
y todo esto que vemos y sentimos
es no más que un asunto incomprensible.

No más que la alta hoguera de la estrella
sobre este mundo. Nada más que el sueño
se pronto convertido en nada.  Nada
distinto al propio fuego en que se incendia
ebria, la luz, muy dentro de la tierra
o encima de la lámpara que lleva
todo nombre encendido. El estoraque
siempre tiene las luces apagadas.

Al polvo nada vuelve, todo queda
delante de los ojos y las manos
sin poder escoger huellas de arena,
sin poder encontrar en tanta forma
cosa distinta de nuestro fracaso.

Por esto Gorgias, Gorgias, yo te veo.
En la verdad te vi, en lo incomprensible
después de preguntar qué significan
esta vida, estos monstruos, estos sueños.

En llamas la ciudad y ardiente el viento
recorre enloquecido los recintos,
casas de citas, antiguos almacenes
de amor, fuego encendido, turbio fuego
que a los seres abrasa frente a frente
a la muerte. ¡Si fuese por lo menos
el fin, si por lo menos el comienzo!
Quiere quitarse llamas de la espalda
el viento. En la ciudad deshabitada
devastador ejército entra a saco:
aquí viola un recuerdo, allí un sueño
y más allá el estupro se convierte
en amo; dardos rompen el silencio
y cada sombra herida se hace grito
porque no hay sino sombras poseídas
por el viento, el que viene y el que va,
que nunca tiene paz, nunca sosiego.

La luz hierra los ojos como a un toro,
mueve entre brasas el herrete y marca
sin piedad en el monte un estoraque:
su cuño al rojo blanco cumple un fuego
lo que el destino castigó sin nombre,
sin consideración con esta tierra
para humillar al hombre que trabaja
el suelo y su existencia como nadie.

No hay mineral oculto en sus raíces
ni la vegetación sobre su lomo,
no hay árbol ni camino ni labranzas
y ni siquiera estrellas en lo alto:
huyó hasta el trueno, el rayo y el relámpago.
Nada queda de todo, todo es nada.
No se puede sentir la realidad
sino en los sueños. Tanto viaje humano
hasta el fondo del alma para verse
después de tanta huella igual que antes.

Sopla el viento la vida, la dirige
hasta la tierra, si, hasta la honda tierra
donde los muertos tienen la mirada
exactamente igual a la de muertos.
Hay que empezar a interpretar los actos
que nunca realizaron cuando vivos
y sus pasiones hoy desmoronadas
Igual que los amores repartidos
en tanto lecho muerto, en tanto vientre
hueco, en tanto vacío, en tanta nada.

Aquí los muertos que sembraron sólo
para dejarlos solos con sus muertos
se cansaron de estar muriendo muertos
y empezaron sus uñas a arañar
la dura tierra que les vino encima.
El trabajo empezó cuando su reino
prolongose debajo de los montes
luchando por el agua que bebieron
Hasta impedir que la humedad se fuera
por las hondas raíces de las hojas
a conocer los aires y los cielos.

Después se dieron cuenta de que el agua
no existe: una mentira del tamaño
de un río es comparable con la vida,
que tampoco existió. No hay sino sed.
Lo que existe es la sed y el resto es nada.

Hicieron los hombres el tiempo
para darle nombre a cosas
de las que poco sabían:
la vida, el amor y la muerte
y el destino de conocer
que los actos son las huellas,
los huesos, la piel, la conciencia.

Fue antes la montaña orgullo de la cordillera;
en su lomo retumbaban los relámpagos
como una crin de bronce en la nuca de un caballo.

El llano bebió el agua en la montaña
Y entonces, de un tajo, le cayó la sed:
fue un látigo con sevicia concebido:
las raíces se pudrieron y una lepra
roedora de piedras, amedrentó los fósiles
que dormían: a ellos también, a latigazos,
se les volvió al polvo y solamente
algo del olvido se escucha entre su sombra.

Antes la montaña invocaba la lluvia
pidiendo pan para su cuerpo estéril,
semen para su vientre,
pero implacable el cielo la condenó a su suerte:
hasta el propio cauce se bebió su río.

Primero fueron grietas, luego cayeron corredores, pasillos,
túneles se abrieron y un arado feroz
tirado por dos bueyes vengativos
la tierra roturó en laberintos.

Luego comenzó la guerra de las cosas:
chispas no sacaban las armas sino tierra;
las espadas, como labios, se rajaron de sed
contra relámpagos de sequía, contra la bota implacable
que caía, pero nunca la tregua. Fue la cal
contra el aire, el bario contra el infinito,
galope de tierra contra muros invisibles,
la desesperación contra las estrellas;
pájaros que hacían las veces de flechas
y los árboles de arcos;
plumas semejantes a las sombras, antorchas, danzas
luchando con innumerables pies; hormigas, larvas,
átomos contra energía y la gran diversidad
de  las especies esperando respirar aire de llamas.

La montaña en pedazos, cayó por fin vencida. 
Una ciudad creció en testimonio
de batalla. El viento se encargó de fabricar
el orgullo de la derrota.

Rotos por el destino, los castillos
están despedazados: de las torres solamente
el fundamento y las columnas despavoridas
tiemblan en la noche. Tienen el eco muerto
los grandes aldabones y las calles sin nombre
caminan torpemente. Altas eran las flechas
que culminaban la ojiva y más altas
las frentes de sus habitantes.

Las fuentes y los jardines, las alcobas por el amor cohabitadas,
los vientres sembrados clandestinamente y las generaciones
que apretaron su sed bajo tierra para seguir muriendo a gritos
¿Dónde se encuentran?
¿Dónde esta civilización inexistente?

El viento que viene y va sopla en la tarde
atravesado por la luz de mayo;
viene cantando de otras partes, canta
como si no volase por el mundo.

El viento suena, suena el viento.
El viento suena y en su frente
el tiempo, el tiempo de mañana,
el de hoy que es el de ayer: de siempre.
El viento en la ciudad, campana
de tiempo en el pasado, a fuego
lento el badajo, a pleno sol
el son por calles en derrota.

Se oye el rumor de muchos mundos,
de hombres que mueven sin sentido
los pasos, de huellas que cargan
peso de cuerpos sin destino;
se puede ver cómo ellos viven,
cómo pasan bajo las luces
de neón, cómo se transforman
de sombras iguales a sombras
iguales y a sombras de sombra.

Ahora un grito en la noche:
lamento mecánico sube
miedo, edificios arriba hasta
el alma, hasta el último piso
donde el viento y pavor lo arrastran
por ventanas, tejados, patios,
cortinas, muebles, huesos, nervios;
la sirena se mete dentro,
pasa veloz como sospecha
inquietando, metiendo el dedo
en la conciencia y cada vez
que suena llega hasta la boca
sabor de culpa porque todos
en la ciudad son los culpables:
por quien inquiere la sirena
con ojos de luz intermitente
y los demás, los que la escuchan.

La sirena persigue, clama,
es el anuncio de peligro,
es la voz de la soledad,
la flor de la angustia, palabra
igual en todos los idiomas
de la miseria, enfermedad,
del crimen.

Sobre un puente del río Main
está pasando una gaviota,
negra es el agua y blanco el barco
también de nombre La Gaviota.

Seguramente por allí
debió pasar cantando el río.

Y eso, que parece un castillo
sobre el muñón de los peñascos
¿no es el de Heidelberg?  Detrás
¿no estarán los muros de Córdoba?
y ¿no será una de aquellas
la Torre de San Juan  Abad?

Una campana entre ruinas
se revuelve en los campanarios,
como un caballo entre las llamas,
anunciando, sí, delirando
en pánico de bombardeo,
al borde de la misma muerte
tal relincho de fuego, como
feroz algara destruyendo.
allí está la Gedächtniskirche
que todavía es una llaga
de aquel Berlín bajo las bombas.

Eso que parece una calle
es el antiguo cauce del Támesis,
modesto río que cruzó
una ciudad de nombre Londres.
Nada en las ruinas tiene nombre.
Un árbol hubo aquí, ¿fue acaso
aquel maldito de Hiroshima,
monstruoso hijo del de la horca?
Será que aquí, en los Estoraques,
¿queda el lugar de punición
de las ciudades desaparecidas?


Ese mundo que se extinguió
tenía así que consumirse
porque al hombre le destruyeron
todo aquello que poseía:
la voluntad, la fe, el esfuerzo
de ser como su fantasía

la razón sobre su cabeza.

El viento suena, suena el viento.
El viento suena y la erosión
golpea en los ojos del tiempo
que aquí nunca vieron ciudades
sino a los árboles de arena.

Lejano todo, los países
extinguidos, el mismo tiempo;
lejano el día del exilio
como los pies sobre las uvas
cuando se bebe el vino. Lejos
del por qué  que nunca se supo,
del cuando, del ayer, del viento.

Si la peligrosa costumbre
de vivir sin destino, si
el descargar las propias culpas
nada más que sobre los actos,
si tanta nada descubrimos
y en tanta nada nos hallamos
¿en dónde poder encontrar
lo verdadero?

Aquí ya sucedió el juicio final.
lo demás son huellas, son restos,
testigos de lenguas cortadas
por las espadas de los ángeles.

Más aquello es otra cosa:
para nada cuenta el tiempo.
El hombre nunca estuvo, pero están sus sueños.
¿A dónde va la luz? ¿A dónde el viento?

La ciudad seguramente estaba amurallada.
Pero ¿quién hizo sus murallas?
Aquí el muñón de los castillos.
Mas la torre ¿de qué se defendía?
¿Qué fue lo que pasó?
¿Por qué esta ciudad es una tumba?

Dos columnas anuncian su reino.
Por la izquierda va subiendo el bosque
de ruinas. Al otro lado el vuelo de los pájaros
y por encima el sol casi crepúsculo.
¿Hubo aquí alguien?

Toda la montaña es estoraques:
los templos pretéritos -acaso sin Dios- donde la vida
no existió, las grandes pagodas, la rutilante cúpula,
el vuelo audaz del arquitrabe,
la complicada seriedad de la archivolta
y nada menos que el sueño, es decir, lo único
que de los hombres existe. Arriba el látigo
de los arcos cruzados, el surtidos de piedra, el arte
que innominado artesano cumplió, y abajo
el apoyo eficaz del arbotante, los muros con largos ventanales
y el pie de la columna resistiendo
el peso de siglos.

Aquí las columnas hacinadas
recuerdan no se sabe si los bosques de olivos
que uncidos a nudos arden como lámparas
o los dedos de innumerables manos enterradas
cuyas palmas el destino no escribió;
se puede pensar que son raíces
por entre las que pasa un dios
o sus bases las copas que se hunden
por respirar en tierra un cielo
de constelaciones de polvo.

En la hora del crepúsculo, en la cumbre,
se abren estoraques aún no concluidos.
La mano ágil del viento los modela todavía.
Pero nada de amor. La sed no existe.
Nada de vivir, la vida
no existe. ¿Y qué?
En este mundo los actos son columnas,
testimonios, materia de verdad.
El resto, es nulo.

Por si estuviera el dolo
¿quién lo permite?
Si el dolor o la razón o el sueño
¿se les ordenara?
Y los que piedra a piedra, brazo a brazo,
movidos por el látigo o el hambre
hicieron la muralla, ¿dónde se encuentran?
¿Ah de la ciudad! Y ¿quién lo dijo?

Entre el mañana y el ayer no más
que el rudo corazón dando la hora
y el paso de las nubes y los días
y el subfondo de actos enterrados.

Entre hierbas y templos y columnas
se recuerda: ¿quién no tuvo el sueño para huirse?
Y ¿quién no deseó en un instante
hacer con el olvido un arco
para matar lo sido?

Atrás, lo que de todo depende: un alma abierta
es decir, el otro cuerpo. El alma cae,
se abre, ilumina y cae.

¿Dónde el agua?
¿En qué civilización se encuentra el agua?

Por fuera, semejante al maíz es una llama
y por dentro el destino. Por fuera el hueso
y por dentro el castigo. ¿Qué vientre
los parió? Y ¿cuál fue el semen?

Se desprende del sueño algo así como ventana:
Fuego en las sienes, divinidad, silencio,
luz. Detrás comienza lo que somos
en el otro mundo.

Ese hueco, en verdad, por el que pasa
el tiempo no logra nunca espacio. Le pregunto
a lo que fue qué ha pasado,
a la piedra, al dolor, al propio nudo
del hombre.

Aquí no hay agua. Ni sed.
No hay nada. El tiempo se ha perdido:
el viento es aire de otro tiempo.

Empecé por abrir la soledad
como quien destapa una botella
y no encontré ningún camino;
di pasos atrás para buscar palabras y cantar
Y no vi nada;
volví por la ciudad y sólo el viento,
el que sube y el que va, como perdido,
como buscando a Dios, como arañando
los altos, los duros, los broncos estoraques.

(1961- 1963)

Cote Lamus, Eduardo, ESTORAQUES.
Bogotá, Ediciones del Ministerio de Educac
ión.
Imprenta Nacional, 1963.
Fotos Estoraques: William Claro Delgado
Foto pueblo: John León

FERNANDO CHARRY LARA. POESIA

FERNANDO CHARRY LARA. POESIA

(Fue un poeta colombiano nacido en Bogotá en 1920 y fallecido en Washington en 2004). Llevó una vida discreta y sencilla, como maestro y abogado. Fue director de la Radiodifusora Nacional de Colombia y director de extensión cultural en la Universidad Nacional de Colombia. Su obra se caracterizó por la brevedad, la lucidez crítica y la intensidad expresiva. Fundó con Mario Rivero y Aurelio Arturo la revista Golpe de Dados en 1972, publicación clave en la historia de la poesía colombiana. También colaboró con revistas de España, México, Argentina, Chile, Venezuela. En estas publicaciones y ensayos desarrolló una reconocida, rigurosa y precisa labor crítica. Sus poemas aparecen agrupados en diversas antologías nacionales y de hispanoamérica. Hizo parte de la llamada Generación Mito, agrupada alrededor de la revista homónima y el poeta Jorge Gaitán Durán. También se le clasificó en el grupo de “Cántico” o “Cuadernícolas” en su juventud. De su obra escribió en su momento el crítico Andrés Holguín: “Charry crea una poesía voluntariamente opaca, de vagas resonancias, de íntimos ecos emocionales. Su mundo está habitado de fantasmas, por borrosas figuras, perdidos aromas. Poesía esencialmente nocturna, jamás a plena luz, siempre en penumbra: es una exploración de la noche y el sueño. Poesía contenida, pura, auténtica, emanada de un temperamento hondamente sensible pero al mismo tiempo, realista y sencillo.” (Revista “Aleph”, Manizales. Pág. 33. número 97)

 Obra

  • Poemas (Colección Cántico, Bogotá, 1944)
  • Nocturno y otros sueños (Bogotá, 1949 – Prólogo de Vicente Aleixandre)
  • Los Adioses (1963)
  • Lector de Poesía (Ensayos críticos, Bogotá, 1975)
  • Pensamientos del amante (Bogotá, 1981)
  • Los poetas de Los Nuevos (Bogotá, 1984 – Estudio crítico)
  • Poesía y poetas colombianos (1986)
  • José Asunción Silva, vida y creación (Compilación de estudios críticos, Bogotá, 1986)
  • Llama de amor viva (Compilación de su obra poética, Bogotá, 1986)
  • José Asunción Silva (Ensayo, 1989)
  • Poésie colombienne du XXe siècle (Edición bilingüe, Tomo 4. Ginebra, 1990)
  • Antología de la poesía colombiana (Compilación y estudio crítico, 1996)
  • Poesía reunida. Editorial Pre-Textos. 2003. http://www.pre-textos.com/escaparate/product_info.php?products_id=1341&osCsid=8u8ng4alntimj3qkkehc9e4a91

 Premios

  • Premio nacional de poesía José Asunción Silva, 2000.
  • Premio nacional de poesía por reconocimiento, Universidad de Antioquia, 2003.

OBRA

 

A la poesía

Al ausente        

Blanca taciturna         

Ciudad

Como la ola

El exilio       

El lago

El verso llega de la noche

Fantasma

Jardín nocturno        

Llanura de Tuluá

Llegar en silencio

Madrugada     

Olvido

Pensamientos del amante

Testimonio      

Versos del anochecer        

Viajero

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Poesía sensual

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A la poesía

Al soñar tu imagen,
bajo la luna sombría, el adolescente
de entonces hallaba
el desierto y la sed de su pecho.
Remoto fuego de resplandor helado,
llama donde palidece la agonía,
entre glaciales nubes enemigas
te imaginaba y era
como se sueña a la muerte mientras se vive.
Todo siendo, sin embargo, tan íntimo.
Apenas una habitación,
apenas el roce de un ala o un amor que atravesase noches,
con pausado vuelo lánguido,
con solamente el ruido, el resbalar
de la lluvia sobre dormidos hombros adorados.

Sí, dime de dónde llegabas, sueño o fantasma,
hasta mi propia sombra, dulce, tenaz, al lado.
Así asomas ahora,
silenciosa,
tal entre los recuerdos
el cuerpo amado avanza
y al despertar, a la orilla del lecho,
entre olvido y años,
al entreabrir los ojos a su deslumbramiento,
hoy es sólo
la gracia melancólica que huye,
invisible hermosura de otro tiempo.

No existe sino un día, un solo día,
existe un único día inextinguible,
lento taladro sin fin royendo sombras:
¡No soy aquel ni el otro,
y ayer ni ahora soy como soñaba!

Qué turbadora memoria recobrarte,
adorar de nuevo tu voracidad,
repasar la mano por tu cabellera en desorden,
brazo que ciñe una cintura en la oscuridad silenciosa.
Ser otra vez tú misma,
salobre respuesta casi sin palabras,
surgida de la noche
con tristes sonidos, rocas, lamentos arrancados del mar.

Tú sola, lunar y solar astro fugitivo,
contemplas perder al hombre su batalla
mas tú sola, secreta amante,
puedes compensarle su derrota con tu delirio.
Míralo por la tierra vagar a través de su tiniebla:
crúzalo con la espada de tu relámpago,
condúcelo a tu estación nocturna,
enajénalo con tu amor y tu desdén.
Y luego, en tu desnudez eterna,
abandóname tu cuerpo
y haz que sienta tibio tu labio cerca de mi beso,
para que otra vez, despierto entre los hombres,
te recuerde.

 De “Los adioses” 1963

 

Al ausente

                                                       Recuerdo de Jorge Gaitán Durán

Si tu desnudo gesto inmóvil
si tu rostro que estalló de pronto ante un espejo
Si tu voz mutilada por el árbol por la nube
Si tu paso callado por un sótano
Una obstinada selva carnicera
Piedras y hojas de inútil rocío
y sigo sigo despierto pensando
Silencio ahora duermes
Ahora eres
Un puñado de estrellas y de madrugadas

La lenta noche del mar vaga por la memoria
La alucinación de cuerpos y fiestas lejanas
El herido cansancio del oleaje a la espalda
La víspera de Colombia en el entresueño
El amor y el hastío el deseo indolente
La respiración el perfume de un pecho a oscuras
El labio adolescente que miras entre lunas
La palidez de los objetos a tu alrededor
El golpe del trueno en olas en espumas en rocas
No escuchas callas es más sordo el silencio
Está más cerca el silencio
Ya adviertes la tormenta los relámpagos
Entresacas otro huracán de tus recuerdos
Ronco de sombras y vientos yagonías

Si nunca aquella errante ráfaga huyendo
Salida del cielo morado a borbotones
Con un ruido de corazón destartalado
Riega el espacio de lágrimas y desperdicios
Es el inasible aullido del insomnio
Es un largo funeral por una calle a solas
Es un sollozo que silba perdido en las esquinas
Como el eco de un grito en una
Imprevista ciudad que sonámbulo:
Vislumbras ves desierta entre pesadillas

Porque inhumano el mundo se niega a ser eterno
Vuelas irrescatable de cenizas
En la medianoche de un bar te despides
Te rodean mutilaciones y senos y maderas
y ya no quieres escuchar
Mas es verdad que ya no me oyes
Y el traje con que andabas por la tarde
Y mujeres encinta llenas de besos
Caen también con precipitación
Desplomándose en estrechos invisibles corredores

Quedan la lluvia la conversación los recuerdos
Si no hubiese sido montaña sino mar sino llanura
Aquel que en mitad del camino de la noche
Buscando palabras el infinito tiempo medía
Sin olvidar la muerte al lado
Repentinamente entrado a su muerte
En el vértigo el asombro instantáneo del vacío
Palpando en el espacio tanta inmovilidad
Ahora te sé de aire y noche y nada

Eres tú el mismo que vivía
El mismo que regresaba
O era yo o era otro
O éramos me repito nuestros amigos
Estuvimos uno a uno al amanecer en Pointe a Pitre
O pudo no haber sido nadie sino
El sueño de algún huésped de mi memoria

Apenas los cabellos apenas el alba caída
En el vestido
Entre escombros inerte sin luz deshabitado
¿Qué raíces qué miradas lentamente
Despiertan junto a un cuerpo
Silenciosas y frías para reconocerlo?

De “Los adioses” 1963

 

 

Blanca taciturna

Qué día de silencio enamorado
vive en mi gesto vago y en mi frente.
Qué día de nostalgia suavemente
solloza amor al corazón cansado.

Alta, dulce, distante, se ha callado
tu nombre en mi voz fiel, pero presente
su turbia luz mi soledad lo siente
en todo lo que existe y ha soñado.

En la tarde vagando, voluptuoso
de horizontes sin fin, la lejanía
me envuelve en tu recuerdo silencioso.

Claros cabellos, cuerpo, ojos lejanos,
pálidos hombros. Oh, si en este día
tuviera yo tu mano entre mis manos.

 

Ciudad
 
Por el aire se escucha el alarido, el eco, la distancia.

Alguien con el viento cruza por las esquinas y es un
instante
su mirada como puñal que arañara la sombra.
Desde el desvelo se oyen sus pisadas alejarse en secreto
por la calle desierta tras un grito.

Una mujer o nave o nube por la noche desliza como río.
Junto al agua taciturna de los pasos
nadie le observa el rostro, su perfil helado
frente al silencio blanco del muro.

(Por el mar bajo la luna su navegación no sería
tan lenta y pálida,
como por los andenes, ondulante,
su clara forma en olas
avanza y retrocede.

Esos pasos, rozando el aire, se niegan a la tierra:
no es el repetido cuerpo que en hoteles de media hora
entre repentinos amantes y porteros
su desnudo deslumbra bajo manos y manos
y despierta soñoliento en un
apagado movimiento
mientras a la memoria
acuden en desorden lamentos.

En la oscuridad son relámpagos
la humedad en llamas de esos ojos
de oculta fiera sorprendida,
y algo instantáneo brilla,
la rebeldía del ángel súbito
y su desaparición en la tiniebla).

La noche, la plaza, la desolación
de la columna esbelta contra el tiempo.
Entonces, un ruido agudo y subterráneo
desgarra el silencio
de rieles por donde coches pesados de sueño
viajan hacia las estaciones del Infierno.

Duermevela el reloj, su campanada el aire rasga claro.
En el desierto de las oficinas, en patios,
en pabellones de enronquecida luz sombría,
el silencio con la luna crece
y, no por jardines, se estaciona en bocinas,
en talleres, en bares,
en cansados salones de mujeres solas,
hasta cuando, como con fatiga,
la sombra se desvanece en sombra más espesa.

Desde la fiebre en círculos de cielos rasos,
oh triste vagabundo entre nubes de piedra,
el sonámbulo arrastra su delirio por las aceras.
El viento corre tras devastaciones y vacíos,
resbala oculto tal navaja que unos dedos acarician,
retrocede ante el sueño erguido de las torres,
inunda desordenadamente calles como un mar en derrota.
Siguen por avenidas sus alas, su vuelo lúgubre por
                                                           suburbios:
se ahonda la eternidad de un solo instante
y por el aire resuena el alarido, el eco, la distancia.

Muerte y vida avanzan
por entre aquella oscura invasión de fantasmas.
Los cuerpos son uniformemente silenciosos y caídos.
Un cuerpo muere, más otro dulce y tibio cuerpo apenas
                                                                  duerme
y la respiración ardiente de su piel
estremece en el lecho al solitario,
llegándole en aromas desde lejos, desde un bosque
de jóvenes y nocturnas vegetaciones.

De “Los adioses” 1963 
 

 

Como la ola

Con llegada de espuma hasta la playa triste,
oscura ola de esplendor lunar extendido,
tú cruzas, tú cruzas
con remoto ardor despertando mi beso
en el mar delirante de la noche.

En fuga siempre, llena de reflejos,
reconstruyendo a solas lo amargo y lo distante,
o recostada un poco a la luz de los crepúsculos,
así mejor dibujo la melancolía de su retrato:
junto al piano, a la ventana
de irrespirables sueños, a la música de súbito callada,
esperando una voz que llega como el eco a las zonas
desiertas.

Nocturna entonces,
como la piel,
como lo profundo de los besos,
como la noche de los árboles,
como el amor sería junto a su cabellera.

Luego, sin sonido,
espuma silenciosa tras la sombra,
entre el rumor apagado de los pasos,
desnuda huyes, pálida ola,
no se te reconoce.

 


 

El exilio

El hombre entristecido mira
caer vehemente la luz a su ventana:
distraído contempla la distancia
de espumas como olas, lejanías.

Leves despiertan a su nostalgia
los reflejos de otros días,
y es ocio y congoja de una tarde
por gracia de este cielo,
que a su imagen
es mar azul, playas doradas, islas,
regresar desde la claridad de unas nubes
en el desmayo ávido del instante
hacia la antigua soledad remota.

Mas no puede la frente melancólica
soñar con esperanza sus recuerdos.
Volver a la tierra perdida
sería también deslumbramiento amargo:
un sol ajeno se levanta
como espada en mano enemiga.
Y su deseo es apenas
la pasión lánguida de la adolescencia en olvido,
un indolente jardín o una calle,
su deseo es apenas un aire,
si nocturno, de borrosas estrellas,
si de fulgor o nieve,
si de sol sangriento en el ocaso.

Sin testigo,
la obscuridad del rostro en los cristales,
bajo la luz que anochece punzante a la ventana
sus miradas entonces se obstinan,
frías, tenaces de silencio,
más allá,
entre vagas nubes o mares.

Puñal siempre en el pecho es la memoria.
Callar consuelo ha sido.
Mejor será
morir secretamente a solas.

De “Los adioses” 1963

 

 

El lago

                                              By the waters of Leman I sat down and wept
                                                                                                                        T. S. Eliot

Érase entre la luz de la mañana
Alta y desierta nube de otro tiempo
Me mirabas llegar desconocido
Aire írio cristal pálido día
Llovía luego un agua verde entre el paisaje
Un agua azul y plata por el lago
Un agua ronca con sollozo a mares
Despedazándose rota en ventanales
Me veías llegar desconocido me veías
Amante que perdió su memoria el rostro amado
Me veías ráfaga de huracanadas
Olas de luz y viento y tempestades

Dejabas penetrado de relámpagos
Al extranjero corazón a oscuras
La ciudad que rodea de verdor el lago
Cuando a la hora última la tarde
Dejabas tu desolación en las esquinas
Cuerpo insinuándose al recuerdo
Dejabas tus sedosas violetas esparcidas

El mundo extraño apenas prodigando
Leves fulgores perlas por el aire
Frágil contra la sombra el muro el árbol
La viuda cabellera de las luces
De noche tiernas lunas
Sobre los pavimentos y las lluvias

Cuando eres tú y a tu lado impalpable
Una joven cintura entredormida
O femenino cráter insospechado ardiendo
Ebrio de tristes pasos cuando el eco
Por soledades vagas como espejos
Como calles por nadie nunca recorridas
Que hace más años tú ya presentías
Ser el desconocido
De súbito al encuentro

El rugido del viento en las orillas
Ecos de ahogados flotan sordamente en insomnio
La oscuridad el cielo inmóvil
Las aguas que noche y día son tu pensamiento
Lago tal corazón desbordado
Bajo la madrugada sollozando
A solas su imagen tan desierta
Un momento le creíste
palpitación o llamarada
Como tú
De amor y luz y tiempo ausentes
Contemplar aún su claro pecho irisado
Mientras la vastedad del agua amaneciendo
Lago era entonces sin furor
Invisible al deseo
Cuello jazmín apenas
Solitario de silenciosa blancura
Muslos apenas grises de nácares helados

Alejándose entonces la presencia y el sueño
Borrando al alba en cansancio su latir obstinado
Llegar por fin a ti la vida en secreto
La vida ahora que asoma entre tus labios
Tus mudos labios volviendo a tu vida
Aquel desconocido
De siempre a tu encuentro
El cuerpo del pensamiento de ti mismo
Aquel
Amante que perdió su memoria el rostro amado
Huésped del laberinto y la nada.

 

 

El verso llega de noche

En la ciudad de bruma la fiesta
de las noches es un bosque
de cabelleras oscuras y de estrellas.

Turbándome con sus pálidos dedos de rocío
como entre los amantes sorpresivas palabras,
su silencio enloquece las plazas solitarias,
las calles, los ámbitos callados
por donde pasa el aire misterioso de siempre.

Es el rumor, las alas
como ala anochecer la sombra
de una cabellera en las manos.
Es el rumor vagando entre vientos,
entre lúgubres vientos
en que sollozan luces
y espejos de la ciudad nocturna.

Es el rumor, las sílabas
que nacen y llevan una canción
al corazón que sueña,
una canción, las sílabas
creciendo en medio de la niebla
o tal flor desnuda bajo la lluvia,
(nunca hemos amado tanto, nadie
sabrá decir que hemos amado tanto
en una noche.
En nuestro corazón resuenan los horizontes
y resuena también la vecindad de la tierra.)

El verso silencioso fue en la noche,
el verso claro fue el instinto
bajo ruda corteza o piel amarga.
El verso, palabras ceñían los cuerpos
delgados de las mujeres,
sus claros cuerpos bajo la luna
suspendidos en la música,
sílabas ceñían sus cuerpos
como voces ardientes, como llamas.

En un árbol de lluvia que gime al viento
sus canciones,
sube la sangre en río sollozando ligera
y soporto encendida la tristeza de un grito
largamente tendido en medio de la noche.

De la noche sedienta, de la innúmera noche,
de la noche que guarda
los deseos como sombras,
de las dolorosas, mudas sombras amadas,
sombras de los deseos
sombras de un antiguo amargo silencio.
Amargo, sí, errante silencio en que no queda
sino el poema en la noche,
como recuerdo herido por el filo de un beso.

 

 

 

Fantasma

Esbelta sombra dulce, sombra con ademán de entrega,
cuerpo en forma de cielo y sueño, reposas en el aire,
rompes el silencio con el corazón a borbotones,
pero me dejas en suspenso, extraña.
sólo palpitación, sólo deseo,
hallazgo imprevisto de mi destino ignorado.

Como distancia enlunada y desierta,
así de soledad y palidez te imagino, así
te construye mi pensamiento, me llegas, te amo.
Lo impenetrable de mi ser creas a tu imagen misma,
mas sólo existes
en el temblor y fascinación ante tu llamarada oscura,
en esta nube en desvelo o cárcel solitaria de mi frente,
y en el recuerdo también
de aquel salón con alas en que duerme el hermano muerto
y un vuelo repentino esas alas, esa ráfaga fría.

Yo no sé descender sino a ti misma, viva,
sin hallar jamás la huella bajo tus pies de otra música
sino solamente el trote,
la desesperación de desencadenados caballos nocturnos.

¿Es sólo un lamento que huye
ese cuerpo tuyo por el que sueño y muero?
¿La luz que te ciñe y persigue
en esa sombra por la que vaga desierta mi caricia?
Sin embargo tu desnuda sombra es dulce,
fantasma, como yo, ¡de polvo y nostalgia!
y si aparte de esta avidez en llamas
fueras leve criatura al lado,
junto a ti el aire a tu paso como ángeles serían blancas, blandas espadas,
un diluvio, a lo lejos, un caer de invisibles, inmóviles relámpagos.

Yo no sé, yo no sé por qué mi mano anhelante,
por qué la obstinación de mi mano como un mar de noche y sin reposo,
no te encuentra finalmente, o mi beso, al rozar esta sombra,
al contemplarte a solas, oh tú creada de pensamiento mío,
si no en el atardecer de un desdeñoso juego de espejos,
rodeada por la música del día y soles y avenidas,
pero de pronto la evidencia
de no ser ni haber sido,
de no ser silencio,
solamente vacío.

De “Los adioses” 1963

 

 

Jardín nocturno

La mancha del cielo azul, sombras de árboles, sombras de nubes,
y alrededor muros, ruinas, piedras que en el silencio
son frío, si la mano, si el pensamiento las roza.
De noche, retraído y apasionado,
contemplar desde allí lo lejano.
Olvidado de sí, hambriento del mundo,
vagar entre luces, ciudades, veranos. Mas luego como
cuando uno, sin saberlo,
extiende por mares su corazón
y regresa al solo sitio en que sueña:
                                                               ha pasado
el tiempo, y sin embargo
está el fulgor lunar sobre la vida. Así ilumina,
así entristece viril
al hombre la soledad de su delirio.

De “Los adioses” 1963

 

 

Llanura de Tuluá

Al borde del camino, los dos cuerpos
uno junto del otro,
desde lejos parecen amarse.
Un hombre y una muchacha, delgadas
formas cálidas
tendidas en la hierba, devorándose.
Estrechamente enlazando sus cinturas
aquellos brazos jóvenes,
se piensa:
soñarán entregadas sus dos bocas,
sus silencios, sus manos, sus miradas.
Mas no hay beso, sino el viento
sino el aire
seco del verano sin movimiento.
Uno junto del otro están caídos,
muertos,
al borde del camino, los dos cuerpos.
Debieron ser esbeltas sus dos sombras
de languidez
adorándose en la tarde.
Y debieron ser terribles sus dos rostros
frente a las
amenazas y relámpagos.
Son cuerpos que son piedra, que son nada,
son cuerpos de mentira, mutilados,
de su suerte ignorantes, de su muerte,
y ahora, ya de cerca contemplados,
ocasión de voraces negras aves.

De “Los adioses” 1963

 

Llegar en silencio

Despierto en la noche lleno de palabras
como envuelta entre las llamas de la música
se levanta una casa en la distancia.
Un perfume hay, un valle de silencio,
un lento roce o beso se aproximan, callando,
si llega el delirio, el fulgor solitario del insomnio.

Quiero entonces una silenciosa figura humana,
quiero un rostro hasta mí llegar, quedarse lento,
quiero unas manos, un pecho, unos devoradores labios,
todo lo que un nocturno cuerpo nos entrega.

Hasta mi habitación podría llegar
con un paso de ola o lenta nave,
prolongado el deseo, espina de las noches.

Extendería entre los terciopelos húmedos de los besos
sus cálidos brazos,
hasta no ser sino un cuerpo
abandonado calladamente sobre otro.

Hasta morir así, hasta juntar los labios, los pasos
que con los pasos míos
recorren, como también el viento de la noche,
desiertos corredores donde se oye
llorar el escondido amor entre las sombras.

 

 

Madrugada

Ciudad de los adioses, invernal, cilo gris
donde la hora impalpable amanece
con un monótono color ya repetido.
Hay quien intenta, junto a los muros
de sus turbias esquinas silenciosas,
descubrir la hermosura secreta por el aire
ante la madrugada en el recuerdo
de un día que no ha sido.

Así, un momento, ligera, alada
te vi en embeleso cruzar.
Déja que la memoria reviva en llamas.
Ahora, mientras mi mano escribe,
o entonces, cuando
el amanecer sobre tu imagen era
no si de realidad o beso, sino de luz, sino de sueño.

Si en otra lívida alborada atravesaras
un nuevo escalofrío,
si regresaras en otra claridad desierta,
tú misma, cuerpo o ráfaga desnuda
de otro espacio no mío, cálido y solar.
Borrosas calles y llovizna oscura.
Nada sino mi sed, mi desvelo,
nadie sino la voz del entresueño,
nada, final, sino
un eterno encantamiento frío:
terror que lentamente
se entreabre, gesto, belleza cruel
que pasa apenas, fugitiva, sólo al lado un instante,
por entre los adioses,
oh tánta luz en nubes de otro invisible mundo.

De “Los adioses” 1963

 

 

Olvido

                                   Los días que uno tras otro son la vida…
                                                                                      Aurelio Arturo

La trémula sombra ya te cubre.
Sólo existe el olvido,
Desnudo,
Frío corazón deshabitado.
Y ya nada son en ti las horas
Las taciturnas horas que son tu vida.
Ni siquiera como ceniza
Oculta que trajeran
Los transparentes
Silencios de un recuerdo.
Nada. Ni el crepúsculo te envuelve,
Ni la tarde te llena de viajes,
Ni la noche conmueve tu obstinada
Nostalgia del amor, cuando
Una tácita doncella surge de la sombra.
Oh corazón, cielo deshabitado de los sueños.

 

 

Pensamientos del amante

Ya que la intimidad la noche la criatura
El hombre que la sueña y al sol con sangre de
la tarde
Cuando por corredores de azulada piedra
Los pasos que ahora esperas
En vasto espacio enardeciendo callan

(Es más hondo el amor que nadie nombra
Más amarga la desdicha de un espejo
Cuando de pronto lo empaña el lento vaho
De una tristeza a lo lejos de alguien
Que ignorado cruza errante el vacío)

El arco de las cejas encendiéndose
La multitud del oro los hombros en reposo
Un río subterráneo entre su pecho
Los muslos firmemente dueños de la tierra
La mirada que en un duelo trémula estallaba

Vencida por el tiempo la esperanza
Un caminar perpetuo entre la lluvia
Una ciudad de nubes y agonías
Contra todo y sin fin seguirte siempre
Oh roce frío de invisible llama

(¿Por qué retrocedías y callabas
Te pensabas temblando como un niño
Lamento entrecortado en tu garganta
Devorado en la red de una tiniebla
Entristecido por tu propio sueño?)

Luego por yertas calles la alborada
Trajo al azar indescifrable un rostro
Rubio fulgor y el frágil embeleso
De en otro paraíso hallarte vivo
Lejos del sol occidental ensangrentado

Mas te persiguen la sed y el pensamiento
La ausencia te la invade sólo un cuerpo
Ese convulso perfil del deseo volando
Hacia nubes donde son verdes los ojos
Donde implacables son verdes aún y sombríos

Confusos giran grises en sucesión los días
Pálidos de lloviznas e incertidumbres
Cuando junto al anochecer existes
Con penumbra de seres a tu alrededor
Su desdeñosa sordera impenetrable

Enrojece delira Bogotá como un incendio
La multiplicidad de luces gentes bullicios
Luego el aire nocturno abriendo lunas
Y escondido en lo oculto de un afán
Oh tú que ignorada rodeas y estrechas y amas.

(Sólo dentro de tu corazón pasan las cosas
Solamente oyes una ronca bocina por tu sangre
El tiempo acumulándose en cenizas
Vuelves a mirar las luces en el atardecer
en la noche te adormecen otra vez mudos labios)

Cuerpo que no camina sino
Por constelaciones de incandescente destierro
Trae tus pies acostumbrados a la aurora
A pisar esta isla de nadie esta puerta
Donde el amor golpea con fantasmas.

(No es el sueño sino somos nosotros
Como el destino es áspero y contrario
La desierta esperanza sin sustento
En duermevela fluyen días y pensamientos
Cadáveres de sol y lluvia en la memoria)

Tras sigilosos pasos voces ecos
Eterna eterna ven
Gestos callando sombra que sospecha el aire
Pero al desvanecerse de nuevo tus huellas
Como al final el cuerpo será noche
Otra vez insondable tu luz fuera del tiempo

 

 

Testimonio

Eran vísperas del crimen el empedrado,
la tarde,
el sol caído violentamente hacia el oeste,
cuando, desde balcón a la plaza,
vaías
negros jinetes cruzar.

Remotos, pálidos, silenciosos,
iban
en lento paso morado,
en procesión de monstruos fugitivos,
y su vacilación el sitio a donde
llevar duelo.

Cayendo crepúsculo a sus alrededor,
con pisadas secas,
con aturdimiento, entre el polvo,
podías creerles
sonámbulos que cruzaran con cuchillos
su sombra.

Los recuerdas, arroces de frío
y de noche, caer
sobre frágiles chozas
entregadas
como el desnudo de sus vírgenes,
quebrar cuerpos, manchar de sangre muros
y luego perderse,
tigres sin pesadillas,
tras el aullido del aire y los muertos.

En todo lugar la huella solitaria:
los harapos, el filo de sus dientes, la tiniebla.

De “Los adioses” 1963

 

 

Versos del anochecer

Cuando la nube del anochecer definitivamente se borra
oyes girar
leves árboles verdes por la espesura
de hojas que son lentas respiraciones amorosas.

El aire como vaga sucesión de montañas
que de noche confunden con su peso
tibias lámparas encendidas por no se sabe
qué mano dulce resbalada en la sombra.

Cuando a solas el anochecer te cerca
amor a la ventana de amante solitario
navega soñolienta la nube por la frente,
visos de luz, brisa, presencia insistente
que existe, ya sin cuerpo, desnuda en la memoria.

Cuando hacia el anochecer hubieras querido
en triste cansancio, ser otro,
ser una nueva imagen distinta de ti mismo,
volvería del tiempo pasado, su cielo,
la mariposa sonámbula que viva aletea
dentro del pecho, tuya, sin fin,
aunque en vano, callando, la destierres.

De “Los adioses” 1963

 

 

Viajero

La extrañeza del lugar aunque
lo imaginaba. Lo interminable del instante
y lo áspero. Un comedor vasto como el hastío,
Mas aquí, en reposo,
el mudo mantel, el atardecer
junto a la sombra
de los recuerdos en el rostro.
Obstinada la hora
le encierra, solitario, y al hermano
que llora bajo sus pensamientos.

Un sitio siempre ajeno como el amor, un lento salón
que a los fantasmas del viaje, en bandadas,
aparece de súbito con lámparas y memorias.
Conversaciones, alas, palabras apenas,
rumor en tomo. Una cucharada
a los labios con un remordimiento
y sobre la mesa, inmóvil, desconocida;
la silenciosa blancura de sus manos.

Quisiera despertar de entre los muertos
mientras la hora sórdidamente huye.

Lo piensa mientras a su alrededor
la mosca del sueño, el periódico,
el volumen ardiente de una falda,
no importa,
qué cuerpos o miradas, la tenaz
ola de melancolía también
les llega,
y en procesiones nocturnas
los huéspedes no duermen sino avanzan
con equipajes, entre espejos y blancos uniformes,
sonrientes, solos, sonámbulos,
por carrileras, a pie, enlunados,
al subterráneo final de los trenes sin nadie.

De “Los adioses” 1963